|
|
A BOLIVIA POR UNA PATRIA MEJOR
El pueblo de Tarija y sus provincias en donde habitamos collas, cambas,
comunidades originarias del Departamento, residentes extranjeros y
chapacos, en ésta acción de rebeldía en bien propio, de nuestros hijos y
por nuestra descendencia en riesgo, inseguridad y sin futuro cierto;
venimos observando con profundo dolor el éxodo cada vez más grande de
los bolivianos y de los paisanos que salen de la Patria y de nuestra
tierra, huyendo del cataclismo que se ha desatado con las guerras del
agua y del gas, convertidas en injusto emblema de nacionalizaciones y
confiscaciones, sin consultar ni pedir permiso a quienes somos dueños
del energético.
De igual modo, vemos con preocupación, el incremento del cultivo de la
coca destinada a la producción de la cocaína que contraviene las
decisiones mundiales de la Convención de Viena para erradicarla;
ajusticiamientos sin el debido proceso; bloqueos paralizantes del país;
ilegalidad de las presiones constantes para obtener lo que les venga en
gana; huelgas por doquier y demás males sociales en donde no hay ley y
peor orden público.
Los ciudadanos oriundos del Departamento y los bien venidos a esta
tierra de paz, procedentes de todos los confines patrios en procura de
un futuro mejor -hermanos nuestros en ésta lucha común- junto a los
chaqueños de estirpe y el conjunto de ciudadanos de nuestras amadas
provincias -que respondemos por este movimiento popular de libre
determinación para salvar a Bolivia por medio de una profunda reflexión
seguida de acciones concretas- adelantamos un acto de dolor de
separación de ella, mediante esta decisión desesperada.
Consternados, comprobamos de cómo en Bolivia ha desaparecido la
seguridad jurídica,
el respeto a la ley y a la seguridad ciudadana; viendo con horror, que
las víctimas del terror somos todos los bolivianos y de manera especial
los pueblos sitiados como la hermana ciudad de Nuestra Señora de La Paz
-valerosa sufriente de éstas cíclicas arremetidas- declaramos ante el
mundo, que con el mismo derecho con el que otros tarijeños en 1825 y
1826 levantaron banderas de separación de la República Argentina
desacatando la voluntad del Libertador Simón Bolívar -quien devolvió
Tarija, de acuerdo con los principios sostenidos por el Congreso de
Santafe de Bogotá del que dependía la ocupación militar de las
provincias del Alto Perú bajo éste único mando- se incorporaron a
Bolivia el 3 de octubre de 1826, consolidándose ésta arbitraria anexión
recién en 1889 por medio de un Tratado Bilateral; y, paradójicamente,
logrando inmortalizar el sagrado e imprescriptible principio de la
autodeterminación de los pueblos que hoy sustentamos como el más alto
fundamento de la secesión en pro de la liberación de Tarija.
Han transcurrido 179 años desde aquella decisión, tomada por un Cabildo
que planteó la secesión de Argentina -amarrando el destino departamental
a una Patria digna de mejor suerte a la que dimos lo mejor de nosotros
al extremo de entregar no solamente nuestros mas selectos recursos
humanos, sino, mas del 89% de nuestra riqueza petrolera y gasífera desde
los años de 1920 adelante- a pesar de la pérdida territorial de más de
100.000 kilómetros cuadrados en la injusta guerra con el Paraguay jamás
reconocida y nunca compensada por generaciones de bolivianos. Por otro
lado, corresponde señalar otras pérdidas territoriales que han sido
negociadas y canjeadas a espaldas de los tarijeños desde el gobierno
central, que sumadas superan los 200.000 kilómetros cuadrados sin
compensación alguna al Departamento.
El reciente descubrimiento del gas natural abundante en O’ Connor y el
Gran Chaco, del que todos quieren sacar tajada, es algo que nos llena de
vergüenza por la inconsistencia doctrinaria de quienes hasta ayer
negaron la sabia posición de Tarija respecto a la libre exportación del
gas natural y del LNG; de la necesidad de capitalizarnos para la
expansión futura en todas sus formas, para comercializar con todas las
naciones del mundo y así romper cualquier unilateralidad comercial
-incluida la venta al hermano pueblo de Chile- planteando la
industrialización del energético que solo es posible lograr en tanto y
cuanto progrese la mayor inversión intensiva de capitales; todo esto
hace que los collas, cambas, comunidades originarias, residentes
extranjeros y chapacos que vivimos en esta tierra de paz iguales en el
destino común, asumamos una defensa intransigente en contra de la
irracionalidad que terminó por imponerse sobre nuestra verdad,
apabullada por supuestas mayorías representadas en el Congreso Nacional,
que después de desangrar la actividad de los hidrocarburos gaseosos que
-de hecho- la han inviabilizado con una funesta ley con amenazas de
nacionalización y confiscación extremas, de algo que es únicamente de
los tarijeños.
