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Capítulo II
LA ANEXION DE SANTA CRUZ A LA REPUBLICA DE BOLIVIA

La República de Bolivia se creó debido a un error del Mariscal de Ayacucho, Don Antonio José de Sucre, que censuró el Libertador, Don Simón Bolívar.

Este punto histórico, de una importancia transcendental en la historia de América, ha sido aclarado a la perfección por el Dr. Efraim Cardozo en un estudio hecho sobro la base de los documentos originales emanados del propio Bolívar y del mismo Sucre (Efraim Cardozo, El Chaco en el Régimen de las Intendencias. La creación de Bolivia. Prólogo del Dr. Eusebio Aya la (Asunción, 1934), pp. 103 - 158. Vicente Lecuna, Documentos referentes a la creación de Bolivia. Mandados a publicar por el gobierno del General Juan Vicente Gómez, con motivo del centenario de la batalla de Ayacucho.).

He aquí la verdad sobre la creación de Bolivia:

En 1810 la Audiencia de Charcas, de acuerdo con lo establecido por las Leyes de Indias, abarcaba las siguientes Provincias:

Las Provincias de los Charcas, el Callao, la Provincia de Sangabana, la Provincia de Carabaya, la Provincia de Juries, la Provincia de Diaguitas, la Provincia de Mojos, la Provincia de Chunchos y la Provincia de Santa Cruz de la Sierra (La Ley IX, Tít. XV, Lib. II establecía lo siguiente: “En la ciudad de la Plata, de la Nueva Toledo, provincia de Charcas, en el Perú, resida otra nuestra Audiencia y Chancillería Real con un Presidente, cinco oidores que también se¬an Alcaldes del crimen, un Fiscal, un Alguacil mayor, un Tenionte de gran Chanciller, y los demás Ministros y Oficiales necesarios, la cual tenga por Distrito la Provincia de los Charcas, y todo el Callao, desde el pueblo de Ayabirí, por elcamino de Hurcosuyo; desde el pueblo de Asillo, por el camino de Humasuyo; desde Atucana, por el camino de Arequipa, hacia la parte de los Charcas inclusive, con las provincias de Sangabana, Carabaya, Luríes y Dieiguitas; Moyos y Chunchos y Santa Cruz de la Sierra, partiendo términos: por el Septentrión, con la Real Audiencia de Lima y provincias no descubiertas; por el Mediodía, con la Real Audiencia de Chile, y por el Levante y poniente, con los dos mares del Nor¬te y del Sur, y línea de demarcación entre las coronas de los Reinos de Castilla Portugal, por la parte de la provin¬cia de Santa Cruz del Brasil. Todos los cuales dichos términos sean y se entiendan, conforme a la Ley XIII que trata de la fundación y erección de la Real Audiencia de la Trinidad, puerto de Buenos Aires, porque nuestra voluntad es que la dicha Ley se guarde, cumpla y ejecute precisa y puntual¬mente.
La Ley XIII, Tít. II, Lib. III que erigía la Audiencia de Buenos Aires, decía:
“En la ciudad de la Trinidad, Puerto de Buenos Aires, resida otra nuestra Audiencia General; tres oidores, que también sean alcaldes del crimen; un Fiscal; un Alguacil Mayor, un Teniente de Gran Chanciller y los demás Ministros y Oficiales cielos y tenga por distrito todas las ciudades, villas y lugares y tierra que se comprendo en las provincias del Río de la Plata, Paraguay y Tucumán, no embargante que hasta ahora hayan estado debajo del distrito y jurisdicción de la de los Charcas, por cuanto los desagregamos y separamos de ella para esto efecto; y la jurisdicción se ha de entender de todo lo que al presente esté pacífico y poblado en las di¬chas tres provincias, y de lo que se redujere, pacificare y poblare en ellas...”.).


Después de la batalla de Ayacucho, en que el general Su¬cre derrotó a los realistas españoles el 9 de diciembre de 1824, Sucre escribía al Ministro de La Guerra, el 15 de diciembre de 1825, que no tenía “ninguna instrucción del Libertador respecto de la conducta que se deba observar en las provincias del alto Perú”, y el 23 del mismo mes repetía que esperaba que Bolívar le dijese “cuál es su resolución y su sistema respecto de aquellas provincias que no sabemos a quien han de pertene¬cer, según la incertidumbre de cosas que hay allí”.

Bolívar, en efecto, no sabía qué destino dar al alto Pe¬rú. El 18 de febrero de 1825 antes de conocer el decreto, al cual nos referiremos más adelante, del general Sucre decía al general Santander lo siguiente:

“Yo piense irme dentro de diez o doce días al alto Perú a desembrollar aquel caos de intereses complicados que exigen absolutamente mi presencia. El alto Perú pertenece de derecho al Río de la Plata, de hecho a España, de voluntad a la independencia de sus hijos que quieren su estado aparte, y de pretensión pertenece al Perú que lo ha poseído antes y lo quiere ahora. Entregarlo al Río de la Plata es entregarle al gobierno de la anarquía ... Entregarlo al Perú es una violación del derecho público que hemos establecido, y formar una nueva república, como los habitantes le desean, es una innovación de que yo no me quiero encargar y que sólo pertenece a una asamblea de americanos”.

Pocos días antes de escribir Bolívar las líneas que anteceden, Sucre promulgó en La Paz, el 9 de febrero de 1825 el decreto que originó la independencia de Bolivia, convocando a una gran asamblea que “deliberará sobre los destinos de las provincias”.

Cuando Bolívar conoció en Lima el decreto de Sucre, estalló en un ataque de protesta. El 21 de febrero escribió a Su¬cre en términos duros y, entre otras observaciones, lo decía:

“Ni Usted ni yo, ni el congreso mismo del Perú, ni el de Colombia, podemos romper y violar la base del derecho público que tenemos reconocido en América. Esta base es que los go¬biernos republicanos se fundan entre les límites de los anti¬guos virreinatos, capitanías generales o presidencias, como la de Chile. El alto Perú es una dependencia de Virreynato de Buenos Aires, dependencia inmediata como la de Quito de Santa Fe. Chile, aunque era dependencia del Perú, ya estaba separa¬da del Perú, algunos años antes de la revolución, como Guate¬mala de la Nueva España. Así es que ambos a dos, de estas presidencias han podido ser independientes de sus antiguos Virreynatos; pero Quito, ni Charcas pueden serlo en justicia, a menos que por un convenio entre partes, por resultado de una guerra o de un congreso, se logre entablar y concluir un tratado. Según dice Usted piensa convocar una asamblea de dichas provincias. Desde luego la convocación misma es un acto de soberanía. Además, llamando Usted estas provincias a ejercer su soberanía, las separa de hecho de las demás provincias del Río de la Plata. Desde luego Usted logrará con dicha medida la desaprobación del Río de la Plata, del Perú y de Colombia misma que no puede ver, ni con indi¬ferencia siquiera, que Usted rompa los derechos que tenemos a la presidencia de Quito, por antiguos límites del antiguo virreynato. Por supuesto, Buenos Aires tendrá mucha justicia, y al Perú no puede ser agradable que con sus tropas se haga una operación política, sin consultarle siquiera”.

