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ENRIQUE DE
GANDIA
HISTORIA DE SANTA CRUZ DE LA SIERRA
UNA NUEVA REPUBLICA EN SUD AMÉRICA
BUENOS AIRES
TALLERES GRÁFICOS ARGENTINOS DE L. J. ROSSO
DOBLAS 951 AI 965
1935
Prefacio
Este libro es la historia de una Nación cuya independencia será algún día
una realidad.
La nueva República que en un futuro próximo podrá contarse entre los demás
estados de la América del Sud, llámase Santa Cruz de la Sierra.
Ella será la consecuencia lógica del final de la cuestión de límites entre
Paraguay y Bolivia y su creación representará la libertad del último
pueblo que aún permanece sujeto en el Nuevo Mundo.
Las guerras tienen conclusiones inesperadas y reservan sorpresas que los
beligerantes no sospechan al iniciar las hostilidades.
Los ejemplos de Europa, con desmembramientos de naciones, estados
desaparecidos o sino aumentados grandemente; territorios sometidos a
plebiscitos y otros cedidos mediante tratados, nos demuestran en todos los
tiempos que las fronteras se rompen cuando no coinciden con los límites
etnográficos de los pueblos y no se ajustan a la tradición de la historia
y a la justicia del derecho. La sujeción de un pueblo por otro mediante
un imperialismo disimulado o abierto, nunca es eterna y tarde o temprano
termina por estallar con la ruina segura del país dominador, mientras que
los estados erigidos sobre grupos raciales homogéneos y dentro de límites
históricos y jurídicos justos e indisputados, brillan o se obscurecen,
según las alternativas de su vida interna; pero perduran intactos a través
de los siglos y de la grandeza y decadencia de las naciones
artificialmente constituidas.
Santa Cruz de la Sierra con el Beni está llamada a ser una República
independiente entre Paraguay, Brasil y Bolivia con un futuro lleno de
halagadoras promesas.
No se trata, como podrán suponer los eternos escépticos de las realidades
de la historia, de un estado minúsculo, desconocido, sin pasado y sin
porvenir.
Su extensión territorial es con excepción de Rusia mayor que la de
cualquier estado europeo, con más de trescientos mil kilómetros cuadrados
más que Italia, cerca de ciento cincuenta mil más que Alemania, ciento
siete mil más que España y sesenta y dos mil mas que Francia; y en Sud
América es más grande que Paraguay, Bolivia, Ecuador, Uruguay y Panamá.
Los recursos económicos de esta Nación son inmensos y cuando ella cuente
con ferrocarriles, buenos caminos y empresas que sepan administrar sus
productos y sus minas, se convertirá pronto en un país floreciente y rico.
Los estados americanos no pueden contemplar con in diferencia la creación
de esta nueva República, cuyo nacimiento a la vida independiente es un
hecho, no sólo determinado por la historia, la geografía y la voluntad de
sus habitantes, sino por el resultado de una guerra cuya solución para el
presente y para el futuro impone el reconocimiento de esta nueva República
entre los dos países enemigos, cuyas armas, con la interposición de este
estado independiente, no volverán a entrecruzarse nunca más.
En este libro hemos escrito la historia de Santa Cruz de la Sierra desde
sus orígenes etnográficos con las migraciones guaraní que desde el Brasil
y el Paraguay cruzaron el Chaco para establecerse en los contra fuertes
andinos fijando, por primera vez, la cronología de todas ellas hasta los
últimos movimientos revolucionarios cruceños que se han producido en favor
de la independencia de Santa Cruz. Estudiamos la extensión del Paraguay
que, desde los primeros tiempos de su historia, fenecía, por el Occidente,
en la cordillera andina; los prolegómenos de la fundación de Santa Cruz de
la Sierra, que determinaron la creación de esta provincia, y los viajes
de Ñuflo de Chaves con la fundación definitiva de Santa Cruz, su
encuentro con Andrés Manso, su vida y su muerte. Establecemos los límites
de la gobernación de Santa Cruz de la Sierra, de Mojos y Chiquitos, y los
de su obispado con sus misiones, y terminamos el estudio de la época
colonial con el de la Intendencia de Santa Cruz de la Sierra. Pasamos
luego a la época de sujeción de Santa Cruz comenzando por la guerra de la
Independencia, que se llevó a cabo al mando de jefes argentinos, y
explicamos cómo la anexión de Santa Cruz a la Republica de Bolivia se hizo
arbitrariamente, sin consultar el pueblo cruceño, con el voto de dos
diputados que no tenían poderes para representar su Intendencia, mientras
que el gobierno de Chiquitos, también anexado sin razón a Bolivia, se
agregaba por su propia voluntad al Imperio del Brasil, que terminó por no
aceptar su anexión. Entramos luego a estudiar las industrias y el comercio
en Santa Cruz de la Sierra, con las consecuencias políticas que originó la
explotación del petróleo y de la goma: consecuencias gravísimas que
determinaron no ha mucho hasta la independencia del estado del Acre y su
venta por Bolivia al Brasil. La instrucción y la administración pública en
Santa Cruz nos demuestran la necesidad que tiene esta región de
administrarse por sí misma, sin ser explotada por otra nación, y el
aislamiento de Santa Cruz prueba que esta necesidad no puede resolverse
más que con la independencia, pues el empeño de Bolivia de mantener este
departamento aislado del mundo es claro y evidente. Las luchas políticas
en Santa Cruz confirman estos hechos y la guerra del Chaco ha revelado la
presión que el gobierno boliviano ejerce en Santa Cruz, así como las
injusticias de que hizo objeto a los soldados cruceños, a quienes envió a
la primera línea de fuego para que fueran exterminados y desaparezca el
peligro de la independencia cruceña. Referimos luego las campañas que en
favor de la libertad de su país hacen los prisioneros cruceños en el
Paraguay y los comités políticos pro independencia cruceña que existen en
varias Repúblicas americanas. Estas campañas tienen sus antecedentes en
las revoluciones que se hicieron en Santa Cruz para obtener la
independencia y que por falta de elementos materiales fueron sofocadas.
Transcribimos, por último, los himnos históricos de la independencia
cruceña y describimos el escudo antiguo y la moderna bandera de Santa
Cruz. Al final del libro se hallan unas breves notas sobre la población,
situación, superficie y límites de la nueva República de Santa Cruz de la
Sierra.
Nuestras afirmaciones están todas perfectamente documentadas en obras y
documentos antiguos y modernos. A menudo hemos logrado conclusiones nuevas
y creemos que este libro no dejará de ser de alguna utilidad para el
estudio de la cuestión. de límites entre Paraguay y Bolivia y el pasado y
el presente de Santa Cruz de la Sierra,
Por otra parte, estas páginas son la única historia que existe de Santa
Cruz y esperamos que, siguiendo nuestro ejemplo, otros investigadores
ahonden el ayer de esta región clavada en el centro de América, bella no
sólo por su naturaleza extraordinaria, sino, principalmente por su
historia heroica, trágica y triste; por la poesía del sufrimiento secular
de sus habitantes y por el hichizo que sugiere su futuro libre y feliz
como las aves que surcan su cielo.
