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LA NACIÓN CAMBA
FUNDAMENTOS Y DESAFÍOS
Gustavo Pinto Mosqueira

Santa Cruz de la Sierra - 2003
Advertencia:
Este ensayo académico ha sido publicado en forma de libro. Las últimas
correcciones que se hicieron en el texto diagramado no figuran aquí en
este documento. El libro está en venta en las librerías El Ateneo,
Planeta, Los Amigos del Libro, Lewylibros de la ciudad de Santa Cruz.
ÍNDICE GENERAL
Pág.
Introducción
1.- Las tres historias de Bolivia
2.- Resumen de la historia del oriente boliviano
3.- El Estado andinocéntrico de Bolivia
4.- La “Nación camba”
5.- La idiosincrasia y costumbres de los cambas
6.- Los desafíos de la “Nación camba”
Conclusiones
Bibliografía
Epílogo
Bibliografía para la educación en el Oriente boliviano
Introducción
Cada vez estamos más convencidos que debemos terminar (dar fin a) con la
idea falsa (política o legal) que Bolivia es un “Estado-nación”.
Inclusive, pensamos, con la definición de un Estado unitario que en el
fondo no ha sido unificador. Porque aquella “unidad” sólo ha servido para
unificar el mundo andino o altiplánico; es decir, para crear un Estado al
estilo y a la medida del pueblo o “cultura colla” o andina. Pero no para
unificar o fortalecer al pueblo o cultura del oriente boliviano que
encierra una heterogeneidad de situaciones y condiciones históricas y
culturales; tampoco para integrarlo en sus subregiones (chaco,
chiquitanía, llanos de mojos y amazonía); mucho menos, para bien o para
mal, para fomentar una integración sana, con respecto y tolerancia, entre
el oriente y el occidente de Bolivia.
Aquello de la Bolivia plurilingüe y pluricultural es lo único bien logrado
como parte de su caracterización, aunque no como parte de su esencia o
definición, ya que lo más importante es reconocer no sólo el o los
aspectos culturales de un país o Estado sino el deseo de autonomía
política y, si acaso, administrativa y jurídica, de los pueblos, culturas
o naciones que lo conforman.
No descartamos y respetamos la intención o posibilidad que los Quechuas o
Aymaras quieran ser naciones dentro del actual Estado boliviano, o de los
criollos y mestizos de la geografía andina y valluna quieran también ser
una nación. Antes bien, lo vemos también como un objetivo posible, pues
históricamente, esto es, desde la fundación de Bolivia en 1825 hasta los
últimos años, han buscado dicho fin política, aunque sin mucha fortuna.
Pero también, vemos que el pueblo del oriente boliviano, que tiene una
historia común (la gran experiencia de las misiones jesuíticas y
franciscanas que no sólo influyó en la población originaria sino también
en los criollos y mestizos), unos rasgos culturales homogéneos (los cambas,
varones y mujeres, somos gente que confiamos en los demás [en los propios
y extraños], amamos nuestra libertad individual, etc.), una geografía
similar (el clima tropical ha influido en nuestras costumbres, por
ejemplo, la necesidad de hacer siesta después del almuerzo, la
arquitectura de nuestras viviendas con grandes ventanas...), unas
características económicas parecidas ganadas a lo largo de más de 300 años
(por ejemplo, la ganadería a gran escala), tiene todos los elementos para
constituirse en una Nación, la llamada “Nación Camba”. ¿Qué aspectos
encierra esta idea? ¿Cómo se define esta Nación? ¿Qué desafíos tiene?