Sucre lamentó infinito las palabras de Bolívar y el mismo día que recibió la carta anterior, el 4 de abril de 1825, despachó dos notas a Bolívar, en la primera de las cuales le decía:

“Hace una hora que he recibido la carta de Usted del 21 de febrero. Ella me ha- dado un gran disgusto, poro no con Usted, sino conmigo mismo que soy tan simple que doy lu¬gar a tales sentimientos. Este disgusto es lo que Usted me habla en cuanto a las provincias del alto Perú, respecto de las cuales he cometido un error tan involuntario, que mi solo objeto fué cumplir las intenciones de Usted...”.

Bolívar contestó a Sucre desde Nazca el 26 de abril de 1825. Hablábale largamente y decíale:

“Mi posición pública es la conciencia de mis operaciones públicas. Por lo mismo no sé todavía lo que me tocará hacer con ese alto Perú, porque la voluntad legal del pueblo es mi soberana y mi ley. Cuando los cuerpos legales deciden de la suerte del alto Perú, entonces yo sabré cuál es mi deber y cual la marcha que yo seguiré...”

Sin embargo, las complicaciones que temía Bolívar no se produjeron. El alto Perú no interesaba a nadie: ni a las provincias Unidas del Río de la Plata, ni al Perú. En la Argentina se desdeñaba la agregación de las provincias altas, con las cuales existían desde antiguo odios y rivalidades. Fuera de la Intendencia de Santa Cruz de la Sierra, paraguaya de origen, en la cual habían gobernado y luchado en contra de los realistas, jefes argentinos, las demás Inten¬dencias habían manifestado repetidas veces hasta al mismo general Sucre, como muy bien él lo sabía, su antipatía a la Confederación Argentina. Es por ello que Juan Gregorio de Las Heras, en representación del Poder Ejecutivo Nacional Argentino, autorizó “al señor coronel mayor don Juan Antonio Alvarez de Arenales, gobernador y capitán general de la provincia de Salta con fecha 8 de febrero de 1825 para que ajuste las convenciones que crea necesarias con el jefe o jefes que mandan las fuerzas españolas que ocupan las dichas cuatro provincias hasta del Desaguadero, o con las personas que fuesen igualmente autorizadas por ellos, sobre las bases de que éstas han de quedar en la más completa libertad para que acuerden lo que más convenga a sus intereses y gobiernos ...”.

Las Heras, de acuerdo con la orden recibida, escribió a Sucre desde Suipacha, el 12 de abril de 1825, comunicándole que su gobierno le había ordenado que “por vía de la fuerza o de convenciones con el jefe o jefes españoles, colocase es¬tas provincias en aptitud de pronunciarse libremente sobre sus intereses y gobiernos, contribuyendo cuando esté de mi parte a evitarlos los horrores de la anarquía que han sido la plaga desoladora de la mayor parte de los pueblos de Sud Amé¬rica”.

En cuanto al Perú, el Congreso había resuelto el 23 de febrero que “si verificada la demarcación, según el artículo constitucional, resultaren las provincias altas separadas de esta República, el gobierno a quien pertenecieron indemnizará al Perú los costos causados en emanciparlas”.

Simón Bolívar quedaba, pues, en completa libertad para hacer ejecutar sin temores de ninguna especie el decreto de Sucre y por lo tanto promulgó en Arequipa, el 16 de mayo de 1825, un decreto en que ordenaba que “las provincias del alto Perú, antes españolas, se reunirán conforme al decreto del gran mariscal de Ayacucho, en una asamblea general para expresar libremente en ella su voluntad sobre sus intereses y gobierno, conforme al desee del poder ejecutivo de las provincias unidas del Río de la Plata y de las mismas dichas provincias”.

La promulgación de este decreto fué hacha a la fuerza, por obligarlo así las circunstancias sin que el Libertador hubiese tenido nunca la idea de crear la República de-Bolivia. El mismo lo declaró un día antes de promulgar el decreto anterior, en carta a Sucre, He aquí algunos de sus términos:

“Esta representación de parte del general Arenales, me ha decidido a dar el decreto que acompaño, para que se cumpla y se ponga en ejecución inmediatamente. Usted verá por él que concilio todo lo que es conciliable entro intereses y extremos opuestos. No creo que de ningún modo me puedan culpar los pretendientes al alto Perú, porque sostengo, por una parte, el decreto del congreso peruano y adhiero, por otra a la voluntad del gobierno de Buenos Aires. Por supuesto dejo en li¬bertad al alto Perú para que exprese libremente su voluntad. A pesar de todo esto, estoy cierto que todos quedarán disgus¬tados, porque no hago más que paliar, o más bien, neutralizar las diferentes medidas que cada uno quería adoptar; porque entre partos contendientes los juicios quo más participan de la equidad, son los que menos se agradecen, porque son los que menos se agradecen, porque son los que menos satisfacen a las dos partes. Diré a Usted de una vez mi pensamiento: Yo no ha¬bría dado jamás este decreto, si las cosas no hubiesen llega¬do al catado en que se encuentran; mas como mi poder no es retroactivo, me ha sido imposible dejar de obrar de este modo. Los sentimientos de Usted con los míos concuerdan de un modo tan maravilloso que no puedo menos de confesar a Usted que yo hubiera deseado que Usted diese el paso que dió, para dejar en amplia libertad a esas provincias, cuyas cadenas acaban de romper; también quería yo cumplir con mi deber, no haciendo mas que obedecer a los que han dado la autoridad que ejerzo; autoridad que yo no debo contrariar en nada, aunque sus decisiones sean opuestas a las reglas más liberales de la política. No debo dejar de declarar a Usted francamente, que yo no me creo autorizado para dar este decreto y que solamente la fuerza de las circunstancias me lo arrancaron, por no dejar mal puesta la conducta de Usted, por complacer al alto Perú, por acceder al Río de la Plata, por mostrar la liberalidad del congreso del Perú y por poner a cubierto mi repu¬tación de diamante, a la soberanía popular y a las institu¬ciones libres...”

Los últimos temores de Bolívar desaparecieron cuando conoció el decreto que dió el Poder Ejecutivo Nacional Argentino el 9 de mayo de 1825, renunciando a incorporarse las cuatro provincias alto peruanas que de derecho pertenecían a las Provincias Unidas del Río de la Plata. El decreto en cuestión, entre otros artículos establecía que “las invita¬ciones de que habla el artículo anterior (de Antonio José de Sucre) y las instrucciones que la legación reciba del supremo poder ejecutivo, reconocerán por base que aunque las cuatro provincias han pertenecido siempre a este estado, es la voluntad del congreso general constituyente que ellas queden en plena libertad para disponer de su suerte, según crea convenir mejor a sus intereses y a su felicidad”.

Cuando Bolívar, conoció el decreto dado en Buenos Aires, escribió el 28 de junio al general Santander, lleno de extrañeza y de alegría, estos párrafos harto elocuentes por todo lo que explican y lo que encierran:

“Es muy raro lo que sucede en el alto Perú: él quiere ser independiente y todo el mundo lo quiere dejar con la independencia. Sucre y yo, por nuestra parte, hemos hecho lo justo, y los dos congresos del Perú y Buenos Aires hacen lo mismo. De todo esto estoy sumamente contento porque me dará facilidades para quedar bien con todo el mundo”.

La asamblea que debía promulgar la Independencia del alto Perú se inauguró el 10 de julio. A ella no concurrieron por cierto delegados de todas las provincias que habían constituido la antigua Audiencia de Charcas, sino simplemente los delegados de las Intendencias del alto Perú: Charcas, Potosí, La Paz y Cochabamba.

