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FUNDACIONES BÁSICAS
PARA CONSTRUIR UN SANTA CRUZ SOLIDARIO, DEMOCRÁTICO
Y CON AUTONOMÍA PLENA
Carlos Dabdoub Arrien
Santa Cruz de la Sierra, 18 de marzo, 2004.
I. INTRODUCCIÓN
La visión de futuro siempre fue una inquietud de los cruceños. Por
ejemplo, al inicio de la república, el coronel argentino José Videla,
quien fuera el primer prefecto de Santa Cruz, cuya ciudad capital apenas
tenía 8.000 almas, puso en marcha un “Plan Provisorio de Gobierno”, donde
“se advierte el esfuerzo de sus autores para que la transición de
monarquía a república fuera lo menos traumática posible”. Creó el cargo de
los subdelegados, encargados de visitar los pueblos de su jurisdicción y
estableció la nueva forma de distribuir los recursos, tanto de Mojos como
de Chiquitos (José Luis Roca. Rev. Archivo Histórico, Noviembre-diciembre,
2003:12-17).
A partir del siglo pasado, documentos como el Memorándum de la Sociedad
Geográfica e Histórica de Santa Cruz de 1904, después la conformación del
Comité de Obras Públicas y luego la llamada Corporación de Desarrollo
Regional (CORDECRUZ), que establecieron en diferentes momentos programas a
largo plazo, son algunos ejemplos sobre la planificación y el porvenir que
preocupó en los últimos cien años a este departamento.
También, en 1986 desde el propio Comité pro Santa Cruz, lanzamos la idea
de construir un proyecto regional. Se buscaba una idea-fuerza empujada por
dos instrumentos: la participación comunitaria y la creación de nuevas
formas de organización, de trabajo y de gestión. Con ambas, la técnica
debería estar íntimamente imbricada en lo social, porque toda obra social
que no es técnica es ciega, y toda acción técnica que no es social, es
injusta. Fue así que bajo el auspicio del Comité Cívico y el apoyo de
CORDECRUZ se realizaron las Jornadas Santa Cruz 2000, cuya misión fue
elaborar un proyecto regional que nos prepare ante los embates del tercer
milenio, y cuyos objetivos concertados garanticen el éxito del mismo.
Durante la presidencia del Ing. David Antelo en el Comité pro Santa Cruz,
se presentó un programa de desarrollo departamental titulado “Santa Cruz.
Visión de Futuro 2010”, recordando el segundo centenario del inicio de la
lucha independentista de esta región. Su objetivo central era “la
felicidad de todos los habitantes de Santa Cruz”. Consideraba cinco
pilares: “1) Crecimiento económico mayor que el crecimiento demográfico.
2) Acceso equitativo a las oportunidades. 3) Consolidar la democracia. 4)
Minimizar impactos ambientales. 5) Conservar, promover y difundir valores
culturales tradicionales”. (Memoria. Comité pro Santa Cruz. Gestión
1997-1998).
Recientemente se conoce la elaboración de dos nuevos proyectos. Uno a
cargo de la Prefectura, el Comité pro Santa Cruz y la Brigada
Parlamentaria cruceña, denominado Santa Cruz 2020 y otro, con el mismo
título, bajo la coordinación de CAINCO.
II. EL PROYECTO
CRUCEÑO
Tomando como base las recomendaciones y conclusiones de las Jornadas Santa
Cruz 2000, presentamos un perfil de imagen futura, que a nuestro entender
puede asentar sobre 4 FUNDACIONES BÁSICAS. Cada una de ellas contiene
diversos componentes que a su vez deben tener una política a corto,
mediano y a largo plazo, debidamente concertada entre los sectores
involucrados.
1. BASE ECONÓMICA
1.1. Agropecuaria y
sector Forestal
El futuro del mundo en las próximas décadas se definirá a favor de los que
tengan el acceso y dominio de alimentos, los que serán cada vez más la
gran prioridad del futuro. Por eso, nuestro primer grito de guerra es
contra el hambre. Nuestra visión vislumbra al sector agropecuario como el
principal elemento motriz del presente y del futuro en la nueva Bolivia
que queremos construir.