Capítulo I
LAS MIGRACIONES GUARANÍ A LOS CONTRAFUERTES ANDINOS EN LOS TIEMPOS
PREHISTÓRICOS
El estudio de las migraciones guaraní a los contrafuertes andinos en los
tiempos prehistóricos, es de una importancia capital para comprender y
solucionar la cuestión de límites entre Paraguay y Bolivia que divide
ambas Repúblicas.
En efecto: La región comprendida, aproximadamente, entre los 17° y 23°,de
Latitud Sud y los 63° y 64° de Longitud al Oeste de Greenwich, que las
tropas paraguayas debieron reconquistar a la dominación boliviana, no sólo
perteneció durante la colonia, histórica, geográfica y jurídicamente, al
gobierno y obispado del Paraguay, primero, y a los de Santa Cruz de la
Sierra, después, como entidad independiente, sino que hallábase poblada
desde sus orígenes, por pueblos descendientes de los primitivos invasores
guaraní y de las mujeres chane (de lengua arawak: otra rama de los tupi-guaraní)
con quienes ellos se unieron, que hacen de esas tierras una zona
etnográficamente guaraní-arawak, cuya independencia o anexión a la
República del Paraguay es un hecho determinado por la geografía, la
etnografía y la historia.
Vamos a estudiar, en este capítulo, el origen de la población de Santa
Cruz de la Sierra y de la cordillera de los chiriguano.
Erland Nordenskiold (Erland Nordenskiold, The Guarani Invasion of the Inca
Empire in the Síxteenth Century: An Historical Indian Migration, en The
Geographical Review. New York, t..IV,1917), Alfredo Métraux (Alfred
Métraux, Migrations historiques des Tupiguarani, en el Journal de la
Societé des Américanistes de París, nouvelle série, t. XIX, 1927) y otros
autores supusieron que las migraciones guaraní a los contrafuertes andinos
comenzaron con. el viaje que Alejo García, portugués, náufrago de la
armada de Solía, realizó entre los años 1521 a 1526 desde la costa del
Brasil a los confines de Charcas, Nordenskiold etnógrafo eminen¬te, pero
poco familiarizado con la historia de la conquista de estas regiones, no
se detuvo a pensar que si Alejo García oyó de los indios del Brasil la
relación de la Sierra de la Plata y del Rey Blanco, fué porque estas
noti¬cias, no sólo pudieron transmitirse de pueblo en pueblo a través de
medio continente, sino porque las llevaron indios que forzosamente
debieron conocer las regiones que describían. Fué el historiador
paraguayo, Don Fulgencio R. Moreno, quien expuso los principales textos
necesarios para documentar las sucesivas migraciones que los guaraní
hicieron a través del Chaco (Fulgencio R. Moreno, Cuestión de Límites con
Bolivia Negociaciones diplomáticas, 1915—1917. Segunda edición, t. II,
Asunción, 1929). Nosotros estudiamos él mismo tema en el año 1929 (Enrique
de Gandía, Historia del Gran Chaco e Historia crítica de los mitos de la
conquista america¬na, Madrid - Buenos Aires, 1929.), y, al año siguiente,
Alfredo Métraux aceptó nuestras conclusiones y enriqueció la bibliografía
conocida con el testimonio de los cronistas del Perú, que coinciden en
todos los pormenores con los más antiguos documentos del Río de la Plata (Alfred
Métraux, Etudes sur la civilisation des indiens Chiriguano, en la Revista
del Instituto de Et¬nología de la Universidad Nacional de Tucumán.
Tucumán, 1930.)
Hoy en día, después del presente trabajo, el tema puede considerarse
agotado en lo que respecta el análisis de las fuentes informativas. No
hay, por lo tanto, ningún peligro de equivocarse en la cronología de las
primeras migraciones conocidas de los guaraní a los contrafuertes andinos.
Los hechos se desarrollaron de este modo.
En una fecha que no podemos precisar, pero siempre anterior al reinado del
Inca Tupac Yupanqui, que según el cronista Balboa comenzó a reinar en el
ano 1471 (Erland Nordenskiöld, Incallacta, eine befestigte und von
InkaTupak Yupanqui angelegte Stadt, en la revista Ymer. Argang, 1915.
Stockolm, 1915.), los guarani del Paraguay, atraídos por las noticias que
tenían de los indios del Chaco de una región rica en metales, en casas de
piedra y en ornamen¬tos de todo género, con un lago inmenso, y habitada
por una población numerosa, cruzaron el Chaco y se dirigieron hasta los
contrafuertes andinos, donde se estable¬cieron y comenzaron a guerrear en
contra de los pobladores del altiplano.
No hacernos conjeturas acerca del año en que está mi¬gración pudo
realizarse. Lo que nos consta de un modo seguro, por el testimonio de
Garcilaso de la Vega (Garcilaso de la Vega, Comentarios Reales, Lib. VII,
Cap. XVII.), es que el Inca Yupanqui guerreó durante dos años contra “una
provincia llamada Chiriguana, que está en los Antis, al Levante de los
Charcas”, sin lograr someter a ese pueblo indómito que practicaba la
antropofagia ritual propia de los tupi-guaraní.
Los indios invasores, al establecerse en los contra¬fuertes de los Andes,
fueron denominados con el nombre de chiriguano, cuya etimología, según
distintas opiniones, lo mismo puede significar “nuestros parientes de la
región fría” (Esta etimología fué dada por Fulgencio R. Moreno (loc. cit)
quien la descompone de la siguiente manera: Chin (frío en quéchua), gua,
guara (patria o lugar que habita, en guaraní), y ana (pariente, en
guaraní). El vocablo habría sido creado por los guaraní y significaría
“nuestros parientes de la región fría”. Ni esta ni ninguna de las otras
etimologías conocidas que no transcribimos para no abundar en datos
superfluos pueden aceptarse de un modo verdaderamente seguro.) que
“hombres que tienen frío” (La interpretación “hombres que tienen frío”
pertenece a Pedro de Angelis y se halla en las notas a la Argentina; de
Ruy Díaz de Guzmán, publicada en su conocida Colección.) o “gente su¬cia”
(Esta última etimología creemos que es la más acertada. La han sostenido
varios autores y la hace suya el Conde Eric von Rosen, quien explica, con
razón, que el nombre de chiriguano fué dado por los pueblos del altiplano
a los guaraní invasores, los cuales son extremadamente limpios y lamentan
mucho ser llamados con el nombre des¬pectivo de “gente sucia”: “The name
of Chiriguano (quichua), which means “dirt peopie”, was given them by the
vaingionious Incas, who despised the Chiriguano people, afecting to look
upon them as barbarians. The word “guano” is the name for the well-known
bird manure-found on the coast of Peru and Chile”. (Count Eric Von Rosen,
Ethnographical Research work during the swedish chaco-cordillera
expedition, 1901—1902. Stockolm, p. 188). En igual sentido se expresa
Rafael Karsten (Indian tribes of the Gran Chaco, Helsingfors, 1932, p. 7),
quien agrega que los chiriguano no se reconocen por este nombre y se
llaman a sí mismo ava, es decir, hombres.)