Santa Cruz de la Sierra, que poco antes había designa¬do sus diputados al Congreso General Constituyente de Buenos Aires al coronel Don Antonio Suárez y a Don Pedro Damián Urtubey, entrando, de este modo, a formar parte de la Confederación Argentina, no realizó ninguna asamblea para designar nuevos delegados al Congreso de Chuquisaca; pero en esta ciudad los representantes alto peruanos, a efecto de incluir dentro de la nueva República también a Santa Cruz de la Sierra, reconocieron cono representante de este distrito al Doctor Antonio Vicente Secano, y como representante de Valle Grande, al Doctor Vicente Caballero.

Es un hecho indiscutido que Santa Cruz de la Sierra no estuvo legalmente representada en el Congreso que declaró la Independencia de Bolivia.

La proclamación de la Independencia se hizo antes de que llegaran a Santa Cruz los pliegos por los cuales se in¬vitaba a esta Intendencia a nombrar sus representantes. Conociendo las simpatías del pueblo cruceño por el Paraguay y por la Argentina, no sabemos qué actitud habrían asumido los pobladores cruceños convocados a una asamblea para decidir su incorporación a una nueva república a la cual no se hallaban ligados ni por lazos históricos, ni raciales, ni políticos.

La anexión de Santa Cruz a la República de Bolivia se hi¬zo sin contar con la voluntad del pueblo cruceño, como resul¬tado de un acto subrepticio, de un verdadero fraude.

El Gobierno militar de Chiquitos tampoco debió formar parte de, la República de Bolivia. No sólo no se halló representado en el Congreso de Chuquisaca que proclamó la Independencia de Bolivia, sino que en abril de 1825 se anexó solemnemente al Imperio del Brasil.

El gobernador provisorio de Matto Grosso comunicó al Emperador Don Pedro I la anexión de Chiquitos al Brasil el 15 de abril de 1825 y el 30 del mismo mes remitió al Emperador la copia auténtica de la anexión, Sin embargo Don Pedro I, por temor de enemistarse con Bolívar, no aceptó la incorporación a su Imperio de Chiquitos y reprendió al gobernador provisorio de Matto Grosso por haberla permitido (Cf. Raúl del Pozo Cano, Santa Cruz de la Sierra, pp. 30 - 31. He aquí la resolución imperial: “Resolución del 13 de agosto de 1825: Llegó a la presencia de Su Magostad el oficio del Gobierno Provisorio de la Provincia de Matto Grosso de 30 de abril de este año, con el del Gobernador de la Provincia de Chiquitos, acompañado de la copia auténtica del acto solemne de la reunión de la dicha Provincia de Chiquitos al Imperio del Brasil, anteriormente anunciada en oficio de quince del mismo mes, y aun extrañando Su Magestad, por la Repartición de los negocios extranjeros, con fecha del 6 del corriente, el procedimiento do aquel gobierno en asunto de tan relevantes consecuencias. Manda por la Secretaría de Estado de los Nego¬cios del Imperio, desaprobar y declarar nulo el referido acto y participar nuevamente al Gobierno que le ha sido en extremo desagradable que ososo trasponer los límites de sus atribuciones por ignorar que esto negocio es, por su naturaleza, de la competencia exclusiva del Soberano y que tan mal supiese avaluar los sentimientos de su magnánimo corazón llegando a persuadirse que pudiera aprobar, sólo por ser útil, lo que es absolutamente contrario a los principios del Derecho público reconocidos por todas los naciones civilizadas, cuando por la feliz experiencia se conoce que es invariable guiado por los dictámenes más sanos de justicia y de política procurando el mayor bien a la nación que gobierna sin menoscabo de los derechos de las Otras, Y como la Cámara de la Ciudad de Matto Grosso, por haberse ingerido en la aprobación de aquella inconsiderada resolución incurrió también en el desagrado del mismo Augusto Señor tiene por bien Su Majestad que lo haga inmedia¬tamente constar remitiéndosele ésta por copia, para registrar se en el respectivo libro y conservarse allí la memoria de esta soberana resolución en tan importante y delicado negocio.
Palacio de Río de Janeiro en trece de agosto de mil ochocientos y veinticinco. (Raúl del Pozo Cano, Ob. oit, pp. 31 - 32.
El documento hállase traducido del portugués.).

Comprobamos, pues, de un modo terminante, que, al proclamarse la Independencia de Bolivia, el gobierno militar de Chiquitos se había anexado al Brasil y no tenía, por tanto, ninguna relación civil con las intendencias alto Peruanas, ni ninguna relación judicial con el tribunal de apelación de Charcas.

La anexión de Chiquitos a Bolivia es en definitiva aun más falsa que la de Santa Cruz.

La asamblea de Chuquisaca decretó el 6 de agosto de 1825 la Independencia de las provincias del alto Perú por medio de un acta que comienza “Lanzándose furioso el león de Iberia desde las columnas de Hércules hasta los Imperios de Moctezuma y de Atahualpa...”.

En esta misma acta se hace constar que “el mundo sabe que el alto Perú ha sido en el continente de América el ara donde se virtió la primera sangre de los libres y la tierra donde existe la tumba del ultimo de los tiranos; que Charcas, Potosí, Cochabamba, La Paz y Santa Cruz han hecho constantes esfuerzos para sacudir el yugo peninsular...”.

En efecto: el acta de la Independencia fué firmada por los representantes de las cuatro Intendencias alto pe¬ruanas y por los pseudo delegados de Santa Cruz, y no por los diputados de todas las provincias que habían integrado la antigua Audiencia de Charcas.

La actual República de Bolivia no heredó, pues, en ningún momento, los antiguos límites judiciales de la Audiencia de Charcas, que no podía, por ningún concepto, dar ori¬gen a ningún estado, pues nunca fué más que un tribunal judicial, reducido a Corte de Apelaciones por la Ordenanza de Intendentes.

Las Intendencias del alto Perú, dependientes del Vi¬rreinato de Buenos Aires, fueren las que originaron y die¬ron sus límites a la actual República de Bolivia, así como la Intendencia del Paraguay, también dependiente del Virreinato de Buenos Aires, dió origen a la actual República Pa¬raguaya.

Bolivia nació, pues, a la vida Independiente porque a sí lo permitió el gobierno de Buenos Aires que no tenía interés en anexarse unas provincias que, por múltiples razo¬nes, ni le interesaban ni le convenían.

Santa Cruz de la Sierra, independizada y gobernada por jefes argentinos, pasó a formar parte de la República de Bolivia sin consultar el voto de sus habitantes, por un acto sorpresivo, y Chiquitos fué anexado en contra de su voluntad, pues por si mismo hablase incorporado al Imperio del Brasil.

SINTESIS

La creación de Bolivia como República Independiente no estuvo nunca en el ánimo del Libertador Simón Bolívar. El mariscal de Ayacucho, Antonio José de Sucre, promulgó un decreto convocando a una asamblea general a las Inten¬dencias del alto Perú con el fin de que ellas decidieran su destino; pero esta resolución fué censurada duramente por el Libertador, y el propio Sucre reconoció, apenado, su grave error. Sin embargo, cuando Bolívar tuvo la certeza de que el Perú, por una parte, y las Provincias Unidas del Río de la Plata, por otra, no deseaban en ningún caso anexarse —las provincias o intendencias alto peruanas, muy a pesar suyo y “por no dejar mal puesta la conducta” de Sucre, promulgó otro decreto convocando a las Intendencias del alto Perú a una asamblea general A este asamblea no concurrieron por cierto todas las provincias que habían formado parte de la antigua Audiencia de Charcas, sino simplemente los delegados de la provincias o Intendencias de Charcas, de La Paz, de Potosí y de Cochabamba.

