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En el mismo año de 1905, Félix F. 0utes refuté el estudio del Sr. Boman,
afirmando, una indiscutible cultura guaraní y que los
cementerios de Rosario de Lerma y San Pedro de Jujuy no constituíán de
ningún modo pruebas de que hasta allí hubiesen llegado las migraciones
guaraní (Félix F. Outes, Observaciones a dos estudios del señor Eric Boman
sobre Paleoetnografía del noroeste argentino,— en los Anales de la
Sociedad Científica Argentina, Buenos Ai¬res: 1905, t. LX, pp. 145-167.).
Boman replicó a la argumentación de Outes en su conocida obra sobro las
Antiquetés de la región andine de la République Argentine et du désert
d’Atacama (París, MDCCCCVIII, t. I, pp. 276 – 279, y t. II, pp. 853 –
854), basándose los descubrimientos que había realizado Ambrosetti en la
Pampa Grande (Provincia de Salta) (Juan B. Ambrosetti, Exploraciones
arqueológicas en la Pampa Grande (Provincia de Salta), en la Revista de la
Universidad de Buenos Aires. t. VI. Publicaciones de la Facultad de
Filosofía y Letras, n” 1, Buenos Aires. 1906.).
Erland Nordenskiold pareció dar un fallo sobre esta cuestión al declarar
en l906 que la hipótesis de Boman tenía un alto grado de probabilidad dado
que la única tribu que se hallaba próxima a Salta y practicaba ese género
de sepultura era la de los chiriguano (Erland Nordenskiold, Einige
Beiträge zur Kenntniss ¬der südamerikanischen Tongefässe und ihrer
Herstellung. (Kongl. Svenska Vetenskapakademiens Handingar, t. XLI, n° 6).
Upsal y Stockholm, 1906).
Dos años más tarde, Salvador Debenedotti descubrió en el Tilcara, quebrada
de Humahuaca, restos de alfarería de tipo chiriguano moderno y oyó de un
cacique la tradición de una antigua migración de chiriguano hasta el valle
de Salta. Publicadas estas exploraciones en 1910 (Salvador Debenedetti,
Exploración arqueológica en los Cementerios prehistóricos de la isla
Tílcara (Quebrada de Humahuaca, provincia de Jujuy),.Buenos Aires, 1910.),
el mismo Dr. Debenedetti dió a conocer otros halIazgos en 1917,
consistentes en unos tembetá de piedra, de puro estilo chiriguano, en los
valles preandinos de San Juan (Salvador Debenedetti, Investigaciones
arqueológicas en los valles preandinos de la Provincia de San Juan. Buenos
Aires 1917.).
Estos hallazgos se vieron confirmados por otros que pos¬teriormente
realizó el Dr. Luís María Torres, al Sudeste de Salta, de cuatro urnas
funerarias como las que había hallado el Dr. Ambrosetti en Pampa Grande
(Luís María Torres, Urnas funerarias de la cuenca del río Rosario, en la
Revista del Museo do la Plata, La Plata, 1921, t. XXV).
Ante las comprobaciones expuestas quedaba patente la casi seguridad de que
en tiempos prehistóricos los chiniguano habíanse extendidos por el Tucumán
hasta Humahuaca, Jujuy y Salta; pero un trabajo dc Nordenskiold aparecido
en 1920 (Erland Nordenskiold, The changes in the material culture of two
Indian tribes under the influence of new surrounding. Comparativo
ethnographical studies. 2. Goteborg, 1920.) sostuvo la tesis de que los
chiriguano ño llegaron hás ta los puntós mencionados, sino que los
pobladores de tales lugares adoptaron algunos elementos de su cultura.
En noviembre de 1924, el Sr. Fulgencio R. Moreno leyó en la Junta de
Historia y Numismática Americana de Buenos Aires una conferencia en que
trató de demostrar que “cuando se iniciaban los descubrimientos los
guaraníes ocupaban una parte del noroeste argentino y fueron los primeros
que opu¬sieron una seria resistencia a las fuerzas de Almagro en las
sierras de Jujuy” (Fulgencio R. Moreno, Los guaraníes en el antiguo
Tucuman, en el Boletín de la Junta de Historia, y Numismáti¬ca Americana,
Buenos Aires, 1924, vol. -1, pp. 187 - 198.).
En el 1925, el Sr. Francisco de Aparicio publicó en la Revista
Universitaria, de Paraná, un estudio sobre Los Aborígenes del Tucumán, en
el cual, sin referirse al trabajo del Sr. Moreno, que parecía no conocer,
utilizaba más o me¬nos sus mismas fuentes y llegaba, en lo que se refiere
al Tucumán, a las mismas conclusiones, consistentes en suponer que “el
vallo de Salta sería quizá, en aquella época, lugar de concentración de
hordas chiriguanas para atacar a los diaguitas de calchaquí” y que los
chiriguano debían incursionar por diversos puntos del Tucumán (Francisco
de Aparicio, Los aborígenes del Tucumán, de la Revista Universitaria,
Número 4 y siguientes, Panará, 1925, pp. 12 - 14.).
La exposición del Sr. Moreno, que analizaremos mas adelante, fué replicada
al año siguente por el Ingeniero Emilio A. Coni, quien llegó a unas
conclusiones muy interesan¬tes para el estudió de la etnogeografía del
Noroeste argen¬tino (Emilio A. Coni, Los guaraníes y el antiguo Tucumán,
en la Revista de la Universidad de Buenos Aires, 2a serie, sección II,
tomo II, pág. 17 y siguientes, marzo - mayo de 1925. Tirada aparte n° 27.
“En resumen puede afirmarse, sin lugar a dudas dice del Ingeniero Coni que
los indios que atacaron a los tenientes de Almagro, en Jujuy, pertenecían
a alguna de las siguientes naciones: Omaguacas, Purmamarcas, Coclfinocas,
Casabindos, Churumatos, Apatamas y Yapanatas. No eran Juries ni
Chiriguanaes. Además, basado en toda la documentación citada, sostengo que
desde la conquista hasta el año 1600:
1°. Que en la actual Bolivia, los Chiriguanaes tenían por límite natural
la cordillera oriental, llamada “Cordillera de los Chiriguanaes”, habiendo
hecho algunas entradas hasta cerca de la Plata y Potosí;).
2°. Al sur de Bolivia, no hay constancia de que los chiriguanaes hayan
pasado al poniente de Tarija;
3°. En la Argentina actual, provincia de Salta y Jujuy, no existe ningún
documento fidedigno que pruebe la existencia allí de los Chiriguanaes
durante el siglo XVI;
4°. Los indios feroces, citados por los cronistas en Jujuy, eran como lo
he demostrado Omaguacas, Casabindos, Cochinocas, etc, y todas las
probabilidades son de que estos in¬dios pertenecieron a la gran familia
Diaguita;
5°. Con excepción de los Ocloyas, indios Chichas, situados en las
cercanías de la actual Ledesma en Jujuy, así como también de los Lules a
la salida de la quebrada de Humahuaca en los llanos y en el valle de
Lerma;
6°. Los Juries no pueden identificarse de ninguna mane¬ra con los
Chiriguanaos;
7°. El hábitat de los Juries fué el actual noroeste de la provincia de
Santiago, y su extremo norte de la ciudad de Talavera;
8°. Tampoco puede admitirse que los Lules fueran Chiriguanaes, salvo el
canibalismo, todos sus demás caracteres los diferencian netamente;
9°. Los pocos documentos que citan la existencia de Chiriguanaes en el
actual Chaco argentino, son vagos e imprecisos y no permiten localizarlos
geográficamente;
10°. En mi opinión, los Chiriguanaes no pasaron al Sur del Pilcomayo”.
