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Capítulo VI
EL OBISPADO DE SANTA CRUZ DE LA SIERRA

El 5 de julio de 1552, el Papa Julio III dió en Roma el fiat para la erección del Obispado de la Plata, en la Provincia de Charcas, sujeto jure metropolítico a la Iglesia de Lima.

Fray Tomas de San Martín, religioso de Santo Domingo, fué nombrado primer obispo de Charcas el 11 de febrero de 1553 y erigió la catedral el día 23 del mismo mes y año.

El Obispado de Charcas tenía “de largo por el camino rreal del Cuzco, lo que hay de Paucarcolla a Santa Cruz de la Sierra, que son duzientas y treinta leguas de longitud, antes más que menos, y de latitud, por diferentes partes, a ciento y cinquenta, más y menos. Tiene de jurisdicción las provincias siguientes: Por el camino rreal, tiene la provincia de Chucuito, Omasuyo, Chiquiabo, con los yungas de Caracato, Pacaxes, Carangas, Larecaxa, Cochabamba, Paria, Quillacas, Aullagas, Pitantora y Charcas, que es dende la ven¬ta de enmedio hasta Chuquisaca. Tiene comarcanos, a Potosí, el valle de Mataca, Nojotoro, Guarioma, Guaicoma, Tarixa, Ozoncota, Pilaya, Paspaya, y los Chichas, Misque y Pocoma. Hazia Santa Cruz, la Barranca y lo que hay descubierto de los chiriguanes” (Cf. el Informe del Licenciado Andrade, fechado en Valladolid el 26 agosto de 1603 y publicado por Víctor M. Mlaurtua en el Juicio de Límites entre el Perú y Bolivia, t. XI. Para los antecedentes de la erección del Obispado de Santa Cruz véase el Memorial de Fr. Hernando de Trejo a S.M. en su Real Consejo de Indias, del año 1596 (Pablo Bastells, Historia de la Compañía de Jesús de la Provincia del Paraguay t. 1, pp. 67—68), y la Consulta del Consejo de Indias a S. M. sobre la división del Obispado de los Charcas, fechada en Valladolid, el 3 de octubre de 1603 (Pastells, t. 1, pp. 107 - 109). Víctor N. Maurtua, Juicio de Límites entre el Perú y Bolivia, t, XI, p. 116; Raúl del Pozo Canoo, El Chaco Paraguayo y el Vaticano, pp. 34 - 42; Efrain Cardozo, El Chaco en el régimen de las Intendencias, pp. 65 - 81).


Es decir, que hacia el Este, el Obispado de Charcas llegaba hasta la cordillera de los chiriguano, en los confines del Chaco, que pertenecía integramente, como es sabido, al Obispado del Paraguay.

El Licenciado Alvarez de Andrade, en su informe del 2 de agosto de 1603, proponía que dentro del Obispado de Charcas se crearan unos nuevos Obispados en La Plata, La Paz, Santa Cruz de la Sierra, dándole a este último “por juris¬dicción La Barranca, Santa Cruz de la Sierra. Tomina, Misque y Pocoma, con sus Andes...”.

En el año 1605 fué promovido al Obispado de San Loren¬zo de la Barranca o Santa Cruz de la Sierra Don Antonio Calderón, Obispo de Puerto Rico y Panamá, y el 17 de noviembre de 1607 el Rey encomendó al Licenciado Alonso Maldonado de Torres, Presidente dé la Audiencia de Charcas, la división de los tres Obispados de La Plata, La Paz y Santa Cruz, “aplicando a cada uno el distrito o provincia que conforme a este fuere necesario y que más cómodamente puedan regir y visitar los Obispos... Y hecha la división, los Obispos entraran desde luego en la parte que le tocare, conforme a los límites y diócesis que señalaredes a cada uno y asentarán sus iglesias para ejercer los actos pontificales.”

El 17 de febrero de 1609, en Potosí, el Licenciado Maldonado de Torres, después de largas consultas e investigaciones señaló la jurisdicción que correspondía a cada obispado de acuerdo con los más exactos e indiscutibles antecedentes. Pasamos por alto lo relativo a la jurisdicción de los Obispados de La Paz y de la Plata (este último tenía los corregimientos de Tarija, San Juan de Parpaya y Pilaya y Santiago de Tomina¬que eran “fronteras de indios chiniguanaes de guerra”) y nos detenemos en la “gobernación, corregimiento, valles y vicarías de doctrinas y beneficios que quedan al Obispado de la¬ ciudad de San Lorenzo de la Barranca”.

“El curato y vicaría de San Lorenzo de la Barranca, el curato y vicaría de la ciudad de Santa Cruz de la Sierra, el curato y vicaría de la ciudad de San Francisco de Alfaro,

“El corregimiento y vicaría de la villa de Salmas, río Pisuerga, valle de Mizque, y en él las doctrinas siguientes:

“La doctrina y vicaría de la dicha Villa, de elérigos; la doctrina y curato del pueblo de Mizque, que sirven frailes franciscanos; la doctrina y curato del valle de Ayquile, que sirven clérigos; la doctrina y curato del pueblo de Totora, de clérigos; la vicaría y doctrina de los Yungas de Pocona, que sirven clérigos; la doctrina del pueblo de Pocona, que sirven frailes franciscanos,

“El valle de Clissa, ques de la vicaría y corregimiento de Cochabamba, en que hay dos curatos de clérigos con solas chacanas y anejos do los dichos dos curatos, porque los demás de la dicha vicaría y corregimiento de la villa de Oropesa han de quedar y quedan al Obispo de la ciudad de La Plata, como se refiere en su aplicación; que los curatos y doctrinas que se aplican al Obispado de San Lorenzo de la Barranca son once, los nueve clérigos y dos de frayles...”.

En los corregimientos, valles, doctrinas y beneficios pertenecientes al Obispado de Santa Cruz de la Sierra no iba, como es natural, incluido el Chaco, que pertenecía al Obispa¬do del Paraguay y limitaba con el de Santa Cruz en el río Parapití.

El Papa Paulo V díó en el primer año de su pontificado, el 19 de julio de 1609, el breve super specula militantins Ecclesiae por el cual desmembró la provincia de Santa Cruz de la Sierra de la Catedral de la Plata o Charcas y la erigió en Obispado colocóndola bajo la advocación de San Lorenzo y dándole por sede la población cruceña del mismo nombre.

Este nuevo Obispado debía ser sufragáneo de la iglesia metropolitana de Lima; pero por otro breve del 20 de julio del mismo año, Onerosa Pastorolis Oficii cura ... Paulo V desmembró del Arzobispado de Lima cinco de los diez Obispados que tenía sufragéneos: La Plata, La Paz, L a Barranca o Santa Cruz de la Sierra, el Paraguay y el Tucumán, erigió en la iglesia metropolitana el Obispado de La Plata y lo dió como sufragóneos los cuatro Obispados restantes desmembrados del Arzobispado de Lima (Cf. Pastells, Historia de la Compañía de Jesús en la Provincia del Paraguay, t. I, pp. 107, nota (1), y 326, nota ....).

No es nuestro objeto, en este capítulo, hacer la historia cronológica de todos los Obispos de Santa Cruz de la Sierra, como tampoco lo ha sido el de estudiar la serio de sus gobernadores.

El Obispado de Santa Cruz de la Sierra nos permitirá conocer la extensión de las misiones jesuíticas y, por lo tanto, el alcance jurídico que ellas puedan tener en la cuestión de límites entre Paraguay y Bolivia y en los derechos de la independencia de Santa Cruz de la Sierra.

La evangelización del Chaco por los jesuítas se inició con el P. Alonso de Barzana en el año 1587 y la predicación a los lules; poro antes de esta fecha, hacia 1585, las jesuitas habían comenzado a peregrinar por las tierras de Santa Cruz de la Sierra (Cf. Pedro Lozano, Historia de la Compañía de Jesús en el Paraguay ... passim., y Descripción chororgráfica ... del Gran Chaco Gualamba... passim. “En la gobernación de Cruz de la Sierra y en las provincias a ellas anejas, ha cerca de once años que trabaja la Compañía con gran aprovechamiento y fructo así de españoles como de indias. Residen al presente, o por mejor dicho, peregrinan por estas partes nueve de los nuestros, siete Padres y dos Hermanos, acudiendo cada uno a la parte que le cabe conforme a la lengua que ha deprendido ...” (Annua de la Compañía de Jesús de 1598, reprocida por Fulgencio R. Moreno en su Cuestión de límites con Bolivia, t. III, pp. 161 - 162).