Quisiéramos vivir para ver más de un millón de hectáreas cruceñas
abasteciendo al país y al exterior, vistiendo de blanco con algodón los
campos y con ropa cruceña a los bolivianos, copando trenes, camiones,
barcos y fábricas con las proteínas, la torta y el aceite de soya,
arreando un ganado de mejores razas y llevando su carne en modernos
frigoríficos y otras fronteras. Esa es una meta posible.
Cuidemos, valoremos y fomentemos todo lo que constituye la madre Tierra y
mantengámosla renovable, porque ella produce y se reproduce generando más
divisas que las minas y el petróleo, más empleo noble y científico, porque
está ligado a la tradición y a la esencia del ser cruceño. Prueba de ello
es que el complejo de las oleaginososas, que comprende 13 productos, donde
la torta de soya lleva la delantera, ha generado $ 770 millones en los dos
últimos dos años, cifra similar a los ingresos por concepto de regalías en
50 años. Para la campaña 2003-2004 se ha calculado $ 450 millones en
exportación de soya y un ingreso de $ 10 millones para el sector
transporte, considerando únicamente los fletes del campo hacia los centros
de acopio. Además, el arroz hará circular otros $ 44 millones, mientras
que el maíz y el sorgo moverán un total de $ 6.8 millones, siendo que solo
la campaña de verano generará más de 80.000 empleos directos (El Deber, 27
de marzo de 2004).
Incorporemos cada vez más racionalmente tierras a la frontera agrícola.
Ampliemos esta línea de la fe hacia Chiquitos y hacia Cordillera.
Tecnifiquemos a la empresa y al campesino. Abramos mercados, disminuyamos
sus riesgos y confiemos en el valor emprendedor del que se liga al agro.
Premiemos al que exporta; al que mira hacia horizontes lejanos.
Dinamicemos la producción agropecuaria, hagamos que ésta sirva al hombre y
no al revés. El campo dinamizará a la industria. La agroindustria será la
fiel compañera del agricultor y la que primero cosechará sus frutos.
Evitemos que en el futuro se deprima la producción de alimentos con
precios políticos, por debajo de los costos de producción, o la creación
de nuevos tributos que impiden producir excedentes económicos que permitan
reinvertir y crecer al sector productivo. Es más, el Estado, en el marco
de sus responsabilidad sociales, promoverá y protegerá la producción y los
productores.
Del mismo modo, no podemos permitir la depredación de nuestros bosques. Se
deben crear políticas forestales que impidan su aniquilamiento con el
tiempo. Datos recientes hablan de este sector como generador de alrededor
de $100 millones al año.
Vemos a nuestra industria y a la microempresa –hoy todavÍa olvidada–,
ligándose íntimamente también hacia las otras necesidades básicas de la
población, además de la alimentación: la vestimenta, la educación, la
salud y la vivienda. Nuevos materiales de construcción, trabajos con el
cuero y el vestuario, cerámicas y fertilizantes, alcohol carburante,
implementos agrícolas y sanitarios. Todo lo que sea manufactura para el
hombre, para que la fábrica esté a su servicio y no al revés. Quisiéramos
a la ciencia y a la técnica al servicio de este tipo de actividad,
valorando nuestro conocimiento secular de la tierra y encuadrando su
lógica industrial en la más pura dimensión productiva y con esencia
profundamente nacional.
Sobre las políticas de tierra, “el Gobierno del Departamento evaluará,
aprobará o rechazará, todo los planes de colonización que por iniciativa
del Gobierno central, Gobiernos extranjeros, asociaciones o entidades
públicas o privadas, nacionales o extranjeras, presenten a su
consideración. Ningún proyecto de colonización ni de distribución de
tierras fiscales se hará sin el cumplimiento de este requisito. Los
parques Nacionales, Departamentales y/o Municipales, son territorios
inviolables y se destinarán al cumplimiento de los fines para los que
fueron creados”.
