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BOLIVIA, ¿HORA FINAL?
Bolivia, a esta altura, está descubriendo que tal como la crearon y
concibieron, no resulta viable. El Estado andino ya no es viable en
Bolivia. ¿Pueden los militares frenar la revolución burguesa que impulsa
Santa Cruz? Lo estatal está roto, se va a pique.
La verdad aunque duela: Bolivia está lista. En el fondo, Bolivia no vive
un combate entre cívicos y masistas. Ni vive una lucha entre el modelo
socialista y el de mercado. Ni un conflicto entre blancos y negros, o
entre ricos y pobres. Bolivia en lo básico, ni siquiera vive un problema
entre regiones, donde Santa Cruz exitosa le quita el poder a La Paz
fracasada.
Todos esos combates -que de existir, existen- son secundarios y no
definen en esencia, lo que Bolivia está viviendo. No definen lo que en
realidad nos acontece. Si se quiere, todos estos combates son
simplemente las formas. Las características. Las consecuencias. Los
efectos. Pero no son el fondo ni la causa del verdadero y extraordinario
hecho de poder que vive Bolivia.
Porque señores, lo que de verdad le acontece a Bolivia es que vive hoy,
con lujo de detalles, su inviabilidad como Estado moderno.
Y dentro de ese grande problema que es el fracaso histórico de Bolivia
en la modernidad, se dan conflictos pequeños y secundarios: la lucha
entre Santa Cruz y el MAS, la lucha entre regiones, entre blancos y
negros, entre modelos económicos y en fin.
Ah, pero lo extraordinario de esta circunstancia histórica es eso: el
agotamiento y el final de Bolivia entendida como Estado moderno. O sea,
entendida como se la ha entendido hasta hoy.
Vale decir. Han desaparecido las fuerzas que inventaron Bolivia. Las que
la inventaron como Estado moderno. Bolivia, a esta altura, está
descubriendo que tal y como la crearon y concibieron, no resulta viable.
Lo cual no deja de ser duro para muchos bolivianos.
Pero este análisis no hace opiniones morales ni emocionales. Este texto
no dice que sea bueno el que Bolivia descubra y viva su inviabilidad.
Este texto se limita a constatar que Bolivia no tiene fuerzas
suficientes para ser un Estado. Y por eso, no lo es.
A ver. Seamos o no una nación -creo que no lo somos, pero eso es para
otro artículo-, lo que no somos es un Estado. Más allá de todo
sentimiento, aquí no hay fuerza ni condiciones objetivas para sostener
lo estatal.
Los sentimientos, los nacionalismos, los amores y los odios mutuos uno
se los inventa después. Para eso es la ideología y la política. Para
inventarse barbaridades en el nombre de las cuales uno pueda gobernar en
paz. Pero lo tangible y lo primero en el Estado es el poder. Y de eso,
no existe en Bolivia.
El Estado.
Resulta que, de todos los órdenes políticos conocidos, quizá el que más
fuerza requiere para su sostenimiento es aquel, llamado el Estado
moderno.
La tribu, el municipio, la iglesia, la familia, el imperio y otros
cientos de órdenes sociales y políticos, requieren -como es natural- de
fuerza legítima para sostenerse. Pero el Estado moderno -lo que se llama
el Estado moderno- es cosa seria. El Estado es la concentración de
fuerza política, más intensa y directa que ha conocido la humanidad. La
ley del Estado es ley que se obedece sin discusión.
Y articúlese el poder estatal mediante la democracia o lo haga mediante
la dictadura, lo que no cambiará jamás es su naturaleza: su naturaleza
de poder legal, omnipotente: indiscutible. Y en esto, en fuerza estatal,
Bolivia tiene un problema serio.
Bolivia, donde lo estatal
es inviable.
Pueden venir -e intentar el rescate de Bolivia y de su Estado- quienes
quieran venir. Pueden venir dictadores de izquierdas o de derechas.
Pueden venir demócratas o tiranos. Pueden venir gobiernos de unas razas
o de otras -¿la aimarocracia? ¿la blanquiarquía? Pueden venir los que
quieran. Y el resultado, caballeros, será siempre el mismo. El Estado
andino ya no es viable en Bolivia.
¿Por qué? ¿Por qué no es viable? La razón es sencilla. La Bolivia
andina, como sociedad, no tiene -ni tuvo- fuerza económica moderna para
generar poder político moderno. Es decir, para generar poder estatal y
absoluto.
