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(16/02/2003) www.la-razon.com
 

LA NACIÓN CAMBA
Una propuesta provocadora

¿Quiénes son? ¿Qué buscan? ¿Cómo consiguen adherentes? ¿Cuál es su discurso? ¿Por qué participan los  collas? Su génesis, su presente y su futuro...

Maggy Talavera • Fotos: Selwyn Paniagua

Pabla entra asustada a la oficina 202 del edificio ubicado en el número 33 de la calle Seoane, a sólo tres cuadras de la plaza 24 de Septiembre, donde el Movimiento Autonomista Nación Camba ha instalado su sede. Tímidamente, aún parada al lado de la puerta de blindex, lanza una pregunta abierta, sin dirigirse de manera específica a ninguna de las tres personas que ocupan los escritorios instalados en la sala: “¿Qué hay que hacer para inscribirse?” “A ver, venga por acá señora”, le responde Guillermo Vene- gas y la invita a sentarse frente a él. Varios libros de registro, uno abierto, ocupan el escritorio de Guillermo, uno de los responsables de la inscripción de los adherentes al movimiento que surgió en Santa Cruz de la Sierra en febrero del 2001. “Sólo necesita fotocopia de su carné de identidad y dos fotos tamaño carné para inscribirse”, sigue detallando Guillermo, mientras Pabla saca su documento de una chaucherita que lleva apretada en la mano derecha.

Pabla respira con alivio. Lo único que ella quiere ahora es tener una parcela de tierra, mejor si es por la zona donde nació, para mejorar su vida. A sus 50 años, casada y madre de dos niños, no tiene ningún bien propio. Hace dos años que dejó San Julián, donde vivía con su madre y hermanos, para buscar mejor suerte en Santa Cruz de la Sierra. Pero no la encontró. Para sobrevivir, vende empanadas y horneado en las calles de la capital cruceña. Una publicidad de la Nación Camba anunciando gestiones para la dotación de tierra, vista en un canal de televisión, fue el gancho para llamar la atención y provocar el interés de Pabla en el movimiento. Su adhesión, por lo tanto, no tiene ningún condicionamiento ideológico ni político. La motiva el interés por llenar una carencia: la de poseer un bien que le garantice su sobrevivencia. Ni más ni menos que la demanda de otros miles de bolivianos, cruceños o no.

Pero no sólo personas como Pabla Cesarí han decidido aliarse a un movimiento que sigue provocando un debate cada vez más encendido entre una intelectualidad que lo defiende y otra que lo critica. En menos de 45 minutos, otras tres personas pasan por el escritorio de Guillermo Venegas, pidiendo su registro. Antes de Pabla, lo hace Raúl Aguilera, un joven de 21 años que salió bachiller el 2001. Después de Pabla, se inscribe Freddy Ortiz Nota, un estudiante de 23 años de la Universidad Católica Boliviana. Ninguno de los dos jóvenes lo hace por el interés de tener una parcela de tierra. “Yo apoyo la campaña de concienciación que hace la Nación Camba, para lograr que todos los que lleguen a esta región respeten su cultura y se ganen la vida trabajando, no avasallando”, dice Freddy. A él lo convenció un ex compañero de colegio, Julio César Tórrez, nada menos que el líder de juventudes de Nación Camba. Luego llega hasta la sede del movimiento Victoria Montaño, una cochabambina que vive en Santa Cruz hace más de 40 años, y también estampa su firma en el libro de inscripción. Menos expresiva que Pabla y Freddy, Victoria prefiere no contar los motivos que la llevan a inscribirse; aunque deja entrever que tiene razones para apoyar las demandas que sustenta el movimiento. “Santa Cruz me ha dado trabajo”, dice Victoria y después calla. “Usted va a pertenecer al Sindicato Los Andes”, le explica Venegas, y ella asiente. Sí, como se lee: Sindicato Los Andes de la Nación Camba. ¿Un contrasentido?, es la primera pregunta que surge al escuchar ese nombre.

