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Ser
separatista no es delito.
Ismael Muñoz García
Un diccionario común dice lo siguiente o algo parecido: “Separatista. El
que quiere separarse de un Estado, una religión, etc.” y “Separatismo.
Tendencia de los habitantes de un territorio a separar éste del Estado
del cual forma parte”. En otras palabras, el separatismo es una solución
natural cuando los territorios que componen un Estado no tienen
intereses comunes, sino más bien contrapuestos. De manera que no pueden
convivir pacíficamente ni recorrer juntos un camino que conduzca a la
felicidad de sus pueblos respectivos.
En mi libro ¿Independencia o Autonomía? La disyuntiva de Santa Cruz
(Editorial El País, 2005), se encuentra el artículo Ser autonomista no
es delito publicado el 27 de febrero de 2001 en EL DEBER. Como escribí
allí y repito aquí, si uno es separatista, nacionalista camba,
independentista, anexionista, secesionista, internacionalista, apátrida,
autonomista, federalista, aislacionista, ácrata monárquico,
Bolivianófilo o cualquier otra tendencia que pueda ser defendida en el
campo de las ideas, nadie puede alegar que esté cometiendo un delito por
sostener una opinión. La democracia se fortalece con las disidencias,
con la confrontación de ideas en que brille el deseo de procurar una
vida mejor al pueblo.
En cambio, el patriotismo se debilita cuando una etnia o una región
mantienen sometida por la fuerza a otra u otras, como ha venido
ocurriendo en Bolivia.
La idea de que Bolivia desaparecerá si se divide es absolutamente
absurda, pues esto no se logrará ni con una docena de bombas atómicas.
Lo que sí sucedería es que este país híbrido se transformaría en dos, o
quizás más países homogéneos. Los centralistas bolivianos no deben
engatusar al pueblo ignorante: los países no se pueden ‘destruir’, sólo
se transforman.
Con cierta frecuencia se oye voces de ‘expertos matrimoniales’ tratando
el ‘problema’ del divorcio. ¡Pare el coche!, digo yo: el problema es el
mal matrimonio, el divorcio es una solución. Hablando de Bolivia y de
países híbridos y mal avenidos, hay que actuar como Checoslovaquia,
Estado cuyos habitantes dieron un excelente ejemplo de comportamiento
racional al separarse civilizadamente el 1 de enero 1993, sin que se
haya producido salvajes agresiones verbales y escritas como las que se
informa todos los días en los medios de comunicación de masas y,
principalmente, vía Internet contra Santa Cruz y su posición
autonomista. Sin matar, apalear, apedrear ni poner preso a nadie, la
República Checa y la República Eslovaca son ahora países independientes
y amigos como en el futuro lo podrán ser las repúblicas de Bolivia y
Cambalandia.
Por último, los criollos cruceños (llamados cambas) siempre han sido una
minoría nacional oprimida, aunque su territorio histórico abarca más o
menos el 70 por ciento de la superficie actual del Estado boliviano.
A la vista de todo el mundo el andinocentrismo ideológico, apoyado por
el aparato estatal, ha ejercido un abusivo colonialismo interno y está
creando día a día un conflicto racial donde nunca antes lo hubo.
En estas condiciones y antes de que la sangre llegue al río, ¿no sería
mejor separarnos como amigos para que cada nación maneje sus propios
recursos y solucione sus propios problemas? Después de todo es mejor un
buen divorcio que un mal matrimonio. |