1.2. Turismo
El turismo, la denominada “industria sin chimenea”, es otra palanca de
nuestra base económica. Es una alternativa para alcanzar desarrollo.
Actualmente genera cerca de $150 millones y podría duplicarse, siempre y
cuando se desarrolle una planificación que conlleve una promoción
agresiva, ofreciendo las condiciones apropiadas para incentivar el
turismo, como la infraestructura vial o férrea apropiada, construyendo una
conciencia colectiva para atraer a los visitantes, donde las reglas de
urbanidad, la tolerancia y la hospitalidad sean de práctica diaria, pero
por sobre todo, debemos precautelar nuestra ecología frente a los desmanes
de los hombres y la imagen del país sea de trabajo y de convivencia
pacífica.
Aquí tenemos tantos lugares como las iglesias de la Chiquitania,
edificadas hace más de tres siglos y reconocidas como “Patrimonio Cultural
de la Humanidad”, el Pantanal, Samaipata, los Parques Amboró y Noel Kempff
Mercado, los balnearios de “Aguas Calientes” en Roboré, Espejillos, los
valles cruceños con su clima templado, la rica muestra del arte rupestre y
riquezas arqueológicas, el viejo Santa Cruz visto por ejemplo en Porongo o
Peji .Volquemos nuestros esfuerzos y destinemos recursos para este rubro.
Finalmente, la agropecuaria, los sectores forestal y comercial o la
microempresa y el turismo no tendrán que vivir siempre torturados por un
presente lleno de dificultades y con la inquietud de un futuro sin
horizontes.
1.3. Hidrocarburos
Hasta la fecha, nuestra economía ha sido completamente dependiente de la
explotación de nuestros recursos naturales especialmente de los no
renovables (plata, estaño, hidrocarburos).
Hoy repetimos que “la profunda crisis económica y de valores que en la
actualidad sufre Bolivia, crea la necesidad impostergable de reorientar y
dar un nuevo uso a nuestros recursos naturales, conscientes de que existe
una relación muy íntima para su utilización y la sustentación del
desarrollo. En la actualidad, con la quiebra de los minerales, la elevada
deuda externa y sin ciencia ni tecnología, nos encontramos ante un
porvenir incierto, con la única opción de seguir vendiendo recursos
naturales; y con el peligro de continuar reproduciendo la vieja política
de empobrecernos exclusivamente para subsistir”.
Nuestro futuro a corto y mediano plazo será no sólo el ser vendedores de
recursos naturales, sino también debemos industrializarlos, todo ello a
fin de promover nuestro desarrollo y como fuente de financiamiento del
progreso del país. El uso interno del gas como su industrialización, deben
ser ejes articuladores y de consenso en un nuevo proyecto de región y de
país.
“El gas debemos sembrarlo en todos los sectores productivos y proyectos de
nuevos mercados, como la generación de energía eléctrica para la
exportación, la transformación de gas en diesel, en metanol,
fertilizantes, en polietileno, o también en la exploración del hierro en
Mutún”.
Pero también es imprescindible la evaluación y el conocimiento de estos
recursos a fin de planificar y realizar inversiones a mediano y largo
plazo; además, adquirir tecnología para transformar e incrementar el valor
agregado de estos recursos. Por todo esto, es prioritario la creación de
un Instituto de recursos naturales que tenga jerarquía y fortaleza
institucional, así como estructura jurídica, orgánica y económica
adecuadas.
En los últimos cincuenta años, Santa Cruz ha entregado al país ingentes
cantidades de petróleo y gas. Así por ejemplo, tomando en cuenta los datos
referenciales de la Prefectura, en los últimos 30 años, por concepto de
regalías Santa Cruz ha recibido $ 776 millones, monto que corresponde al
11% de su valor. Esto significa un aporte económico de la región al país
de poco más de $ 69.000 millones de dólares, suma que representa una
respuesta contraria y contundentemente a los voceros de la desinformación,
cuando afirman que el decantado desarrollo cruceño es el resultado de la
transferencia de los excedentes económicos generados por la minería
andina, sin cuantificar el verdadero aporte cruceño a la economía
nacional.