La crítica del Sr. Coni puede servir igualmente para la monografía del Sr.
Aparicio.
En 1962, Monseñor Pablo Cabrera volvió a sostener la existencia de los
chiriguano en el antiguo Tucumán (P. Pablo Cabrera, Tesoros del Pasado
Argentino (Parte VI, Los chiriguanaos, los guaraníes del antiguo Tucumán)
en la Revista de la Universidad Nacional de Córdoba. Córdoba, 1926.), y en
1928 la negó implícitamente Alfredo Métraux, al.estudiar
la civilización material de las tribus tupi-guaraní, confirmando los
resultados alcanzados, años atrás, por Cutes y por Nordenskiold (Alfred
Métraux, La civilisation matérielle des tribus tupi-guarani, París, 1928),
y la defendió ardientemente en un trabajo de réplica al doctor Roberto
Levillier (El Dr. Roberto Levillier había sostenido en su réplica al Dr.
Tomás Thayor Ojeda (Inexactitudes. Réplica al señor Thaper Ojeda,
publicada en la Revista Chilena de Historia y Geografía, siguiendo la
polémica comenzada en 1927 en la misma revista por el Dr, Thayer Ojeda)
que los chiriguano se hallaban comprendidos, únicamente, entre los
paralelos 19° y 20° de Latitud Sud. En realidad, su zona de ocupación se
extendió desde las proximidades del paralelo 18° al 22°, sin hablar de las
infiltraciones al Norte del paralelo 18° y al Sud del 22°), el
investigador chileno doctor Tomás Thayor Ojeda (Tomás Thayer Ojeda, Nuevos
puntos controvertibles de la Nueva Crónica de la Conquista del Tucumán.
Santiago de Chile, 1928, pp. 30 - 41.).
A este punto de la vieja polémica, el Sr. Milciades Ale¬jo Vignati sin
referirse al largo debate que estamos relatan¬do recordó en 1929, entre
otros elementos de juicio, que en Chile en Freinina, San Felipe, y en
Copiapó, José Toribio Medina (José Toribio Medina, Los aborijenes de
Chile. Santiago de Chile, 1889, p. 339.) y Max Uhle (Max Uhle, Ausgewähte
Stücke des K. Museums für Völ¬kerkunde zur Archeologie Americas, en
Veröffentlichungen ... Museum fur Völkerkunde, Berlín, 1889, t.I,p.8.)
habían señalado desde hace tiempo la presencia de tembetá idénticos a los
de Calingasta y pueblos chaqueños, lo cual presupone, como decía
Debenedetti (Salvador Debenedetti, Investigaciones arqueológicas en los
valles preandinos de la Provincia de San Juan, p.58) y acepta Vignati, “un
contacto, en una época, entre pueblos andinos y los de las selvas del
corazón de América” (Milciades Alojo Vignati, Los túmulos del Campo de
Pucará en el valle de Lerma (Prov. de Salta), publicado en Physis, Revista
de la Sociedad Argentina de Ciencias-Naturales, Buenos Aires, 1929, t.IX,
pp. 42l - 435.).
El Sr. Vignati supuso aportar una nueva prueba a esta serie de argumentos
interpretando los túmulos del valle de Ler¬ma, en Salta, y de Copiapó, en
Chile, como “monumentos fúnebres recordatorios de los miembros de la tribu
ya desaparecida”, propios de la cultura chiriguana, y que ‘“la presencia
de túmulos en Copiapó (Chile) demuestra que, en época prehispana, los
chiriguanos llegamos hasta esa localidad” (Vignati, ob, cit.,p. 435v.)
La tesis del Sr. Vignati fué recogida por el Sr. Antonio Serrano (Antonio
Serrano, Los primitivos habitantes del territorio argentino. Buenos Aires,
1950, p. 127.); pero este autor, que no había emitido juicio acerca de
ella, después de una publicación nuestra nos ha informa¬do que no la
comparte. En efecto: en el año 1931 dimos a cono¬cer en un trabajo
aparecido en el órgano del Museo Antropológico y Etnográfico de la
Facultad de Filosofía y Letras de Buenos Aires los testimonios de Pedro
Hartir de Anglenia, Fernández de Oviedo, Bartolomé de las Casas, Diego de
Encinas, Antonio de León y Antonio de Herrera, que demuestran que los
túmulos semejantes a los del valle de Lerma y de Copiapó que se encuentran
en otras partes de América y “pertenecen a un área cultural que abarca
distintas regiones de América y de Africa, son simples construcciones para
el cultivo agrícola” (Enrique de Gandía, El misterio de los túmulos del
valle de Lerma y de Copiapó, en Solar. Buenos Aires,1931,pp. 209 - 233.).
Después de la publicación de nuestro estudio sobre los túmulos del valle
de Lerma de Copiapó, los más destacados etnólogos han compartido nuestra
interpretación (Francisco do Aparicio, Vida económica de los pueblos
sedentarios, en La Prensa, de Buenos Aires, 12 de enero de 1953.
Refiriéndose a los túmulos del vallo de Lerma, dice: “Investigaciones
recientes han demostrado que estas pequeñas elevaciones de tierra se
encuentran en diversas regiones de América y aun de otros continentes y
que han sido utilizados para determinados cultivos, en medios especiales”.
Nos consta particularmente que asimismo comparten nuestra interpretación
la cual confirma los estudios -etnológicos de Eric Von Rosen, The mounds
of Pucará, en Ymer, 1924, pp. 181 - 191, Sven Leven y Gudmund Hatt
etnóIogos eminentes como Félix F. Outes, José Imbelloni, Lorenzo R. Parodi,
Alfredo Métraux, Carlos Vega y otros.); pero no así el Dr. Atilio Cornejo,
de Salta (Atilio Cornejo, Apuntes históricos sobre Salta. Buenos Aires,
1934, pp. 234 - 249.), quien supone que los tales túmulos son restos o
formas especiales de fortificaciones”, y el Dr. Gualterio Looser, de Chile
(Gualterio Looser, Los misteriosos túmulos de Copiapó, en la Revista
Chilena de Historia Natural, 1934, pp. 64-66. Hay una tirada parte de 4
pp.), el cual ha comprobado; en parte como el Dr. Cornejo, que en la
tierra de los túmulos hoy en día es difícil sembrar.
No es este el lugar para refutar estas observaciones, inconsistentes
ambas, pues en cuanto a la primera, de que los túmulos sean “restos o
formas especiales de fortificaciones”, se desmorona por sí sola, dado que
nunca se han hallado ni vestigios arqueológicos ni documentos “que así lo
hagan suponer, sin necesidad de imaginar lo absurdo que sería la
representación verdaderamente fantástica de un campo con rectángulos de
varios cientos y hasta un millar de fortificaciones en forma de
torrecillas de dos metros y medio de diámetro, de las cuales jamás nadie
tuvo noticia. .. y en cuanto a la segunda, de que el material actual no se
presta para el cultivo en los túmulos dé Copiapó, no queda más que
recordar lo que ya dijimos en nuestro estudio citado: que si la tierra de
los túmulos es hoy en día compacta y dura, “ello se debe a la acción
ejercida por los agentes meteorológicos durante tantos siglos que han sido
abandonados para el cultivo.