Collas en la Nación Camba
Para los gestores del Movimiento Autonomista Nación Camba no es nada raro que uno de sus primeros seis sindicatos se llame Los Andes. En él están inscritos todos los adherentes a la Nación Camba, pero que han nacido en La Paz, Oruro, Potosí, Cochabamba o Chuquisaca. El Sindicato Los Andes comparte los mismos privilegios y obligaciones que tienen los de Cordillera, Ñuflo de Chávez, Andrés Ibáñez, Vallegrande y Amazonas, este último representativo de las personas nacidas en Beni, Pando y otros pueblos amazónicos, pero que viven en Santa Cruz. Por eso uno puede ver en los registros del movimiento nombres como el de Nicolás Colque Carrasco o el de Valentín Guarachi Huanca, que comparten con Beatriz Moreno Vidal la dirección del Sindicato Los Andes. Ellos coinciden en justificar su participación en la Nación Camba con el argumento de defender las demandas de una región que los acogió “sin problema” y les dio opciones de vida que no encontraron en sus propias regiones, y que ahora está “avasallada por gente que llega de repente y ya quiere tener tierra”, sin trabajar como ellos lo han hecho.

“Más collas podrían estar en la Nación Camba, pero muchos tienen miedo de que los rechacen”, dice Beatriz Moreno. Ella es, tal vez, una excepción. Nacida en La Paz, pero con toda una vida en Santa Cruz, habla, viste y actúa como una cruceña más. Como herencia colla reconoce el apego al trabajo y la resistencia para aguantar y superar obstáculos. Dirigente de Los Andes, Beatriz comparte con su esposo Oscar Justiniano Jiménez, beniano y secretario ejecutivo del Sindicato Amazonas, su adhesión militante a la Nación Camba. Los dos figuran entre los primeros afiliados que estamparon sus firmas en los libros abiertos en la plaza 24 de Septiembre el 2001. Hay más collas o hijos de collas que también apoyan el movimiento (como es el caso del abogado y periodista Arturo Mendívil, o el del dirigente de UCS Roberto Caballero); aunque muchos no lo hacen de manera militante, ni defendiendo conceptos y valores contenidos en el Memorándum que bautiza su nacimiento —como el de “nacionalismo camba”, por citar un ejemplo— y que son, en definitiva, los que han generado polémica y reacciones adversas a la propuesta de consolidar una Nación Camba.

Muchas preguntas...

¿Será suficiente contar con la adhesión de algunos miles de collas para asegurar que la Nación Camba no es un movimiento excluyente y racista, como señalan sus críticos? ¿Tendrá una respuesta positiva del Estado al que interpelan sus gestores? ¿Favorecerá o debilitará al país? Estas y otras preguntas surgen al revisar los antecedentes de la Nación Camba, así como las repercusiones desatadas a lo largo de los últimos dos años en Santa Cruz, de manera particular, y en el resto del país, sobre todo en La Paz y Cochabamba.

La verdad es que lo que inicialmente parecía ser sólo producto de “ideas descabelladas” de “tres o cuatro locos” que sólo quieren “gritar, demandar y no actuar” ha ido tomando cuerpo para alegría de sus impulsores y preocupación de sus críticos. “Más de 350 artículos han sido publicados en los dos últimos años a propósito de la Nación Camba, a favor y en contra; y desde 2001, al menos 40.000 personas han firmado voluntariamente su adhesión al movimiento”, enumera un orgulloso Carlos Dabdoub Arrien. Médico, ex ministro, ex miembro de la Nueva Mayoría del MIR y actual presidente de DILOS de la Alcaldía de Santa Cruz de la Sierra, Dabdoub es uno de los gestores del Movimiento Autonomista. Junto al arquitecto y ex alcalde cruceño Sergio Antelo Gutiérrez, defiende con vehemencia la propuesta de la Nación Camba, asegurando que no es un movimiento racista, sino más bien democrático, que busca el reconocimiento a la autonomía regional como derecho legítimo de un pueblo. “La idea nació de un grupo de personas que escribían de manera sistemática sobre la realidad local y que decidió reunirse primero con la intención de llevar el debate a través de un foro”, cuenta Antelo.