Los esfuerzos de los jesuitas merecieron la aprobación Real el 20 de febrero de 1609 por medio de una Cédula dirigida al Presidente y Oidores de la Audiencia de Charcas en que les ordenaba proseguir la conversión de los indios chiriguano (“Una carta vuestra de primero de marzo del año pa¬sado de seiscientos y ocho se ha recibido y viste en mi consejo de las Indias, y se ha entendido lo que por ella me avisais y he holgado mucho de entender lo que deceis cerca de orden que aveis dado por que por cierta parte de la cordillera que dibide los indios chiriguanaes de esa Provincia se haya entrado con su beneplácito a predicarles la ley evangélica y tratarles de su conversión sin que haya sido necesario imbiar gente de guerra para ello. Lo cual es conforme a mi intención y voluntad y assí os encargo que lo forseis y alenteis de vuestra parte la conversión de los diches indios y que con estos descubrimientos y conversiones, no intervengan gente de guerra y de lo que en ello se hiciere me avisareis”. (Fulgencio R. Moreno, Cuestión de Límites en Bolivia, t. III, pp. 163 - 164)).

De acuerdo con lo establecido en esta Cédula, el P. Francisco Lupercio, Rector del Colegio de los Jesuitas de Charcas, pidió autorización para convertir a los chiriguano (Fué publicado por Moreno en su Cuestión de límites con Bolivia, t. III, pp, 165 - 166.) y ella le fué acordada por la Audiencia de Charcas el 29 de abril de 1633 (Fulgencio R. Moreno, Cuestión de límites con Bolivia, t. III, pp. 167 - 168); pero como los jesuitas sabían perfecta¬mente que los indios chiriguano hallábanse dentro del distri¬to de la Audiencia de Charcas y que los que se hallaban fuera de la cordillera, en el Chaco, pertenecían al Paraguay, pidieron a la Audiencia una autorización más amplia, para poder convertir no sólo los indios de la Cordillera, sino también los de “la parte de el Paraguay”, como ser los itatines, payaguá, guates y chanes que se hallaban en pleno Chaco (Fulgencio R. Moreno, Cuestión de límites con Bolivia, t. III, p. 169.).

La Audiencia de Charcas accedió al podido de los jesuitas y el 8 de octubre de 1633 se dirigió al gobernador del Paraguay encomendándole que no se impidiese ni estorbase “la dicha predicasión por ninguna persona en esas dichas Provincias a los dichos indios Chiriguanas y Guaranís, Itatines, Payaguás, Guabos, Guanas, Chanes y otras cualesquier naciones de Indios infieles de las dichas Provincias ...” (Fulgencio R, Moreno, Cuestión de límites con Bolivia, t. III, pp. 170 - 171).

La Audiencia de Charcas reconocía de este modo la juris¬dicción del Paraguay sobre los indios del Chaco desde los guaraní y payaguá, hasta los itatinos y los chanes que se halla¬ban junto a los contrafuertes andinos, incluía también a los chiriguano porque en sus correrlas podían alcanzar los llanos del Guapay y Paropití, que pertenecían a la gobernación del Paraguay; pero las reducción jesuiticas, como muy bien se comprueba con la documentación expusta, no tenían un carácter provincial y limitado, sino amplio, general, que no deseaba sujetarse a límites jurisdiccionales siguiendo su misión de convertir a todos los indios infieles.

Fué, pues, en este sentido que el Rey de España ordenó desde Zaragoza el 25 de noviembre de 1642 al Gobernador del Paraguay que permitiese “la conversión de los indios itatines confinantes de las Provincias del Perú”, y de los payaguá, “pues siendo las Provincias tan dilatadas no es dudable que entrando los de la Compañía por una parto y los demás por otra se conseguirá más brevemente el fruto que se pretende de los naturales idólatras de esas provincias” (Fulgencio R, Moreno, Cuestión de límites con Bolivia, t. III, pp. 172 - 175.).

El Rey de España reconocía que los itatines, “confinantes de las Provincias del Perú”, hallábanse dentro de la jurisdicción del Paraguay, por lo cual ordenaba al Gobernador de esta Provincia que no estorbase su predicación y la facilitase en todo lo que lo fuese posible.

En 1663, el P. Julián de Aher fundó las misiones de los Mojos y pocos años después tuvieron origen las de Chiquitos (Cf. la Carta del P. Antonio de Orellana sobre el origen de las misiones de los flojos en Víctor M. Maurtua, Juicio de límites entre el Perú y Bolivia, t. X.).

Estas misiones progresaron rápidamente y en 1737 las misiones de Chiquitos constaban de unas doce mil almas y siete pueblos que iban desde el pueblo de San Javier, “que es el más cercano a la capital de Santa Cruz de la Sierra” y estaba en 16° de Latitud Sud, hasta el de San Ignacio de Zamucos que según el Informe del Gobernador Argomosa hallábase en 21° 30’ de la misma Latitud (Fué publicado por Víctor M. Maurtua en el Juicio de Límites entre el Perú y Bolivia, t.X, p. 54); pero que de acuerdo con lo que establecen los mapas de Belín, que acompaña la historia del P. Charievoix, y de Jolis, se encontraba en las proximidades de los 20° (Cf. Fulgencio R. Moreno, Cuestión de límites con Bolivia, t. 1, pp. 120 - 125. Raúl del Pozo Cano prepara un estudio en que demuestra por medio de la cartografía de la época y de su análisis crítico, que San Ignacio de Zamucos se halaba en los 18° 10 de Latitud Sud, Informes bolivianos, no confirmados, dan a entender que se hallaron las ruinas de San Ignacio en los 20° y minutos.). Al Oeste las misiones de Chiquitos confinaban con la jurisdicción de Santa Cruz de la Sierra y por el Este llegaban a las tierras de los guaycurú, sin tocar el río Paraguay (Así consta en las Respestas que dió el Padre Superior de los Jesuitas de Chiquitos al interrogatorio formado por la Dirección General de Temporalidades de la Real Audiencia de Charcas, del año 1763, fecha en que fueron expulsados los jesuitas: “Por la parte del Norte confinan con los Mojos. Por el Sud con tierras enteramente despobladas, las que anteriormente fueron de los indios reducidos y agregados a los pueblos. Por el Oriente colindan con indios Guycurues y por el Poniente con tierras de españoles de la jurisdicción de Santa Cruz de la Sierra”. En esta misma respuesta, el P. Superior dice que “las tierras que ocupan di¬chas misiones de Chiquitos en sus diez pueblos serán doscientas leguas de Oriente a Poniente: cien leguas para ej. Norte y mucho más: Al Sud...”. Estos datos son muy imprecisos en lo que respecta la distancia de Norte a Sud, pues no se establece desde donde deben comenzar a contarse las leguas, y completamente erróneos en lo que se refiere a la anchura de Este a Oeste, pues es un hecho bien sabido, como consta en todas las obras geográficas bolivianas, que entre Santa Cruz de la Sierra y Puerto Suárez no hay más que unas ciento veinte leguas de distancia. Equivocada es, por lo tanto, la cifra de doscientas leguas señaladas por el P. Superior y lo mismo debemos decir del Informe que el Gobernador Militar de Chiquitos, Don Antonio López Carvajal, elevó al Virrey Marqués de Loreto, desde San Javier, el 10 de marzo de 1788 (Ricardo Mujía, Bolivia-Paraguay, t. III, p. 565) en que consta que las misiones de Chiquitos tenían “doscientas le¬guas de ancho” y “cien de largo”. En lo que respecta al “an cho” la cifra es materialmente imposible (Cf. Fulgencio R. Moreno, Cuestión de límites con Bolivia, t I, p. l24 y pp.324 - 325).).