Los estados modernos -cuya razón de ser es sostener la convivencia de
las sociedades y de las economías capitalistas- no consisten en eso de
los recursos naturales. Si tienen recursos naturales, tanto mejor. Pero
si no los tienen, los compran.
Sinceramente, no se puede hacer un Estado gracias a un socavón minero o
a un pozo de gas. Para bien y para mal, los estados modernos se basan en
la industria, en el comercio y en los servicios que produce, compra y
vende el mercado.
Es decir, los estados modernos se basan en economías capitalistas. Se
basan en burguesías haciendo economía y pagando impuestos. Se basan en
clases sociales y en relaciones que necesitan seguridad y libertad
moderna. Lo demás -como los recursos naturales o la repartición de la
riqueza que requiere una sociedad moderna- viene por añadidura.
Por eso, es parte de la picaresca boliviana el decirle a la gente que
nacionalizando las minas o el gas, seremos más Estado y más nacionales.
Picaresca o mentira piadosa. La política andina siempre ha impulsado dos
estrategias: la destrucción de la economía privada y el engrandecimiento
de la economía extractiva y gubernamental. Es la fórmula perfecta para
impedir el Estado moderno. De ahí, la enorme dificultad de los proyectos
andinos para construir lo estatal.
Hoy por hoy, en Bolivia, lo estatal se muestra inviable. La ley, las
instituciones, la autoridad nacional y hasta el sello seco. Nada
funciona. Lo estatal en Bolivia, existe de modo secundario y hasta
ridículo frente a las miles de fuerzas no estatales que dan forma a
nuestra vida pública.
La democracia rota.
Si lo estatal se hace inviable en Bolivia, ¿la democracia resultará
perjudicada? Sí. De no existir Estado, la democracia moderna es
inviable. Creer que en Bolivia vamos a construir la democracia mientras
se derrumba lo estatal es de las cosas más estúpidas que se han
escuchado.
La ruptura de lo estatal también ha aniquilado la posibilidad de la
democracia en Bolivia. Por decir algo: la democracia -en cuanto
mecanismo electoral que selecciona al gobernante- no funciona en nuestro
país. O no siempre lo hace. Nuestra democracia no pone ni saca a los
gobernantes. El palo vale tanto como el voto.
Pero además, la democracia -como modo de convivencia- tampoco funciona
en Bolivia. El Estado andino es incapaz de sostener la convivencia
democrática y pacífica.
La convivencia política viene caracterizada en Bolivia por asaltos
sindicales al Congreso, por pateaduras a los collas, por discursos
gubernamentales de un racismo que dejaría pálido a cualquier nazi, por
constituyentes hechas en los cuarteles, por una cantidad impresionante
de personas que mueren como víctimas de la violencia política (de un
lado y de otro). Y en fin.
Nuestra democracia no está acosada por una fuerza dictatorial. Nuestra
democracia está acosada por la ausencia de Estado. La ausencia de poder.
La ausencia de ley obedecida. Acosada por la debilidad estructural del
Estado andino, que se está hundiendo. Es decir, a la democracia
boliviana no la rompe, ni la impide la dictadura, la rompe y la impide
la anarquía.
Los poderes públicos
están rotos.
Por supuesto, el ejercicio de los poderes públicos también está roto.
Literalmente el Estado boliviano no puede sostener esos poderes.
El poder ejecutivo es campo de constante desobediencia y desacato.
Revolución en estado puro. A los prefectos les importa un bledo lo que
diga el Presidente y al Presidente otro tanto lo que digan los
prefectos. O como en Sucre: los prefectos se echan y se nombran por
aclamación. Y como en La Paz: los presidentes también se ponen y sacan
por obra y arte de “la movilización”.
El legislativo lo mismo. Está roto. Los sindicatos del MAS asaltan el
parlamento y hacen la ley. Acto seguido, el Senado anuncia que no es
necesario obedecer esa ley. El judicial ni qué se diga. Desaparecido en
acción. Cero justicia constitucional. Piedra libre.
Y la Corte Nacional Electoral, no tiene un pelo de nacional. Es creíble
para hacer elecciones en las poblaciones del maravilloso entorno del
lago Titicaca. Quizá.
Todo ello, sin contar con el descalabro de la Policía. El motín
habitual. O sin contar con la más radical de las desobediencias civiles:
el linchamiento como menú del día. En Bolivia hay pena de muerte -como
en Texas- y es cosa que aplica la gente de modo frecuente, directo y
colectivo.
¿Hay conspiración tras la
crisis de Bolivia como Estado?
Por favor. Despejemos las dudas chauvinistas, esas que sospechan que
Santa Cruz, que las multinacionales, que el imperio, que el MAS o que
cualquier otra gente conspira a conciencia contra la viabilidad del
Estado boliviano.