Por estas consideraciones, nos asiste el derecho irrenunciable de
participar en la toma de toda decisión con respecto al futuro de estos
recursos naturales, ya sea en la definición de su uso o en la
administración e inversión como fuente de financiamiento del desarrollo.
No permitamos que se continué con la política del uso de nuestras riquezas
naturales sin respetar el derecho de región productora, utilizando mal su
beneficios o malversando los recursos de sus ingresos. Queremos que esta
vez dejen algo más que sueldos de burocracia, pozos vacíos y miserias.
Hace poco, el debate sobre los hidrocarburos arrojó algunos consensos en
Santa Cruz, tales como:
1. Mayor participación estatal sobre la base del 50%. El otro 50% para las
empresas en boca de pozo. (Aquí también debería haberse agregado un
incremento del 11% de regalías para los departamentos productores, y si se
quiere, crear un fondo compensatorio para los que no tienen
hidrocarburos).
2. Normas claras que establezcan el derecho constitucional y la soberanía
sobre estos recursos.
3. Mayor control y fiscalización en la explotación y comercialización de
los hidrocarburos, con participación plena de las prefecturas,
propietarias del 11% de regalías).
4. Rechazo al cercenamiento de las regalías. Su pago es el precio en boca
de pozo.
5. Fortalecer a instituciones estatales del sector, llámense YPFB, etc. .
1.4. Energía
Las tinieblas son una realidad del presente, en la capital y más aún en
las provincias. Y eso, que energía es también condición y resultado del
desarrollo. Sin embargo, ahí están nuestros ríos indómitos y poderosos;
ahí está nuestro petróleo y nuestro gas moviendo al país. Debemos
desarrollar un plan para generar energía en todo el departamento. En lo
inmediato, necesitamos las unidades de generación térmica para cubrir la
exponencial demanda energética regional. Para ello, habrá que crear
alianzas con cooperativas y con la empresa privada.
Queremos que lo no renovable que se exporte, se traduzca en energía de
nuestros ríos, que ésta se transmita desde el subsuelo a todos los
rincones del país.
Necesitamos la interconexión con la red eléctrica central, pero es el
Proyecto múltiple Río Grande-Rositas el único que permitirá una opción
real y permanente.
Debemos comenzar ya, si queremos verlo en operación en el año 2016. Este
proyecto además regulará al Río Grande, reducirá los efectos depredadores
de las inundaciones, será el punto de arranque para un desarrollo
intensivo bajo riego de 165.000 hectáreas, abastecerá de agua potable a
los habitantes de su área de influencia, insertará energía a los pueblos
del sur y fuerza a la agroindustria, generará productos de exportación y
nuevas fuentes de trabajo para la fuerza labora sub-ocupada. Vendamos gas,
pero queremos Rositas, que, además es económicamente viable.
Y hay otros ríos; cuidemos la cuenca del Piraí y protejamos nuestras
ciudades. Hay también más minerales, está el Pre-cámbrico, y allí emerge
el adormecido Mutún. Tenemos mucho que dar en este país, pero es con gas y
con energía.
1.5. Pequeña y Mediana
empresa
Según José Luis Corragio, hay tres formas de economía urbana: empresarial
o capitalista, pública y popular, entendida esta última como “...un
subsistema orgánico de elementos socialmente heterogéneos, dotados de
dinamismo propio, competitivo y de alta calidad. Y la conformación de esa
economía supone la constitución paralela de un movimiento popular. Así es
también una vía para la democratización de nuestras sociedades...”.
Si para el Cedla (Centro de Estudios para el desarrollo laboral y
agrario), en el año 2001 la tasa de desempleo abierto era cercano al 10%,
“el nivel más alto conocido hasta ahora en el país”, con seguridad en
estos momentos dicha cifra debe ser superior. Aquí coinciden algunos
analistas cuando afirman que la pequeña y mediana empresa pueden ser el
amortiguador del desempleo, pues se estima que un 89% de la población
económicamente activa es ocupada en este sector, aportando alrededor del
28% del PIB. En tal sentido, este tipo de actividad podría “impulsar,
desde la comunidad, un nuevo modelo de desarrollo social y político”. De
ahí la importancia de definir programas que incentiven la producción de
estas microempresas. Las siguientes líneas de acción que favorezcan a la
llamada “economía popular” han sido consideradas:
1. Capacitar e iniciar una reconversión tecnológica productiva con
asesoramiento técnico y financiero.