Sólo que la discusión se fue ampliando, profundizando, hasta retomar el análisis de hechos históricos que datan de la época colonial y que, según Dabdoub y Antelo, reflejan el abandono permanente al que fue sometida la región del oriente, o como prefiere llamarla Antelo, la de las Tierras Bajas. Profesionales como la historiadora Paula Peña, el abogado Juan Carlos Urenda y el ingeniero petrolero Javier Mansilla, entre otros, se sumaron al debate con argumentos favorables que luego tomaron cuerpo en una serie de documentos que el grupo comenzó a publicar el 2001.

A las críticas por la injusta distribución presupuestaria para la universidad pública, así como la del número de parlamentarios que le corresponde a Santa Cruz de acuerdo a su población, se sumó la coyuntura que vivió el país por las demandas de los indígenas del occidente que reclamaban tierras y anunciaban su llegada al oriente para tomarlas por la fuerza. El resultado fue que, en vez de organizar un foro de discusión, el grupo terminó conformando el Movimiento Autonomista Nación Camba, al que se han adherido no solamente intelectuales, sino también trabajadores, estudiantes, amas de casa, artistas y comerciantes cambas y collas.

Así como hay un mosaico de rostros distintos, también hay otro de motivaciones disímiles. En el movimiento conviven corrientes pacíficas con otras que ven en las armas la única forma de frenar “el avasallamiento” e irrespeto a la cultura cruceña, beniana, pandina y chaqueña. Mientras unos creen que el movimiento debe seguir siendo cívico, otros propugnan una actividad más política. En el seno de la Nación Camba hay ex integrantes de las logias cruceñas, así como ciudadanos antilogieros “a morir”. Los une, sobre todo, un sentimiento de miedo y de desencanto ante un Estado que no los ha tomado en cuenta.

“Todo esto es peligroso”, insiste en decir Carlos Hugo Molina, abogado, ex secretario nacional de Participación Popular y defensor del proceso de descentralización administrativa. Crítico radical de las razones que alientan a la Nación Camba, asegura que el tiempo le ha dado la razón. “La demanda de autonomía o de descentralización es legítima, pero lo que es retrógrado y tiene hasta un componente de xenofobia es la demanda del reconocimiento de una nación camba. Y advierto: el próximo paso de este movimiento será la conformación de grupos de choque que buscarán lograr sus objetivos a través del miedo”.

El problema de fondo, dice la socióloga Guadalupe Ábrego, sigue siendo el mismo que provocó protestas y hasta muertes en épocas pasadas, cuando líderes del oriente boliviano reclamaron por el aislamiento y olvido de la región. El problema ahora está no sólo en la orientación del movimiento que demanda el reconocimiento a una nación autónoma, sino en la persistencia de la ignorancia de los líderes del occidente sobre la realidad de los pueblos del oriente. Ábrego asegura que “Santa Cruz tiene una historia muy particular que hasta hoy no ha sido comprendida”.

LAS DEMANDAS

Estas, algunas de las demandas del Movimiento Nación Camba:

  • 1.- Convertir a Santa Cruz en una región autónoma con gobierno propio que sea la expresión del poder cruceño, como reconocimiento formal y legal de Nación-Estado.

  • 2.- Consolidar una identidad nacional camba y el nacionalismo cruceño, en respuesta a la sistemática negación de su propia identidad cultural por parte del Estado andinocéntrico.

  • 3.- Respetar la propiedad inalienable de la Nación Camba sobre sus recursos naturales, rechazando “cualquier política que, a título de colonización depredadora, involucre inconsultos asentamientos humanos”.

  • 4.- Aprobar un nuevo pacto con el Estado boliviano.  

 

POR EL MOVIMIENTO NACIÓN CAMBA DE LIBERACIÓN

(ñane Retâ ... ojuhu porâve hague ojupe)

M.N.C-L 2000-2008