Santa Cruz no pudo resolver si debía anexarse a la nueva República de Bolivia y si debía enviar delegados o no debía hacerlo, porque la invitación a concurrir al Congreso dc Chuquisaca le llegó después de haberse celebrado la asamblea que decidió la creación de Bolivia, pero los abogados alto peruanos reconocieron como representantes de Santa Cruza dos diputados que no tenían ningún poder para ser considerados como tales. En cuanto al gobierno militar de Chiquitos, el 6 de agosto de 1825 en que se proclamó la Independencia de Bolivia, se había anexado al Brasil para no formar parte de la nueva República boliviana; pero al no aceptar su incorporación al Imperio Don Pedro I, fué anexado de hecho a Bolivia.

La República de Bolivia se formó, por lo tanto, sobre los límites de las Intendencias alto peruanas y no sobre los de la Audiencia de Charcas, que no pasaba de ser un tribunal de apelación sin ningún poder político.


Capítulo III

LA INDUSTRIA Y EL COMERCIO EN SANTA CRUZ DE LA SIERRA


Las principales industrias de Santa Cruz de la Sierra son la minera, la agrícola y forestal y la ganadera.

Sabese de la existencia y de la explotación en pequeña escala de minas de oro, hierro, plata, mica, estaño, plomo, manganeso, carbón de piedra, piedras calcáreas, yeso, tierras de color, alumbro y azogue en San José de Chiquitos. Cerca de la misión de Yotaú, en las misiones de Guarayos, se descubrieron yacimientos de aluminio,

Las minas de petróleo son la más grande riqueza de San Cruz de la Sierra; pero ellas son explotados únicamente por la Standard Oil compañía norteamericana a cuyas influencias se atribuye en gran parte las causas de la guerra paraguayo-boliviana (Cf. El problema del petróleo y la guerra del Chaco, por el general Don Alonso Baldrich, con una Introducción de Enrique de Gandía, Publicóse en la Revista Americana de Buenos Aires, núm. 127, noviembre de 1934. Hay tirada aparte de 46 pp. Años antes de la guerra paraguayo-boliviana, Margaret A. Marsh escribía en Nuestros banqueros en Bolivia (edición de Madrid,, s.a. pp, 92 - 93): “La producción (del petróleo) es, naturalmente, un asunto del porvenir. Han de transcurrir lo menos cinco años antes de que pueda dar rendimiento, y aun pudiera aplazarse indefinidamente siendo los pozos producti¬vos descubiertos conservados para un abastecimiento futuro. Cuando comience la producción, el gran problema de la salida del petróleo habrá que afrontarlo y resolverlo. Los Andes crean una dificultad de transporte que hace imposible su sa¬lida para la meseta boliviana y el Pacífico.. Desde el momento en que es impracticable transportar en pipas el petróleo de Bolivia a través de las montañas, la única alternativa es construir una canalización de cientos de millas de longitud y un costo de varios millones de dólares, hasta el río Paraguay, donde el petróleo pudiera ser cargado en barcas y con¬ducido al Atlántico”, (Cf. también E. Davenport-Hard .Cooke S. R. The oil trusts and anglo-american relations, Nueva York, 1924, p. 235). Ahora se comprenderá por qué Bolivia desencadenó la guerra del Chaco con el fin de adueñarse de una inmensa zona a la cual nunca tuvo derecho, pero que necesitaba para poder exportar libremente el petróleo. “La causa única y exclusiva de esta guerra - dice Philip De Ronde en Para¬guay. El heroísmo de une pequeña nación. Los entretelones de la guerra entre Paraguay y Bolivia en el Gran Chaco (Buenos Aires,1935, p. 2.) es el explicable deseo y el firme propósi¬to que incita a un país, aislado por su posición geográfica, a buscar nuevamente su acceso al Océano.“ Respecto a la influencia de la Standard Oil en los orígenes de la guerra del Chaco, Philip De Ronde escribo en la p. 32: “El sonador Long atacó a la Standard Oil Company en junio de 1934 desde la Tribuna del Sonado Estadounidense, afirmando terminantemente que esta corporación era la principal culpable de la guerra y de haber favorecido la colocación en el mercado neyorquino del gran emprésito boliviano lanzado antes de los años de la depresión si bien la Standard lo ha negado con igual vehemencia y así cada cual juzgará lo que haya de verdad en ello”. Los diarios de toda América se han referido oportuna mente a las acusaciones del Senador Long, que creemos bien probadas y bien fundadas.).


Las aguas minero termales se encuentran en Charagua, Saigpuru, Santiago y San José de Chiquitos, Nufrio de Chaves y Va¬lle Grande.

Existían salinas en las lagunas de San José y Santiago de Chiquitos, en la de Abapó, en la Cordillera, y en el Beni las hay en Alto Chapare y San Borja.

La industria forestal es de las más ricas. El botánico cruceño Rafael Peña clasificó mas de setecientas ochenta plan¬tas; pero se conoce la existencia de un número muy superior,

Es inmensa la riqueza de maderas útiles para durmientes de ferrocarril, construcciones y ebanisterías. Asimismo son abundantes las plantas resinosas, textiles, curtientes, tintóreas, oleaginosas, medicinales, frutíferas y otras. Las frutas silvestres e importadas hállanse en gran cantidad. Entre los frutos aclimatados en Santa Cruz pueden mencionarse la naranja mandarina, el cocotero, el palto, el níspero, el mango, el olivo, el coco, el dátil y muchas otras frutas.

Entre los cereales se cultiva el arroz, que se ha generalizado también en el Beni, el trigo (en Valle Grande alcanza a sesenta mil arrobas); el maíz (se cosechan anualmente cuatro cientos veintisiete mil arrobas), los porotos, garbanzos, etc. que producen más de doscientas diez y siete mil arrobas.

No faltan las legumbres. Las papas, camotes, batatas, mandioca, etc. se cultivan sólo para el consumo interno.

El algodón se ha extendido bastante; pero no ha mejorado su clase desde el año 1870 en que el señor Miguel Suárez Arana trajo nuevas semillas del Perú. Sin embargo, el algodón permi¬te la fabricación de tejidos en los Mojos, Chiquitos, Guarayos y en la Cordillera: industria, esta última, que no se halla adelantada como podría estarlo,

La caña dulce, el café y el cacao se cultivan con éxito en”Santa Cruz; pero la falta de maquinarias para su elaboración y la dificultad de los transportes no permiten el desarrollo que podrían alcanzar las plantaciones.

La yerba mate y la coca se cultivan perfectamente eh muchas partes de Santa Cruz.

La uva se halla en los jardines y huertas y si existieran buenos medios de comunicación la industria vitivinícola tendría un gran incremento,

No escasean en Santa Cruz las plantas forrajeras y en es¬tos últimos años se ha comenzado a sembrar alfalfa y cebada.

