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EDITORIAL SC/06/01/06
LAGRIMAS POST-ELECTORALES.
El inesperado pero esperado triunfo del líder cocalero en las elecciones
de diciembre, nos ha demostrado objetivamente varias cosas, entre las
cuales podemos destacar las que siguen:
1.- A diferencia de lo que piensan los triunfalistas, el voto en
Bolivia, es ante todo un “voto anti”, esto quiere decir, que el
electorado no se remite a la simpatía, programas de gobierno o promesas
más o menos reales que pueden hacer los candidatos a la presidencia
(mejor si no hacen ninguna propuesta), sino que orientan su “rabia” en
contra de los que suponen que en función de gobierno pueden ser dañinos
o contrarios a sus intereses: llámense regionales, de clase, de etnia, o
de otra naturaleza. De esto se concluye que en realidad el voto “a
favor” es en realidad un voto “contra”.
Si la premisa arriba colocada tiene algún atisbo de verdad, podemos
suponer, entonces, que el caudal de votos recogidos por el candidato
cocalero, en realidad es un voto abiertamente “contra” los partidos
políticos tradiciones, sus personeros, o lo que ellos representan como
expresión de las viejas practicas políticas, cuyo fracaso estrepitoso en
el ejercicio del poder ha dejado a este singular país, poco menos que en
harapos.
El voto “contra” en realidad se orientó no “a favor” de Morales, sino en
contra de Tuto Quiroga, heredero natural del banzerismo y muy a pesar
del reforzamiento de su chapa por la inclusión de “caras nuevas” al lado
de las caras viejas, no fue suficiente para convencer a un electorado no
siempre dispuesto a apoyar candidaturas que representan más de lo mismo,
con algunas variantes.
La candidatura cementera – posiblemente la más coherente con el modelo
del capitalismo dependiente, no llegó a convencer a un basto electorado
“centrista” que se presumía al margen de los procesos polarizantes que
los dos candidatos preferidos y que dejaron fuera de cualquier opción
otras candidaturas, fuertemente marcadas por la impersonalidad y la
carencia total de imaginación y de programas.
Así puesto el problema, el horizonte queda despejado para lo que venga.
Resulta prematuro hacer predicciones políticas a futuro donde hasta el
pasado es imprevisible.
El problema central no consiste en llegar a la silla presidencial, sino
mantenerse atornillado a ella el mayor tiempo posible, ya que una cosa
es el discurso pre-electoral y otra es la practica pos-electoral,
momento crucial donde la supuesta masa de beneficiarios no tienen ningún
empacho en pasar la factura a los promesantes, que por lo general, se
ven en figurillas para intentar justificar la falta de medios y recursos
para cumplir con lo prometido.
Se nos ha dicho que a partir de la fecha el cultivo de la coca será
libre. Esta sabia iniciativa puede mejorar nuestra balanza comercial, ya
que este arbustillo milagroso, además de curar un número infinito de
enfermedades y otorgar alguna energía a sus consumidores, nos puede
permitir liquidar los cultivos de exportación, como la soja y otras
oleaginosas (en poder de los oligarcas y latifundistas), ya que no
existen mayores competidores en el complejo mercado mundial (excepto
Colombia y Perú), y de esta forma, por fin llegaremos a un desarrollo
económico-social igualitario, igual o superior a los países más ricos
del mundo.
Pero los problemas no tardaron en llegar, el Brasil, por ejemplo, ya ha
dispuesto un estricto control militar en los más de 3.500 kilómetros de
frontera que nos separar imaginariamente de este país, a fin de evitar
que las hojas milagrosas del arbustillo alcancen las favelas de Río de
Janeiro rumbo a los países europeos.
Esperemos que los nuevos titulares del poder del estado lleguen al
palacio de gobierno y pongan en práctica algunas de sus anunciadas
medidas, para poder opinar con más propiedad. Sin embargo podemos
afirmar que a veces los votos “anti” convertidos en votos a “favor”, se
pueden mudar en lo que realmente son y este será, con toda seguridad, el
escenario del futuro, a no ser que se demuestren todo lo contrario.
Por ultimo, si algunos piensan que el voto colla ganó la plaza cruceña,
se equivocan. No nos olvidemos que también los otros candidatos eran
collas. No había mucho que escoger. Tampoco es dable afirmar que se
trate del “triunfo” de un candidato “indígena” ya que si verificamos los
resultados electorales de la ciudad de La Paz, podremos verificar, no
sin estupor -que el candidato “originario” gano olímpicamente en los
barrios de la oligarquía paceña. En el Tibet sudamericano todo es
posible, inclusive lo imposible.
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