La historia está plagada de injusticias de esta clase. Siempre quisimos
y volcamos la decisión de integrarnos a Bolivia, aceptando de corazón a
esta noble Patria prostituida por quienes la han gobernado y por quienes
la agitan con las radicalidades e insensateces, al extremo de haber
creado hasta neologismos de media luna, provocando una lucha brutal
entre oriente y occidente en la que Tarija se siente extraña y nada
tiene que ver y hacer con este tipo de comportamientos que denunciamos
como la peor de las realidades, en donde los actores -excluyendo el
tiempo- son los mismos que durante años, desde 1900, pretendieron
dividirnos del Gran Chaco; alentado la barbarie repetida por quienes
sustentan las prédicas del radicalismo político -ciudadanía advenediza e
incrustada en los pueblos de la frontera- al extremo de haber fundado un
Comité Cívico paralelo en Yacuiba, que violenta la creación de un décimo
departamento, a quienes hacemos responsables del trascendente paso
histórico que damos.
Tarija desde la secesión sin referendo en 1826 que la separó de
Argentina, le ha planteado al país que deseamos y exigimos el
reconocimiento y la igualdad con los demás departamentos y la respuesta
ha sido siempre invariable al imponernos un modelo de Estado en donde el
factor de la población mayoritaria, jamás nos dio el derecho de ser
reconocidos por la existencia superior del territorio. Tanto es así, que
desde el Congreso General Constituyente que sancionó la Ley
Reglamentaria de Elecciones de 24 de Diciembre de 1827, el Estado
naciente, nos discriminó de tal modo, que apenas podíamos tener un
tribuno, un senador y un censor frente a La Paz -por ejemplo- a la que
asignaron cuatro tribunos, cuatro senadores y cuatro censores de haberse
efectuado tal elección, conforme se había previsto en la aplicación de
la Constitución Bolivariana; esta realidad se proyectó de manera injusta
durante 179 años de vida republicana.
¡No somos nada!
Hoy la Patria está amenazada de muerte por aquellos radicales que están
alentando en Bolivia la lucha de clases, la guerra entre taras y karas y
la divisa de nacionalizar nuestro gas, confiscando lo ajeno.
Así Tarija, tierra abierta de criollos y de mestizos, diferente y
distinta, lanza su proclama al mundo en busca de su separación de
Bolivia, que la hará realidad al día siguiente, si éstas fuerzas de la
antipatria asumen el mando y el poder del Estado o, recomiencen las
luchas sangrientas, persistan los bloqueos y sigan las presiones, como
aquella que negó en la Capital de la República, Sucre, la sucesión
constitucional, o la otra que obligó a sancionar la Ley de Hidrocarburos
suicida que los tarijeños de pie rechazamos de cuajo y que a partir de
nuestra separación, empezaremos por crear Yacimientos Petrolíferos de
Tarija.
Como patriotas, siempre aspiramos a participar de una Asamblea
Constituyente, que igualmente está siendo traicionada en sus objetivos
llevando a ella representantes políticos, olvidando la necesidad de
fundar, articular y vincular otra Bolivia dentro de la más absoluta
simetría de representación departamental territorial, basada en la
igualdad de representantes por Departamento, en donde hay originarios,
mestizos y criollos; despolitizándola con propuestas de cambio
necesarias sin ningún otro signo mas que el de Bolivia como la Patria
Grande.
Sin embargo, el desprecio por estos altos principios de territorialidad
no se acatan; de ahí es que hasta en la vergonzosa repartición del
Impuesto Directo a los Hidrocarburos, una vez más nos tiraniza la
mayoría poblacional del eje central, cuya distorsión, es el más grave
problema estructural del cambio y del crecimiento armónico de Bolivia.
¡En estas condiciones no podemos seguir!
Cansados ya de tantas injusticias, como: la de no fundar por lógica
contundente en el Departamento productor del gas, YPFB, sino asentar
toda la actividad de los hidrocarburos gaseosos, de los que podría vivir
Bolivia en su integridad y cuyo ejemplo de crueldad ignominiosa se
ratifica por el hecho de asignarnos un solo representante en el
Directorio de dicha institución- sin respeto alguno al Departamento- lo
que tiene un límite y un ¡basta! que empieza planteando la secesión de
Bolivia; proclamando –finalmente- la creación de una nueva nación con su
propio territorio, su propio gobierno y su propia población.
Para lograr nuestros propósitos mediante esta proclama que la hacemos
pública, nos acogemos a nuestros legítimos derechos consagrados en la
Carta de la ONU y de la OEA; por lo que pedimos la fraternal asistencia
y protección de los gobiernos de Argentina, Paraguay, Brasil y de Chile,
de los que solicitamos su máxima alerta, hasta consolidar y armonizar
nuestra legítima presencia en el mundo como un nuevo Estado dentro de la
Comunidad Internacional de Naciones, en cuanto Bolivia no cambie para
bien.
Igualmente pedimos su apoyo para monetizar cuanto antes los recursos del
gas a fin de consolidarnos como República Independiente de Tarija.
Este documento hacemos llegar a todas las Embajadas acreditadas en
Bolivia y a los representantes de la ONU y de la OEA, poniendo en
conocimiento de todos los Estados del mundo a través de ellos -como
antecedente legítimo- la voluntad tarijeña, expresada en esta proclama
ante la Patria.
Tarija, 3 de Octubre de 2005.
JUNTA TARIJEÑA POR LA JUSTICIA Y EL FUTURO
|