Tendido el puente guaraní-chiriguano a uno y otro la¬do del Chaco, pronto
se estableció a través de esta región una serie de activas comunicaciones
que difundieron cada vez más en el Paraguay yen el Brasil el conocimiento
de la existencia del Perú, cuya Sierra de la Plata y cuyo Rey Blanco (el
Inca), no tardaron en ilusionar grandemente a los indios de la costa del
Brasil y, más tarde, a los espa noles de Solís, de Caboto y Diego García
(No hay que confundir la leyenda de la Sierra de la Plata y del Rey Blanco
de sólidos fundamentos históricos con el mito del Paraíso Terrenal y de
lattierra sin mal que años y siglos más tarde originó otras emigraciones
de los tupí-guaraní hacia distintas partes de América. Al¬fredo Métraux ha
estudiado este mito en su libro La religión des tupinamba et ses rapports
avec celle des autres tribus tupi guarani, París, 1928, pp. 201—224 en que
se estudia Le mythe de la “Terre-Sans mal” et les crovances en un monde
meilleur des indiens de l’Amenique du Sud, El mismo autor ha enumerado las
emigraciones que tuvieron como causa dicho mito en su trabajo ya citado
sobre las Migrations historiques destupi-guaraní (París 1927). Las
Leyendas de la Sierra de la Plata y del Rey Blanco con las mi¬graciones de
pueblos y las expediciones de conquistadores españoles que originaron
hállanse analizadas en nuestro libro Historia crítica de los mitos de la
conquista americana. (Madrid -Buenos Aires, 1929).).
La segunda expedición guaraní a los contrafuertes de los Andes de que
tenemos noticia debió realizarse entre los años 1513 y 1518.
He aquí nuestros elementos de juicio:
En el mes de noviembre del año 1543 (Cf. Enrique de Gandía, Historia de la
conquista del Río de la Plata y del Paraguay, Buenos Aires, 1931, pp.
142—143.) Alvar Nunez Cabeza de Vaca, estando en el Puerto de los Reyes,
listo para iniciar una expedición al Chaco, sometió a un largo
interrogatorio a un indio guaraní que vivía entre los xarayes, y el indio
contesto “que era de la generación de los Gueraníes y natural de Ytati,
que es en el río del Paraguay, y que siendo el muy maco los de su
generación hicieron gran llamamiento y junta de indios de toda la tie¬rra
y pasaron a la tierra y población de la tierra adentro y el fué con su
padre y parientes para hacer guerra a los naturales della y les tomaron y
robaron las planchas e joyas que tenían de oro y plata, y auiendo llegado
a las primeras poblaciones comenzaron luego a hacer guerra y matar muchos
indios y se despoblaron muchos pueblos y se fueron huyendo a recogerse a
los pueblos de mas adentro, y luego se juntaron las generaciones de toda
aquella tierra y vi¬vieron contra los de su generación y desbarataron y
mataron muchos de ellos y otros sé fueron huyendo por muchas partes y los
indios enemigos los siguieron y tomaron los passos y mataron a todos, que
no escaparon (a lo que señaló) dozientos indios de tanto como eran que
cubrían los campos; y que entre los que escaparon se salvó este indio, y
que la ma¬yor parte se quedaron en aquellas montañas por donde auían
passado para viuir en ellas, porque no auían osado passar por temor que
los matarían los Guaxarapos e Guatos y otras generaciones que estauan por
donde auian de passar, y que este indio no quiso quedar con estos y se fué
con los que quisieron passar adelante a su tierra... “. Alvar Núñez le
preguntó, “si al tiempo que los de su generación hizieron guerra a los
naturales de la tierra, si vió que tenían oro o plata. Dixo que en los
pueblos que saquearon auian auido muchas planchas de plata y oro y
barbotes y orejas y bracaletes y coronas y hachuelas y vasijas pequeñas, y
que todo se lo tornaron a tomar quando los desbarataron...”( Cf. Enrique
de Gandía, Historia de la conquista del Río de la Plata y del Paraguay,
Buenos Aires, 1931, pp. 142—143.)
Al poco tiempo, Alvar Núñez se encontró con otros in¬dios guaraní, los
cuales “le dixeron ser de los que queda¬ron en aquellos desiertos quando
las guerras passadas los de su generación tuvieron con los indios de la
población de la tierra adentro, a do fueron desbaratados y muertos, y
ellos se auían quedado por allí...” Estos indios agregaron “que al tiempo
que sus padres fueron muertos y desbaratados, y ellos auian quedado muy
pequeños; lo cual declararon los indios mas ancianos, que al parecer
serian de edad de treynta y cinco años cada uno” (Comentarios de Alvar
Núñez Cabeca de Vaca ...Cap. sesenta y dos.).
Ahora bien: suponiendo que aquellos indios, al tiempo de la gran invasión
guaraní, hubiesen contado de cinco a diez años de edad no hay duda que la
expedición de que ha¬blaban debió verificarse de veinticinco, a treinta
años antes de 1543, en que Alvar Núñez obtenía tales referencias, es
decir, entre los años 1513 a 1518 (Fulgencio R. Moreno, Cuestión de
Límites con Bolivia, t. II, p. 84 nota (1) y Enrique de Gandía, historia
crítica de los mitos de la conquista americana, p. 155, nota (22).).
El recuerdo de esta invasión se conservó con más deta¬lles en el
altiplano, donde el cura de Mataca, Diego Felipo de Alcaya, la refirió al
Marqués de Montesclaros en una Relación ... sacada de la que el Capitán
Martín Sánchez de Alcayaga, su padre, dejó hecha como primer descubridor y
conquistador de la Gobernación de Santa Cruz de la Sierra y primer
poblador de ella (La Relación del P. Alcaya fué publicada por Victor M.
Maurtua en su Juicio de limites entre el Perú y Bolivia. Prueba peruana
presentada al gobierno de la República Argentina. Barcelona, 1906, y
reproducida en parte por Fulgencio R. Moreno en su ob. cit, II, pp. 34 -
89.)
El P. Alcaya relata en su Relación que “antes que a estas partes viniesen
los españoles de España ni a las del Paraguay”, el Inca del Perú encargó a
un descendiente suyo llamado Guacane que fuese a tomar posesión de los
llanos del gran cacique Grigotá, “que ansí se llamavan todos los que
sucedían en el govierno, como en Roma los Cecares, los Faraones en Egipto
y Ios Ingas en el Cuzco”.
Guacane asentó su real en Savaypata, salió al encuentro de Grigotá, con el
cual hizo buena amistad, explotó las minas del “memorado cerro de Caypuru,
bocablo corrupto, que quiere decir aquel despoblado”, hizo otro fuerte en
el Valle de Guanacopampa y mandó a pedir al Inca que nombrase a su hermano
Condori capitán del cerro de Caipurú, que caía fuera de su conquista.