1.- Las tres historias
de Bolivia
Por influencia de las ideas políticas y jurídicas occidentales (europea y
estadounidenses), más concretamente, de las ideologías y las experiencias
de la Revolución Francesa y de los Estados Unidos de Norteamérica (USA),
después de las revoluciones de independencia de las colonias de América
Latina de la corona española y del nacimiento de las repúblicas
latinoamericanas, en Bolivia también se pensó y trabajó políticamente para
que la nueva república tenga una historia y un desafío común: ser una
nación moderna. Pero sin embargo, sabemos que esa historia giró en torno a
los gobiernos altiplánicos de turno y que dicha nación y modernización,
los líderes y dirigentes políticos, sobre todo, los criollos del occidente
boliviano, no lograron materializarla ni alcanzarla ni siquiera después de
la Revolución del 52 del siglo XX. En todo ese proceso, a través de una
educación a medias tintas, y con aquel afán de un Estado-nación boliviano
moderno, impusieron una sola historia: la historia de las elites políticas
y grupos dominantes de la economía del altiplano que gozaron del uso y
abuso del poder estatal desde la fundación de Bolivia. Así se olvidaron de
las tres historias que tuvo y aún tiene Bolivia.
Una: ya la mencionamos, es la historia de las elites y pocos grupos
enriquecidos con los minerales de la plata y el estaño, representados por
caudillos y dictadores militares del altiplano como Ballivián, Belzu, Achá,
Melgarejo, etc. que gobernaron a su antojo, ante todo, la sociedad andina
boliviana, y poco a poco fueron imponiendo a todas las regiones de Bolivia
como Tarija y el Oriente boliviano una supuesta historia nacional común a
todos y para todos, desconociendo y no respetando la realidad del mundo o
la sociedad y cultura camba, presente en algunos de sus aspectos desde
tiempos precolombinos y también desde los comienzos de la exploración,
conquista y colonización de estas tierras bajas por parte de los
españoles.
Dos: la otra es la historia que Xavier Albó y Josep Barnadas llaman “la
cara india y campesina de Bolivia”. Una historia protagonizada por los
originarios y campesinos de la geografía andina de Bolivia: principalmente
por los Quechuas y Aymaras. Pueblos o culturas que bien que mal fueron
absorbidos parcialmente por el mal denominado “Estado boliviano”, pero con
una consecuencia fatal: aquellas culturas originarias aprendieron, por
influencia del sindicalismo, del trostkismo, del marxismo radical u
ortodoxo y más tarde del indianismo, a exigir sus demandas sociales y
económicas a dicho Estado por medio de la movilización y protesta social:
paros, huelgas, manifestaciones, bloqueos de carreteras, enfrentamiento
armado, etc.
Tres: la historia del Oriente boliviano. Ha sido una historia con sus
protagonistas, sucesos, hechos, ideas y pensamientos que fue ignorada o
desconocida por historiadores, líderes y gobernantes de aquel Estado
boliviano. No se la narró ni se la incluyó en los textos oficiales de la
mal llamada historia nacional o boliviana para enseñarla también en las
escuelas públicas. Tuvieron que ser los propios intelectuales e
investigadores del Oriente boliviano quienes describieron esta historia.
Por ejemplo, algo la resume Gabriel René-Moreno en la Introducción de su
obra “Archivos de Mojos y Chiquitos”; José Chávez Suárez intenta también
un esbozo tratando de profundizar en la historia de Mojos o en la historia
de lo que hoy es el departamento del Beni en su libro “Historia de Moxos”;
Enrique Finot busca ya hacer una descripción más completa en su “Historia
de la Conquista del Oriente Boliviano”; Hernando Sanabria también hace un
valioso esfuerzo por relatarnos esa historia en sus libros “Ñuflo de
Chávez, el caballero andante de la selva”, “Crónica sumaria de los
gobernadores de Santa Cruz, 1560-1810”, “Breve historia de Santa Cruz”, y
más recientemente, dos autores hacen una contribución de suma importancia
en la descripción o estudio de esta historia: Alcides Parejas con sus
obras “Historia del Oriente Boliviano. Siglo XVI y Siglo XVII”, “Historia
de Moxos y Chiquitos a fines del siglo XVIII”, y José Luis Roca con su
reciente libro “Economía y Sociedad en el Oriente Boliviano (Siglos XVI y
XX)”.
Si esa historia existe, es porque sus protagonistas vivieron y la
hicieron, y si ya está en gran parte escrita, entonces veamos algunos de
sus momentos y / o sucesos más relevantes.
