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FUNDACIONES BÁSICAS PARA CONSTRUIR UN SANTA CRUZ SOLIDARIO, DEMOCRÁTICO Y CON AUTONOMÍA PLENA

2da parte

 

3. LA BASE POLÍTICA

3.1. Democracia
Este PROYECTO CRUCEÑO no funcionará sin democracia y sin autonomía, porque es un proyecto donde los cimientos surgen de abajo hacia arriba, que vive y se nutre de la participación ciudadana. Pero necesitamos una democracia real, no sólo formalmente representativa, sino esencialmente participativa.

 
“La soberanía debe residir en el pueblo, es inalienable e imprescriptible. Se la ejerce mediante la elección de sus representantes ante los poderes del Estado, pero, además, del referéndum, el plebiscito y la iniciativa popular que deben tener carácter de inapelable y ser de cumplimiento obligatorio por parte del Estado y la sociedad”.

 
“La iniciativa para convocar a un referéndum o un plebiscito, puede provenir de cualquiera de los órganos estatales establecidos por ley, o de la propia sociedad o de una parte de ella, a través de la iniciativa popular. Esta puede tener ámbito republicano o general, Departamental o Municipal”.


En el marco de la democracia, el pueblo debe tener amplias facultades deliberativas, pudiendo sus acuerdos, resoluciones o demandas, ser elevadas, públicamente, a las instancias correspondientes. No tienen carácter de cumplimiento obligatorio.


Los cargos elegibles que constituyen los poderes de la República en todos sus niveles deben ser revocables, mediante formas y procedimientos que establezca la ley. La elección de los mismos se lo hará nominalmente.


La crisis del Estado también proviene de una crisis política, donde los partidos nacionales apuntan sólo a la toma del poder. Esto hace pensar que en Bolivia no hay partidos políticos, sino empresas políticas que disputan o negocian su cuota, sin la menor autenticidad, y a menudo en forma inescrupulosa, sucia y desconcertante.


Todos, con alguna excepción honrosa, lanzan mensajes ideológicos distintos que no coinciden con las clases que dicen representar y en su afán de buscar poder, siguen transitando por todos los estilos políticos o haciendo exóticas combinaciones, manteniendo siempre su élite conductora, bajo el influjo del andinocentrismo.


No queremos partidos políticos centralistas como los Gobiernos. Veamos al siglo XXI conviviendo y alternando situación y oposición, en la pugna sana y leal del que es mejor para su pueblo, del que lo sirve más fielmente.


Queremos que todos tengan derecho a elegir y no simplemente a votar; que los líderes políticos tengan vigencia real en su medio. Deben alentarse las expresiones políticas regionales y no sólo los partidos nacionales, donde lo que más frecuentemente interesa es estar cerca del “líder” y no de su pueblo.
Los partidos políticos, en función de la jurisdicción territorial que ejercen, se clasificaran en tres niveles, a saber: 1) Republicanos, de ámbito general, Ejercerán su jurisdicción en todo el territorio de la república. 2)Departamentales, de ámbito departamental. Ejercerán su jurisdicción en todas las provincias de un Departamento. 3) Municipales, de ámbito provincial. Ejercerán su jurisdicción en una o mas provincias.


Hay que promover en todos los cruceños un cierto interés por la política, con un Poder Ejecutivo eficaz, un Congreso que legisle sabiamente y un sistema judicial ágil y justo. Propugnamos cerrar filas para luchar por repartir el poder, para que nos permitan una efectiva participación regional, eligiendo nuestros representantes nacionales, prefectos, alcaldes y concejales municipales. Pero para eso y para preservar nuestra endeble democracia, debemos buscar los mecanismos para crear primero una infraestructura política adecuada a nuestras aspiraciones. Nos asiste el derecho de reclamar una transformación del Estado boliviano, porque no podemos ni estamos dispuestos a continuar reforzando la naturaleza totalitaria de un Estado ni seguir alimentando un caudillismo centralizador.