Accedió el Inca, enviando a Condori con cinco mil indios “para que
sustentasen aquellas minas”, y Guacane, después de convertir Savaypata en
“caveza de su Reyno”, se dedicó a recorrer los llanos, enseñando a los
indios a “labrar chacras de mays ... y acompañavalos en correr abestruces
y en la caza de pavas y liebres a que ellos son
bien ynclinados”; pero ocurrió que estando en esta ocupación aqueste
infelice Rey ... llegó a los velicosos y no menos traydores oydos de los
Guarinis del Paraguay. Los quales, haviendo entendido de los naturales de
los llanos las riquezas que estos dos hermanos poseyan y la vestidura de
que usaban, hicieron junta en sus pueblos, y con determina¬ción diabólica
se alistaron hasta ocho mil yndios Guarinis, grandes flecheros, y con sus
mujeres y hijos” remontaron el río Paraguay hasta los Xaraves donde “se
dividieron en tres exércitos: cinco mil dellos vinieron para Grigotá; y
mill se quedaron en la provincia de Ytatin, donde hoy hay mas de ocho mill,
todos bautizados ... y los dos mil fueron a ber al Rey Mango Ynga, de los
quales han quedado pocos, porque hallaron gente de guerra que los fueron
matando...”.
En la región donde más tarde se fundó Santa Cruz de la Sierra, los guaraní
se detuvieron un invierno, pasado el cual, “una no pensada noche, esta
traidora nación salieron do la emboscada de este rrio, y llegando al Real
y sitio de la congregación, que era grande y de más de veynte mill yndios
con su familia a diestro y a siniestro empezaron a manijar sus macanas y
flechas, matando quanto topavan, donde entre los demás fué muerto el Rey
nuevo y Grigotá salió mal herido, aunque no murió,.,”
Después de esta victoria, los guaraní se dirigieron al cerro de Saigpurú y
una “noche matadori y lo vaxaron a los llanos”, De allí los guaraní se
encaminaron a las fortalezas de Guanacopampa y de Savaypata, llevando
prisionero a Condori. “Y antes que estos refalsados llegasen a estas
fortalezas, los yndios dellas enterraron gran suma de plata en texos y
jarritos de pepitas de oro; y en el cerro de Chaypurun coxieron muchos
texos los yndios guarinis. Y esto se afirma ser verdad porque el Padre
Corella, que agora “es Deandesta Varranca, ha sacado ynnumerables vestidos
de cumba podridos de esta fortaleza y no ha podido hallar el entierro de
la plata, y es que no la enterraron en ella, sino en la montaña, donde
quedará sepultado en su seno hasta el fin del mundo”.
Los indios que custodiaban la fortaleza, unos mil de presidio, se
retiraron a Comarapa, Pulquina y Pojo. “Y bueltos con estas victorias los
yndios guarinis, poblaron la cordillera que aora poseen, y no mataron a
Condori ni a sus mugeres.”.
Cuando el Inca del Cuzco supo estas nuevas, se enfure¬ció y determinó
fortificar de nuevo el cerro de Saygipurú, “para cuyo efecto nombró por su
capitán a Lucana, natural Inga y de su sangre real, poniéndole por nombro
Turumayo, que en su lengua quiere decir lodacal del rrio, porque le mandó
que entrase a hacer el castigo a esta refalsada nación por la vega del
rrio, por ser la playa limpia y rasa y desembaracada de montaña para que
pudiese jugar la honda. Lo cual savido por nuevos enemigos Guarinis,
salieron al encuentro y en poco espacio lo desvarataron y mataron más de
seys mill yndios.
Esta victoria fue, por aquel entonces, la última de los guaraní, porque
Grigotá reunió a sus indios y cayó con ellos sobre los guaraní matando a
quinientos y capturando a doscientos. Estos prisioneros fueron llevados al
Cuzco, donde el Inca los hizo morir de frío, desnudos en las cimas de los
Andes. El P. Alcaya refiere que cuando el Inca lo supo, dijo muy contento:
“Halla, halla, chiripiguanachíni, que quiere decir: assi, así, que les he
dado escarmiento en el frío; chiri es el frío en su lengua y guana el
escarmiento, de donde se les quedó hasta hoy el nombre de chiriguana”.
Respecto a las etimologías dci nombre de los chiriguano no pueden hacerse
afirmaciones seguras. Véase las notas (8) y (9))
La invasión descripta por el P. Alcaya es, a nuestro juicio, la misma a la
cual se refirió el indio guaraní interrogado por Alvar Núñez en 1543 y que
de acuerdo con las indicaciones de los sobrevivientes debió tener lugar
entre los años 1513 a 1518 (Diferimos, acerca de este particular, de la
opinión del Sr. Fulgencio R. Moreno (Cuestión de límites con Bolivia, t,
II, p. 89) quien opina que “la invasión de los guaraníes referida por el
Padre Alcaya parece ser posterior a la expedición de Alejo García, a quien
por otra parte, no se le menciona absolutamente”. Como puede comprobarse
.comparando el texto de los Comentarios y el de la Relación del P. Alcaya,
ambos relatos se refieren a una misma invasión y nada indica que la
expedición guaraní del P. Alcaya sea posterior a la de Alejo García, que
debió verificarse, como veremos, entre los años 1521 y 1526. El hecho
mismo de que no se menciona absolutamente a García en el relato del P.
Alcaya es una prueba más de que difícilmente pudo serle posterior. El
único indicio que hace creer al Sr. Moreno que la expedición referida por
el P. Arcaya pudo producirse después de la de Alejo García es el dato que
traen los Comentarios (Cap. Cincuenta) de que cuando García volvió del
otro lado del Chaco y pasó por el Paraguay; “traya consigno un mulato que
se llamava Pacheco, el cual boluió a la tierra de Guacani y el mismo
Guacani le mató allí y el García se boluió al Brasil”. Si el nombre
Guacani de los Comentarios se identifica con el Guacane de la Relación del
P. Alcaya, podría suponerse que Guacane en aquel entonces aun se hallaba
vivo y que, por lo tanto, la expedición referida por el P. Alcaya, que le
produjo la muerte, fué posterior, a la de Alejo García, pero, como muy
bien hace observar el mismo Sr. Moreno, del mismo modo que en los Xarayos
había un cacique llamado Candire por haber ido en demanda dl Candire, no
seria extraño que en el Paraguay hubiese otro cacique llamado Guacani por
sus guerras con el jefe alto peruano. Así fué, en efecto. Por el Capitulo
Cuarenta y desde los Comentarios, tenemos la seguridad de que el cacique
Guacani que mató al mulato Pacheco no fué el Guacano del P. Alcaya sino
otro: “indio principal” llamado Guacani, compañero de Tabere, que vivía en
el Paraguay.)