2.- Resumen de la
historia del Oriente boliviano
En la región sudeste de América del Sur Meridional, entre 1516 y 1536,
algunos ibéricos como Juan Díaz de Solís y Sebastián Gaboto, exploran el
río Paraná en busca de metales preciosos. Otro de los exploradores fue
Alejo García quien recorre las tierras de lo que hoy es el Paraguay y el
norte del Chaco en busca de riqueza y gloria. Navega el río Pilcomayo y
llega hasta la desembocadura del río Bermejo. En este recorrido obtiene
muestras del metal de la plata de parte de los habitantes nativos. Por
esto al Pilcomayo (que en lengua indígena significa “río de las palmeras”)
lo nombra “río de la plata” (Chávez 1944).
En el contexto de esta expansión y dominio imperial de la Corona española,
y ante la noticia de más riquezas en plata y oro, el rey de Castilla,
mediante Capitulación de 21/3/1524, encomienda el gobierno y la conquista
de esas tierras y provincias que hay en el río de Solís (es decir, el
Paraná) al adelantado don Pedro de Mendoza, con la intención también de
llegar al “Mar del Sur” (o el Pacífico). Con la llegada de don Pedro de
Mendoza, gobernador y capitán general, y Juan de Ayolas como lugarteniente
y después como capitán general, al sucederle a Mendoza, y otros
conquistadores, se inicia el periodo de exploraciones, conquista y
colonización de las tierras del Chaco y de lo que actualmente es la región
de Santa Cruz de la Sierra.
En efecto, Juan de Ayolas, después de sostener batallas contra los
naturales de dichas regiones, de navegar el río Paraná y de vencer en
batalla, por ejemplo, a los Timbúes, continúa buscando la “Sierra de la
Plata” cuyas muestras de metal ya conocían en España desde hacía más de
una década. La esperanza de hallar riqueza en metales preciosos lo empujó
a penetrar hasta la chiquitanía.
Ante la muerte de Ayolas en Asunción, es elegido como su sucesor Domingo
Martínez de Irala hasta la llegada del nuevo adelantado: don Alvar Núñez
Cabeza de Vaca (Finot 1978). La búsqueda de la “Sierra de la Plata”,
llamada años después, El Dorado, continuará hacia cada vez más al norte de
Asunción.
Después de Alvar Núñez Cabeza de Vaca pasa a ser gobernador de Asunción
Domingo Martínez de Irala, quien tenía entre sus soldados a Ñuflo de
Chávez. Irala tenía información de los naturales de que al noreste de la
laguna de El Dorado reinaba el Paititi o el Gran Mojo (reino de riqueza
fabulosa). Hizo algún intento, sin éxito, por encontrarlo. Empero, fue
Ñuflo de Chávez quien concibió un proyecto realista y concreto para
encontrarlo: crear una provincia cuyo gobierno le fuera confiado por la
corona española, alentado aún por la esperanza de hallar El Dorado o el
reino del Gran Mojo.
Fue así como Chávez (por recomendación de Irala de fundar un centro
colonial en los Jarayes con el exclusivo objetivo de establecer un punto
medio en que pudieran apoyarse los trabajos de la conquista del Gran
Mojo), en octubre de 1541, con tres navíos y ochenta españoles arribó por
el río Paraguay en busca de la provincia de El Dorado. Más de una década
después, el año 1553, realizó otra expedición esta vez en compañía de
Irala, pero no encuentra dicho reino. En 1558, al realizar otra expedición
con los mismos objetivos, recién llega a la zona actual de Santa Cruz y
funda las ciudades de la Barranca (1559), Nueva Asunción (1559) y la
propia actual Santa Cruz de la Sierra en 1561 (Pifarré 1989; Sanabria
1984).
A los Chiquitos y otros pueblos originarios de la chiquitanía, Chávez les
hace saber que venía en nombre del Rey de España y de la voluntad del Dios
católico. Les ofrece amistad y paz. Pero no todos los naturales estaban
dispuestos a aceptar la presencia de los ibéricos. Por eso ofrecen
resistencia o batalla. Muchos grupos étnicos o parcialidades son
derrotados. Otros, sin embargo, aceptan la amistad de Chávez (Finot 1978).