Por este tiempo, en 1728, el Gobernador del Paraguay Don Bartolomé Aldunate puso en conocimiento del Rey de España que los indios de las misiones del Paraguay y de Buenos Aires no pagaban tributos y que era necesario nombrar corregidores que “pusieran en contribución a los indios, como lo hacían los demás indios de las otras provincias”. El Rey de España ordenó a los Gobernadores de Buenos Aires y del Paraguay que cobrasen los tributos de los indios misioneros; pero el Gobernador del Paraguay, Don Martín de Burúa, contestó que ello era muy difícil por razones diversas y que los jesuitas debían unos tres millones y doscientos mil pesos. Como Resultado de estos hechos prodújose un largo pleito en el cual los jesuitas, a fin de salvar sus responsabilidades, presentaron un escrito, por medio del P. Juan José Rico, Procurador General de la Provincia del Paraguay, en el cual referían “que habiendo los jésuítas de la dicha su Provincia dado principio por los años de mil seiscientos y noventa y dos a la conquista espiritual y misiones de Chiquitos, en que se compre¬henden todas las Naciones o Parcialidades de Yndios que hay entre los ríos Pilcomayo y Paraguay, desde las vecindades de Santa Cruz de la Sierra, a cuya Gobernación y Obispado se juzgan pertenecer, ha sido Dios servido de ayudar de tal suerte a sus gloriosos trabajos que ya al presente reducida a nuestra Santa Fe toda la Nación Chiquita y por medio de esta otras muchas Parcialidades menores o Naciones de Yndios circunvecinos, tiene ya formadas con ellos siete Reducciones o Pueblos, que son San Francisco Xavier, San Joseph, San Rafhael, San Juan Bautista, la Concepción y San Ignacio de Zamuces...”, y para que la falta de tributos “en ningún tiempo esta omisión se intente atribuir o a rebeldía de los yndios o a poca fidelidad de los Jesuitas sus Misioneros”, suplicaban al Rey que diese “comisión a algún Ministro de mi Real Audiencia de los Charcas, a cuyo distrito pertenecen estos Indios, para que pasando a reconocerlos y hacer la numeración nezesaria de los que ya pueden reconocer con algún tributo el vasallaje que voluntariamente admitieren, les señale también la cantidad y calidad de tributo...”; pero con la mayor suavidad posible, para que “no se inquietasen y tuviesen y tuvie¬sen por engañados”, para lo cual “sería lo más conveniente no se hiciese sin intervención del Provincial del Paraguay y algunos de los Missioneros más prácticos de aquellas missiones que ya les tienen conocido el genio y ganada la voluntad”. “Haviéndose visto en mi consejo de las Yndias (la presentación del P. Rico), con lo que dijo mi fiscal de él; he resuelte condescender en todo con su instancia, mandando cine se haga la numeración de los Yndios tributarios de mi missión de los Chiquitos por don Francisco Xavier de Palacios, en su defecto por Don Joseph Giraldes y en el de este por don Juaquín de Oriondo y Murgía, todos tres Oydores de mi Real Audiencia de Charcas, con intervención del Provincial o Superior de aquellas Missiones y algunos de los mismos Misioneros ...”.( El presente documento fué dado a conocer por primera vez por el Dr. Ricardo Mujía en su obra Bolivia-Paraguay y se reprodujo numerosas veces. El mejor estudio que se hizo sobre sus verdaderos alcances es e de Fulgencio R. Moreno en su Cuestión de límites con Bolivia, t. III, pp. 153 - 191, cuyas precisas conclusiones aceptamos totalmente. Notables son, asimismo, las observaciones de Manuel Dominguez en El Chaco Boréal, pp. 179 - 182, y de R. V. Caballero de Bodoya en la Société des Nations. Journal Officiel. Supplement spécial No. 133, Genéve, 1935 (Nouvelles observations du représentant du Paraguay sur les theses soutenues par le représentant de Bolivie dans sa note du 26 décembre 1933 et dans son exposé au conseil du 33 mai 1934, pp. 6 a 8).

El documento que acabamos de transcribir en sus partes esenciales se ha querido invocar como prueba de que las mi— sienes de Chiquitos abarcaban todo el espacio comprendido “entre los ríos Pilcomayo y Paraguay”, pero, conforme se habrá percatado el lector, trátase, simplemente, de una mala interpretación, pues las misiones de chiquitos no llegaban por le Sud más abajo del pueblo de San Ignacio de Zamucos que se hallaba, a lo sumo, en 20° de Latitud. Sud, confinan¬do por el Oeste con la jurisdicción de Santa Cruz de la Sierra y por el Este con los indios guaycurú, sin tocar el río Paraguay.

Debe notarse, también, que no es el Rey de España quien expresa que en las misiones de chiquitos “sé comprehenden todas las Naciones o Parcialidades de Yndios que hay entre los ríos Pilcomayo y Paraguay”, sino el P. Rico en su presentación, incorporada y repetida en la primera parte de la Cédula de 1743. En la segunda parte de esta Cédula, donde habla y ordena el Monarca, que comienza “Y habiéndose visto en mi consejo de las Indias...” no se halla ninguna disposición ni afirmación que pruebe que las misiones de chiquitos sé extendían hasta el Pilcomayo y Paraguay, ni que los tales indios se hallasen, sujetos a la jurisdicción de Charcas.

Además, la misma Cédula de 1743 contiene exactamente delimitados los limites de las misiones de chiquitos en el párrafo en que dice que los jesuitas, “con sus gloriosos trabajos”, ya tienen “al presente reducida a nuestra San Fe toda la Nación chiquita”, sin contar “otras muchas parcialidades menores o naciones de indios circunvecinos”, y que con todos esos indios chiquitos y circunvecinos “tiene ya forma dos con ellos siete Reducciones o Pueblos que son San Fran¬cisco Xavier, San Joseph, San Raphael, San Juan Bautista, la Concepción y San Ignacio de Zamucos”, los cuales se ex tendían, como muy bien sabemos de Norte a Sud, desde el paralelo 16° (San Javier), al 20° (San Ignacio). Confirma esta declaración la rotunda expresión de la misma Cédula que, dice que las misiones de chiquitos se hallan “desde las ve¬cindades de Santa Cruz de la Sierra, a cuya gobernación y obispado se juzgan pertenecer”.

La referencia a los ríos Pilqomayo y Paraguay se explica por el hecho de que por el Noreste las missionos de chiquitos podían acercarse al río Paraguay siempre arriba del paralelo 16° y por el Sudeste tocaban el Pilcomayo al Oeste del meridiano 63° de Longitud Oeste de Greenwich por medio de de las misiones de los chiriguano incorporados a las misiones de chiquitos pocos años antes de ser expedida la Real Cédula de 1743 (Cf. la Carta del P. Ignacio Chomé de 1735, en las Lettres edifiantes, y el Catalogo de las lenguas, de Lorenzo Hervás, citados por Fulgencio R. Moreno en su Cuestión de lí¬mites con Bolivia, t. III, p. 185, notas (1) y (2). Hay que tener en cuenta, además, como ha demostrado en un luminoso estudio Raúl del Pozo Cano (La Real Cédula de 1743 a la luz de la Geografía, Asunción, 1935), que desde los primeros mapas que comenzaron a figurar los nos Paraguay y Pilcomayo, hasta los últimos mapas bolivianos actuales, el río Pilcomayo corre en algunos en forma casi paralela al río Paraguay y en otros hállase trazado en dirección muy al Noroeste, de modo que los indios chiquitos se encontraban a muy corta distancia de los ríos Paraguay y Pilcomayo. De haberse conocido entonces el ver dadora curso del río Pilcomayo, el P. Juan José Rico no habría supuesto que los indios chiquitos se hallaban entre ambos ríos. Los mapas actuales demuestran cuan absurdo fué señalar como puntos de referencia ríos tan alejados en realidad de los in¬dios chiquitos.). Todo el Chaco venía a quedar, por lo tanto, fuera del círculo de las misiones de chiquitos.

Por último, para que se compruebo que la Cédula del 1743 en nada afecta los derechos del Paraguay sobre el Chaco Boreal, hemos, de recordar que, aunque en ella se hubiese hablado de los mismos indios guaraní, en el año en que fué expedida, to¬do di Paraguay y el Río de la Plata se hallaban desde el 1566 al 1783, excepto los años que van del 1561 al 1671, en que funcionó la Audiencia de Buenos Aires dentro de la jurisdicción judicial de la Audiencia de Charcas. Esta jurisdicción no se toma en cuenta len las cuestiones de límites pues no era de gobierno, y de atenerse a ella no sólo el Chaco pertenecería a la Audiencia de Charcas, sino todo el Paraguay, gran parte de la Argentina y todo el Uruguay.