La goma fué durante muchos años la industria más explota¬da en Santa Cruz y en el Beni. Ella trajo la fundación de puertos como Riberalta y Cobija. Al comienzo de la guerra europea del 1914 - 18 la explotación de la goma decayó rápidamente por las plantaciones de la India. Además de la goma se exploto el Caucho Peruano, ‘desaparecido en el Perú, el pelota guayanense, la mangaba garacia, el chicle, goma de mascar del árbol de Mururé, la guta percho y otras.

En Santa Cruz y en el Beni la industria ganadera ha decaído por las enfermedades y las inundaciones, El ganado caballar desapareció de Mojos y Chiquitos por una epizootía que vino de Matto Grosso en 1840. En estas regiones se uso el buey carao animal de carga y de silla; pero en Valle Grande y en la Cordillera se crían buenos caballos.

El ganado lanar tiene poca importancia, pero podría tener un buen porvenir.

Los guanacos existen a unas veinticinco leguas al Sud Este de Santa Cruz en estado salvaje. La apicultura y la fabricación de cera dura, en otros tiempos más desarrolladas, hoy en día no despiertan interés. La industria de los cue¬ros hállase bastante atrasada (Cf, el sintético, pero completo e interesante trabajo del Sr. Cristián Suárez Arana leído en la Sociedad de Estudios Geográficos e Históricos de Santa Cruz de la Sierra el 12 de marzo de 1923 y publicado en el Boletín de di¬cha Sociedad (año XIX, tono VI, núms. 22 y 23, diciembre de 1923, pp. 1 - 44) que mucho nos ha servido en las páginas que acabamos de escribir, Lo mismo decimos de la Guía del Oriente Boliviano, del Dr. Plácido Molina N. (Santa Cruz, 1912, t. 1, pp. 90) que hemos consultado con sumo provecho por las excelentes noticias que contiene y que es, a nuestro juicio, la mejor geografía que se ha escrito del departamento de Santa Cruz.),

Conforme habrá podido observarse, las industrias de Santa Cruz sólo atienden al consumo local. Hubo épocas en quo se exportaba azúcar, arroz y otros productos; pero hoy en día, por causas políticas, las industrias permanecen en es¬tado estacionario,

El cultivo de la caña de azúcar, maíz, arroz y mandio¬ca se hace a brazos humanos, en forma muy anticuada, a tal punto que casi no se usan arados y la caña se planta en ho¬yos que se van haciendo en el suelo con un punzón. El azúcar se elaboró en forma completamente primitiva, sin filtros, al aire libre, y se seca al sol.

La explotación del petróleo comenzó a principios del siglo XX. Desde los tiempos más remotos, los habitantes de los poblados de Santa Cruz se alumbraban con el Kerosen que recogían de las vertientes aceitosas. En el año 1917, el diputado por Santa Cruz Don Luís Lavadeuz formó una sociedad en compañía de los Señores Adolfo Gandarillas, Aquiles Jordán, Castor Franco y otros, la cual cedió sus derechos a la Com¬pañía norteamericana Richmond Levering, Esta envió a Santa Cruz a Mr. Claude Shepherd el cual comprobó junto con otros geólogos la existencia de petróleo desde el Pilcomayo al Yapacani,

El Sr. Lavadouz se estableció en Chile, donde parece que perdio su fortuna en acciones de bolsa. En cuanto a la Compañía Richmond Levering transfirió sus derechos a The Standard Oil Company of Bolivia, de Nueva, Jersey, el 25 de julio de 1922, por dos millones quinientos mil dólares, según unos autores, o según otros por doscientos mil dólares, en Nueva York, el 3 de marzo de 1921.

Los progresos de lo Standard Oil originaren durante el gobierno de Don Bautista Saavedra una legislación petrolera destinada a combatir a la Standard. De dos millones de hectá¬reas de pertenencias petrolíferas, la Standard quedóse con sólo un millón de hectáreas. Los Señores Iturralde, Pedro N. López y otros interpelaron al gobierno acerca de las actividades de la Standard, lo cual obligó a esta Compañía a mantener abogados bolivianos permanentes como los Señores Carlos Calvo, David Alvéstegui y otros.

La presión contra la Standard Oil aumentó durante el gobierno de Hernando Siles, muchos de cuyos Ministros dicese que recibieron coimas para no continuar sus ataques, Por último el gobierno de Daniel Salamanca formó la compañía nacional de petróleo llamada el Aguila Doble, la cual tuvo como funda¬dor y director al Sr. Casto Rojas.

Desde la caída de Siles, la Standard Oil había comenza¬do a retirar sus capitales de Bolivia, segura que el gobierno de Salamanca la suplantaría con el Aguila Doble; pero la gue¬rra con el Paraguay cambió totalmente el estado de cosas. El gobierno se alió a la Standard y el Sr. Casto Rojas se convirtió en su abogado después de haber sido su atacante.

La compañía nacional boliviana el Aguila Doble ha decaído totalmente frente a los nuevos progresos que ha hecho la Standard Oil, cuya ayuda bélica a Bolivia ha paralizado totalmente los ataques de que antes era objeto (Margarita Alexander Marsh, en Nuestros banqueros en Bolivia (edición española, Madrid,. s.a, pp. 84 - 96) hace una historia documentada de la industria del petróleo en Bolivia y de su explotación por las empresas norteamericanas que coincide, en síntesis, con los datos que, de otras fuentes, expo¬nemos en el texto. La obra de Margaret A. Marsh merece ser leída por quienes deseen enterarse de la situación absurda y ruinosa en que se encontraba Bolivia antes de su guerra con el Paraguay: Situación qué, como es natural, ahora hállase agravada inmensamente.).

Las vías de comunicación que unen la ciudad y la región de Santa Cruz de la Sierra con el resto del mundo, son cuatro: la vía del Norte que conduce a los ríos navegables del depar¬tamento del Beni y que se hace en carretas tiradas, por bueyes. El río Piray hay que navegarlo en canoa y batelones,y los ríos Mamoré y Guapay, en lanchones. La vía del Este: o del Oriente, hasta Puerto Suárez, sobre el río Paraguay. Hay que pasar por Roboré, San José, Puerto Pailas, etc. a lomo de buey, única cabalgadura capaz de cruzar los bañados del Tacua¬ral y el Quimonia. Son unas ciento treinta leguas de pantanos, médanos y desiertos boscosos, Abundan las tribus salvajes y es preciso ir en comitivas armadas. La vía del Sud, que condu¬ce a Yacuiba. Desde hace unos pocos años en la estación seca puede hacerse el viaje en automóviles. Por último queda la vía del Occidente que une Santa Cruz con Cochabamba. El trayecto dura diez días y debe hacerse en mulas,

Hasta hace poco existía un servicio aéreo postal y de pasajeros entre Santa Cruz y Yacuiba que recorría los mil kilómetros en siete horas.

A pesar del aislamiento en que se halla la provincia de Santa Cruz, hay compañías de transporte como la Zeller-Nozar, la Suárez hermanos y The Madeira-Namoré Trading Company que cuentan con vapores fluviales de hasta doscientas toneladas.