3.2. Autonomía plena
Bolivia, debe ser constituida en república multinacional, para ser concordante con su esencia pluricultural y multiétnica, y adoptar como su forma de administración y gobierno, el régimen de las autonomías Municipales, Departamentales, Regionales y/o Nacionales, y cuyas competencias serán establecidas por ley. Esta debe fundarse en la democracia, la soberanía popular y la autodeterminación. Queremos un Estado menos frondoso y más eficiente: ministerios con funciones técnicas y no meramente políticas; pero para alcanzar todo ello, fundamentalmente queremos una amplia autonomía departamental, en lo político, administrativo, económico y fiscal.


Debe formarse un gobierno departamental fuerte, legítimamente representativo y participativo, que sea el motor del proyecto cruceño. Aquí debe quedar la ejecución y sólo las grandes líneas en el centro político-administrativo del país. En la autonomía regional surgirán mayores responsabilidades y el sentido de patria seguramente será robustecido.


Los pueblos indígenas gozarán de capacidad de autogestión compartida con los departamentos a los que pertenecen, de conformidad a sus tradiciones, usos y costumbres, respetando la actual división política-administrativa de la República. Se crearán Municipios indígenas, allí donde la mayoría absoluta de la población de un territorio determinado, reúna este requisito.


Queremos la autonomía municipal para votar por lo que queremos, aportar para la que necesitamos y controlar lo que ejecutamos. El Alcalde y los Concejales deben ser elegidos nominalmente en forma separada y por votación directa, de listas que presenten los partidos políticos, organizaciones de la sociedad civil, o por iniciativa propia y conforme a normas aprobadas por sus propios Concejos Municipales. Será elegido Alcalde de una ciudad, el que obtenga la mayoría simple del voto ciudadano. El ejercicio de la autonomía Municipal, no tendrá otra limitación que las competencias que le fije la ley. El Gobierno Municipal goza de soberanía para definir su propia política tributaria, sin otra aprobación que la de su Concejo respectivo.


Queremos la autonomía universitaria para orientarla hacia lo nuestro, para aportar con desprendimiento, amando a lo que se contribuye, y fiscalizar su rol social, económico y político, pues de algo una universidad no puede ni conviene verse libre: de las tendencias, anhelos, necesidades, formas de vida y otras fuerzas sociales de la sociedad donde ella ha parido.

3.2. Revolución Administrativa
Para nuestro gran proyecto, necesitamos de instrumentos administrativos adecuados y eficaces. Ya no es posible contar en el ámbito público con estructuras ineficientes y corruptas. Todas ellas necesitan una verdadera revolución administrativa.


La Prefectura debe readecuar sus funciones y actividades. Ella tendría que ser más agropecuaria y debe pertenecer cada vez más al área rural y a las provincias. Estas últimas serán las que darán su fuerza en las próximas batallas por las regalías, por el territorio, pues de ellas dependerán para la vida o para la muerte.


La marcha hacia las provincias ahora debe ser irreversible. Inclusive, la prefectura tendría que desplazarse geográficamente e instalar verdaderas gerencias provinciales.


Además, el sistema educativo y de salud, las cooperativas de servicios, etc., deben ser fortalecidas y vinculadas para coordinar. El Plan Regulador, el catastro, SEARPI, y las Alcaldías, las subprefecturas, la Renta, la Aduana y la Policía deben pasar por cambios dinamizadores.


En este último caso, crear una Policía Departamental que se hará cargo de la seguridad ciudadana. Dependerá directamente del Prefecto del Departamento y sus autoridades son nombradas por éste, cuyas competencias serán fijadas por ley, en función de su ámbito de acción. Su estructura orgánica, el numero de efectivos y su presupuesto, será fijado por el Gobierno Departamental, y para ser miembro de la Policía Departamental en todos sus grados y jerarquías, se requiere, como mínimo, el haber obtenido el titulo de bachiller, que estudien en una Academia Regional de Policía.