Las reglas establecidas en tiempos de la colonia para delimitar los Obispados eran claras y precisas y no dejan lu¬gar ni a dudas ni a discusiones. Cada diócesis tenía como distrito privativo quince leguas a su derredor, debiendo dividirse en partes iguales el territorio existente entro ambos distritos. El Libro primero de la gobernación espiritual de las Indias establecía que los límites de los Obispados “no se extiendan a más de quince leguas desde la cabeza del Obispado, que es en la ciudad donde la yglesia catedral se erigiere y edificare, hasta el fin de la diócesis por donde más se extendiere. Y queremos que el demás distrito que confinare con la diócesis y Obispado, que no estuviere incluso en los límites de otro Obispado, ni le estuviere aplicado por vía de cercanía, se le pueda aplicar a la dicha diócesis y Obispado, por vía de cercanía entre tanto no se erigiere en tal distrito yglesis y Obispado o por nuestro mandado se aplique a otro por vía de cercanía. Los dichos límites así del dicho obis¬pado y diócesis como lo que se aplicare por vía de cercanía, se señalen, distingan y declaren por los términos, linderos, límites, señales más claros y conocidos que se le puedan dar, de manera que no quede ocasión ni causa de pleitos y cuestiones sobre dichos límites” (Esto mismo principio de demarcación hállase en las Leyes de Indias, Ley II, Lib, 1, Tit. VII, (Ley dada en Toledo el 20 de febrero de 1534): “Los límites señalados a cada uno de los Obispados de nuestras Indias son quince le¬guas de término en contorno por todas partes, que comiencen a. contarse en cada Obispado desde el pueblo donde estuvie¬re la Iglesia Catedral y la demás tierra que media entre los límites de un Obispado y otro, se parte por medio, y cada uno tiene su mitad por cercanía, y hecha la partición en esta forma entran con la cabecera que cupiere a cada uno, sus sujetos, aunque estén en límites de otro Obispado. Rogamos y encargamos a los Prelados de nuestras Indias que guarden sus límites y distritos señalados, como hoy los tienen, sin hacer novedad; y en cuanto a las nuevas divi¬siones y limites, se execute lo susodicho donde Nos no proveyeramos otra cosa”.).

De acuerdo con estos principios y no olvidando que el Óbispado de la Asunción tenía, según la disposición trans¬cripta, quince leguas de distrito en el Chaco, el límite entre los Obispados de Charcas y del Paraguay sería la lí¬nea bisectriz trazada entre las cabezas de cada Obispado; pero como la ley mencionada establecía que para evitar pleitos y cuestiones los límites debían señalarse siguiendo los términos y linderos más claros y conocidos, resulta un he¬cho indiscutible que los límites entre los Obispados de la Asunción y de Charcas, primero, y de la Asunción y de San¬ta Cruz, después, no podían ser otros que la cordillera del Sunsas por el Norte y el río Parapití y los primeros contra fuertes andinos, por el Oeste (Cf. las claras y decisivas demostraciones de Raúl del Pozo Cano en El Chaco Paraguayo y el Vaticano (Asunción, 1927), pp. 21 - 23, y de Efraím Cardozo, en El Chaco en el Régimen de las Intendencias, pp. 84 - 88.).

Los mapas de Joaquín Alós, Tadeo Haenke, del Arzobis¬pado de la Plata, del Obispado de Santa Cruz de la Sierra y el deslindo de los Obispados de Charcas y de San Lorenzo de la Barranca, fijan la jurisdicción de la Intendencia y Obispado de Santa Cruz de la Sierra en los contrafuertes andinos y en el río Parapití (Cf. Raúl, del Pozo Cano, El Chaco Paraguayo y el —Vaticano, pp. 24—33. Véase, como complemento, El Chaco Boreal en la historia y en nuestros días, por Leopoldo y Lo¬renzo Ramos Giménez (Buenos Aires, 1934), passim).

En efecto: en el Mapa del Arzobispado de la Plata que se conserva en el Museo Británico de Londres, con el número 17671 d.d., hallase una leyenda que entre otros datos históricos y geográficos expresa que el Arzobispado de la Plata confina con el Oriente con los indios chiriguanos” que, como se sabe, habitaban en los contrafuertes andinos; y el Nuevo mapa del Obispado de Santa Cruz de la Sierra, posterior al año 1768 y dedicado a D. Manuel de Amat y Juniet (original en el Museo Británico, número 17671 A.A.) “sólo hace avanzar el Obispado de Santa Cruz hasta el paralelo 20° en la parte que más se interna hacia el Sur, y eso porque, por un error llevé a esa latitud el Río Guapay en su gran curva hacia el Occidente y coloca a la misma altura la cordillera que separa el Chaco del país de los Chiquitos. Corregido el pequeño error de latitud del cual nadie estaba libre en aquellos tiempos tenemos que el limité Sur del Obispado de Santa Cruz no es otro que el límite Norte del Chaco paraguayo”.

“Luego, ni el Arzobispado de Charcas o La “Plata ni él de Santa Cruz de la Sierra, nada tenían que ver con el Chaco y, por consiguiente, las Intendencias altoperuanas tampoco lo incluían dentro de su distrito y demarcación” (Cf. Raúl del Pozo Cano, El Chaco Paraguayo y el Va¬ticano, pp. 42 - 45).

S I N T E S I S

El Obispado de Santa Cruz de la Sierra, con sede en San Lorenzo de la Barranca, fué creada en el año 1609. Hallábanse bajo su jurisdicción las tierras de la gobernación de Santa Cruz; pero no los indios del Chaco, pues para convertirlos los jesuitas tuvieron que pedir autorización a la Audiencia de Charcas, la cual tuvo que dirigirse al gobernador del Paraguay encomendándole que facilitase dicha predicación.

Las misiones de los jesuitas tenían un carácter interprovincial y no se ajustaban a los límites de las gobernaciones. Sin embargo, las misiones de chiquitos no pasaban por el Nor¬te arriba del paralelo 16° de Latitud Sud, en que se hallaba el pueblo de San Javier, ni por el Sud abajo del 20° o 19° 30’, en que se encontraba el de San Ignacio de Zamucos. De Este a Oeste dichas misiones iban desde donde terminan las tierras ocupadas por los guaycurú, hasta la jurisdicción de Santa Cruz de la Sierra. Más adelante se agregaron a las misiones de chiguites las de los chiriguano que en la cordillera de su nombre tocaban por el Sud el río Pilcomayo, al Oeste del meridiano 63° de Longitud Oeste de Greenwich. De esto modo las misiones de chiquitos podía decirse que iban desde el río Paraguay, al cual se aproximaban por el Norte, arriba del paralelo 16°, al río Pilcomayo, al Oeste del Meridiano 63°. Este arco inmenso ceñía toda la amplitud del Chaco que pertenecía exclusivamente al Paraguay.

A mediados del siglo XVIII, con motivo de un proceso que se inició a los jesuitas por no pagar los tributos que les correspondía, el P. Rico solicitó del Monarca que las misiones de chiquitos, consistentes en los siete pueblos cuya situación extrema ya conocemos, y que para mayor claridad en lo referente a su ubicación situó “entre los ríos Pilcomayo y Paraguay, desde las vecindades de Santa Cruz de la Sierra”, fuesen numeradas por algún Ministro de la Audiencia de Charcas. El Rey accedió a ello en 1743, sin aludir a los límites que a las misiones de chiquitos había señalado el P.Rico y sin constituir, por tanto, ningún título como se ha pretendido erróneamente capaz de demostrar que todo el Chaco pertenecía a la gobernación y Obispado de Santa Cruz de la Sierra.

Teóricamente, los límites del Obispado de Santa Cruz habrían terminado en el Chaco, a la mitad de la distancia que separaba las ciudades de San Lorenzo sede del Obispado de Santa Cruz y de la Asunción sede del Obispado del Paraguay; pero en la práctica, de acuerdo con lo que establecían las Leyes de Indias, ambos Obispados debían separarse por medio de límites naturales y estos no podían ser más que el río Parapití, lo cual se confirma con el hecho de que, en efecto; en dicho río terminaba la Intendencia de Santa Cruz y allí hacían fenecer los límites del Obispado cruceño los mapas de esa región.

