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EDITORIAL SC/03/03/06
LA REFUNDACION DE LA LOCURA.
Sergio Antelo Gutiérrez.
Hace algunos miles de años, lo emperadores romanos establecieron
oficialmente el “circo” para que el populacho se llenara de regocijo
cuando los leones devoraban algunos esclavos a fin de satisfacer la
demanda de sangre que reclamaban sus enardecidos espectadores.
En la edad media media, la quemadera de brujas era otro espectáculo
montado por los censores de la inteligencia y el conocimiento, donde
algunos, como Galileo, tuvieron que arrepentirse por haber descubierto
que la tierra no era el centro del universo.
Algunos dictadores también se inventaron guerras destinadas al suicidio
colectivo, como Salamanca, el mismo que sin mayores cargos de
conciencia, sacrifico a una generación de jóvenes para pisar fuerte en
las arenas del Chaco, al mísero costo de 60 mil vidas. Como los circos
con caras de Constituyentes no faltan en todas esquinas de nuestra
agitada política latinoamericana, como la de Fijimori que la hizo para
mantenerse en poder, o la de Menen, que se valió de la misma para
privatizar hasta el aire que respiraban los argentinos, haciéndolos
creer que por fin se ubicarían en el primer mundo para acabar
convertidos en africanos. Así también, en un paisito hasta hoy llamado
Bolivia y como no era para menos, algunos indígenas de las tierras bajas
apoyados por otros indígenas de las tierras altas a los que se sumaron
un arcoiris de oportunistas citadinos, son los promotores de una
Asamblea Constituyente para solucionar, y definitivamente, los
insolubles problemas de este país de viabilidad dudosa.
En la propuesta presentada por el Poder Ejecutivo encontramos algunas
perlas que vale la pena destacar: he aquí algunas de ellas:
En una parte de su extenso texto, este dice: “La Constituyente es un
acto fundacional, por que su objetivo principal es construir nuevas
instituciones, crear condiciones para el ejercicio de los derechos,
modificar relaciones, poderes y formas de organización social, así como
las estructuras del Estado”. A simple vista esto no dice nada, pero si
analizamos en profundidad su contenido ideológico, podremos verificar,
no sin estupor, de que este “acto fundacional” se remite a una época
anterior al Decreto del 9 de Febrero de 1825, firmado por Sucre, y que
dio origen, precisamente a la actual republica de bolívar.
Este acto “refundacional y sin contornos precisos”, desconoce los pactos
internacionales -incluyendo las fronteras internacionales y la división
política-administrativa de la republica (departamentos, provincias,
etc.), así como también su carácter de Constitución derivada (por se
deriva de una anterior), creando un vacío jurídico-legal, donde los
diputados constituyentes por Santa Cruz, u otros departamentos, tendrían
la más absoluta libertad de suscribir o rechazar este nuevo pacto
Constitucional, donde inclusive, pueden postular su separación legítima
de Bolivia, si así lo determina la voluntad soberana de sus miembros.
Así, entre circo y circo, casi nos hallamos al borde de refundar la
locura.
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