Descartada por insostenible hasta por su mismo autor la tesis de que los
chiriguano pudieron llegar hasta las costas de Chile, quedó nuevamente en
pie el problema de os chiriguano en el antiguo Tucumán. En 1930 se
pronun¬ció rotundamente en contra de la existencia de los chiriguano en
las provincias de Santiago del Estero, Jujuy y Salta, el Dr. Alfredo
Métraux (“Les arguments archéologiques de ceux qui croient á une vaste
extension des Guarani en Argentino reposent sur l’ocurence dans la
province de Salta et de Jujuy d’entérremonts d’adultes en urnes.
Derniérement j’ai efecuté des fouilles dans plusieurs cimetieres
préhistoriques de cette région (département de la Candelaria, prov. de
Salta) et j’ai pu me convaincre que les peuples qui nous ont laisse ces
grandes nécropoles, n’avaient du point de vue culturel et anthropologique
aucun point commun avec les Chiniguano. Les urnes funéraires que j’ai
mises a jour sont entiérement différentes de celles des ancienes Guarani
et le mobilier funéraire ne comporte aucune piece qui puisse étre
attribuée ni de pres ni de loin aux Guarani. L’enterrements d’adultes en
urnes n’est en aucune facon caractéristíque de la culture desindiens tupi-guarani
et je dirai meme au contraire”, (Métraux, Etudes sur la civilisation des
indien Chirigunno, en la Revista del Instituto de Etnología de la
Universidad Nacional de Tucumán, t.I, entrega 3a, p. 333) y últimamente,
el Sr. Antonio Serrano en un estudio sobre Etnografía antigua de Santiago
del Estero, aparecido en 1934 (Antonio Serrano, Etnografía antigua de
Santiago del Estero. Siglo XVI, en el Boletín del Instituto de
Investigaciones Históricas, de la Facultad de Filosofía y Letras de Buenos
Aires, 1934, t. XVII, octubre de 1933, junio de 1934, Nos, 58—60 p. 353,
nota 2.).
En lo que respecta a las pruebas documentales, diremos que ellas son un
tanto vagas para afirmar la presencia de chiriguano en las regiones
discutidas.
En efecto: el testimonio de Fernández de Oviedo que se ha invocado para
afirmar que la gente de Diego de Almagro lu¬chó en Jujuy en contra de los
chiriguano, no contiene datos suficientes para demostrar de un modo
indiscutible tal afirmación (“Es de saber acerca de estos indios, que
desde los confines del Callao e Pania e Aulaga, Tupiz e Xibisuí, hasta el
estrecho de Magallanes, hay una cordillera de sierra muy áspera en algunas
partes de la cuál (especialmente cabe dicha Provincia) se comenzaron a
recoger algunos ladrones y saltea¬dores cuyos hijos allí crecieron, e se
crearon e aumentaron. Salteaban los lugares más flacos de aquellas
provincias, cau¬tivando los naturales de ellas, robándoles sus haciendas,
mujeres e hijos (e servíanse dellos por esclavos) e hacían otros muchos
insultos ... en tanto grado que los miserables afligi¬dos que quedaron en
los pueblos, tuvieron necesidad de abandonar su patria e naturaleza de sus
cosas e despoblar la tierra” (Gonzalo Fernández de Oviedo, Historia
general y natural de las Indias, t.IV, lib. XLVII, cap. III, cit. por
Fulgencio R. Moreno, Los guaraníes en el antiguo Tucumán, en el Boletín de
la Junta de Historia y Numismática Americana,” t.I,”p. 193)). Por el
contrario, hat detalles que inducen a pensar que se trata de indios’ que
ni siquiera pueden considerarse guaranizados (Por ejemplo dice Oviedo, Lce.
cit, que “estos indios malhechores son muy altos de cuerpo e cenceños ...
son tan ligeros que los indios comarcanos los llaman por propio nombre
Juries que quiere decir avestruces e tan osados o denodados en el pelear
que uno de ellos acomete a diez de a caballo”. Como es sabido, los guaraní
del Paraguay eran de baja estatu¬ra; pero el mestizaje, como sugiere el
Sr. Moreno y en efecto ocurrió con los chiriguano, pudo haber modificado
su estatura general. La antropofagia también contribuiría a identificar a
estos indios con los chiriguano; pero ocurre que Oviedo cometió un error
innegable al situar a los juries en Jujuy, pues estos indios solo poblaban
a lo largo del río Dulce, en Santiago del Estero. (A. Serrano, Etnografía
antigua de Santiago del Estero, en el Boletín del Instituto de
Investigaciones Históricas, t. XVII. N2, 58—60, pp. 353—364), Oviedo, como
justamente supone Emilio A. Coni (Los guaraníes y el antiguo Tucumán, en
la Revista de la Universidad de Bue¬nos Aires, marzo—mayo de l925, p. 33),
debió confundir el nombre de juries con el de xuxuis, como le ocurrió a
Herrera en la Dec. V, lib. X, capítulos. II y III). Y en cuanto a otras
afirmaciones, se ha probado que no deben ínterpretarse en la forma en que
lo fueron, tal vez un tanto apresuradamente (El único testimonio
importante para sospechar la existencia de chiriguano en Salta es una
carta del Virrey Toledo, del 1° de enero de 1572, citada por varios
autores, en la cual dice el Virrey que “para proveer; Las governaciones de
tucuman y sañta cruz de la sierra en cuya entrada y comarca y
demarcaciones está la fuerza de estos chiriguanes proveí para ellas a don
Jerónimo de Cabrera, por governador de la provincia de Tucuman con horden
que llevase número de gente bastante para limpiar de su provincia esta
gente y si fuese necesario hazolles guerra se la hiziese y que poblase un
pueblo de españoles en Salta, lugar donde de ordinario hazian su
residencia los yndios chiriguanos y era paso pa¬ra hazer los daños que
hazían a la gente de paz que es jun¬te al valle de Calchaquí. (Roberto
Levillier, Papeles de los Gobernadores de Tucumán, t.I,p. 4l8). La
afirmación es rotunda y probaría que en Salta residieron alguna vez indios
chiriguano; pero Emilio A. Coni (ob.cit.pp.20 - 2l) demuestra que “es un
error evidente de Toledo, pues en carta de la misma fecha, carta bastante
confusa y en la que se mezcla a Juan Pérez de Zúrita y Jerómimo de
Cabrera, y se atribuye a éste la misión confiada al primero, dice el
virrey “a este por Cabrera, debiendo ser Zúrita di poder para que
pacificase y trajese a obediencia a V.M, la provincia de Condorillo y la
Barranca que estaba en los fines de lo que llaman pirú y aquella de
tucuman y es paso de chiriguanaes y donde por aquella parte suelen acudir
a hazer daño”. El escribano, o quizá el mismo Toledo, hacen aquí una
confusión, debiendo atribuirse los Chiriguanaes a la región que iba a
pacificar Zúrita, Condorillo y la Barranca no estaban, ni están, entre el
Perú y Tucumán, como dice Toledo, sino al oriente de la cordillera de los
Chiniguanaes, en los lugares conocidos por “llanos de Manso”.