2. Acceder al crédito con baja tasa de interés y plazos adecuados a las
actividades productivas, incorporando a los bienes muebles en las
garantías.
3. Aprobar un marco jurídico específico para este sector, simplificando la
organización y funcionamiento de las microempresas.
4. Buscar mercados (nacional e internacional), con apoyo de los gobiernos
central, departamental y municipal.
5. Promover la creación de empleos mediante el asesoramiento a las
microempresas que pueden crecer.
6. Incentivar a las empresas de economía social de propiedad de los
trabajadores.
7. Trabajar en la asociación de microempresas para generar cadenas
productivas y reducir costos.
8. Apoyar la formación de técnicos medios con capacitación dual (trabajo
de aárea y estudio).
1.6. Regalías e
Impuestos
Hoy las regalías ya no alcanzan, nos las quieren cercenar y nos las
regatean. Ahora, nuevamente, el 11% es un derecho a consolidar, ¡quién
creyera! Cuarenta y tantos años después. Debemos revalorizar el concepto
de regalías: éstas no son premios ni impuestos; son la preeminencia de un
distrito productor que no quiere que sus recursos naturales se
volatilicen, que desaparezcan.
Y nuestro petróleo se está yendo, pero el gas no podemos dejar de
sembrarlo. Ya el 11% no basta para reproducir lo que se va. La idea
original ha sido siempre tornar reproducible lo que no es renovable. Por
ello, desde hoy advertimos: el gas es nuestro, y no queremos que vaya a
mantener una burocracia gubernamental ineficaz y corrompida, a pagar
deudas que no asumimos ni déficits de empresas estatales. Tenemos el deber
y el derecho a cuidar el fluido vital que yace en este subsuelo.
Por último, las regalías madereras y mineras deben ser justas y efectivas.
Tampoco queremos reglas tributarias, centralistas. Los gobiernos son para
servir al pueblo, y no para servirse de él.
Queremos tributar para un gobierno departamental legítimo, del pueblo y
para el pueblo, y no dependiente del Ministerio de Gobierno.
“Además de los impuestos reconocidos por ley y destinados al Departamento
y Municipios, de las recaudaciones obtenidas en los respectivos
Departamentos, el 70% debe corresponder a la fuente recaudadora y el 30%
al gobierno central.. Su distribución se hará por habitantes y
territorio”.
Esperamos un sistema financiero sano y ambicionamos un Banco de Fomento,
que aglutine el financiamiento agrícola, de la vivienda, y tantos otros de
la región, que sea fuerte, que canalice los créditos internacionales hacia
la producción.
2.1. BASE FÍSICA
2.1. Desconcentración
Hoy, Santa Cruz de la Sierra abarca más de la mitad de la población
departamental, con un caos urbano sin precedentes y sólo las provincias
centrales ofrecen saldos migratorios positivos. En la sub-región central,
que representa el 12.5% del territorio, está casi en el 80% de la
población regional, el 73% de la superficie cultivada y casi el total de
la producción industrial.
La única actividad económica que ofrece patrones de distribución más
descentralizados es la ganadería. Las grandes sub-regiones de Cordillera y
de la Chiquitania abarcan más de las dos terceras partes de la superficie
departamental y son espacios casi vacíos, con menos del 20% de la
población. Hacia ellas debemos desplazarnos. Esta visión ya fue enfatizada
recientemente en un informe del PNUD (2004).
Cada vez aumenta la brecha entre los niveles de vida y cada vez es más
grave sostener la soberanía nacional en las fronteras. Entonces, el
imperativo de la hora presente es volcarse con todo hacia las provincias.