Todo lo contrario. Esos actores, sus fuerzas y sus circunstancias son el
efecto de la crisis de Bolivia y su forma estatal. No son la causa.
Que los nacionalistas me perdonen: en este artículo no hay una
burguesía, unos cocaleros, unos indios o unos blancos, reunidos en un
sótano conspirando contra la patria y su forma estatal. Lo siento. Esta
vez no hay brujas que cazar.
Si la crisis de Bolivia fuera producto de una conspiración -como creen
Sus excelencias, los señores Presidente y Vicepresidente- la solución
fuera fácil: acabar con la conspiración y con los conspiradores. Pero
esto es mucho más serio. Y cualquier conspiración -donde la haya- es
moco de pavo, comparada con la crisis estructural del Estado andino.
Si mañana meten preso a Branco, a Costas, a Cossío, a los de las cortes
electorales, al Mallku, a los indígenas del oriente, a los
cooperativistas mineros que no son el MAS y a la virgen María, la crisis
de lo estatal no sólo que permanecerá, se profundizará.
El Estado andino no necesita conspiración. Se ha roto solo y por
esfuerzo propio. Porque esta crisis del Estado, Excelencias, es en
serio. No es un problema que ustedes y sus amigos tengan a la hora de
sostener sus cargos. Ustedes y sus cargos son lo de menos. Esta crisis
es mucho más grande que las personales circunstancias que hoy agobian a
nuestros gobernantes. Esta crisis es el fin de una época.
LAS DOS FUERZAS EN LA
HORA DE LA CRISIS
La crisis del Estado boliviano viene acompañada por el surgimiento de
dos fuerzas. Una, es el MAS, esa fuerza destinada a morir con el Estado
que se hunde. Y la otra, es Santa Cruz, esa fuerza destinada a sustituir
al Estado que desaparece.
EL MAS y el fin de lo
estatal en Bolivia.
El MAS es la fuerza que surge en el momento de la agonía del Estado
andino, justo para intentar salvarlo. Es la fuerza que emerge para
salvar al viejo Estado colla, minero, populista. Salvar la obra
portentosa del ‘52.
Y la fórmula de salvación que propone el MAS, como no podía ser menos,
es el retorno a los orígenes. El gran retorno del estatismo. El retorno
a los recursos naturales, a la raza, al partido único, al caudillo. El
MAS huye hacia delante. Ante la caída del Estado propone más estatismo.
Sin embargo, caballeros, lo único que puede salvar a un Estado moderno
que está a punto de desarticularse es una economía moderna que funcione.
Ejemplo, España. Una economía capitalista que funcione y tribute es la
base de la fortaleza estatal.
Mientras la sociedad y la economía boliviana no desarrollen una economía
capitalista y moderna, no hay perspectiva alguna para recuperar el
Estado boliviano. Y es obvio que impulsar una economía capitalista,
abierta y burguesa, no es ni ha sido -jamás-, el plan del MAS.
El MAS hunde al Estado.
A ver: para bien y para mal, el MAS es una enorme fuerza política, cuyo
éxito en la lucha perenne por el poder, le conduce a la desarticulación
-involuntaria- del Estado boliviano.
No veo viable ningún plan viable, ni del MAS, ni de Goni -dignos
representantes del poder andino, ambos- para salvar ese Estado que hoy
se hunde. El Estado boliviano, como proyecto económico y como proyecto
político, está estructuralmente dañado. Ni los chamanes del MAS, ni los
harvard boys de Goni pueden hacer mucho para levantarlo.
Por eso, lo trágico del MAS es que, a pesar de sus intenciones, no tiene
ninguna posibilidad de funcionar como camino de salvación para el Estado
andino. Al contrario: tiene todas las probabilidades para acabar de
hundirlo. El MAS es un proyecto cuya intención es salvar el Estado
andino, pero cuyo destino es enterrarlo.
El MAS, en el fondo, es parte de la desarticulación del Estado
boliviano. En realidad, creo que necesitamos al MAS para organizar los
funerales del Estado andino.
El Estado hunde al
MAS.
El Estado que se hunde arrastra al MAS. El MAS es la reacción refleja,
maravillosa y folklórica del Estado andino que se muere. Es su último
pataleo.
Y por eso, el MAS debe aguantar con serenidad su propio calvario y
destino. El MAS vino al mundo con la misión de compartir con el Estado
andino, la enfermedad de ser inviables en la modernidad.
Santa Cruz y el
fin del Estado boliviano.