Fundada Santa Cruz de la Sierra como centro de apoyo colonial para buscar
El Dorado y poner un dique militar al avance de los portugueses hacia el
centro tropical de Sudamérica, los gobernadores que se sucedieron se
dedicaron a realizar expediciones hacia los llanos de Mojos a objeto de
encontrar el reino del Paititi. Con el tiempo, al no encontrar el
codiciado metal, por instrucción del Virreinato de Lima a través de la
Audiencia de Charcas que buscaba normar las actividades de los cruceños,
estos tuvieron que hacerle la guerra a los Chiriguanos a fin de asegurar
la explotación del cerro rico de Potosí y de mantener una vía de
comunicación entre la Audiencia de Charcas y Asunción del Paraguay.
También se dedicaron a buscar pobladores españoles, tal como ya Chávez
había intentado hacerlo.
Para el caso de los llanos de Mojos, a partir de 1571, se inician los
intentos de explorarlo y conquistarlo a la cabeza del gobernador don Juan
de Zurita. Pero será su sucesor, don Lorenzo Suárez de Figueroa –nombrado
por el virrey Toledo el 17 de octubre de 1580– quien, entre dicho año y
1597, organizará y comandará expediciones de conquista a Mojos.
En el primer cuarto del siglo XVII se siguieron organizando expediciones
de conquista hacia la provincia de Mojos en busca del Gran Paititi. Así,
en 1602 se realiza la expedición de don Juan Mate de Luna, hombre
considerado aún entre los primeros gobernadores de Santa Cruz de la
Sierra, que vino exclusivamente de España para tal cargo y para conquistar
la mentada Tierra Rica de los Mojos. Entró a dicha provincia, fundó cierto
tipo de población a la cual puso el nombre de Trinidad, pero no dejó
españoles porque se le amotinó la gente, mientras otros se fugaron al
monte (Finot 1978; véase Chávez 1944).
Con la intención de sojuzgar a la población de la provincia de Mojos y de
poblar la Santísima Trinidad fundada por Mate de Luna, Gonzalo Solís de
Olguín recibe dicha provincia en calidad de encomienda. Con estos
propósitos organiza en 1617 una expedición que llegó hasta las poblaciones
o aldeas de los Mojocosi (hoy llamados los Mojos pertenecientes a la
familia lingüístico cultural Arawak) (Denevan 1980). Se enfrenta y vence a
los Tapacuras. Otros pueblos de la provincia optan por no dar batalla a
los españoles cruceños. En 1636 hubo otro intento, esta vez del presidente
de la Audiencia de Charcas (con los recursos de Pedro de Iriarte –un
poblador de San Lorenzo de la Frontera), de ocupar la provincia de Mojos
por razones económicas y para oponer un dique a los avances de Portugal a
todo lo largo de la frontera oriental del Alto Perú (Finot 1978). Esta
expedición no llegó a efectuarse. Pero entre 1631 y 1667, más
concretamente después de la muerte de Solís de Olguín (1626), se
organizaron otras expediciones militares desde Santa Cruz de la Sierra
acompañadas por algunos eclesiásticos o misioneros, esta vez con dos
intenciones: convertirlos a la fe católica y encomendarlos en las
estancias de los cruceños si eran vencidos en batalla en caso de que los
originarios se enfrentasen a los españoles.
En 1667 entra otra expedición a la provincia de Mojos con dos objetivos:
a) Ayudar a los Mojos (Mojocosi) en su guerra contra los Cañacures y b)
ganar esclavos para traerlos a Santa Cruz de la Sierra. El jesuita Juan de
Soto acompañó la expedición a fin de ver la posibilidad de fundar
misiones, tras haber sido motivado a esto por sus personales contactos con
los naturales mojeños en Santa Cruz de la Sierra y por informes de grandes
cantidades de aldeas que habían hecho los propios jesuitas en expediciones
anteriores. Al regresar el Hno. Juan de Soto recomendó a sus superiores
fundar reducciones en la provincia de los llanos de Mojos (Denevan 1980).
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