En una carta de Juan Ramírez de Velasco de 1585 se ha leído que “por la
banda del norte de esta governación estoy cercado de Chiriguanaes...”;
pero la palabra cercado en el original del documento no es tal; sino
cerca, y este cerca, como probó Emilio A. Coni (ob. cit., pp. 26—27)
consistía, como dice el mismo Ramírez de Velazco en otra carta del 10 de
febrero de 1589, en “cien leguas de aquí”. (La Relación de Sotelo de
Narváez dice que el río Salado nace en el valle de Calchaquí, que a su
ribera está poblada Nuestra Señora de Talavera, que “en Xocalegunla
empiezan los pueblos que sirven a Santiago, hasta otro que dicen colosaca
y calabalax ... y de ahí abajo están de guerra. Estos pueblos los más de
ellos hablan lengua que dicen Tonocoto y otra Canabirona y de ahí abajo
son indios Chiriguanaes que comen carne humana,.,”. Como los Zanabironas
eran indios de Córdoba, se ha pretendido situar a los chiriguano al Sud de
dichos in¬dios; pero la frase “de ahí abajo son indios chiniguanaes” se
refiere al curso del río Salado y no al Sud. (Coni, ob. cit.p. 24).
Si bien es cierto que no puede negarse de un modo absoluto que en
oportunidades diversas los chiriguano hayan sa¬lido de la cordillera que
lleva su nombre para incursionar fuera de sus dominios acostumbrados, la
zona de ocupación característica de los chiriguano fué la que hemos
señalado al comienzo de este capítulo y que lo han reconocido en todo
momento los autores antiguos y modernos (En lo que se refiere a los
testimonios del siglo XVI, véase la obra fundamental del Sr. Fulgencio R.
Moreno, Cuestión de Límites con Bolivia, Segunda edición, t.II, pp.
23—314. Entre los modernos, reproduciremos el resultado de los estudios de
etnólogos como Ludwig Kersten (Die Indianerstämme des Gran Chaco bis zum
Ausgang des 18. Jahrhunderts, Ein Beitrag zur historischen Ethnographie
Südamerikas, en el Internationales Archiv für Ethnographie, Leyde, 1905,
t. XVII, pp. 68—69), quien escribo que “según Jolis y Henvas, su domi¬nio
se extendía desde Tarija al Este por espacio de cincuenta leguas (250 Km.)
y de Norte a Sud, sobre cien leguas (500 Km). Sus fronteras eran las
siguientes: Al Norte alcanzaban el 17° de Latitud Sud y avanzaban hasta
las misiones jesuíticas de Chiquitos. Al Sud llegaban a los 22° de Latitud
Sud. En la región de Salinas, de Itáu y del alto Pilcomayo tenían como
vecinos a los Matako-Mataguayo y a los Tobas. Hacía el Oeste tenían
establecimientos hasta Chichas, Pilaya, Laguna y Valle Grande. Había allá
fuertes poblaciones bajo el mando de caciques hereditarios. El Parapití
formaba, en su curso medio, su límite hacia el Oeste”. Por su parte, el
Dr. Alfredo Métraux (Etudes sur la civilisation des indiens chiriguano, en
la Revista del Instituto de Etnología de la Universidad Nacional de
Tucumán, tomo 1, entrega 3a; p. 332) confirma la ci¬ta anterior y agrega
que “aujourd’ hui les limites des chiriguano sont restées a peu pres les
memes... “,
En la Relación verdadera del asiento de Santa Cruz de la Sierra consta
también, que “están los postreros indios chiriguanos en poco más o menos
de veinte y dos grados...”. En realidad alcanzaban en algunas partes cerca
do un grado más al Sud.)
SINTESIS
Los chiriguano pertenecen a la familia lingüística tupí-guaraní y
descienden de tribus guaraní emigradas a los contrafuertes andinos y de
tribus chano, de lengua arawak, a las cuales los chiriguano sujetaban como
esclavos.
Los chano son de origen arawak otra rama de los tupí-guaraní y emigraron a
las proximidades de los contrafuertes andino nos en una época desconocida.
Los Guaran{ que se establecieron en los contrafuertes andinos emigraron
del Brasil y del Paraguay en una Lucha anterior al año 1471 en que,
aproximadamente, comenzó a reinar el Inca Tupac Yupanqui: el primer
monarca alto-peruano del cual tenemos noticia que combatió en contra de
ellos.
La historia conserva el recuerdo de las siguientes migraciones guaraní a
los contrafuertes andinos:
I Una primera migración anterior al año 1471;
II Una segunda migración realizada entre los años 1513 - 1518;
III Una tercera migración realizada entre los años 1513 – 1518 y 1521 -
1526;
IV Una cuarta migración capitaneada por un náufrago de Solís llamado Alejo
García, realizada entre los años 1521 - 1526;-
V Una quinta migración de tres mil indios guaraní que siguieron la
expedición de Domingo de Irala realizada en el año 1548;
VI Una sexta migración que siguió a Nufrio de Chaves en su viaje del año
1558;
VII Una séptima migración de tres mil indios itatines que formaron parte
de la segunda expedición de Nufrio de Chaves del año 1564.
Los guaraní establecidos en los contrafuertes andinos iniciaron en contra
de los pobladores del alto Perú grandes ataques, por lo cual fueron
llamados, despectiva o injusta¬mente, “gente sucia”, chiriguano.
Los guarayu establecidos en las proximidades de Santa Cruz de la Sierra y
llamados itatines en recuerdo de la provincia paraguaya de Itatin, de la
cual eran originarios, emigraron del Paraguay a los contrafuertes andinos
en la se¬gunda migración de los años 1513 - 1518 y se aumentaron con otros
tres mil itatines en el año 1565.
Los Incas del Perú mandaron levantar fortalezas para contrarrestar los
ataques de los chiriguano. Antes de los años 1513 - 1518, el Inca Huayna
Capac y no Manco II, como erróneamente da a entender el P. Alcaya hizo
construir forta¬lezas en los lugares de Savaypata, Saigpurú y
Guanacopampa.
Estas fortalezas fueron destruidas por los chiriguano; pero Huayna Capac
encargó a un capitán llamado Lucana que reconstruyese la fortaleza de
Saygpurú y contraatacase a los chiriguano. Lucena fué vencido; pero un
cacique llamado Grigotá logró al poco tiempo derrotar algunas
parcialida¬des de Chiriguano.
Después de estos sucesos y antes de los años 1521 - 1526, Huayna Capac
hizo construir la fortaleza de Cuzcotuyo o Cuzco Toros.
Con posteridad al viaje de Alejo García, que tuvo lugar entro los años
1521 - 1526, los chiriguano asaltaron la forta¬leza de Cuzcotuyo y
penetraron por entre Misque y Tornina hasta Presto y Tarabuco.
El Inca Huayna Capac mandó contra ellos a otro capitán de nombre Yasca, el
cual reedificó las fortalezas destruidas anteriormente por los chiriguano.
Estas fortalezas fueron vistas por los españoles en el siglo XVI y los
restos de algunas de ellas subsisten aun en la actualidad,
La zona de ocupación de los chiniguano fue, aproximadamente desde kis k7°
a los 23° de Latitud Sud y de los 63° a los 64° de Longitud Oeste de
Greenwich, pasando en muchos puntos mucho más al Oeste de los 64°.