El análisis de la Relación del P. Alcaya nos permite establecer la fecha
en que los guarayu se establecieron en la región (próxima a Santa Cruz de
la Sierra) que hasta el si¬glo XVII se llamó Provincia de Itatin o de los
Itatines, en recuerdo del lugar de donde eran originarios los tales
indios. (José Sánchez Labrador, en El Paraguay CatóIico (edición de Buenos
Aires, 1910), t. 1, p. 62, asigna los siguientes límites a la región que
antiguamente ocuparon las itatines del Paraguay: “El señor de Ambille,
geógrafo real, la comprende entre el río Mbotetey al Norte, que desemboca
en el del Paraguay, en los 20 grados de latitud austral, y entre el
Igaripí, que desemboce al Sur en el mismo y a la altura de 21 grados, algo
más do la misma latitud, Y hacia el poniente tiene el río Paraguay, que
corriendo de Norte a Sud la baña. Por el Oriente la serranía de Jerez,
ciudad antigua de los Españoles, hoy destruida. Por el Norte llega hasta
el famoso lago Manioré. Y por el Sur se dilata no solamente hasta el río
Iganipy, como pone el dicho geógrafo, sino hasta el río Paraiy, que
desemboca en el Paraguay a los 23 gra¬dos.”. ---- Sobre las costumbres de
los guarayu puede consultarse con provecho “Un ancien document peu connu
sur les Guarayu de la Bolivie orientale, publicado por el Dr. A. Métraux
en Anthropos. Nodhing, pres de Vienne, t. XXIV, 1929, pp. 913—942)
En efecto: el P. Alcaya atestigua que de los ocho mil guaraní que desde
los Xarayes se lanzaron a través del Chaco a la conquista de los dominios
de Guacane y Condoiri, “mill se quedaron en la provincia de Ytatin, donde
hoy más de ocho mill, todos bautizados...”
Este y no otro, fué el verdadero origen de la nación guarayu, la cual se
formó, como hemos dicho, entre los años 1513 a 1518.
Erland Nordonskiold (Erland Nordenskíold, The Guarani Invasion of the Inca
Empire in the Sixteenth Century: An Historical Indian Migration, en The
Geographical Review, New York, t. IV, —.1917.) relacionó el origen de la
nación guarayu con el de los chiriguano, haciéndolos datar todos de la
expedición de Alejo García: tésis, ésta, que su principal sostenedor, el
Dr. Alfredo Métraux, fue el primero en rechazar cuando conoció los
documentos que presen¬tamos en algunas de nuestras publicaciones
(“Nordenskiold el moi-meme aviozis cru que l‘expédition de García était la
premiere en date que les Guarani eussent dirigée vers le Pérou. En realité
d’autres exodes de Guarani l’ont precedée de quelques années, commo Gandía
est parvenu á l’etablir. Ce n’est pas non plus le raid d’Alejo García qui
fut la cause determinante de la grande migration dont Díaz de Guzmán parle
en ces termes ... ‘ (Métraux, ob. cit., pp. 315-316). “Gandía cite divers
passages tirés de documents anciens et dignes de foi qui semblent indiquer
que l’expedition de García avait eté précedée d’autres migrations
anterieures qui, parties du Paraguay, avaient abouti a l’etablissement de
groupes guarani au dela du Chaco .,.“ (Métraux, ob. cit., p..315, nota
(1). “Ce témoignages, et quelques autres indicies, donnes raison a Gandía,
qui dans cette étude a fait preuve non seulement d’une vaste érudition,
mais aussi d’une grande sagacité.” (Métraux, ob, cit., p. 317, nota).
Agradecemos cordialmente al Dr. Métraux, autoridad indiscutible en es¬tas
materias, las buenas palabras con que aceptó algunas de nuestras
conclusiones. En cuanto a otros detalles en que no estamos do acuerdo,
ellos contribuyen a hacer más estrecha nuestra amistad y a unir nuestros
esfuerzos e investigaciones. El Dr. Métraux duda que el Inca Yu panqui
haya tratado de dominar a los chiriguano, porque sólo Garcilaso menciona
el nombre de estos indios, mientras que los de más cronistas se limitan a
decir que Yupanqui hizo una expe¬dición en contra de los Antis. A ello
contestamos que, en primer lugar, la mención de Garcilaso es concreta y no
admi¬te dudas. Garcilaso se refiere con exactitud a la “grande provincia
llamada Chiriguana, que está en los Antis, al le¬vante de los Charcas”. No
hay confusiones de ninguna especie y en las pocas líneas que dedica a
estos indios, como confiesa el mismo Dr. Métraux, los reconoce
antropófagos rasgo predominante de la cultura tupi-guaraní y describe en
forma “fort intérssante” sus malocas o grandes casas en que habitaban, con
detalles que coinciden en todos los puntos con los de las Relaciones
geográficas de Indias de Indias y la Descripción Colonial de Fray
Reginaldo de Lizarraga. El Dr. Métraux escribe, con razón, que
“l’existence de ce tupe d’habitation chez les Chiriguano au XVI et XVII
siecle constitue une nouvelle preuve du caractere recent de leur
migration. —Au XVIII siécle nous les trouvons déja en possesion de la
petite maison rectangulaire qu’ils ont encore de nos jours et oú habité
une seule falnille.” (Métraux, ob. cit, p. 320, nota (1). Cf. también del
mismo autor, La civilisation materiele des tribus Tupi-guarani, París,
1928, p. 51). Es natural que el carácter reciente de la migración de los
chiriguano lo mismo puede datar de principios del siglo XVI que de
me¬diados del XV, como nosotros suponemos.
En cuanto a los guarayu, el Dr. Métraux, guiado por una cita que hici¬mos
de Ruy Díaz de Guzmán en nuestra Historia del Gran Chaco (“Llegados estos
yndios treinta leguas de Santa Cruz dice Ruy Díaz de Guzmán se asentaron
en un término de tierra que les pareció conveniente, que llamaron Ytatin,
aludiendo, al nombre de la Provincia de donde eran naturales”. (Cf.
Nuestra Historia del Gran Chaco, p. 156).), supuso que los itatines sólo
se trasladaron de los Xarayes a las proximidades de Santa Cruz de la
Sierra en el año 1564, con Nufrio de Chaves, el cual cruzó el Chaco con
tres mil de esos indios y llegó a Santa Cruz en abril o mayo de 1565 (E.
de Gandía, Historia del Gran Chaco, pp. 134 -138.).
Esta expedición fué la segunda de los itatines o guarayu desde los Xarayas
a las proximidades de Santa Cruz de la Sierra. La primera fué la que tuvo
lugar entre los años 1513 –1518 en la forma que, tan verídicamente,
refiere el P. Alcaya.
Hay un documento - la Relación de Domingo de Irala que habla de una
invasión de guaraní al alto Perú anterior al viaje de Alejo García, que
parece referirse a la expedición de que tuvo noticia Alvar Núñez en
noviembre de 1543, en el alto Paraguay; pero bien analizados sus términos
diríase, en cambio, que se trata de una expedición distinta, posterior a
la realizada entre los años 1513 y 1518 y anterior, en poco tiempo al
viaje de Alejo García.
He aquí las partes que a nosotros interesan de la Relación de Irala.