Por medio de estas compañías y tanto por la vía del Norte como por la de Puerto Suárez comerciábase hasta hace poco tiempo con Norte América, Europa y varias Repúblicas sudamericanas; pero los impuestos cada vez más crecientes que impone el gobierno de Bolivia han obligado a paralizar sus operaciones a las compañías The Madeira-Namoré Trading Company, Hirtuer y Compañía, Pedro Vega y otras. Aun subsisten la Zeller Nozar y Compañía, Schweister y Compañía y Elsner y Compañía que sólo vegetan en sus operaciones (Los datos que anteceden y los que siguen a continuación, excepto las citas de otros autores, nos fueron suministrados gentilmente por nuestro especial amigo el Doctor Don Carmelo Ortíz Taborga (hijo), patriota cruceño, emigrado en Salta y perseguido por el gobierno boliviano por sus activas campañas en favor de la Independencia de Santa Cruz de la Sierra. El Dr. Carmelo Ortíz Taborga, electo dos veces diputado por Santa Cruz y que no aceptó el mandato como nos escribió desde la Cordillera de Caacupé, el 26 de agosto de 1934, nuestro colega y amigo, el Dr. Juan E. O’Leary “por no formar parte de un Congreso boliviano”, puso a nuestra disposición su archivo particular en que se condensa la historia contemporánea de Santa Cruz de la Sierra desde el 1900 hasta la fecha, todo lo cual se lo agradecemos inmensamente por la buena ayuda que nos ha prestado. El Doctor Carmelo Ortíz Taborga ha llevado a cabo una importante obra de pro¬paganda en favor de la Independencia de su país y su nombre se halla desde ya inscripto en la historia de los antecedentes de la Independencia de Santa Cruz de la Sierra. Algún día se hará justicia a su desinterés, a sus sacrificios y a su patriotismo cruceño. Nos place señalar su nombre a los estudiosos argentinos para que no olviden que él es el for¬jador de una nueva nación Luchamos por el mismo ideal y no dudamos en lo más mínimo que algún día, tarde o temprano, Santa Cruz de la Sierra llegará a ser una República Independiente.).

La explotación de la goma elástica, a la cual nos hemos referido anteriormente, merece que la tratemos en párrafos aparte porque ella ya pertenece a la historia. Es una página grandiosa de la colonización americana que ha perma¬necido casi ignorada a los modernos historiadores, Para dar una idea de lo que ella fué transcribiremos unas páginas escritas por el Doctor Don Julio A. Gutiérrez, natural de Santa Cruz y ex Ministro de la República de Bolivia en Buenos Aires.

“Por el oro y la plata de Charcas venían los españoles, y oro verde y eterno, que no se acaba como el de las minas, encontraron en las verdes y fértiles planicies del Oriente; y oro puro, amarillo, con las imágenes de los reyes británicos, encontraron posteriormente sus descendientes; cuando vino el auge de la siringa”.

“Fué el momento de la fusión más íntima de cruceños y benianos; mejor dicho, del trasplante de medio Santa Cruz, a las regiones del Noroeste a propulsar la nueva riqueza boliviana, la goma fina da las selvas. Allí fueron desde hace más de medio siglo los héroes del trabajo ignorado que todavía no tie¬nen la estatua que debe erigirles la posteridad, la estatua que merece el esfuerzo anónimo del trabajador ‘infatigable que, abandonando el hogar, se internó bajo un clima mortífero, entre alimañas, ”fieras salvajes, pasando tenebrosas cachuelas, sufriendo todas las calamidades y privaciones de bosques tropicales milenarios que recibían la primera visita del hombre civilizado, sin que se amengue su carácter, sin que se aminore su entusiasmo.”

“Allí fueron los Mercado, los Vaca Díez, los Oyola, los Suárez, los Franco, los Roca, los Salvatierras, los Chávez, los Arteaga, los Rojas, los Vázquez, los Limpias, y tantos valientes sufridos y emprendedores hijos de Santa Cruz, que internados en miles de leguas de extensión, descubrieron la goma y la explotaron, fundando poblaciones hoy florecientes, creando núcleos de nacionalidad que más tarde habían de ser los baluartes de nues¬tra soberanía. Borrad de la historia del Beni y Noroeste el esfuerzo colonizador cruceño y desaparece el sustento efectivo de nuestro derecho territorial. Se sobrecoge el espíritu patriota al pensar que sin esa epopeya del trabajo los límites brasileños habrían avanzado hasta el corazón boliviano en 1903.” (Julio A. Gutiérrez, La grandiosa obra colonizadora de los cruceños. Artículo publicado en “El Diario” con motivo del aniversario de Santa Cruz, La Paz, 24 de septiembre de 1930, Folleto de 9 pp.)

“En 1910 llegó a su apogeo la industrie gomífera, para descender luego los precios y a los pocos años estar en plena cri¬sis, en honda declinación. Hasta ese año, según las estadísticas y cálculos bien ordenados, la migración cruceña al Beni había llegado a ochenta mil almas”.

La emigración cruceña hacia las márgenes del Bajo Beni, del Madre de Dios, el Yata y el Acre, afluentes del Madeira, tributario del Amazonas, comenzó a principios del siglo XX. Los buscadores del oro negro - o sea, el caucho - embarcaban en frágiles lanchones a remo, descendían por el río Piray, el Guapay, el Mamoré y cruzaban las “cachuelas” o tumbos del Mamoré antes de su confluencia con el Beni para formar el río Madera.

En las ”cachuelas” se ahogaron miles de cruceños y las terribles rompientes adquirieron pronto una triste fama.

La emigración a las tierras del Beni y del Acre no sólo se hacía por río, sino también pro tierra. Desde Salta y Tucumán salían grandes partidas de troperos que arreando sus mulas em¬pleaban en el viaje seis meses largos por caminos que se iban formando a medida que los hombres y las bestias avanzaban entre la selva.

En los comienzos, la explotación de la goma daba gran¬des ganancias. Cada arrobo se cotizaba en Mansos a ocho y diez libras y un mozo picador, por menos hábil que fuese, elevaroba siempre mas de diez kilos diarios que equivalían a ocho libros esterlinas.

Las familias cruceños se hallaban a menundo en el caso embarazoso de tener sólo libras esterlinas para hacer sus compras menudas y en los almacenes no había cambio porque todos no tenían más que libras.

En octubre de 1899 el partido liberal con el general aimará José Manuel Pando, Macario Pinilla y Serapio Ortíz desconocieron desde La Paz el gobierno constitucional de Severo Fernández Alonso y del cruceño Rafael Peña y degollaron a las fuerzas de Sucre en Ayo—Ayo, en la iglesia de la ciudad. La revolución triunfó por fin en Cosminí el 10 de abril de 1900 y la capital boliviana se trasladó de Sucre a La Paz.

En Santa Cruz la revolución federalista halló un ambiente favorable. Ella fué encabezada por el cura Federico Rodríguez, Angel María Justiniano, Próspero Gil, José Félix Camacho. Plácido Sánchez y otros, los cuales contribuyeron al triunfo del nuevo gobierno de La Paz,

La asamblea constituyente celebrada en Oruro no dió como resultado la esperada federación. La mayoría de los siete diputados cruceños y los benianos representados por los Doctoras Don Carmelo Ortíz Taborga (padre) y Don César Bello votaron por el sistema federal; pero triunfó la hegemonía paceña con Pando, Lucio Pérez Velazco, Aníbal Capribas e Ismael Montes.

Estabilizado el nuevo gobierno de La Paz, inició la explotación gomera en gran escala. El vice Presidente de la nación dedicóse al comercio de la goma, dictóse una inicua ley de enganche y las autoridades de Santa Cruz, hasta entonces cruceñas, fueron substituidas por empleados de La Paz.

