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Perder un millón de votos (I)

Susana Seleme Antelo

No es lo mismo ganar “un millón de amigos”, como los de Roberto Carlos en su hermosa canción, que extraviarlos, si alguna vez se los llegase a tener. Sin embargo, perder un millón de votos, que sí los tuvo el oficialismo en Bolivia, fue posible.


Ese enorme caudal perdió el MAS en las elecciones departamentales y municipales de abril de 2010. El Gobierno pensaba cerrar su círculo de dominación total territorial en estos comicios, tras el triunfo arrollador del reelecto presidente Evo Morales Ayma, con 2.851.891 votos en diciembre de 2009. Tres meses después, las cifras son un mazazo: sus candidatos obtuvieron 1.874.600: un millón de votos menos.


Habrá justificaciones de todo tipo: que no es lo mismo una elección presidencial que una para alcaldes y gobernadores, o que los candidatos de oposición escucharon mejor que el partido oficialista ‘el pulso de las masas.’ En realidad, el MAS perdió por errores políticos acumulados en los últimos cuatro años. Entre ellos que los candidatos ungidos por el ‘líder espiritual’, Evo Morales, no fueron los que esos pueblos querían: el ‘espiritual dedazo’ no oyó a las bases y esa sordera le pasó factura. Lo concreto es que en éstos que se dicen ‘tiempos de cambio’ nada parece haber cambiado frente al ayer ‘neoliberal’: el autoritarismo se impone, impera la decisión de los de arriba y de los ‘arrimados’, y la ‘descolonización’ del poder para que lo ejerzan los representantes genuinos ‘de los pueblos’ se ha diluido en un cuento de mal gusto. Hoy se desnuda la ausencia de hilo conductor entre un discurso indigenista a ultranza y la práctica política del ‘líder espiritual’, que no condice con lealtad ideológica y respeto a las tradiciones y decisiones, también políticas, de esos pueblos.


Hay que decirlo una vez más, y lo repito sin complejos: el machacón discurso indígeno-originario-campesino y el ‘empoderamiento’ de los mismos, más allá de su ‘visibilización’ social, que es real, ha sido una eficaz y eficiente consigna de Morales y sus hombres para ganar adeptos y simpatizantes dentro y fuera del país. Pero ha sido miope y mezquino de cara a los propios indígenas, originarios y campesinos, pues ni Morales ni el MAS han reconocido las verdaderas reivindicaciones y liderazgos de comunidades, ayllus, markas, pueblos del Collasuyo y otros espacios rurales. Ellos tenían sus propios candidatos. No votaron por los del oficialismo en abril, porque llámese como se llame quien esté en Palacio Quemado y sea quien sea su representante en esos lugares, siempre pobres y lejos del poder central, esperaban esta vez respeto de quien se dice originario y hermano. En los hechos nada ha cambiado. Sigue mandando el poder desde La Paz, así se trate de un k’ara, mestizo o indígena.


Ese dato apunta a otro error político alarmante: la ausencia de gestión pública estratégica para, si no erradicar, al menos paliar la pobreza ancestral de esos pueblos. Es decir, no han mejorado sus condiciones de vida y de desarrollo humano, ni siquiera para ‘vivir bien’, apegados por siglos de vigencia a sus usos y costumbres.


Así, no parece difícil que el oficialismo hubiera perdido votos en lugares como Achacachi, El Alto y Quillacollo.

* Máster en Ciencias Políticas

 



 

 

POR EL MOVIMIENTO NACIÓN CAMBA DE LIBERACIÓN

(ñane Retâ ... ojuhu porâve hague ojupe)

M.N.C.L.N 2000-2010