Todo debe ser revolucionario y en democracia, para cumplir el rol que les asigna el desafío del futuro. Queremos instituciones ágiles, democráticas, que abran paso a líderes naturales, no impuestos, que trabajen y que dejen trabajar, que valoren la iniciativa y no simplemente el padrinazgo o la imposición. Que todas las instituciones (públicas o privadas) sean transparentes, objetivas, dirigidas por nuestros mejores técnicos, que cobijen a cruceños orgullosos de tener la oportunidad de servir a su terruño, en vez de servirse de ellas.

4. BASE HUMANA. EL PROYECTO “HOMBRE”
Pero toda estas fundaciones básicas de un PROYECTO CRUCEÑO, tiene que estar dirigida por y para el hombre del presente siglo. El y nadie más que él será el protagonista de su propio destino, de su frontal desafío con el porvenir.


De ahí que toda la planificación que se proyecte debe ser en base a ese ser humano, en medio de su desarrollo, pero con una clara conciencia de su raíz e identidad de pueblo, entendida ésta, como un proceso permanente de cimentación y cambios, por la internalización cultural de un mundo de relaciones cada vez más integradas.


Pero esta identidad integradora deberá hacerse en base a la participación social del ciudadano, respondiendo a las necesidades básicas asociadas al crecimiento de su ser social, dejando de un lado los males endémicos de paternalismo, providencialismo o cualquier tipo de fundamentalismo, que desdibujan y degeneran el proyecto de un hombre creador en una sociedad nueva.


Somos un PUEBLO JOVEN y emergente, porque hemos roto las cadenas de la postergación y el atraso centenario en que nos sumieron los factores de poder, tanto en la colonia como en la república. Porque en esa incomprensión, en ese ánimo obcecado de mostrar a un país exclusivamente andino, el Estado se enmarcó en un desmedido centralismo separatista. Y así, Bolivia con regiones y culturas distintas se homogeneizó bajo la acción unilateral de un sector del país, porque allí la fuente preclara del poder.


Ahora Santa Cruz sabe perfectamente de la importancia que tiene su accionar en el concierto nacional. Ya no se podría concebir al país boliviano sin nuestra presencia líder. Y esto, sin vanidad alguna, lo sabe perfectamente todo el país.


Sin embargo, ello no basta. Porque desgraciadamente, el poder central, nunca ha podido comprender la aspiración de los pueblos diversos que componen la república. No se ha percatado que existe una historia –no la oficial–, sino la verdadera, donde nos muestra claramente las tipicidades y características de nuestras regiones y culturas, con sus luchas, sus olvidos y sus emergencias.


Es pues la hora de enderezar el camino, es la hora de la reflexión para desarrollarnos armónicamente. ¡Es la hora que esperamos hace más de 175 años!.


Empero, no concebimos nuestro desarrollo separado del desarrollo de los pueblos del Oriente boliviano. Creemos firme e invariablemente que él está unido al de todos los pueblos del Beni, Pando, territorios estos que en su conjunto conforman la inmensa geografía de la cultura oriental. A nuestros hermanos orientales les decimos con nuestra mano fraterna extendida por nuestras llanuras, que el destino común que nos deparó la historia, habrá de ser cumplido sin retaceos por este Santa Cruz que hoy se apresta a correr en un nuevo siglo.


En los temas a tratarse, deberán estar claros que los términos que fijen los derroteros a seguir, tendrán como principio que el objeto y sujeto de nuestro proyecto es el hombre de la llanura. Y no bajo principios predominantes de una ciencia y tecnología alejada del hombre, que la crea y perfecciona.


Los hombres y mujeres que viven en esta tierra partirán desde un nuevo Santa Cruz a enfrentarse con el mañana que se avecina. Ellos escribirán la historia venidera, ya no en las pisadas de su caballo, es cierto, sino en el empuje de su máquina, trazando los planos, construyendo los cimientos en que nuestro pueblo vivirá más allá de nuestro tiempo, en paz, libertad y justicia.