La creencia de que los chiriguano se hayan expandido por el antiguo
Tucumán y hayan llegado en tiempos prehistóricos hasta las costas de
Chile, carece de fundamentos sólidos.
La cordillera de los chiriguano es, por lo tanto, etnográficamente, una
zona eminentemente paraguaya.
Capítulo II
LA CORDILLERA DE LOS CHIRIGUANO: LIMITE NATURAL ENTRE LOS GOBIERNOS DEL
PERU Y DEL PARAGUAY
La cordillera de los chiriguano fue el límite natu¬ral y político que
dividió desde los primeros tiempos de la conquista los gobiernos del Perú
y del Paraguay.
Es un hecho sabido, y ya suficientemente demostrado, que la gobernación de
Diego de Almagro se extendía de Norte a Sud desde el paralelo 14° 05’ 43”
d Latitud Sud, a los 25° 31’ 36” de la misma Latitud, y que de Oeste a
Este abarcaba la cordillera de los Andes desde la costa del Océano
Pacífico a los últimos contrafuertes andinos (En la capitulación de Diego
de Almagro, tomada en Toledo el 21 de mayo de 1534, se hace constar que
Almagro descubrirá y conquistará “las tierras y provincias que hay por la
costa del Mar del Sur a la parte de levante, dentro de doscientas leguas
hacia el estrecho de Magallanes”, por lo cual se le daba licencia “para
que ... pueda conquistar ... las provincias y tierras que hubiere en las
dichas doscientas leguas que comienzan desde don¬de se acaban los límites
de la gobernación que por la dicha capitulación y por nuestras provisiones
tenemos encomendada al capitán Francisco Pizarro ...”).
En ningún momento la gobernación de Almagro llegó por el Este, como se ha
supuesto algunas veces, hasta el Océano Atlántico, ni hasta la Línea de
Tordesillas, pues entre la Línea de Tordesillas y los últimos
contrafuertes andinos, donde fenecían las gobernaciones de Pizarro y
Almagro, avanzaban hacia las regiones amazónicas la gobernación de Don
Pedro de Mendoza y las de todos sus su¬cesores (Cf. E. de Gandía, Límites
de las gobernaciones sudamericanas en el siglo XVI, Buenos Aires, 1933,
pp.15— 17, y Los derechos del Paraguay sobre el Chaco Boreal y las
doctrinas del uti possidetis en el siglo XVI, Buenos Aires 1935, passim.)
Para no abundar en pruebas sobre estos particulares, que hemos acumulado
en otros libros nuestros recordare¬mos tan sólo que cuando en el año 1548
el Licenciado Lagasca designó a Diego Centeno gobernador del Paraguay, le
adjudicó “por términos i limites toda la tierra que se contiene Leste a
Oeste, desde los confines del Cuzco i de los Charcas, hasta los términos
del Brasil, entre los dos paralelos, que el uno responde al Trópico de
Capricornio, que por otro nombre se llama Antártico, que dista veinte i
tres grados treinta i tres minutos de la Equino ojal, hacia la parte del
Sur; y el paralelo que hacia la misma dista de la Equinocial catorce
grados procediendo Norte a Sud derecho meridiano ...” (Herrera, Dec, VIII,
Lib. y, Cap. 1.).
LIMITE NATURAL
Es decir, que Lagasca reconocía como lo reconocieron y ordenaron sin
excepción todos los Reyes de España en tiempos de la colonia que la
gobernación del Paraguay de Oeste a Es¬te se extendía desde los confines
del Cuzco y de los Charcas, o sea, desde los últimos contrafuertes
andinos, hasta la Línea de Tordesillas.
Sin excepción, todos los testimonios conocidos que se refieren a la
cordillera de los chiriguano reconocen que allí terminaban, por el Este,
los límites del Perú, y que también hasta allí llegaban, por el 0este los
confines del Paraguay.
Los testimonios son abundantísimos y los ha recopilado en dos artículos
magistrales el doctor Manuel Domínguez (Manuel Domínguez, El Perú de la
conquista, arriba del paralelo 19°, terminaba en el río Guapay, en la
Revista Americana de Buenos Aires, año X, marzo de 1934, No, 119, pp. 3 -
6, y Límite Este del Perú en los contrafuertes andinos, en El Diario,
Asunción, 4 de febrero do 1934, pp. 4 - 5.).
Para los especialistas en la historia del Chaco, estos hechos son
evidentes y no necesitan demostración; pero para las personas poco
versadas en la documentación referente a esta parte de América, vamos a
transcribir algunas de las pruebas más claras.
Cuando Domingo de Irala, en el año 1548, después de cruzar el Chaco “con
trescientos arcabuceros y gente de caballo y tres mil indios guaranis o
cherionos y otra mucha gente de su servicio” (Carta de Domingo de Irala,
del 22 de septiembre de 1548, en Calvete de Estrella, Rebelión de Pizarro
en el Perú y vida de Don Pedro Gasca, Lib. IV, Cap. X. En San Fernando se
habían quedado algunos de los arcabuceros en guarda de los navíos noas.
Cf. nuestra Historia de la conquista del Río de la Plata y del Paraguay,
p., 239, nota (41).), se detuvo en los llanos de los tamacosis parcialidad
de los chane, despachó al capitán Nufrio de Cha¬ves con algunos otros
hombres, “sabido que tan cerca estába¬mos de los reinos del Perú” (Carta
del clérigo Martín González, del 25 de junio de 1556, publicada en las
Cartas de Indias, Madrid, 1877), a dar cuenta “a las justicias del Perú”
de su llegada a fin de que los socorriesen con algunas provisiones (Carta
de Domingo de Irala del 24 de julio de 1555, Cartas de Indias, pp. 571 -
578).
El Licenciado Lagasca envió en seguida un mensajero con una provisión a
Domingo de Irala y a los que con él estaban que no saliesen a estos reinos
(del Perú), sino que se estuviesen en su conquista” (José Toribio Medina,
Colección de documentos inéditos para la historia de Chile, t. VllI, pp.
249 y siga.).
Lagasca, según la gente de Irala, temía “que entrásemos en el Perú”
(Ulrich Schmidel, Viaje al Río de la Plata, Cap.XLIX.), por lo cual al
cabo de ciertos acontecimientos Irala “dió vuelta de los confines del
Perú” (Carta de Antonio de Escalera, del 25 de abril de 1556. (Cartas de
Indias, pp. 583—592).) y en el trayecto según sus contrarios despobló
“toda la tierra desde aquí (la Asunción) al Perú” (Carta de Juan Pabón de
Badajoz, del 15 de junio de 1556. (Cartas de Indias, pp. 593—596).).
La gente del Paraguay había descubierto, por lo tanto, el camino “hasta
los confines del Perú” (Carta de Francisco de Villalta. En igual sentido
se expresan también Diego Tellez de Escobar, Ruy Díaz de Guzmán (La
Argentina, Lib. II, Cap. VII) y Herrera (Doc. VII, Lib. X, Cap. XV)).