El Obispado de Santa Cruz tenía, pués, un amplio distrito; pero no se extendía al Chaco, el cual dependía del Obispado del Paraguay.


Capítulo VII

LA INTENDENCIA DE SANTA CRUZ DE LA SIERRA


El día 12 de agosto del año 1761 fué segregado del Vi¬rreinato del Río de la Plata compuesto por las Provincias de Buenos Aires, Paraguay, Tucumán, Potosí, Santa Cruz de la Sierra y Charcas (La Real Cédula que creó el Virreinato del Río de la Plata hállase en Víctor M. Maurtua, Juicio de límites entre el Perú y Bolivia, t. 1.).

El 5 de agosto de 1777 se establecieron dentro del Vi¬rreinato del Río de la Plata los gobiernos militares de Mo¬jos y Chiquitos encomendados a los gobernadores Don Ignacio Flores y Don Juan Bartolomé Verdugo.

En una cédula de la misma fecha remitida al Obispo de Santa Cruz de la Sierra se le participaba la creación de los gobierno militares de Mojos y Chiquitos, los cuales es¬taban “sujetos al Presidente y Audiencia de Charcas, para el orden gradual de los recursos y demás asuntos que por su gravedad e importancia piden su conocimiento, y al gobernador de esa Provincia de Santa Cruz de la Sierra en lo militar por ahora”. En cuanto a lo temporal, el Rey le expresa¬ba al Obispo que había dirigido sus reales resoluciones para “que os respeten, veneren y obedezcan como a su perlado superior que sois de aquellos países...”.

En otros términos: los gobiernos militares de Mojos y Chiquitos estuvieron dentro del distrito territorial del Obispado de Santa Cruz de la Sierra desde el momento en que fueron creados (Efraim Cardozo, El Chaco en el régimen de las Intendencias, p. 15.).

El 27 de octubre de 1777 el Virreinato quedó definiti¬vamente instituido con la agregación de los territorios de Mendoza y San Juan de Pico.

Por último, el 28 de enero de 1782 fué promulgada en Valladolid la Real Ordenanza para el establecimiento e ins¬trucción de Intendentes de Exercito y Provincia en el Virreinato de Buenos Aires.

El artículo 1 de la Real Ordenanza de Intendentes establecía lo siguiente:

“A fin de que mi Real voluntad tenga su pronto y debi¬do efecto, mando se divida por ahora en ocho Intendencias el distrito de aquel Virreynato, y en que en lo sucesivo se en tienda por una sola Provincia e territorio o demarcación de cada Intendencia con el nombro do la ciudad o villa que hubiere de ser su capital y en que habrá de residir el Intendente,.quedando los que en la actualidad se titulan Pro¬vincias, con la denominación de Partidos y conservando és¬tos el nombre que tienen aquellos.

“Será una de dichas Intendencias la General de Exercitos y Provincias, que ya se halla establecida en la capital de Buenos Aires, y su distrito privativo todo el de aquel Obispado. Las siete restantes que han de crearse, serán solo de Provincia; y se habrá de establecer una en la Asunción del Paraguay, que comprenderá todo el territorio de aquel Obispado; otra en la ciudad de San Miguel de Tucumán, debiendo sor su distrito todo el Obispado de este nombre; otra en la ciudad de Santa Cruz de la Sierra, que será comprensiva del territorio de su Obispado; otra en la ciudad de la Paz, que tendrá por distrito todo el del Obispado del mismo nombre, y además las Provincias de Lampa, Carabaya y Azángara; otra en la ciudad de Mendoza que ha de comprender todo el territorio de su corregimiento, en que se incluye toda la Provincia de Cuyo; otra en la ciudad de la Plata, cuyo distrito será el del Arzobispado de Charcas, excepto la Villa de Poto¬sí con todo el territorio de la Provincia de Porco en que es¬tá situada y los de Chayanta y Charcas, Atacama, Lipez, Chichas y Tarija; pues estas cinco Provincias han de componer el distrito privativo de la restante Intendencia que ha de situar se en la expresada villa, y tenor unida la superintendencia de aquella Real Casa de Moneda, la de sus Minas y Mitas, y la del Banco de Rexcates con lo demás correspondiente. Y las ex¬presadas demarcaciones se especificarán respectivamente en los títulos que se expidieren a los nuevos Intendentes que yo elija; pues me reservo nombrar siempre y por el tiempo de mi voluntad para estos empleos, personas de acreditado zelo, ho¬nor, integridad y conducta, como que descargaré en ello mis cuidados, sometiendo al suyo el inmediato gobierno y protección de mis pueblos”.

Cada Intendencia debía tener como límites los que correspondían a su Obispado. Los límites de la Intendencia de San¬ta Cruz correspondieron a los de su Obispado y dentro de ellos ya sabemos que se hallaban los gobiernos militares de Mojos y Chiquitos.

Estos gobiernos fueron suprimidos en el artículo VI de la Ordenanza de Intendentes (“Los gobiernos políticos y militares de las Provincias del Paraguay, Tucumán y Santa Cruz de la Sierra, y el corregimiento de la de Buenos Aires, que ha de crearse, y los de La Paz, Mendoza, La Plata y Potosí, han de ir precisa y respectivamente unidos a las Intendencias que establezco en dichas Provincias...”); pero otra Real Ordenanza fe¬chada del 5 de agosto de 1783 los declaró subsistentes (El artículo VII de la Ordenanza de Intendentes de 1782 establecía lo siguiente: “Los demás Corregimientos y Go¬biernos políticos de todo el referido Virreinato (a excepción del de Montevideo y del de los treinta pueblos de Misiones de Yndios Guaraníes, que le tiene unido al militar) han de dar extinguidos conforme vayan vacando, o cumpliendo el término de cinco años los provistos en ellos...”. La nueva Real Ordenanza de Intendentes del 1783 modificaba el párrafo anterior del siguiente modo; “La excepción contenida en el artículo VII de la enunciada ordenanza de Intendentes con objeto a que subsistan el gobierno de Montevideo y el de los treinta Pueblos de Indios Guaraníes, ha de ser y entenderse comprehensiva i¬gualmente de los otros dos Gobiernos de Mojos y Chiquitos respecto de serles común la circunstancia que en aquellos motivó la dicha excepción y consiguientemente deberán también subsistir”.). Al mismo tiempo, el artículo IV de esta Ordenanza separó el distrito de Cochabamba del de La Plata y lo agregó a Santa Cruz, siendo declarada Cochabamba capital de la Intendencia (Véase las Otras modificaciones de la Real Ordenanza de Intendentes que por el momento no nos es necesario recordar, en El Chaco en el régimen de las Intendencias, de Efraim Cardozo, pp. 16 - 17).

La Intendencia de Santa Cruz de la Sierra no pasaba por el Este al Oriente del río Parapití, lo mismo que en tiempos de Andrés Manso y Nufrio de Chaves. Pruébase ello con la propia declaración del Intentende de Santa Cruz, Don Francisco de Viedma, el cual informaba el 15 de enero de 1788 en una memoria presentada al Virrey que el río Parapití “es de San Migúel de Chiquitos y antiguamente se denominaba de Condorillo y es hasta donde llega el distrito de Santa Cruz de la Sierra por el término que le asignó el señor Virrey de este Reyno del Perú, don García Hurtado de Mendoza, Marqués de Cañete, su fecha en la ciudad de Los Reyes a dos de octubre de 1592.”

Estos mismos términos fueron repetidos por Viedma en otro informe del 2 de mayo de 1793, presentado al Virrey Arredondo, en que se lee:

“Está situada esta Provincia (de Santa Cruz), en la zona tórrida, en los 48° 19’ y los 53° 45’ de longitud del Pico de Tenerife y los 16° 38’ y los 20° de latitud sur..... Confina por el norte con terrenos incógnitos; por el sur con el gobierno o la intendencia de la Plata (Charcas). Por el Oeste con el gobierno o intendencia de la Paz y por el Este con el Río Parapití o de San Miguel de los Chiquitos que la divide de la Provincia de este nombre y aparta de los terrenos que llaman del Gran Chaco”.

La intendencia de Santa Cruz limitaba, pues, por el Este, con el río Parapití que la dividía del Gran Chaco y, por el Noroeste, de la Provincia de Chiquitos, la cual, no obstante, como sabemos, formaba parte de la misma intendencia.