Ayer llegamos a todos los confines de nuestras llanuras en busca de la goma, la castaña y de cuantos “dorados” llegaron a nuestros oídos. Ahora seremos capaces de llegar al futuro, con la misma entereza y perseverancia de los cruceños de ayer, de los que señalaron el rumbo a seguir, de aquellos que en su largo andar pudieron hace caminos por donde transiten los sueños y nuestras ansias.


Pero sólo hallando respuestas a los pares últimamente contradictorios de técnica y hombre, hombre y cultura, identidad y globalización, podremos vencer los escollos y las contradicciones que se nos presenten. Nosotros, como región, como nación cultural somos la alternativa del desarrollo humano y material del país. Esa es otra premisa que este encuentro debe tener presente.


Una vez conseguida esta meta, desde nuestras quince provincias, cada una de ellas núcleo germinal de lo cruceño, diremos al país que siga nuestro ejemplo: que nos paremos un momento en el ajetreo del diario vivir y reflexionemos sobre el futuro, sobre lo que somos y sobre lo que necesitamos. Y seamos nosotros mismos, antes que extraños, los que esbocemos nuestras propias respuestas.


Destacamos la participación del hombre como objeto y sujeto del nuevo Santa Cruz, hecha posible sólo a través de las organizaciones ciudadanas y los partidos políticos; sólo fortaleciendo la acción de instituciones sociales habremos logrado, la idea de un hombre digno, que decida su vida escogiendo con discernimiento entre sus opciones. Por ello pensamos que el cruceño y sus instituciones no deben, no pueden fracasar.


El diálogo entre cruceños debe ser profundo y amplio; debe abarcar a todos los sectores, cualquiera sea su ideología, religión o ubicación social. No traemos la patente de la verdad, pero sí, toda la voluntad para alcanzarla y mostrarla a nuestro pueblo.


Que el derecho a disentir no sea un obstáculo para seguir adelante, sino un mecanismo para la unidad y el análisis franco de nuestras cosas y su futuro. Esa es la esencia de la democracia, en cuyo ámbito deberá moverse nuestro accionar, porque lo que no permite el desarrollo del pensamiento significa oscurantismo, despotismo y antipatria. Sólo bajo los conceptos de libertad y justicia se pueden desarrollar las sociedades, pueden perfeccionar sus identidades, enriqueciéndolas, bajo los moldes de una realidad verdadera y una perspectiva histórica.


La historia es un proceso dinámico y abierto y por tanto, no está fatalmente determinado. Depende, al contrario, de la acción de los hombres. Son estos, al fin y al cabo, los objetos y sujetos de la sociedad y de su porvenir.

4.1, Educación y cultura
La educación no es sólo una necesidad o un derecho del ser humano, sino de toda la colectividad. Por eso es que la educación es un pilar central del futuro de Santa Cruz.


La educación genera actitudes y aptitudes sociales a la participación activa. Ella crea capacidades individuales y de grupo, y genera medios de producir los cambios y para valorar los beneficios de una nueva situación.


Hay que aprender no sólo para vivir o sobrevivir, sino más bien vivir para aprender, para saber cambiar y capacitarse para participar en el proceso de transformación de este Santa Cruz. No es que haya que aprender para adaptarse a este presente sombrío, sino más bien para rehacer un ordenamiento, estimulando el espíritu de observación y crítica que lleva a lo nuevo, que enseña a superar escollos y conlleva a la solidaridad.


Y si el cambio es lo deseado, la educación no es una consecuencia sino más bien una condición de este proyecto. Y si el cambio es el resultado de un trabajo social, entonces la educación debe ser permanente porque está no es tarea de un solo día o de algunos años. Debe ser una vocación y un proceso de toda la vida.


Sin embargo, no sólo debemos propender a educar la niñez inculcándoles el respeto a sí mismos y a la confianza en la capacidad asociativa puesta al servicio del hombre. También, debemos hacer que la juventud se dedique a su gente, a su pueblo, para que no se conviertan en mercaderías de exportación.
En cuanto a la educación superior, hoy contamos con más de una docena de universidades, que aglutinan a miles de estudiantes. Nuestro desafío en pocos años más, será hacer de Santa Cruz un Centro Internacional de Tecnología y del Conocimiento (CITEC). Para ello, sólo basta coordinación y voluntad. En este campo, el apoyo de los gobiernos autónomos prefectural y del Municipio de Santa Cruz será decisivo.