“... preguntado (un indio chane, “de la generación de los chanes questavan
la tierra adentro y que se llaman ceritococi”) que como hablaba guarany y
donde conoció al dicho garcía, dixo que la causa por que hablaba guarany
hera que en tiempos pasados, antes que garcía viniese del brasil a los
dichos guaranys, se hizo una grand junta de los dichos guaranys en el
puerto que llaman de ytatin pa¬ra yr a buscar el metal y que pasando por
su tierra dellos de noche, dieron en sus casas y mataron muchos de los
su¬yos e prendieron a sus mugeres e hijos y a ellos y los truxeron al
dicho puerto de ytatyn, y questando ellos en el dicho puerto por esclavos
de los dichos guaranys, pasó por allí el dicho garcía, con el cual y él y
otros dos hermanos fueron en busca del dicho metal con los dichos
guaranys...” (Relación de Domingo Martínez de Irala acerca de los
descubrimientos que iba haciendo cuando fué navegando. Paraguay arriba por
orden del Gobernador Cabeza de Vaca, desde el 18 de diciembre de 1542,
publicada en los Anales de la Biblioteca, Buenos Aires, 1912, t. VIII, pp.
346 - 347.).
El indio guaraní interrogado por Alvar Núñez en el Puerto de los Reyes, en
noviembre de 1543, atestigua en conjunto que la invasión guaraní a los
contrafuertes andinos en que él tomó parte siendo muy mozo, después de
obtener algunos triunfos fué desbaratada completamente, a tal extremo que
de tantos indios como eran, “que cubrían los campos”, sólo se habíán
salvado unos pocos sobrevivientes que andaban huídos: datos estos, que a
los pocos días con firmaron otros indios guaraní hallados accidentalmente.
Mal podían en esta expedición los indios guaraní derrota¬dos, traer
esclavos chane desde los contrafuertes andinos hasta el río Paraguay.
En cambio, el indio chane interrogado por Irala cuenta que los guaraní del
puerto de Itatin hicieron una excursión vencedora a la tierra de los chane
y que los lle¬varon a él y a otros indios de su generación como esclavos.
Esta expedición triunfadora no puede identificarse con la otra, que según
los mismos guaraní fué para ellos un verdadero desastre.
La invasión de que da cuenta el indio interrogado por Irala, debió tener
lugar después de la verificada en¬tre los años 1513 y 1518, sin duda entre
estas fechas y los años 1521 y 1526 en que Alejo García cruzó por el
Paraguay y se encontró precisamente con el indio chane que más tarde
conoció Irala.
Entre los años 1521 y 1526 se realizó la cuarta expedición guaraní de que
tenemos noticia a los contrafuertes andinos desde la costa del Brasil y el
Paraguay. (En realidad, la expedición pudo realizarse en¬tre el año 1516,
en que naufragó la carabela de la armada de Solís, y el 1526 en que
Rodrigo de Acuña llegó con su nave al Puerto de los Patos donde halló
cuatro de los náufragos; pero lo probable es, como hizo notar Manuel
Domínguez, en El alma de la raza (Asunción, 1918) que la partida de Alejo
García y sus cuatro compañeros se haya realizado entre 1521 y 1526, pues
en 1521 un explorador español anónimo encontró “nueve hombres de los que
fueron con Juan de Solís” (cf. José Toribio Medina, Juan Díaz de Solís, p.
312), En 1517 los portugue¬ses habían apresado otros siete de aquellos
españoles. Los cinco náufragos que en 1526 faltaban para completar los
nueve que había en 1521; son..Alejo García y sus cuatro compañeros.. Cf.
nuestra Historia del Gran Chaco, p. 29, nota 3.)
El estudio crítico del viaje de Alejo García ya ha sido hecho por el Dr.
Manuel Domínguez y por nosotros en obras cuyas conclusiones han sido
aceptadas por los historiadores que se dedican a estos estudios sin
observaciones de ninguna especie (Cf. La Sierra de la Plata, en El alma de
la Raza, de Manuel Domínguez (Asunción, 1918) y nuestros libros y a
citados Historia del Gran Chaco e Historia crítica de los mitos de la
conquista americana, (Madrid—Buenos Aires, 1929).). No vamos, por tanto, a
repetir en estas páginas la historia de Alejo García, tripulante de una de
las carabelas de Juan Díaz de Solis, naufragada en 1516 en la costa de los
Patos, en el Brasil. Sólo diremos que Alejo García, conforme hemos
demostrado en otras oportunidades en forma indiscutible, partió de la
costa del Brasil en la fecha aproximada que hemos indicado con cuatro ó
cinco compañeros y seguido por varios miles de guaraní llegó al río
Paraguay (En nuestra Historia crítica de los mitos de la conquista
americana, p. 164, nota (35), anotamos los distintos puntos por donde,
según fuertes indicios, debió cruzar Alejo García el río Paraguay) y de
allí cruzó el Chaco, haciendo guerra a todos los indios, hasta la
generación de los chane, donde obtuvo muchas riquezas de plata y otro.
Luego, al advertir que los corocotoquis se preparaban para luchar contra
él, dejó en cierto lugar unos esclavos a fin de que le preparasen comida
para cuando volviese y emprendió el camino de regreso a la costa del
Brasil con sus indios cargados de plata y de oro; pero, en un lugar del
río Paraguay Alejo García y sus compañeros fueron muertos por los
indígenas, que deseaban robarles los objetos preciosos que traían. Sus
indios esclavos también fueron masacrados y muy, pocos se salvaron de la
matanza. Los contados sobrevivientes consiguieron llegar con algunas
muestras de plata y oro a la costa del Brasil, donde los otros náufragos
de Solís conocieron, de este modo, el trágico fin de Alejo García (Sabido
es que Caboto y su gente tuvieron completas noticias de la expedición de
Alejo García en el Puerto de los Patos y luego en el río Paraguay. Cf.
José Toribio Medina, El veneciano Sebastián Caboto al servicio de España,
Santiago de Chile, 1908; Manuel Domínguez, La Sierra de la Plata, en el
alma de la raza, y nuestra Historia crítica de los mitos de la conquista
americana, passím.)