En 1794, el 26 de abril, el Virrey Arredondo estableció que Santa Cruz de la Sierra tenía derecho a las misio¬nes fundadas o por fundarse “desde el Piray hasta el Parapití” y el Rey de España confirmó esta declaración en 1797..

El fallo del Virrey Arredondo se produjo con motivo de haber penetrado en la jurisdicción de Santa Cruz el subdelegado y jueces del Partido de la Laguna, de la Intendencia de Charcas, creyendo que caían dentro de su distrito las reducciones de Nazavi, Ygmiry, Tacurú y Saypurú, situadas en la cordillera de los chiriguano. El Intendente Francisco de Viedma presentó el 5 de mayo de 1790 una reclama¬ción en que hacía constar que “por el señalamiento de tér¬minos de la fundación de la ciudad de Santa Cruz, del Exc¬mo. Señor Virrey Don García Hurtado de Mendoza, resulta que los límites asignados se extendían hasta el río Condorillo que hoy se denomina el Parapítí; estando dichas poblaciones y demás terrenos que disputa el Subdelegado dentro de estos confinas, está visto el exceso con que se procede en este asunto” (Cf. para las transcripciones de Francisco de Viedma. El Chaco Paraguayo y el Vaticano, por Raúl del Pozo Cano, pp. 29 - 33. Véase también, la Descripción geográfica y estadística de Santa Cruz de la Sierra, por Francisco de Viedma, del 15 de enero de 1788, en la Colección de Pedro de Angelis , t. II, Complétese con Efraim Cardozo, El Chaco y los Virreyes, pp. 183 - 87. En otra Relación remitida por Francisco de Viedma con fecha 12 de noviembre de 1802, repetía que la ciudad de Oroposa, en el Valle de Cochabamba, confinaba “por el Este con el río Parapití o de San Miguel de Chiquitos”.).

La Real Ordenanza de Intendentes del 23 de septiembre de 1803 en su artículo IV volvió a establecer que “en el Virreynato de Buenos Aires han de subsistir sus actuales Inten¬dencias de Paraguay, Córdoba del Tucumán, Salta, Cochabamba (Santa Cruz), la Plata y Potosí...”

Cada Intendencia, como es sabido, tenía los límites de su Obispado.

En 1810 la Intendencia de Cochabamba abarcaba la jurisdicción del Obispado de Santa Cruz de la Sierra y de ella dependían también los gobiernos militares de Mojos y Chiquitos, los cuales se hallaban dentro del Obispado de Santa Cruz,

Las demás intendencias que pasaron a constituir la actual República de Bolivia eran las de la ciudad de La Paz, con los límites de su Obispado y el distrito de Chucuito; la de la ciudad de La Plata, con los límites del Arzobispado de Charcas que se extendía también sobre la Intendencia de Poto¬sí, y la de esta ciudad de Potosí, sujeta al Arzobispado de Charcas y formada por las provincias de Porco, Chayanta o Charcas, Atacama, Lípez y Chicha.

El Paraguay estaba constituido por la Intendencia do su nombre, una de cuyas cuatro ciudades Asunción extendía su ju¬risdicción y la de su Obispado, desde su fundación, cien leguas a su derredor, sobre casi todo cl Chaco.

En cuanto a Santa Cruz de la Sierra ya sabemos que par¬tía sus límites con el Paraguay en el río Parapití.

SINTESIS.

La Intendencia de Santa Cruz de la Sierra fué institui¬da el 28 de enero de 1782 dentro del Virreinato del Río de la Plata.

La Intendencia de Santa Cruz tenía como límites los de su Obispado el cual se extendía también sobre los gobiernos militares de Mojos y Chiquitos. Estos gobiernos hallábanse sujetos al gobernador de Santa Cruz en lo militar y a la Audiencia de Charcas en lo referente a la justicia.

En 1783 el distrito de Cochabamba fué separado de la Intendencia de La Plata y agregado a la de Santa Cruz, Cochabamba fué declarada entonces capital de esta Intendencia.

Los límites de Santa Cruz de la Sierra abarcaban, por lo tanto, los de esta Intendencia y de los gobiernos militares de Mojos y Chiquitos.


Al igual que en el siglo XVI, Santa Cruz de la Sierra se extendía, aproximadamente desde el paralelo 16° 38’ de Latitud Sud, al Norte, al 20° de la misma Latitud, al Sud, y desde el meridiano 58° de longitud Oeste de Greenwich, al Esto, al 64° de la misma Longitud, al Oeste.

La Provincia de los Mojos corría al Norte del paralelo 16° de Latitud Sud y llegaba, por el Norte, hasta el río Guaporé, entre los 12° y 13° de Latitud Sud. Chiquitos se extendía al Sudeste de los Mojos; por el Sud no pasaba del paralelo 20° y por el Esto, de las tierras ocupadas por los guaycurú, sin llegar al río Paraguay. Los Mojos confinaban por el Oeste con las misiones de Apolobamba, mediando el río Beni, y por el Sudoeste, con la cordillera y la provin¬cia de Cochabamba, hasta que esta provincia también se agregó a Santa Cruz de la Sierra.

El Chaco pertenecía al Paraguay desde el río de este nombre al Parapití.

Segunda Parte
Capítulo I

LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA EN SANTA CRUZ
DE LA SIERRA

Las ideas revolucionarias que comenzaron a gestarse en el Río de la Plata en el año 1805, antes de las invasiones inglesas, y que progresaron tan rápidamente en los años subsiguientes, tuvieron un eco en Santa Cruz de la Sierra en 1809, pues el 15 de agosto de ese año se descubrió en Santa Cruz una conspiración para establecer un plan de gobierno semejante a los de Chuquisaca y La Paz. El movimiento fué sofocado y once negros fueron remitidos a la Audiencia de Charcas con la acusación de haber intentado “matar al Reverendo Obispo y a los españoles de la ciudad”.

Producidos en Buenos Aires los sucesos del 25 de mayo de 1810, llegaron a Santa Cruz los delegados bonaerenses Don Eustaquio Moldes, capitán argentino, y Don Juan Manuel Lemoine, chuqisaqueño, los cuales, en compañía del cruceño Doctor Don Antonio Vicente Seoane, Don Melchor Guzmán Quitán, llegado de Cochabamba, Don José Salvatierra, el cura Don José Andrés Salvatierra y el teniente coronel Don Antonio Suárez, segundo jefe de las guarniciones de cordillera proclamaron la Independencia el 24 de septiembre de 1810.

El Cabildo abierto depuso al subdelegado Doctor Don Pedro José Toledo, que no había querido plegarse al movimiento, y nombró su Presidente al Doctor Don Antonio Vicente Seoane.

El teniente coronel Don Antonio Suárez fué designado comandante de las fuerzas. Don Eustaquio Moldes se dirigió como agente a hacer propaganda en la Cordillera; pero el cura Salvatierra se le había adelantado logrando un pronunciamiento en el fortín de Membiray, donde tenía a sus órdenes trescientos hombros y cien neófitos. Entretanto, el teniente coronel Don José Miguel Becerra, que en los primeros momentos no se había plegado a la revolución, retirándose a su estancia de Pirití, se presentó en Cochabamba ante el coronel Francisco Rivero, representante del nuevo gobierno, a ponerse a las órdenes de los revolucionarios.

Santa Cruz de la Sierra y el partido de los Mojos se adhirieron a la Junta de Buenos Aires reconociendo su supremacia; pero el 30 de junio de 1811 el general español Goyeneche violó el armisticio de cuarenta días pactado con Castelli y dispersó en Huaqui al ejército argentino, lo cual representó para Buenos Aires la pérdida del alto Perú, ganado poco antes con la batalla de Suipacha (7 de noviem¬bre de 1810). La noticia del triunfo español en Huaqui dió nuevos ánimos a los realistas y el coronel Don José Miguel Becerra se levantó en la cordillera. Por este tiempo, Don Juan Manuel Lemoine había sido enviado como gobernador a Chiquitos; pero la última victoria de los realistas, mandados por el general Pezuela, sobre el general Rondeau, en Sipe-Sipe, el 28 de noviembre de 1815, y la sumisión de Cochabamba, entregaron por segunda vez el alto Perú al domi¬nio español.