Además, debemos hacer de la cultura regional un fin y un medio indispensable del quehacer del desarrollo, y rescatar lo más profundo y auténtico del ser cruceño, sus raíces históricas, sus tradiciones, su personalidad tan rica y diferenciada; y construir sobre ella los cimientos de nuestra vida propia, sin recetas foráneas y sin imposición de contenidos extraños a la vivencia de los niños cruceños. Seamos un pueblo universal pero orgulloso de nuestra identidad. En consecuencia, Santa Cruz, a través de sus niveles de gobierno, evaluarán el (o los) contenidos de la enseñanza básica, media, intermedia y superior, conforme a las características y demandas culturales del Departamento, pudiendo dictar normas sobre la materia.


Tenemos que romper las cadenas que tienen cerradas nuestras escuelas, donde se cocina con recetar que llegan de los mandos centrales; y empezar a educar al hombre en función de las necesidades y aspiraciones de su medio, respetando sus valores y su idiosincrasia.


4.2. Salud y Vivienda
Y si el comienzo y el fin es el hombre, debe también haber SALUD. Una mortalidad infantil de 75 por mil nacidos vivos, además de una alta incidencia y prevalencia de enfermedades transmisibles, más del 50% de la población con algún grado de desnutrición, son sindicadores desalentadores para el presente. Y ni qué pensar del futuro. Y como si fuera poco, se agrega una infraestructura hospitalaria insuficiente, antigua, deteriorada e inadecuada. Alguien ya ha dicho que “en la muy rica región de Santa Cruz, anualmente se cavan 20.000 tumbas para enterrar anónimos combatientes que encontraron una muerte temprana en su lucha contra el hambre y las lombrices; tenían menos de 1 año de edad; fueron diminutos seres que no llegaron ni siquiera a esbozar una sola palabra por habérseles liquidado antes de que pudieran protestar. ¿Quiénes los asesinaron?”.


Aquí bien vale un simple comentario. La salud en una sociedad no es sólo responsabilidad de los gobiernos, también es de la gente, quien debe siempre participar, de los gremios profesionales y laborales, pues con la intolerancia que muchas veces demuestran, vanos serán los esfuerzos para mejorar el nivel de vida de los cruceños.


Pero la salud no es sólo la de los médicos y la de los hospitales. También es la de nuestras precarias viviendas sin condiciones higiénicas ni sanitarias. Tenemos que cambiar la triste realidad: más del 50% de nuestras casas no tienen agua ni dentro ni cerca, más del 70% no tienen cobertura para disposición de excretas. Es necesario que en pronto, por lo menos los servicios en esa línea, lleguen al 80% y al 40% en un y otro caso.


Esta situación plantea un análisis que nos lleve a la definición de una política práctica y coherente a corto y mediano plazo, modificando la orientación clásica tradicionalista del centralismo imperante. No dar paso al cambio significará arrastrar y consolidar viejos errores del pasado, reeditando la vieja y renovada práctica del centralismo, que no han permitido alcanzar el bienestar del hombre cruceño. Las Metas del Milenio deberían ser nuestros paradigmas.


Dentro del marco político administrativo, considero que la educación y la salud deben ser de competencia municipal, tomando muy en cuenta que estos sectores forman parte de un todo y en ningún momento un fenómeno aislado del proceso social y en Santa Cruz no se podrá hablar jamás de un desarrollo integral armónico y progresivo sin sus dos pilares fundamentales: la educación y la salud.
Una vida mejor con una juventud sana y participativa. Con una mujer sujeto y no objeto. Con mejores padres, mejores compañeros. Con más deporte y menos delincuencia, respetando todas nuestras etnias y nuestra cultura. Sin narcotráfico ni drogadictos, con justicia y sin corrupción. Una sociedad más segura, más humana, menos violenta e inmoral.