Entretanto, en los contrafuertes andinos, los del Brasil y del Paraguay
que habían cruzado el Chaco con Alejo García y no habían querido
acompañarlo en su viaje de regreso, se unieron a sus compatriotas, los
chiriguano, y con ellos se lanzaren al asalte del Imperio Incaico,
Ruy Díaz de Guzmán refiere que Garcia, antes de iniciar su regreso al
Brasil, entró en las serranías del Perú por entre Misque y Tomina hasta
Presto y Tomina hasta Presto y Tarabuco (Ruy Díaz de Guzmán. La Argentina,
en los Anales de la Biblioteca, Buenos Aires. 1914, t.X.). Como dijimos, a
nuestro juicio sólo se trata de los indios que habían cruzado el Chaco con
García. De cualquier modo, lo indudable es que Guzmán tiene razón en lo
que se refiere a la entrada de los chiriguano hasta Presto y Tarabuco, no
lejos de Chuquisaca. Fué Alfredo Métraux quien hizo esta demostración con
los testimonios do los cronistas peruanos que vamos a transcribir (Alfred
Métraux, Etudes sur la civilisation des indiens chiriguano, en la Revista
del Instituto de Etnolo¬gía de la Universidad de Tucumán, Tucumán. 1930,
t.I, en¬trega 3ª, pp, 314-315.):
Sarmiento de Gamboa se expresa en estos términos:
“Mientras Guayana Capa estaba ocupado en esta guerra de los Cayambis, los
Chiriguanos, ques una nación de montaña, desnudos y que comen carne humana
y della tienen pública carnicería (Obsérvese que los términos de Sarmiento
de Gamboa son aproximadamente los mismos con que Garcilaso de la Vega
describe a los Chiriguano. Es esta una prueba más de que Garcilaso no se
equivocó, como se supuso, al señalar a los chiriguano como al pueblo en
contra del cual combatió el Inca Yupanqui.), se juntaron, y saliendo de la
aspereza de los montes, entraron en la tierra de los Charcas, questaba
conquistada por los Ingas del Perú. Y dieron en la fortaleza de Cuzcotuyo,
adonde el inga tenía grande guarnición de fronteros contra los Chiriguanos
(Esta afirmación de que los Incas tenían guarniciones fronteras en contra
de los chiriguano demuestra que la invasión de los guaraní capitaneados
por Alejo García a los contrafuertes andinos no fué la primera, y prueba,
también que los asaltos de los chiriguano debían datar de mucho tiempo
antes, pues de lo contrario los Incas no habrían tenido esas guarniciones
permanentes.). Y como salieron de repente, entraron la fortaleza y
matáronlos a todos y hicieron en los de la tierra eran estrago, robos y
muertes.
“Fué esta nueva a Guayana Capac al Quito, y dello re¬cibió, grande
pesadumbre y luego despachó un su capitán llamado Yasca, para que viniese
al Cuzco a hacer gente, y con ella fuese a hacerles guerra a los
Chiriguanaes. El cual capitán partió para el Cuzco trayendo consigo las
guacas Catiquilla de Caxamarca y Guamachuco y Curichaculla de los
Chachapoyas y la guaca Tomayrica y Chinchaycocha con muchas gentes suyas
de las guacas. Y llegó al Cuzco, adonde fué muy bien recibido de los
gobernadores llamados Apo Hilaquite y Auqui Topo Ynga; y hecha su gente,
partió del Cuzco para los Charcas. Y de camino sacó del Collao mucha gente
con lo cual llegó a los Chiriguanaes y les hizo cruel guerra y prendió
dellos algunos, que embió por muestra a Guayna Capac a Quito, para que
viese la extrañeza de aquella gente (Este episodio - de unos prisioneros
chiriguano enviados al Inca - recuerda el que refiere el P. Alcaya y que
según él dió origen al nombre de los chiriguano (escarmentados por el
frío). Sin embargo, el hecho no basta para identificar am¬bas
expediciones.) Y el capitán Yasca reedificó las fortalezas, que por allí
había, y poniendo en ellas la guarnición necesaria, se tornó al Cuzco,
adonde la gente y cada uno se fué a su tierra. (Este episodio - de unos
prisioneros chiriguano enviados al Inca - recuerda el que refiere el P.
Alcaya y que según él dió origen al nombre de los chiriguano
(escarmentados por el frío). Sin embargo, el hecho no basta para
identificar am¬bas expediciones.).
Cabello Balboa relato así el mismo acontecimiento:
“Pero esta fiesta fué interrumpida por la noticia llegada del Cuzco, de
que los Chiriguanes, pueblo valiente y cruel, habían dado muerte a las
guarniciones de las fronteras y arrasado todo el país hasta Chuquisaca y
sus alrededores. Guayna Capac se desconcertó con esta nueva, disimuló su
pena tanto como pudo y llamó para el mando de su ejército a un hombre
lleno de valor e intrepidez llamado Yasca, al que encargó castigar esta
agresión. Yásca partió de Tumibamba a la cabeza de lo más escogido de los,
soldados ingas; además, tenía orden, de reclutar desde Caxamarca a todas
las gentes que encontrara para hacer la guerra que iba a emprender; y para
animar su valor, ordenó a cada nación el llevar consigo la gran Guaca de
su país, que es ídolo más, y al cual acuden muy a menudo. Llegó al Cuzco
con un numeroso ejército compuesto de diversas naciones; por todas partes
los gobernadores lo acogían con cariño, y lo hicieron grandes honores.
Provisto de todo lo que podía necesitar y aumentado su ejército con los
mejores hombres del Collao, continuó su camino con más rapidez en
persecución de los Chiriguanos; se libraron muchos combates sin que se
declarase la victoria por ninguno de los dos ejércitos. Sin embargo, Yasca
hizo algunos prisioneros, que envió a Quito. Reparó los daños que los
enemigos habían hecho en el país y dejó una nueva guarnición en las
fortalezas y en las fronteras; después regresó al Cuzco, donde los
gobernadores recompensaron a los soldados que se habían distinguido y les
permi¬tieron regresar a sus países, llevándose sus Guacas o ídolos” (R.P.
Miguel Cabello Balboa, Historia del Perú bajo la dominación de los Incas,
en la Colección de libros y documentos referentes a la historia del Perú,
Lima, 1920, t.II (segunda serie), p. 105.).
Las luchas de los chiriguanos contra Yasca, capitán del Inca Huayna Capac,
se realizaron después del año 1520, no solo por el hecho de haber fijado
la partida de Alejo García desde la costa del Brasil entre los años 1521 y
1526, sino porque sabemos que Hayna Capac emprendió la conquista de Quito
de 1518 a 1520 (Cf. Horacio Urteaga. El Imperio Incaico, Lima,. 1931, p.
161, nota (4)) y fue después de esta fecha cuando le llegó a Quito la
noticia de la invasión de los chiriguguano y ordenó a Yasca que saliera a
combatirlos.
Otros cronistas del alto Perú, como Santa Cruz Pachacuti (“Y en este
tiempo (del Ynca Huayna Capac) llega la nueva que como los Chiriguanaes
habían salido a tomar tierras del ynga, de la qual nueba se aflexió el
ynga, y assí lo despacba capitanes mas experimentados para la con¬quista
de los Chiriguanaes, con veynte mil hombres Chincha y suyos”. (Tres
relaciones de antigüedades peruanas, publi¬cadas por Marcos Jimenez de la
Espada, Madrid 1879, p.304)) y Cieza de León (“(Guayna Capac) envió
capitanes con gente de guerra a los Chiriguanaes; mas no los fué vien,
porque volvieron huyendo...” (Pedro de Cieza de Leon, Segunda parte de la
crónica del Perú, que trata del Señorío de los Incas Yupanquis y de sus
grandes hechos y gobernación (publicada por Marcos Jimenez de la Espada).