El general Rosendo R. Rojas tuvo a su cargo la tarea de hacer apresar en las plazas y calles a los mozos e indí¬genas cruceños y entregarlos a los reenganchadores, los cuales los conducían encadenados, acollarados o con chalecos de fuerza en largas caravanas, a ser vendidos en el Acre, Furús, Madre de Dios y Yaverija.

Los hombres se vendían en cien libras esterlinas, y las mujeres, en cincuenta.

Como los hombres eran enganchados a viva fuerza, a fin de poder ser vendidos, llegaron a escasear, lo cual obligó también a los barraqueros cruceños a comprar gente para no dejar abandonados sus establecimientos.

Este comercio humano llevó aparejados los malos tratos a base de látigos, las continuas borracheras, las degeneraciones más infames y todo género de enfermedades.

Tal estado de cosas trajo como consecuencia en el año 1902 la proclamación de la Independencia de la República del Acre. Los revolucionarios acreanos, capitaneados por Don Plácido de Castro, declararon la guerra a Bolivia y a la Casa Suárez Hermanos, por rivalidad industrial y comercial. Don Nicolás Suárez con sus peonadas y algunas tropas que llegaron de Santa Cruz mandadas por el coronel cruceño Don Félix Lorenzo Orano, libró verdaderos batallas campales con los insurrectos, los cuales eran ayudados secretamente por el gobierno brasileño. Cuando se comprobó la intromisión brasile¬ña, el gobierno de Bolivia envió al Acre fuerzas de La Paz y de Oruro mandadas por el General Pando y el coronel Ismael Montes. Los ejércitos bolivianos llegaron debilitados por las fiebres tropicales; pero lograron la rendición de los revolucionarios en Puerto Alonso. Como resultado de estos sucesos, el go¬bierno de Bolivia pactó con el Brasil, mediante el tratado de Petrópolis, del año 1903, la venta del Acre por trescientas mil libras esterlinas y la construcción de un ferrocarril desde San Antonio a Guajoré Mirín (margen derecha del Mamoré). Este tra¬tado hizo perder a Bolivia sus derechos sobre la margen del río Paraguay desde el Juarú hasta Puerto Suárez. Bolivia sólo conservó derechos sobre las bahías que forma el río Paraguay, o sea, las de Mandioré, Gaiba y Cáceres (Este episodio, interesantísimo, de la historia contemporánea americana, cuyo desarrollo no entra en los límites de este libro y al cual sólo nos referimos como a una consecuencia de la lucha por la industria gomera, no tiene aún una historia detallada y documentada críticamente. Ciro Torres López, viajero argentino que recorrió esas regiones y publicó un ex tenso libro relatando sus andanzas con el título de Las maravillosas tierras del Acre (En la floresta amazónica de, Bolivia). (La Paz, 12 de noviembre de 1930, pp. 747) refiere que Don Ni¬colás Suárez, a quien conoció y cuya vida y persona nos describe, estaba por editar un libro en Barcelona con la historia de los sucesos del Acre; pero ignoramos si esta obra se publicó. Aquí, como curiosidad, vamos a transcribir el acta de Indepen¬dencia de la República dcl Acre, traducida del portugués, y otros documentos de los revolucionarios, que tomamos del libro del Sr. Torres López (pp. 262 - 267). He aquí el acta de Independencia de la República del Acre: “A los siete días del mes de agosto de 1902. En casa de residencia de los señores Falck y Viera, reunido debidamente el pueblo de Xapurí, para una reunión a fin de ser expuestos los motivos de la revolución por el se¬ñor doctor José Plácido de Castro, fué por este motivo aclamado presidente de la reunión el señor José Galdino de Asís Marinho, que en, seguida nombré para secretario al doctor Alvino dos Santos Pereira y abogado Manfredo Alvarez Alfonso. Concurrieron a esta reunión toda la mayoría de ciudadanos, todos como un solo hombre, animados de verdadero entusiasmo político por tan jus¬ta causa cuán necesaria actitud en que el Acre, bajo un dominio de verdadero desprestigio moral, arbitrariamente ejercido por individuos incapaces o ineptos en despertar en el corazón de los brasileños siquiera un átomo de simpatía. La independencia del Acre fué ampliamente discutida por algunos caballeros que tornaron la palabra. Después de un gran discurso del señor Plácido de Castro, con la elocuencia de acrisolado patriotismo hizo ver el fin de la revolución y apeló al alma, al criterio, a la reflexión, que debe adornarse como espíritu propio y correcto del brasileño. En seguida habló el doctor Alvino dos Santos Pereira, que en verdadero arrebato o inspiración desen¬volvió ideas dignas y altamente patrióticas sobre el carácter de los brasileños y la necesidad de una reacción a las arbitrariedades del gobierno boliviano del Acre; después siguióse con la palabra el doctor Manfredo Alvarez Alfonso, abun¬dando en las mismas ideas que las demostradas, con elocuen¬te verbosidad, habló en seguida el señor Gastón do Oliveira e interpretó perfectamente el patriotismo de los acreanos, como él mismo lo ha probado, colocándose al frente de las revoluciones del Acre. Al fin de los discursos fué clavada con la mayor solemnidad la bandera del Estado Independiente del Acre, siendo en seguida cerrada la sesión por el dignísimo señor Presidente y Secretario, que redactó y autorizó la presente acta, Firmas. Otro documento: “Xapuri, 20 de agosto de 1902, Al ciudadano Claudio Farfán y demás ciudadanos bolivianos residentes en el Alto Acre. Ciudadanos: No debéis ser extraños a los acontecimientos que últimamente se han producido en vuestra patria; por consiguiente habéis de tener leídas las cláusulas del arrendamiento hecho por vuestro gobierno a una compañía de aventureros. Deja de ser de esta forma la propia soberanía boliviana, que vuestro gobierno, con tan grande falta de escrúpulos, abrió la mano para cederlo eternamente ungido a una nación orgullosa y prepotente como los Estados Unidos; y el peligro común que dará grabado en el seno de la América del Sud. Las protestas del Brasil y del Perú, reforzadas por el apoyo de los otros países sudamericanos, principalmente de la Argentina y Chile, no conseguirán ninguna solución para esta transacción vergonzosa, contra la cual los bolivianos deberían ser los primeros en protestar en nombre de la soberanía de su patria. Nuestros siringales no consolidados (que son todos) quedaran, por el contrato, sujetos a tal compañía, y con ellos nuestras fortunas, el pan de nuestros hijos. Un vasto territorio y una grande población, entregados como viles esclavos a aventureros extranjeros. Un pacto que no podía pasar en silencio, debía levantar la nube de tamaño ultraje proferido en nuestra faz, haciendo ver todas las razones poderosas que exponemos; dígoles que los acreanos en masa, de una sola vez, por todas partes, levantarán la nube que el gobierno boliviano les tiró. La guerra, pues, está declara¬da, y enarbolamos la bandera de independencia, haciendo del Acre en que vivimos, un Estado independiente. A la sombra de su bandera podrán todos trabajar, prosperar, sin correr peligro do su vida e intereses entregados al sindicato extranjero, ni mandados por autoridades ebrias e incapaces. En Xapuri, como en los demás puntos del Acre, las autorida¬des bolivianas que han sido presas, están cercadas de todos los respetos, garantías y atenciones, como lo habéis de sa¬bor, por intermedio dc sus mismos patricios. Abrigarnos la idea de que los propietarios bolivianos, tan interesados como nosotros en la defensa del Acre contra el brutal asalto del sindicato extranjero, nos auxiliarán prestándonos su apoyo, o, por lo menos permaneciendo neutrales en la contienda. Como Jefe militar, no pensé hostilarnos en el mismo punto, pues si hubiese pensado, ya lo habría hecho; entretanto, la noticia que recibo del Alto Acre es que los señores propietarios boli¬vianos abandonaron sus propiedades, huyendo locamente para Bo¬livia. Este derramó alguna duda en mi ánimo, pues entiendo que una o dos: o huyen para no convenir con nuestras intenciones o para procurar organizarse para hacer alguna resistencia; es¬ta última hipótesis sería rematado locura. A los propietarios bolivianos hablo sin reserva. Al único a quien declaro guerra sin tregua es a los señores Nicolás Suárez y Compañía, porque lo reputo como nuestro enemigo natural y común. A los demás, si no tienen intenciones belicosas, los convido a vivir con nosotros a disfrutar en la vida de nuestro trabajo cada día, a gozar en esta floresta que hoy defendemos mas que ronco contra los ataques del sindicato y toda suerte de aventureros. Cualquiera que sea la nacionalidad a que pertenecieren los aventu¬reros, los formaremos resistencia defendiendo la bandera del recién nacido en la América del Sud, bandera que simbolizamos por una estrella que ha de ser nuestro farol que ilumine con su resplandor el comino político que ahora trazomos. Confiad en nuestras firmas, José Plácido de Castro”. La siguiente nota es el comunicado de la Independencia del Acre a la República Argentina: Trés honoré Monsieur Président de la Republique Argentine, Nous avons l’honneur de communiquer á votre Exc. que de date du 14 juillet ecoulé, nous assommons la charge de Président de l’Etat Indépendent de l’Acre, aclamation que nous fut conferée par los habitants de cette région delaissée par le gouvernement de la Bolivie. Nous appelons aux sentiments humanitaires quí ferons comprendre a V. E. l’actitude de notre sacrifice et aprecierons l’approvation du pays duquel votre Exc. est le trés illustre Président, reconaissant definitivement cette contrée comme Etat Indépendant de L’Acre. Nous présentons a votre Exc. l’assurence de notre respect et haute considération. Luís .Gálvez Rodrigues de Arias”.).