III. REFLEXIONES FINALES
La tarea a emprender, de aquí en adelante es ardua y nos preparamos para encararla con fe y con valor. Valor es ausencia de miedo, del mismo modo que la fe es ausencia de duda. El hombre valiente no es aquel que desconoce el miedo; es el que hace lo que tiene que hacer a pesar del miedo. Esta es la naturaleza del coraje y Santa Cruz es un pueblo de valientes.


Sin perder la visión de futuro, no hay que dejar de recordar el pasado. Recurriremos a nuestra historia para beber de las fuentes del ayer, porque apoyarse en el saber de los mayores es conciencia de humildes, y nuestros padres han sentido ya el peso de los años y han escuchado las voces de la vida.
Demasiados hombres que poseían el don de la creatividad se van a la tumba con canciones que nunca escribieron, con óleos que nunca pintaron, con corazones que nunca conocieron la alegría. Sigamos el camino que nos ha hecho resistir la adversidad; y sigamos a su encuentro.


No somos artífices del nacer ni del morir, pero podemos serlo de la vida, y ese es el desafío que nos hacemos en la hora presente.


Tengamos fe en que nuestro sentido de pertenencia hacia el terruño, sirva de ladrillo para el edificio de la afirmación boliviana, en cuyo servicio nos mantenemos.


Busquemos mantener el fuego ardiente de esa tradición que se siente como marca ineludible para fijar los caracteres y para empujar los ideales constructivos.


Esa es nuestra visión de este Santa Cruz. Por esa visión daríamos la vida; por ella asumamos el compromiso de un esfuerzo sostenido para hacer esto realidad. Convoquémonos todos sin excepción alguna para echar mano a la obra, y dar inicio a una gran tarea, asumiendo plenamente un Acuerdo Regional para cumplir con nuestros propósitos, evitando así que la historia pueda condenarnos.
Aquí se impone el ejercicio de una cultura ciudadana, entendida ésta como la responsabilidad que debe cumplir toda persona ante los demás (reconocimiento del otro) y ante la ley. Sólo así restableceremos una gobernabilidad sólida que permita realizar políticas de largo plazo y no meramente coyunturales.
Esta visión es un proyecto nacional. Nuestra economía, así como necesita de mercados internacionales, también necesita del altiplano y de los valles y viceversa. Estamos comunicados con los Valles y el Altiplano, con el Sur y con el Beni y debemos seguir hasta Pando. Con Chuquisaca y Tarija ya somos un solo eje de acción y voluntades. Ya mandamos alimento, combustibles, manufacturas y gas al interior del país. Allí está el mercado para un tercio de nuestra producción.


Santa Cruz del siglo XXI es la base de la Bolivia del tercer milenio.


Queremos un proyecto nacional sin interés foráneos. Queremos un estado libre y soberano, vinculado física, económica, social y políticamente y con pueblos que constituidos en departamentos, por el derecho a su autodeterminación, gocen de autonomía plena. Para esa patria grande de comienzos de siglo, la historia ha querido que seamos conductores y no conducidos, protagonistas y no simples espectadores.


Sin embargo, para cumplir con este sueño, el aparato del Estado debe terminar de una vez por todas con sus políticas discriminatorias y atentatorias hacia todas las regiones de la periferia, y de un modo particular contra el Oriente boliviano, viendo más bien a Pando, Beni y Santa Cruz como elementos constitutivos de una misma República, generadores de una mentalidad renovadora, y no meramente con colonias del poder central.


Llegó la hora de buscar en la propia realidad respuestas a nuestras incesantes preguntas. Aprendamos a ser prudentes; y cuando nos encontremos a oscuras, en vez de maldecir las tinieblas encendamos la esperanza bajo la bendición de Dios.
 

POR EL MOVIMIENTO NACIÓN CAMBA DE LIBERACIÓN

(ñane Retâ ... ojuhu porâve hague ojupe)

M.N.C-L 2000-2008