En 1565 Nufrio de Chávez, Francisco Ortíz de Vergara y el Obispo Pedro
Fernández de la Torre llegaron a Santa Cruz la Vieja procedentes del
Paraguay y volvio a repetirse lo ocurrido con Domingo de Irala: la
Audiencia de Charcas hizo saber a Ortíz de Vergara “que no pasase al Perú”
(Torres de Mendoza, Colección de documentos inédi¬tos.., t. IV, pp. 382 y
siga.). Por su parte, el Licenciado Pedro Ramírez de Quiñones refería que
los conquistadores que habían llegado del Paraguay “no pudieron pasar a
este reino del Perú”. (Revista del Instituto Paraguayo, N°. XXVI, p. 465).
Jaime Rasquín hacía constar que los chiriguano “son tan vezinos de la
Provincia del Perú” (Emilio Gómez Nadal, Noticia del intento de expedición
de Jaume Rasqui al Río de la Plata en 1559, Valencia, 1931,. Apéndice A,
p. 71.). El Virrey Toledo reconocía que los chiriguano causaban “daño en
los lími¬tes de los Charcas” (Blás Garay, Colección de documentos
relativos a la historia de América y particularmente a la historia del
Pa¬raguay, Asunción, 1899, Tomo primero y único. (Carta del Virrey Toledo,
del 1 de mayo de 1572, p. 602) y que la Provincia d Condorillo y la
Barranca estaban a “los fines de lo que llaman Pirú (Idem.). Juan López de
Velazco colocaba a los chiriguano “en la frontera de los Charcas” (Juan
López de Velazco, Geografía y Descripción Universal de las Indias, Madrid,
1894, p. 507.). Una Relación peruana de 1574 con signaba que “en los
términos de la ciudad de La Plata, están fronteros los chiriguanas”
(Víctor N. Maurtua, Juicio de límites entre el Pe¬rú y Bolivia. Prueba
peruana presentada al gobierno de la República Argentina, t. I, p. 154.).
Don Francisco de Mendoza declaraba en una Información que había combatido
“en la frontera de las Provincias de los Charcas a los chiriguanos
fronteros” (Blás Garay, Colección..., pp. 605—620). Fernando de Zárate en
1580 atestiguaba que los chiriguano “están en frontera de esta Provincia”
(de Charcas) (Blás Garay, Colección ..., pp. 650—655.). Juan Pérez de
Zúrita también repetía que los chiriguano “confinan con estos Charcas”
(Marcos Jiménez de la Espada, Relaciones Geográficas de Indias, t. II, pp.
170 y siga.). Lorenzo Suárez de Figueroa afirmaba que Santa Cruz impedía
“que no se junten los chiriguanas contra las fronteras del Perú” (Idem,
pp. 162 y sigs,). En 1594 Fernando de Zárate escribía a la Audiencia de
Charcas “que en las fronteras de dichas gobernaciones (Tucumán, Paraguay y
Río de la Plata) confirman indios chiriguanas alzados” (Archivo Nacional
do la Asunción del Paraguay, t.II, N° 27). El jesuita Alanzo de Barzana
confirmaba que “la mayor suma de gente,,. es la nación que en las
fronteras del Perú,,. llaman chiriguanas y acá llaman guaraníes...”
(Marcos Jiménez de la Espada, Relaciones Geográficas de Indias, t. II,
Apéndice III, Carta del p. Barcena al P. Sebastián Flecha del 8 de
noviembre de 1594.). En 1606 la Audiencia de Charcas se refería a los
chiriguano que deseaban ser doctrinados y “están fronteros de esta
Provincia de Char¬cas” (Blás Garay, Colección de documentos.., Doc. N°.
XVI.). El Rey contestaba a esta carta diciendo que se ha había enterado de
la entrada “por la cordillera que divide los indios chiriguanas de esa
Provincia” (de Charcas). El P. Franciscó Ruperto en 1609 solicitaba a la
Audiencia de Charcas licencia para predicar a los chiriguano que habitaban
“en esta cordillera y fronteras” (Archivo Nacional de la Asunción, t. 1,
N°. XXIV.). Por Último, Ruy Díaz de Guzmán confirmaba que los chiriguano
“toman las fronteras de los co¬rregimientos de Mizque, Tomina, Paspaya y
Tarija” (Ruy Díaz de Guzmán, La Argentina, Lib, 1, Cap. IV.).
Ruy Díaz de Guzmán repitió esta misma afirmación en otras partes de su
historia (Ruy Díaz de Guzmán, La Argentina, Lib, 1, Cap. V y Lib, III.
Cap. VI), todo lo cual sin necesidad de re¬currir a los testimonios de los
siglos XVII y XVIII (Cf, Manuel Domínguez, Límite Este del Perú en los
contrafuertes andinos, en El Diario, de la Asunción, 4 de fe¬brero de
1934, pp. 4-5.) prueba de un modo incontestable que la cordillera de los
chiriguano dividió siempre, como una barrera política y natural, los
gobiernos del alto Perú y del Paraguay.
SINTESIS
Las gobernaciones del alto Perú, de Pizarro y Almagro, de Oeste a Este
terminaban en los últimos contrafuertes andinos,
Entre la Línea de Tordesillas, por el Este, y los contra fuertes andinos,
por el Oeste, se extendió desde la primera capitulación de Don Pedro de
Mendoza, la gobernación del Río de la Plata y Paraguay.
Los contrafuertes andinos, habitados por los chiriguano originarios del
Paraguay constituyeron una división natural entre el gobierno de Charcas y
el del Paraguay.
Sin excepción, todos los documentos de los siglos XVI y siguientes que se
refieren a los indios chiriguano y a la cordillera en que habitaban, están
concordes en señalar di¬cha cordillera como los confines del Perú y
frontera de la Provincia do Charcas,
La gobernación del Paraguay confinaba por el Oeste con la cordillera de
los indios chiriguano.
Capítulo III
ANTECEDENTES DE LA FUNDACION DE SANTA CRUZ
DE LA SIERRA
La fundación de Santa Cruz de la Sierra fué un hecho predestinado desde
los orígenes del descubrimiento y conquista del Río de la Plata y del
Paraguay. Tanto las primeras expediciones que partieron desde la costa del
Brasil, como las que remontaron el Río de Solís, tuvieron como punto de
mira la conquista de la Sierra de la Plata y del Imperio del Rey Blanco,
cuya fama irradiaba por todo el continente.
Primero fueron las hordas indígenas que desde el Brasil y Paraguay se
dirigieron hacia el Oeste y cruzaron el Chaco para establecerse en los
últimos contrafuertes andinos, y luego, sin excepción, todos los
conquistadores europeos que llegaban a la costa del Brasil y al Río de la
Plata.
El portugués Alejo García, náufrago de Juan Díaz de Solís que descubrió
oficialmente el Río de la Plata en el año 1516 (Respecto al
predescubrimiento del Río de la Plata, el supuesto viaje de Solís de 1512
y otros pormenores rela¬cionados con esta cuestión, véase nuestro libro
próximo a aparecer Antecedentes diplomáticos de la expedición de Don Pedro
de Mendoza) fué el primer conquistador que con unos pocos com¬pañeros y
unos miles de iridios guaraní partió desde la cos¬ta de Santa Catalina,
llegó al Paraguay y cruzó el Chaco hasta los confines de Charcas y
proximidades de Santa Cruz de la Sierra, para retornar al Paraguay donde
halló la muerte con un rico botín de plata y do or (La historia de Alejo
García fué tratada por el Dr.
Manuel Domínguez en El alma de la raza, Asunción, 1918, pp. 295 - 304, y
por nosotros en la Historia crítica de los mitos de la conquista
americana, Madrid—Buenos Aires, 1929, pp. 145 - 169).