En Santa Cruz la situación era un tanto distinta. El general Goyeneche, investido de amplios poderes, nombró al coronel Don José Miguel Becerra gobernador intendente y capitán general de la Provincia de Santa Cruz, erigida en Intendencia independiente de la de Cochabamba. Becerra, ayudado por el comandante Alburquerque, que con fuerzas brasileñas había entrado en Chiquitos y en la cordillera penetró en Santa Cruz en agosto o septiembre de 1811 e inició en seguida una serie de condenas y castigos consistentes en hacer cortar las orejas a muchos patriotas. El Doctor Don Antonio Vicente Sooane fué condenado a muerte y luego a presidido; pero él logró huir a Yungas donde se hallaba el guerrillero Lanza. El cura Don José Andrés Salvatierra fué acusado de malversación de fondos, cargo injusto del cual fué absuelto; pero se le confiscaron sus, bienes e inició otro juicio por “alta traición”. Afortunadamente pudo huir con Seoane.

Desde Santa Cruz emprendió por esto tiempo una expedición sobre Cochabamba el coronel realista Don Antonio Alvarez de Sotomayor y el coronel Hiuici destruyó totalmente el pueblo de Pucará a su paso por el partido de ValleGrande rumbo a Cocha¬bamba.

Las victorias de Belgrano sobre Pío Tristán, en Tucumán, el 24 de septiembre de 1812, y en Salta, el 20 de febrero de 1813, reanimaron a los patriotas cruceños los cuales, con la ayuda del coronel Don Antonio Suárez, lograron nuevamente proclamar la Independencia y nombrar diputados al Congreso Gene¬ral Constituyente de Buenos Aires al Coronel Suárez y a Don Pedro Urtubey. El coronel Don José Miguel Becerra se fugó al Brasil tal vez el 18 de marzo de 1813.

Desde Potosí, el general Belgrano despachó a Santa Cruz al coronel argentino Don Ignacio Warnes, nombrándole goberna¬dor de la Provincia, al comandante Don Saturnino Salazar, también argentino, y al oficial cruceño Don José Manuel Mercado. Salazar y Morcado reunieron en Santa Cruz y en ValleGrande un buen número de cruceños que tomaron parte en las batallas de Vilcapugio (1° de octubre de 1813) y ayohuma (26 de noviembre del mismo año) que fueron desastrosos para Belgrano y de¬jaron la frontera argentina a la defensa de los gauchos de Güemes.

Los triunfos de los realistas sobre Belgrano determinaron al General Pezuela a enviar a Santa Cruz de la Sierra al coronel Don Manuél Joaquín Blanco con ochocientos hombres para reducir esa provincia. Blanco se encontró en San Pedrillo, el 4 de febrero de 1814, con el coronel Juan Antonio Alvarez de Arenales, nombrado por Belgrano gobernador de Cochabamba en Potosí el 6 de septiembre de 1833. El encuentro, no fué ventajoso para Arenales, quien se retiró al Partido de la Cordi¬llera, en la misión de Abapó.

Poco después, en el campamento de Cabezas, Arenales emprendió la reorganización de su ejército. “Con el salitre de Santa Cruz refiere José Evaristo Uriburu en su Historia del General Arenales fabricó pólvora en gran escala, artículo del que también fué provisto Warnes en buena cantidad; los peder¬nales para los fusiles de chispa de la época se labraron en número suficiente para satisfacer a las necesidades de ambas divisiones; se fundieron balas, la lanilla e hilo de acarreto sirvió para hacer cartuchos; en las suelas de la región se ha halló un excelente material para correajes, mochillas, etc. por último uniformes para la tropa fueron confeccionados con las telas, sempiterna y barragón, adquirida por fray Justo y forrados con tucuyo provisto por las hilanderías locales; pa¬ra la ropa interior, de que carecían los soldados, se utilizó el pienso de Cochabamba”.

“La actividad de Arenales crecía en proporción a los inconvenientes con que tropezaba; era necesaria una tarraja para hacer tornillos con que ajustar las llaves de los fusiles, y no habiéndola conseguido por ninguna parte, puso sus oficiales a picar limas hasta fabricarla; en otra ocasión viendo que, escaseaba el forraje para las çaballadas que se habían reunido y que era indispensable tener a mano siguiera parte de ellas para ejercitar la tropa montada, ordenó dividirlas en tres trozos, uno quedaba de servicio durante un tiempo prudencial, mientras a los otros dos los hacía pastorear a la ronda, es decir bajo vigilancia en campos adecuados aunque distantes del cuartel general, con este sistema de rotación o turno pudo mantenerlas en buen estado, sin que se resintiese la instrucción de la caballería” (José Evaristo Uriburu, Historia dcl General Arenal les, Londres, 1927 (segunda edición), t. 1, pp. 112 - 113.).

Warnes entretanto fortificaba los desfiladeros de la Sierra y destruía los caminos para que Blanco no lograse entrar en Santa Cruz; pero el coronel español entró fácilmente en la ciudad a mediados de mayo de 1814.

Warnes, abandonado por gran parte de su gente, tuvo que reunirse con Arenales, el cual se preparó en seguida para la defensa .

En Santa Cruz, Blanco amenazó saquear la ciudad y no lo hizo gracias a la señora Manuela Velazco, a quien se llamó “La patriota”, que generosamente pagó ella sola la contribución exigida por el coronel español, Luego, Blanco dejó en Santa Cruz trescientos hombres a las órdenes del teniente coronel Udaeta y salió en busca de Warnes y Arenales. Este¬lo atrajo hasta el lugar de Pezuelos y el riacho Piray y en las proximidades del pueblo de La Florida consiguió derrotarlo con sus novecientos hombres, en una brillante batalla, el 25 de mayo de 1814. Blanco murió en el combate y además perdieron la vida más de doscientos setenta españoles, hubo ochenta y nueve heridos y ciento noventa y tres prisioneros Arenales, que con un solo acompañante había salido en persecución de un grupo de realistas fugitivos, fué herido muy gravemente.

Warnes entró en Santa Cruz abandonada por el teniente Udaeta y Arenales fué ascendido a general. Unos años después, el 13 de julio de 1821, en Buenos Aires se dió a la antigua calle de Unquera el nombre de La Florida.

“Con el triunfo de La Florida escribe José Evaristo Uriburu quedó asegurada la libertad de Santa Cruz, y lo que es más importante aún como se verá más adelante, determinó la inmediata evacuación de las provincias bajas argentinas por el ejército de Pezuela que se retiró a Suipacha” (José Evaristo Uriburu, ob, cit,, p. 143).

El carácter áspero de Warnes y otros motivos de políti¬ca lugareña, decidieron al general Rondeau a substituirlo con el coronel Don Santiago Carreras, del ejército argentino. Carreras gobernó un tiempo, pero se malquistó con el escuadrón de los Pardos y fué muerto de un tiro en la Casa de Gobierno, en noviembre de 1815 Warnes, que se hallaba en Chiquitos, volvió a Santa Cruz y los doce oficiales argentinos que habían acompañado a Carreras se retiraron en señal de protes¬ta, incorporándose nuevamente a su ejército,

La expedición de Warnes a Chiquitos había tenido buenos ¬rsultados, pues mientras Carreras gobernaba en Santa Cruz, Warnes había derrotado completamente en la estancia de Santa Bárbara, a cuatro leguas de San Rafael, capital de Chiquitos, a las fuerzas de Udaeta y del gobernador Altolaguirre. Según el parte de la batalla firmado por Warnes el 14 de octubre de 1815, los realistas habían perdidp más de trescientos hombres. El gobernador Altolaguirre había muerto y el teniente coronel Don Francisco Udaeta tuvo que huir al Brasil.

Después de estos hechos, poco conocidos en Cochabamba, eÍ general Pezuela despachó el 6 de diciembre de 1815 al teniente coronel Don Francisco Javier de Aguilera a Santa Cruz. Aguilera llegó a Valle Grande, pero tuvo que regresar a defender Chuquisaca, atacada por Padilla, al cual logró vencer y matar, y luego se dirigió con mil seiscientos hombres en con¬tra de Warnes.