¿Es la rebelión autonomista una estocada final contra el Estado andino?
No lo es. El Estado andino ya estaba listo antes de la cuestión
autonómica. La cuestión cruceña -simplemente- es una señal: la señal de
que la crisis de ese Estado es definitiva.
La tal rebelión autonomista de Santa Cruz es un resultado natural. Es lo
normal cuando el centro se hunde en la pobreza y la periferia despega en
el capitalismo. Los detalles son lo de menos. Por eso, termine como
termine la cuestión cruceña, el Estado colla y sus elites -sean indias o
sean blancas- está acabado.
El MAS, en vano pierde el sueño pensando que Santa Cruz le quitará el
poder del Estado central. Y por eso, es mala la estrategia del MAS
buscando “derrotar” a Santa Cruz, con la esperanza de salvar el pellejo
propio y el de su Estado en agonía.
Santa Cruz está en otra. No sólo en términos de fuerzas, sino también en
términos de tiempos. Santa Cruz ya se llevó el poder que le corresponde
según su fuerza. El poder sobre sí mismo. El poder de continuar su
camino capitalista, agroindustrial.
Por eso, el proyecto de Santa Cruz no es tomar La Paz, la Comibol, YPFB,
la Cancillería, el Palacio y toda la parafernalia del viejo Estado
central y andino. El proyecto de Santa Cruz -para el cual tiene fuerza
de sobra- es pasar página respecto al viejo Estado central. Pasar página
y comenzar un nuevo tiempo.
A futuro.
¿Qué hará el Estado central en su última hora? ¿Se conformará con dar
paso a un Estado federal y capitalista? Es decir, ¿caminará Bolivia
hacia un modelo con departamentos muy fuertes e insertos en el mercado y
la economía mundial?
El MAS, sus generales y El Alto intentan sobrevivir de modo desesperado.
Y harán todo lo que sea necesario para lograrlo. Junto a ellos, habrá un
coro de voces menores rajándose también por pervivir: los joseluises
exenic, los albarracines, las anamarías, los jesuses juarez y toda la
superestructura del estatismo pro masista.
A la vez, habrá un montón de políticos andinos que, no estando con el
MAS, tampoco sobrevivirán políticamente al hundimiento del Estado
andino. Por la derecha acabarán de hundirse los partidos tradicionales,
incluyendo a los carlos mesas de turno. Y por la izquierda, se hundirán
con el Estado fracasado los quispes, los solares y compañía.
Aviso para políticos andinos. Si quieren sobrevivir, de aquí en
adelante, tendrán que trabajar un proyecto paceñista. O uno potosinista.
U otro alteñista… y así en cada sitio. El andino que se meta en política
para dársela de político “nacional” estará pateando oxígeno. No existe
la más mínima posibilidad de que el capitalismo exitoso de la mitad
oriental del país se someta a la frágil gobernación andina. Y en esto,
da igual quién esté en Palacio.
En el trabajo de construir alternativas políticas collas, pero volcadas
a lo local y a lo departamental, veo que están adelantando esfuerzos,
tipos como el alcalde de La Paz, el de Potosí y el propio prefecto
paceño. Esos tienen buen instinto y gran entrenamiento.
Ahora bien. En medio del naufragio, me pregunto si los actores políticos
andinos soportarán una transición pacífica ¿O veremos tropas militares
marchando a paso de parada en la calles de Santa Cruz, Sucre, Trinidad,
Cobija y Tarija? Es decir, ¿cómo vendrán los coletazos del agónico
Estado boliviano y sus coristas?
¿Pueden los militares frenar la revolución burguesa que Santa Cruz
impulsa? Quizá. Por lo menos, pueden intentarlo. Hoy, dos datos claros y
una incógnita:
Primer dato. Lo estatal está roto. Lo estatal se va a pique. Arrastra a
la ley, arrastra al sistema político y arrastra a los políticos collas
en general.
Segundo dato. Santa Cruz se niega a tomar parte del naufragio andino y
arma un camino autónomo junto a la mitad del país, para buscar
perspectivas de futuro.
La incógnita. ¿Cómo encajarán esta crisis tan grave, el MAS y el resto
de los políticos andinos? ¿Lo harán desde la violencia? ¿Lo harán
huyendo hacia adelante y buscando las soluciones por el desastre? ¿O
contribuirán -más bien- a una transición pacífica y controlada entre el
viejo Estado que se hunde y el nuevo modelo territorial, político y
económico que hoy surge en el oriente? Nadie sabe. Habrá que esperar
unos meses.

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