A Santa Cruz y el Beni no les correspondió ninguna parte de las trescientas mil libras esterlinas que el Brasil dió por el territorio del Acre. El capital se invirtió en la construcción de un ferrocarril de La Paz a Guaqui; pero es fama que el gobierno y los miembros del parlamento que votaron la venta del Acre se enriquecieron en ese tiempo.

El Sistema de enganche de cruceños siguió hasta el año 1908 en que la liga “Defensa Social”, de Santa Cruz, encabezada por el presbítero Don Andrés Velino Costos, se levantó contra el general Rosendo P. Rojas, prefecto de Santa Cruz, el cual tuvo que abandonar la región.

La enorme baja del precio de la goma por la competencia de las plantaciones que los ingleses iniciaron en el Indostaní hizo decaer y casi extinguir su explotación. La verdadera es¬clavitud blanca, indígena y negra que los barraqueros bolivianos habían implantado en el Acre y en el Beni esclavitud que llegaba a alturas dramáticos, inconcebible en tiempos modernos y en países civilizados llegó a su fin; pero aisladamente per¬dura todavía en muchas haciendas y plantaciones bolivianas.

Santa Cruz de la Sierra, que en el año 1900 contaba con más de treinta mil habitantes, en 1910 se había reducido a doce mil. Quebraron muchas casas comerciales y las fortunas de otros tiempos desaparecieron totalmente.

Hoy en día hay en Santa Cruz algunos grandes propietarios de estancias que se dedican a la explotación ganadera, como el Doctor Don Julio A, Gutiérrez y sus parientes.

Hemos visto en esta rápida síntesis do la industria y del comercio en Santa Cruz de la Sierra, que esta región, rica en petróleo, minerales, maderas y ganados, podria alcanzar una gran riqueza económica si contara con buenos caminos, con un ferrocarril, y si los impuestos y el mal gobierno de Bolivia no la mantuvieran, por causas políticas, en el estado de atraso en que se encuentra,

Es, entre otros motivos, por estas razones, que el pueblo cruceño siente la necesidad de su Independencia y lucha ardientemente por conseguirla (La Revista-Almanaque para 1918 editada por el Dr. Don Plácido Molina M. y que es de lamentar que no existan varias colecciones completas, contiene preciosos datos pa¬ra la historia contemporánea de Santa Cruz de la Sierra y del Beni. Así, por ejemplo, en el número correspondiente a marzo de 1918 se encuentra en una monografía sobre Riberalta. La servidumbre y sus contratos, el Acta de fundación de la Villa de Riberalta, del 20 de febrero de 1894, (La barraca que dió origen a la población fué establecida por el industrial gomero, beniano, Don Plácido Méndez, emplea¬do del cruceño Don Antenor Vázquez, el 3 de mayo de 1884). En el mismo número, pp. 7 - 11, hay una interesante historia de los orígenes y del desarrollo comercial de La Casa Suá¬rez Hermanos, que deberá consultarse atentamente cuando se escriba con minuciosidad la historia de estas regiones. En cuanto a los orígenes de la Navegación fluvial en los ríos del Beni, han sido perfectamente anotados en el número correspondiente al mes de abril de 1918, pp. 3 - 5.).

S I N T E S I S

Santa Cruz de la Sierra es una región rica en petróleo, en minas y en maderas. La agricultura está bastante extendida y la ganadería, por los buenos campos, podría tener un amplio desarrollo.

El petróleo es la riqueza más grande de Santa Cruz y su explotación ha tenido consecuencias políticas, algunas de ellas muy graves, sobro todo por las que se refieren a los orígenes de la guerra del Chaco.

La explotación de la goma elástica originé asimismo, en los primeros años de este siglo, la cuestión del Acre con un intento de independencia en esa región y la consiguiente venta de todas esas tierras, por parte de Bolivia al Brasil, en la suma de trescientas mil libras esterlinas y la promesa, aun incumplida, de la construcción de un fe¬rrocarril.

La industria del caucho el llamado oro negro al caer en manos del gobierno de Bolivia trajo con el sistema de los enganchos una verdadera esclavitud en las personas de los cruce¬ños y benianos que eran comprados y vendidos, sumidos en la degradación más profunda y muertos cuando intentaban violar sus contratos o huir a otras tierras para liberarse de las enferme¬dades y de la muerte segura que les esperaba.

La competencia de la goma inglesa de la India hizo decaer grandemente la explotación del caucho en Bolivia,

Santa Cruz, aislada del mundo por su falta de caminos y de ferrocarriles, no obstante ser una región muy extensa que podría alcanzar un grado de progreso superior al de Bolivia, permanece estancada y agotada por los impuestos y las exacciones del gobierno central boliviano y aspira, por lo tanto, a su justa y legitima Independencia a la cual tiene derecho por razones históricas, geográficas, raciales y políticas para lo¬grar la libertad y el bienestar económico que le corresponden.

 

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