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EDITORIAL SC/31/10/04
LA OTRA GUERRA DEL GAS: SANTA CRUZ Vs.
CHUQUISACA.
No fue más que la empresa petrolera TOTAL, diera un informe halagador en
sentido de que en la serranía del Incahuasi se habría encontrado una
enorme reserva de gas, para que el señor Mesa, presidente de Bolivia, le
anunciara a los chuquisaqueños que estaban ricos. Pero aún más, le agregó
que el pozo descubierto lamentablemente se hallaba ubicado en territorio
cruceño y que esta era la oportunidad histórica para que estos demuestren
su “solidaridad” con los primeros, compartiendo fraternalmente sus
ganancias, violando flagrantemente la Ley de Regalías de 1938, denominada
también Ley Busch, emblemática conquista de los Cambas.
Antes de recurrir a Maquiavelo, se hace necesario hacer algunas
puntualizaciones necesarias.
En primer lugar, la citada serranía no se llama Incahuasi sino Ñancaguazú
(si no que le pregunte al Che Guevara). Lo que pasa es que los “geógrafos”
oficiales intentan “Kollinizar” todo el territorio cruceño colocando
nombres impropios en lugares inadecuados. Es el mismo caso de la serranía
de Huanchaca (nombre Aymara) ubicada en el extremo oriental de Santa Cruz
(famosa por haber sido sede del narcotráfico, lugar nefasto donde
asesinaron al científico don Noel Kemppf Mercado y que hoy es una de las
reservas ecológicas más grande del mundo), cuando en realidad esta se
llama Caparúch (idioma Chiquitano que designa un pescado de la zona). El
Incahuasi se llama Ñancaguazú por que es territorio indígena guaraní y es
sede del río del mismo nombre, inclusive celebrizado por las guerrillas de
los años 67.
Ahora volvamos a Maquiavelo.
El Decreto Supremo firmado el 14 de agosto de 2003 por Carlos Mesa en su
calidad de presidente interino en sustitución del Goni Sánchez, llamado
también el Decreto de “unitización” venía a responder a un fenómeno
suscitado por el conjunto de colgandijos (D.S. 26366 entre otros) que se
le fueron agregando a la Ley de Hidrocarburos a partir de 1966, donde a
través de argucias legales (fraccionar parcelas, etc.), las empresas
petroleras podían evadir la perforación de un pozo por parcela adquirida o
devolver las que juzgaban innecesarias o “sobrantes” pero que tenían
residuos de hidrocarburos a niveles no comerciales. En todo caso, estas
“parcelas” (o pasaron) pasarían nuevamente a propiedad del Estado.
Pero como el Estado no tiene capacidad de perforar los pozos necesarios
para extraer el hidrocarburo correspondiente (unos 20 millones de U$. por
unidad), la empresa que descubra (o explote) un yacimiento en vecindad con
otro devuelto, este quedaría “unificado” con el mismo, de tal manera que
este también seria beneficiado con su explotación (una especie de parcela
parásita), y esto sucede así desde el momento que “se presume” que sus
recursos están siendo “drenados” de la parcela sin explotar por la empresa
que explota el yacimiento productivo y por esta sencilla razón, se vería
obligada a compensar (no se dice como) al Estado.
Esta era una formula mágica para obtener recursos gratis y sin trabajar.
Aplicada esta formula al caso chuquisaqueño, se puede “presumir” que la
TOTAL devolvió al Estado las parcelas que quedan sobre este territorio (ya
que esta reivindica parte de las regalías a futuro). En caso que las
parcelas sigan a nombre de la Empresa Total, ella solo se puede compensar
a si misma. En este caso habrá que recurrir a Kafka para que descifre el
entuerto.
Pero mejor es Maquiavelo. Y este es el señor Mesa.
Ni corto no perezoso, el señor Mesa al informar a los chuquisaqueños de
que son dueños -sin serlo- de un campo que se halla fuera de su
territorio, entonces apela al Decreto de “unitificación” pero además, al
“sentimiento de solidaridad” de los cruceños para que “compartan” con
estos los beneficios de las hipotéticas regalías, digitando
maquiavélicamente un pleito artificialmente creado, para ubicarse como el
“bueno” de la película y de paso, como amigo insobornable de los
chuquisaqueños (seguramente para que se olviden de la capitalidad), y les
busca un “enemigo” soberbio y egoísta -en este caso los cruceños, para
romper la unidad posible de los departamentos productores de hidrocarburos
y la defensa de sus intereses comunes, en beneficio de proyecto hegemónico
paceño, del cual es su más conspicuo representante.
Y así, la vieja sede de la Audiencia de Charcas, anclada en sus
tradiciones y el mito fundador (aquí se fundo Bolivia), se reposiciona en
su posición Altoperuana, pierde la perspectiva de conjunto y de paso, su
mejor oportunidad para integrarse en igualdad de condiciones al eje
chaco-amazónico, el mismo que, a pesar de su carácter germinal, representa
la modernidad y la integración posible al mundo globalizado del siglo XXI.
En el marco de una racionalidad posible, en lugar de honrar a quienes
bebieron chicha en el cráneo de la juventud chuquisaqueña inmolada en los
campos de Cosmini en la mal denominada “guerra federal” de 1899, estos se
deben ubicar en una lógica realista y exigir que la TOTAL también perfore
los pozos necesarios en el territorio de Chuquisaca, para que este
departamento obtenga las regalías correspondientes (con suerte en unos 10
años). Hacer lo contrario demuestra la inocencia de sus dirigentes, al
haber pisado el palito que el Maquiavelo boliviano les tendió para
sobrevivir a su propia telaraña, tejida a partir del octubre negro, que él
mismo provocó.
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