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Un pueblo que no defiende sus fueros y reclama sus derechos, no merece el nombre de pueblo civilizado, ni aun aspirar el benéfico ambiente de la libertad.
Si no alza la voz de protesta, contra la difamación, la calumnia y la injuria, ha perdido las nociones del honor.
El precepto de presentar la otra mejilla al que nos ha herido, no obliga à las colectividades.