A Alejo García siguiéronle Sebastián Cabete y Diego García de Moguer entre
los años 1526 - 1529.
Ambos capitanes habían partido de España con la obligación de dirigirse al
Oriente, a las islas Malucas y de la Especiería; pero, primero uno y
después el otro, al llegar a la costa del Brasil y oír de los portugueses
que habitaban en Pernambuco y de los náufragos de Solís que vivían en la
costa de Santa Catalina, las maravillas que contaban los indios de una
Sierra de la Plata y de un Imperio del Rey Blanco que con seguridad se
hallaban al otro lado de las selvas y de los desiertos, siempre en
dirección al Oeste, abandonaron los proyectos de descubrir las tierras de
Tarsis y Ofjr y remontaron el Río de la Plata hasta el Paraguay con la
intención de cruzar el Chaco hasta la sierra adonde había llegada Alejo
García. Los ataques de los indios y otros contratiempos no hicieron
posible esta expedición y Sebastián Cabete y Diego García tuvieron que
regresar a Espa¬ña, donde divulgaron la fama del Imperio que no habían
podido conquistar (Cf. José Toribio Medina, El veneciano Sebastián Caboto
al servicio de España, Santiago de Chile, 1908, passim, y Los viajes de
Diego García de Moguer al Río do la Plata. Estudio Histórico. Santiago de
Chile, 1908, passim; Enrique de Gandía, El primer clérigo y el primer
Obispo del Río de la Plata, Buenos Aires, 1934, passim).
En abril de 1531, Martín Alfonso de Souza despachó desde Río de Janeiro a
cuatro hombres para que fuesen a descubrir en dirección al Oeste, donde se
hallaban la Sierra de la Plata y el Imperio del Rey Blanco. Estos hombres
avanzaron muchas leguas hacia el Occidente y oyeron la relación del
Imperio que iban a buscar, pero no consiguieron llegar hasta él ni igualar
la proeza de Alejo García y regresaron a sus naves con las noticias
extraordinarias que habían oído. (Enrique de Gandía, Historia crítica de
los mitos de la conquista americana, p. 181.)
En 1536 llegó al Río de la Plata Don Pedro de Mendoza el impedir que los
portugueses cruzaron la Línea Tordesillas en sus avances hacia la Sierra y
el Imperio del Rey Blanco, y con el propósito de explorar la zona situada
al Norte del paralelo 25° de Latitud Sud límite máximo que hacia el Norte
había alcanzado Caboto donde se sabía con certeza que se hallaba la tan
anhelada Sierra de la Plata (Enrique de Gandía, Límites de las
gobernaciones sud¬americanas en el siglo XVI, passim; Los derechos del
Paraguay sobre el Chaco Boreal y las doctrinas del “uti possidetis” en el
siglo XVI, passim, y Antecedentes diplomáticos de la expe¬dición de Don
Pedro de Mendoza, passim).
A mediados de octubre de 1536, Juan de Ayolas, por orden de Mendoza,
remontó el Río de la Plata y luego el del Paragay hasta los 21° de Latitud
Sud, donde fundó el Puerto de la Candelaria, y de allí se lanzó a través
del Chaco hasta los contrafuertes andinos y confines de Charcas en la zona
que hoy corresponde a Santa Cruz de la Sierra. Luego volvió al Paraguay
donde fué muerto por los indios payaguá (Manuel Domínguez, El alma de la
raza, pp. 315 - 327, y Enrique de Gandía, Historia del Gran Chaco e
Historia de la conquista del Río de la Plata y del Paraguay, passim).
Mientras Juan de Ayolas llevaba a cabo su expedición, Juan de Salazar de
Espinosa fundaba el 15 de agosto de 1537 la ciudad de la Asunción. Todas
las fuerzas de la conquista comenzaban a concentrarse en el Paraguay con
el objeto de do¬minar el Chaco y asegurarse la posesión de la Sierra de la
Plata (Enrique de Gandía, Indios y conquistadores en el Pa¬raguay, Buenos
Aires, 1931, passim, e Historia de la conquista del Río de la Plata y del
Paraguay, passim.).
En febrero de 1540, Domingo de Irala hizo una entrada al Chaco en busca de
Ayolas y en dirección a la Sierra de la Plata; pero a los veintisiete días
vióse obligado a regresar a la Asunción, por las lluvias e inundaciones,
con la certeza de la muerte de Ayolas (Enrique de Gandía, Historia del
Gran Chaco, pp.95 - 99, e Historia de la conquista del Río de la Plata y
del Paraguay, pp. 84 - 86).
Alvar Núñez Cabeza de Vaca prosiguió los intentos de penetración en
dirección al Oeste enviando primero a Domingo de Irala en octubre de 1542
hasta el lago de los Xarayes don de obtuvo grandes noticias de la Sierra
de la Plata y, una vez que Irala hubo vuelto a la Asunción, partió él
mismo en septiembre de 1543 hacia el Puerto de los Reyes fundado por Irala
al 6 de enero de 1543 y el 26 de noviembre se lanzó a través del Chaco en
busca del Candire y de los señores del metal; pero al poco tiempo por
haber extraviado el camino vió se obligado a volver al Puerto de los
Reyes. Antes de Ilegar a este lugar, Alvar Núñez encargó a Francisco de
Ribera el 6 de diciembre de 1543 que fuese a descubrir hacia el Noreste, y
el 20 del mismo mes encomendó a Hernando de Ribera que se dirigiera a los
Xarayes. Ambos capitanes regresaron el 12 y el 20 de enero de 1544 después
de haber explorado el Chaco y el río Paraguay, y el 23 de marzo todos los
conquistadores tomaron de nuevo el camino de la, Asunción (Enrique de
Gandía, Historia de la conquista del Río de la Plata y del Paraguay, pp.
111—165).
En esta ciudad ocurrió una revuelta que dió por resultado la deposición de
Alvar Núñez y su envío a España. Al poco tiempo Nufrio de Cháves, por
orden de Irala, explotó entre octubre y diciembre de 1546 la tierra de los
indios mbayá, en el Chaco, y en marzo de 1547 remontó el río Pilcomayo
hasta divisar las sierras del Perú. Por último, en noviembre del mismo
año, Domingo de Irala, acompañado por unos trescientos españoles y muchos
indios amigos remontó el río Paraguay hasta el puerto de San Fernando,
desde donde en enero de 1548 emprendieron todos la travesía del Chaco
hasta que, después de numerosos incidentes, llegaron a los confines de
Charcas, en las tierras donde más tarde se fundó Santa Cruz de la Sierra.
En esto lugar los españoles tuvieron la inmensa sorpre¬sa de saber que
otros españoles procedentes del Occidente habían llegado a aquellas
inmediaciones, tan próximas a los confines de la Provincia del Río de la
Plata y Paraguay. Irala, en seguida, hizo saber su llegada, al Licenciado
Lagasca y éste le ordenó que se mantuviese en su tierra sin entrar en los
confines del Perú (Enrique de Gandía, Historia de la conquista del Río de
la Plata y del Paraguay, pp. 228—249.).