Allí hay tierras ricas, en los valles hay agricultores experimentados,
hacia el Oriente hay hasta minerales, en el Sur están los hidrocarburos.
Además, en las provincias, por justicia, hay que crear las condiciones
básicas de vida tales como educación, salud, infraestructura vial y
saneamiento básico, abastecimiento con alimentos, desarrollo cultural.
Hay que desconcentrar el inevitable proceso de urbanización hacia un
número mayor de centros en las provincias, para evitar que el crecimiento
urbano se limite a la capital y alrededores.
2.2. Vertebración Vial
En este ámbito, el talón de Aquiles para el desarrollo cruceño es el
transporte, de ahí que la vertebración caminera del Departamento adquiere
importancia en la búsqueda de una integración de nuestro territorio, una
mejor distribución de nuestras riquezas naturales y su transporte hacia
los centros de consumo. Debemos tener definitivamente una política vial,
por un parte; y crear una conciencia caminera por otra, al fin de que el
aislamiento geográfico no siga siendo la barrera infranqueable de nuestro
progreso.
Esta aspiración debe calar hondo en el gobierno y en nuestro pueblo, para
que los caminos de Santa Cruz representen los mejores testimonios de
nuestra victoria sobre la desarmonía y el subdesarrollo.
Tenemos que extender las venas vitales del transporte y de la
telecomunicación hacia Puerto Suárez, abrazando la Chiquitania y otra
hacia Yacuiba, vertebrándonos con el Chaco.
La carretera a Puerto Suárez tendría que concluirse a la brevedad posible.
La carretera a Yacuiba está casi a terminar.
Debemos alentar el cumplimiento de la ley del 7 de marzo de 1988 –fruto
del consenso de cruceños, benianos y pandinos–, para la construcción de
una carretera que partiendo desde Trinidad llegue hasta Cobija, integrando
de esta manera la cuenca del plata con la del Amazonas.
2.3. Marcha hacia el
Atlántico
Queremos que la marcha hacia el Oriente prosiga. Que llegue a Puerto
Quijarro y Puerto Busch, ligándonos al Río Paraguay y a través de sus
aguas, llegar a otros mercados, para atenuar y solucionar el problema de
la mediterraneidad de Bolivia. Un ejemplo de lo anterior, es saber que
Puerto Aguirre –un emprendimiento privado–, en el año 2003 tuvo un
movimiento de 620.000 toneladas, 5% más de la carga nacional que opera en
el puerto de Arica.
Lo historia de Bolivia ha girado siempre sobre el océano Pacífico, porque
la élite económica que giraba alrededor de las minas estaba en el
occidente, y la plata y el estaño necesitaban sus vías de salida,
ignorando por completo al Atlántico. Hasta el día de hoy nuestros
diplomáticos son más andinos que amazónicos o platenses. Y sin embargo,
Brasil y Argentina, pesan más en nuestra economía que los países al otro
lado del Pacífico.
Somos una tierra de contactos y ese equilibrio hay que alcanzarlo. Unamos
el Plata con el Amazonas, llevemos el Ande hacia el Atlántico.
El ideal de Bolívar para crear la gran patria latinoamericana debe seguir
guiando nuestros pasos, y tenemos que dirigir nuestras miradas también y
en forma más decidida hacia el otro océano. El MERCOSUR está dando un
ejemplo de integración subcontinental. Unámonos a ese esfuerzo sin temores
ni retaceos, con personalidad y altura.
Lancemos nuestras ferrovías y carreteras hacia aquellos vientos. Nada más
normal; el desarrollo estará aquí, en el Oriente. Abramos la navegación
fluvial y acerquémonos más al Paraguay, seamos una nación de pactos de
integración. Valoricemos nuestros recursos y encontremos mercados. Abramos
selectivamente las puertas a la tecnología de los vecinos y gestionemos
cuotas e impulsos para llegar a mares más lejanos.
Valoricemos esta geografía privilegiada que es la nuestra y potenciemos
esta inmensa frontera cruceña, con la conciencia plena de que en esta
década ella estará comunicada con el Atlántico, y desde ahí, quizás, con
otros continentes.
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