La batalla tuvo lugar en la vega del riachuelo del Pary (goteras de Santa Cruz) el 21 de noviembre de 1866. Las fuer¬zas patriotas vencieron en un principio a las realistas y el coronel Don José Manuel Mercado persiguió con la caballería cinco leguas a los españoles hasta Pejis, pero al regresar por la tarde comprobó que Warnes había muerto y que sus tropas habían sido dispersadas. Mercado se retiró a la Cordille¬ra con unos trescientos cincuenta hombros y apenas pudo dar parte de la batalla al cuartel general de Tucumán desde Abapó el 2 de abril de 1817 “No les quedaban, pues, a los españoles escribía Don Dómaso do Uriburu otro enemigo en estas provincias que les causase inquietud, sino Warnes; y a la verdad que este jefe era uno do los más respetables de cuantos sostenían la causa de la revolución en este país, aislados y abandonados a sus propios recursos y valor, pues, aunque él ciñese sus operaciones en los cuatro años que mandaba la provincia de Santa Cruz de la Sierra, a la conservación de esta provincia, sin esperar a mayores ventajas; sus conocimientos militares, la organización y disciplina de sus tropas, el gran ascendiente que tenía en los habitantes de esta provincia, rodeada de impenetrables bosques y asperezas, lo hacían formidable y digno de llamar la más seria atención de parte de sus enemigos”.

Despejados éstos de los caudillos de menos nombradía que habían destruido, contrajeron toda su atención a Warnes, destinando a atacarlo un fuerte cuerpo de ejército a las órdenes del coronel don Francisco Aguilera, nativo de Santa Cruz de la Sierra, y práctico en toda ella, que sirviendo en el ejército español desde los principios de su carrera militar, había adquirido fama de valiente y experto guerrero. Marchó este jefe con sus tropas sin obstáculo alguno hasta las cer canías de la ciudad, adonde encontró a Warnes situado en un paraje llamado el Pan, que cubría sus avenidas. Empeñóse desde luego un encarnizado combate, en que tuvo las mayores ventajas este jefe, destruyendo y arrollando la mayor parte de las fuerzas españolas, y ya llegaba el lance de una decisiva victoria que con el mayor ardor, denuedo y bizarría apuraba personalmente Warnes, cuando en la confusión y alga¬zara de un cheque a la bayoneta, fué cogido, prisionero y muerto en el instante por los españoles, que a favor de es¬te singular suceso, y de la oportuna carga de su reserva, que se había extraviado y apareció entonces en el campo de batalla, consiguieron y arrancaron de mano de sus enemigos un triunfo, de que ya éstos estaban casi en posesión. Sin embargo, les costó carísimo, y sus laureles empapados en sangre, se mancharon además, con las crueles y sangrientas ejecuciones, con que el bárbaro Aguilera pretendió extinguir el patriótico heroísmo de sus nobles paisanos (Memorias de Démaso de Uriburu, 1749-1857, publicadas con un Prólogo y notas por José Evaristo Uriburu, Buenos Aires, 1924, p. 160). Warnes había nacido en Buenos Aires en 1770.).

Aguilera en Santa Cruz puso la cabeza de Warnes sobre una picota, en el lugar donde últimamente se le ha erigido un monumento, y luego hizo fusilar a más de novecientas personas, en su mayoría hombres y mujeres cruceños. Después tuve que defendorse de los ataques que constantemente lo lle¬vaban los guerrilleros Nogales, Mercado, Vaca, Rocha y Saa¬vedra. El 9 de noviembre de 1817 varios de ellos llegaron hasta la misma plaza de Santa Cruz. El 22 de abril de 1822, fué muerto en San Pedro, capital de los Mojos, el gobernador realista coronel Don Francisco Javier Velazco. Aguilera corrió a pacificar la revuelta y trasladó la capital de los Mojos a la población de la Trinidad. Al mismo tiempo Aguilera se declaró partidario del absolutismo, en contra de los otros españoles que defendían el constitucionalismo, lo cual fué muy beneficioso para la causa de los patriotas. Estas divisiones y el entusiasmo que por todas partes despertaban las noticias de los triunfos de Junín y Ayacucho y el pronunciamiento de Cochabamba el 14 de enero de 1825, deci¬dieron a los mismos oficiales de Aguilera a proclamarse en favor de la Independencia y tomarlo preso el 26 de enero.

Valle Grande y Santa Cruz de la Sierra se pronunciaron definitivamente por la Independencia el 12 y 14 de febrero del mismo año de 1825 Hemos redactado el presento capítulo siguiendo en primer término la clara síntesis que acerca de Paginas His¬tóricas. La guerra de la Independencia en Santa Cruz (Santa Cruz, 1928, pp. 24) escribió el Dr. Plácido Molina M., cru¬ceño, y las obras del Dr. José Evaristo Uriburu citadas en notas anteriores. Pueden consultarse, además, las Historias de San Martín y de Belgrano, del General Bartolomé Mitre, las Memorias del General Paz, La Revolución de la Intenden¬cia de La Paz, por el Dr. Manuel María Pinto, los Documentos inéditos publicados por Adolfo Durán, y los siguientes estudios del Dr. Plácido Molina N,: Documentos para la his toria de Santa Cruz, Santa Cruz en la Guerra de la Independencia (1910), La guerra de la Independencia en Mojos (1913), Estudios Históricos: D. Ignacio Warnes (1914), La geografía y la historia del Oriente de Bolivia (1925), Sobre la historia de Valle Grande (1926), Historia de la Gobernación de Santa Cruz de la Sierra (en preparación en 1928), Historia del Obispado de Santa Cruz (idem) y Biografías de hombres célebres del Oriente Boliviano (idem). Respecto a Belgrano es insubstituible la obra del Doctor Mario Belgrano (Buenos Aires, 1927, - 332 pp.) Cf. por último J. Mariano Durán Canelas, Historia de la Independencia de Santa Cruz, Durán Canelas es autor, así mismo, de varias obras teatrales patrióticas referentes al Coronel Ignacio Warnes.).

Santa Cruz de la Sierra había luchado por la Independen¬cia al igual que las demás Provincias del antiguo Virreinato del Río de la Plata; pero con recursos propios, sin ayuda ninguna de lo que hoy es Bolivia y bajo la dirección principal de jefes argentinos.

Sólo le faltaba entonces decidir su Independencia absoluta o su incorporación a los gobiernos de Buenos Aires o del Alto Perú.

SINTESIS

La guerra de la Independencia en Santa Cruz de la Sierra duró quince años y ella fué organizada y dirigida por delega¬do s y jefes argentinos y por patriotas cruceños. Desde los comienzos de la Revolución hasta su triunfo definitivo, argentinos y cruceños fraternizaron y combatieron juntos en todo mo¬mento por el mismo ideal.

Las Provincias del alto Perú no contribuyeron en lo más mínimo a la Independencia de Santa Cruz de la Sierra, la cual se basté siempre a sí misma y ayudé eficazmente al triunfo de la causa común.

Entre los nombres de los jefes argentinos que tuvieron gran actuación en Santa Cruz, debemos recordar los de Eustaquio Moldes, delegado de Buenos Aires para fomentar la Revolución, de Ignacio Warnes, gobernador de la Provincia, que mu¬rió defendiendo Santa Cruz, de su comandante Saturnino Salazar, del coronel Juan Antonio Alvarez de Arenales, nacido en España, pero incorporado al ejército argentino, que obtuvo para Santa Cruz sus más grandes victorias, del coronel Santiago Carreras, que gobernó también un tiempo en Santa Cruz, y de otros oficiales que secundaron a los jefes mencionados. Los patriotas cruceños que más se destacaron en la lucha de la Independencia fueron Antonio Vicente Seoane, José y Jo¬sé Andrés Salvatierra, el coronel Antonio Suárez, Pedro Damián Urtubey, José Manuel Morcado, Doña Manuela Velasco y los gue¬rrilleros Vaca, Rocha y Saavedra,

Santa Cruz de la Sierra fué una gobernación netamente paraguaya durante la colonia, por sus orígenes raciales y políticos y por su situación geográfica.

Durante las luchas de la Independencia, Santa Cruz sintióse fraternalmente ligada a la Argentina a causa de sus gober¬nadores y jefes militares argentinos. Bolivia estuvo en todo tiempo separada de Santa Cruz de la Sierra por medio de barreras raciales, geográficas, históricas, políticas y militares.

La anexión de Santa Cruz a la actual República de Bo¬livia fué obra de un grave error político cometido por el general Antonio José de Sucre que el Libertador Simón Bolívar censuró duramente.

 

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