Biblioteca Hispano-ultra marina, Madrid, 1880, t V p. 228) refieren la
invasión de los chiriguano a los contrafuertes andinos en tiempos del Inca
Huayna Capac en forma mucho más sintética que las relaciones que hemos
transcripto (También Herrera (Década IV, Cap. XI) consigna que los guaraní
“llegaron a tierras del Perú en tiempos de Guayacapa y después do haber
hecho grandes destrucciones se volvieron a su nación, pero quedando
algunos en aquellas tierras. Mucho más completa es, en cambió, la relación
que de estos hechos da una Descripción del Río de la Plata publi¬cada en
la Colección de Blas Garay, p. 38, que parece ser de fines del siglo XVI y
dice: “Habrá como cien años quede aquella parte por donde está la ciudad
de la Asunción salieron compañías y cuadrillas las cuales pasaron grandes
bos¬ques y poblaciones y llegaron a las sierras del Perú adon¬de hicieron
grandes guerras y destruyeron muchos fuertes y pueblos que eran del Inga
Guaina Caba padre de Atabalipa y puesto que envió sus capitanes y gente de
guerra contra ellos se retrujeron afrentosamente volviéndose para el Inga
dejando desamparadas todas las guarniciones que tenían sobre la sierra”.).
Lo que a nosotros interesa anotar es que como resul¬tado de estas luchas,
Yasca siguió la costumbre de sus predecesores y levantó fortalezas para
impedir los asaltos de los chiriguano. En 1584, Don Gabriel Paniagua de
Loayza escribía que los chiriguano vinieron a esta Cordillera como tierra
fuerte de donde siempre iniciaron guerra a los indios naturales desta
tierra, para la defensa de lo cual los Ingas hicieron muchas fortalezas,
como se ven hoy” (Ricardo Mujía, Bolivia-Paraguay, Documentos, t.lI. Este
mismo conquistador era de opinión que los chiriguano habían llegado del
Paraguay a los contrafuertes andinos noventa años antes de la fecha en que
escribía (1584), o sea, por el 1494. El Licenciado Polo, en un Informe
publicado por Ricardo Mujía, ob, cit., t. II, p. 85, confirma
aproximadamente la fecha anterior diciendo que los chirguano se
establecieron en las cordilleras “treinta años antes que los cristianos
entrasen.”).
El vecino de Tomina, Pedro de Segura, informaba en la misma fecha, que
para defenderse de los chiriguano los Incas mantenían en esos lugares
cuatro mil indios de guarnición (Cf. Fulgencio R. Moreno, Cuestión de
límites con Bolivia, t.II, p. 91, nota.).
No es de extrañar, por tanto, que Ruy Díaz de Guzmán atestiguo que los
asaltos de los chiriguano produjeron “tan gran temor que los Incas
mandaron fortificar todas aquellas fronteras, así de buenos fuertes como
de gruesos presidios, según se ve el día de hoy, que han quedado por
aquella cor¬dillera que llaman del Cuzcotoro”.
Las ruinas de estos fortines subsisten aun en la actualidad, Erland
Nordenskiold en su viaje al Chaco de 1913 - 1914 estudió las ruinas de los
fuertes de Cuzco - Toro (hoy llamado Incahuasi), que son de estilo
típicamente incaico (Erland Nordonskiold, Forskningar och aventyr i
Sudamerika, Stockholm, 1915, pp. 70—77.).
Las migraciones a través del Chaco continuaron en for¬ma ininterrumpida,
pero sin, el carácter guerrero de los grandes asaltos. Sebastián Caboto,
cuando en los años 1526 - 1528 exploró el Río de la Plata hasta el
Paraguay, supo que “iban muy continuo (hasta la Sierra de la Plata)
mujeres niños y viejos traían mucha cantidad del dicho metal”. (Carta de
Luís Ramírez, compañero de Caboto. Fué publicada por Eduardo Madero en su
Historia del Puerto de Buenos Aires, por José Toribio Medina en El
veneciano Sebastián Cabeto al servicio de España y por otros autores. Cf.
o tres testimonios que concuerdan con lo expresado por Luís Ramírez, en
nuestra Historia crítica do los mitos de la conquista americana, p. 156,
nota (24).
En el año 1556, el clérigo Martín Gonzáléz, después de observar largamente
las migraciones de los guaraní a través, del Chaco, escribió que “estos
yndios van y quieren yr a las tierras del Perú, y como no tienen camino y
van fuyendo de sus contrarios, van poblando y sembrando, y de que tienen
ya descubierta la tierra adelante, cojen todos los bastimentos y vanse.
Desta manera también fueron los demás questan muchos tiempos a allá en las
dichas sierras, y estos que van agora, y quieren yr en su propósito de yr
a dar con christianos”.
“Aquy ay muchos yndios continuaba el clérigo González— que han yd.o,
venido dos o tres vezes allá con sus hijos y mugeres, por aquí de frente
desta cibdad, por un río que estará dos leguas de aquí que va a dar a la
villa de la Plata, y junto a oste río están los yndios de aquy poblados y
más por toda la cordillera, y a lo que dizen no están de aqui cien leguas.
“También han ydo estos caries allá a las sierras y venidos por otro río;
questá de aquí hasta quarenta leguas este Paraguay abajo, que se dize el
Ypití; y ansi mismo estan allá en las sierras poblados carios, junto a
este dicho río, que va a dar, según dizen los que vinieron del Perú, cerca
de la villa de la Plata” (Carta de Martín González, fechada en la Asunción
el 1 de julio de 1556. Hállase publicada en las Cartas Indias, nota
(101)).
Los guaraní no dejaron de acompañar a los españoles que desde el Paraguay
cruzaban el Chaco en dirección a los contrafuertes andinos. Con Domingo de
Irala, que partió del Puerto de San Fernando en enero de 1548, se fueron a
través del Chaco hasta los contrafuertes andinos, unos dos o tres mil
indios guaraní (Cf, Enrique de Gandía, Historia del Gran Chaco, pp. 107 -
109, e Historia de la conquista del Río de la Plata y del Paraguay p
236.). Nufrio de Chaves en su viaje al Perú del 1558 arrastró no pocos
guaraní (E. de Gandía, Historia del Gran Chaco, p. 122.), y en su segundo
viaje del 1564 llevó consigo a tres mil indios itatines que se
establecieron entre sus predecesores, los guarayu a unas treinta leguas
de Santa Cruz de la Sierra (Ruy Díaz de Guzmán, La Argentina, en los
Anales de la Biblioteca de Buenos Aires, t. X, p. 207.).
Se ha pretendido que en tiempos prehispánicos y en los primeros años de la
conquista, los chiríguano salieron de su cordillera para incursionar en
los llanos de Santiago del Es tero, hasta Salta y hasta Chile.
Vamos a sintetizar los principales argumentos que se han expuesto en favor
y en contra de esta expansión chiriguana que, por el momento, no se halla
probada de un modo defi¬nitivo.
En el año 1905, Eric Doman; en una publicación sobre las Migrations
précolombiennes dans le Nord-ouest de l’Argentine (En el Journal de la
Societé des Américanistes de París, nouvelle série, t. II, n° 1, 1905, pp.
91-108.) declaró que los fragmentos de urnas funerarias y otros objetos
exhumados cerca del río San Francisco, en la provincia argentina de Jujuy,
en el año 1901, y las urnas funerarias que tres años después descubrió en
un cementerio indígena en el Valle de Lerma, iguales a las anteriores, le
parecían propias de la cultura guaraní y que, por lo tanto, era probable
que hubiesen llegado hasta allí grupos de indios guaraní.
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