Los hombres del Paraguay llegaban por segunda vez a los contrafuertes
andinos y se encontraban con que la famosa Sierra de la Plata que durante
tantos años había originado los viajes de Alejo García, Sebastián Caboto,
Diego García, Don Pedro de Mendoza, Juan de Ayolas y las entradas de Alvar
Núñez y sus capitanes, ya estaba descubierta y conquistada par los
españoles que habían llegado al Perú desde la costa del Pacífico.
Ante esta comprobación desconcertante, Domingo de Irala ordenó a Nufrio de
Chaves, a Pedro de Oñate y a Juan de Ba¬rrientos que se dirigieran al
Perú, que se presentasen al Licenciado Lagasca y le ofreciesen su pequeño
ejército, pidiéndole, al mismo tiempo, algunas pocas provisiones, pero
Nufro de Chaves, que abrigaba secretas intenciones en contra de Irala,
trató de desposeerle del mando y hacerse nombrar por Lagasca teniente de
gobernador. Para ello se puso de acuerdo con el contador Felipe de
Cáceres, el cual logró, en efecto, que Irala se desposeyese del gobierno
el 10 de noviembre de 1548, y luego con Diego Centeno, al cual escribió
que “la principal causa (del viaje) era pedir socorro y personas que los
gobernase y rigiese, porque no tenían quien lo hiciese, sino Domingo de
Irala, el cual, alliende que no tenía poder, era hombre de menos rigor de
lo que se quería para que le tuviesen respeto; y para aquello los enviaban
los Oficiales Reales y los demás..”. Al mismo tiempo Nufrio de Chaves le
aconsejó a Diego Centeno que solicitase a Lagasca la gobernación del
Paraguay y luego le explicó a Lagasca como dice este úl¬timo que “el
intento de su venida era para que yo provese a Domingo de Irala o a otro
que de acá fuese, la conquista de aquella tierra en que estaban, y daban a
entender que convenía fuese persona de mas cualidad que el dicho Domingo
de Irala”.
A fin de que Lagasca pudiese otorgar a quien él quisie¬se la gobernación
del Paraguay, Nufrio de Chaves y sus compañeros lo convencieron que la
gobernación de Don Pedro de Mendoza se hallaba separada de la de Almagro
por nueve grados y que la de Juan de Sanabria lo estaba por tres: errores
geográficos que unidos a la falsa creencia de que la antigua gobernación
de Diego de Almagro se extendía nada menos que desde el Océano Pacífico al
Océano Atlántico, le daban a Lagasca entera libertad para nombrar un nuevo
gobernador del Paraguay (Enrique de Gandía, Límites de las gobernaciones
sud americanas en el siglo XVI, pp. 41 - 49.).
Entre tanto, Felipe de Cáceres, como se ha dicho anteriormente, lograba
por medio de un motín que Irala renuncia¬se a su cargo de teniente de
gobernador, porque él deseaba esperar durante tres meses a Nufrio de
Chaves y a sus compa¬ñeros y Felipe de Cáceres pretendía que se alejase de
esos lugares a fin de que al regresar Nufrio de Chaves con la no¬ticia de
que Lagasca había designado a otro gobernador, Ira¬la no tomase medidas de
fuerza o se dirigiese al Perú a exponer la verdad de todos los hechos al
Licenciado Lagagsca (Enrique de Gandía, Historia de la conquista del Río
de la Plata y del Paraguay, p. 243, nota 50).
Mientras Irala y los demás españoles volvían de los confines del Perú otra
vez al Paraguay mandados por Gonzalo de Mendoza, el Licenciado Lagasca
nombraba gobernador del Para¬guay a Diego Centeno dándole por límites
“toda la tierra que se contiene Este a Oeste desde los confines del Cuzco
y de los Charcas, hasta los términos del Brasil, entre los dos paralelos,
que el uno responde al Trópico de Capricornio, que por otro nombre se
llama Antártico, que dista veinte i tres grados i tres minutos de la
Equinocial, hacia la parte del Sur; y el paralelo que hacia la misma dista
de la Equinocial catorce grados procediendo Norte a Sud derecho
meridiano...” (Enrique de Gandía, Limites do las gobernaciones Sud
americanas en el siglo XVI, pp. 71 - 72).
Diego Centeno murió sin poder hacerse cargo de su gobernación y Nufrio de
Chaves volvió al Paraguay a fines de 1550 o comienzos del 1551.
La atracción del la cordillera de los chiriguano, en cu¬yas inmediaciones
se suponía siempre que existiesen tierras ricas, distintas de las del
Perú, originó en enero de 1553 otra excursión, al Chaco de Domingo Irala
que tuvo por resulta de el descubrimiento de los indios itatines
(pertenecientes a la familia tupí guaraní) hecho por Hernando de Salazar y
seguido luego por Irala (Enrique de Gandía, Historia de la conquista del
Río de la Plata y del Paraguay, pp. 266-272.).
Al año siguiente, Domingo de Irala resolvió explorar la Provincia de
Itatin y para ello despachó al capitán Nufrio de Chaves “con treinta de a
caballo adelante, para salir luego yo”; pero la llegada al Paraguay de
Bartolomé Justiniano con el nombramiento de gobernador de Irala, suspendió
la salida de este último y Nufrio de Chaves tuvo que volverse desde la
mitad del camino, a los dos años, el 3 de octubre de 1556, Irala falleció
(Enrique de Gandía, Historia del Gran Chaco, pp. 114 - 117. e Historia de
la conquista del Río de la Plata y del Paraguay, pp. 273 - 311).
Con la desaparición de Irala y el nombramiento de Gonzalo de Mendoza como
teniente de gobernador, Nufrio de Chaves en el cual Irala, el Obispo Pedro
Fernández de la Torre y los Oficiales Reales habían pensado para que
fundase una población en los Xarayes salió de la Asunción en el mes de
marzo del año 1558 “y con ayuda del capitán Hernando de Salazar hizo una
armada de veinte y tres navíos y con ciento y cinquenta y ocho españoles
arcabuzoros y jente de a caballo subió por el río del Paraguay y arriba
trescientas y quarenta leguas al Norte hasta tanto que no se pudo navegar
el dicho río,.” (Información de méritos y servicios de Nufrio de Chaves,
fechada en Santa Cruz de la Sierra, el 4 de Junio de 1561 y publicada por
Víctor M. Maurtua en su Juicio de lími¬tes entre el Perú y Bolivia. La
Información de Nufrio do Chaves, como hemos probado en nuestra Historia de
la conquista del Río de la Plata y del Paraguay, p, 231. nota (14),
hállase equivocada en un año en todas las fechas, debiendo agregarse un
año a todas las que se mencionan en ella. Por su parte, Paul Groussac
demostró en los Anales de la . Biblioteca de Buenos Aires, t. X, p. 75 que
la partida de Chaves debió verificarse a finos de febrero o principios de
marzo de 1558 y no del 1557, como lo hacían suponer otros testimonios. En
efecto: la misma Información de Chaves dice que la partida tuvo lugar en
“febrero de cinquenta y siete”. También consignan idéntico año la
Información de Hernando de Salazar la Memoria de Chaves y Salazar fechada
en la ciudad de los Reyes en 1560 y el Requerimiento que parte de los
expedicionarios presentaron a Chaves cuando lo abando¬naron en el Chaco;
pero, en cambio, la Carta del cabildo de la Asunción, de 1564, el
Testimonio del Factor Pedro Dorantes, del 27 de febrero de 1558 y una
orden del día
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