DOCUMENTOS

Memorándum

Quienes somos?

Los querembas

Las brigadas juveniles

El nuevo pacto con el estado Boliviano

Policía regional

SINDICATOS

Génesis

Acta de compromiso

Pronunciamiento por la paz

Cambas sin tierra

Proyecto Autonomía Nacional

Invasión del BENI

Indigenas

TESIS

Los cruceños y su derecho de libre determinación

400 años de lucha autonomista cruceña

La Nación Camba: Fundamentos y desafíos

ARTICULOS

Artículos de opinión

Jóvenes

PRENSA

Carta abierta a la ONU

CURIOSIDADES

La famosa vinculación caminera

Mercaderes de territorio

Santa Cruz 1810-1825

Rebelion de Santa Cruz la vieja

Acta de fundación de Santa Cruz de la Sierra

EXTRA

MAPA de Nación Camba

Símbolos

Videos

Banners

Vínculos

Concepto de autonomía


BOLIVIA, ¿HORA FINAL?

Bolivia, a esta altura, está descubriendo que tal como la crearon y concibieron, no resulta viable. El Estado andino ya no es viable en Bolivia. ¿Pueden los militares frenar la revolución burguesa que impulsa Santa Cruz? Lo estatal está roto, se va a pique.

La verdad aunque duela: Bolivia está lista. En el fondo, Bolivia no vive un combate entre cívicos y masistas. Ni vive una lucha entre el modelo socialista y el de mercado. Ni un conflicto entre blancos y negros, o entre ricos y pobres. Bolivia en lo básico, ni siquiera vive un problema entre regiones, donde Santa Cruz exitosa le quita el poder a La Paz fracasada.

Todos esos combates -que de existir, existen- son secundarios y no definen en esencia, lo que Bolivia está viviendo. No definen lo que en realidad nos acontece. Si se quiere, todos estos combates son simplemente las formas. Las características. Las consecuencias. Los efectos. Pero no son el fondo ni la causa del verdadero y extraordinario hecho de poder que vive Bolivia.

Porque señores, lo que de verdad le acontece a Bolivia es que vive hoy, con lujo de detalles, su inviabilidad como Estado moderno.

Y dentro de ese grande problema que es el fracaso histórico de Bolivia en la modernidad, se dan conflictos pequeños y secundarios: la lucha entre Santa Cruz y el MAS, la lucha entre regiones, entre blancos y negros, entre modelos económicos y en fin.

Ah, pero lo extraordinario de esta circunstancia histórica es eso: el agotamiento y el final de Bolivia entendida como Estado moderno. O sea, entendida como se la ha entendido hasta hoy.

Vale decir. Han desaparecido las fuerzas que inventaron Bolivia. Las que la inventaron como Estado moderno. Bolivia, a esta altura, está descubriendo que tal y como la crearon y concibieron, no resulta viable. Lo cual no deja de ser duro para muchos bolivianos.

Pero este análisis no hace opiniones morales ni emocionales. Este texto no dice que sea bueno el que Bolivia descubra y viva su inviabilidad. Este texto se limita a constatar que Bolivia no tiene fuerzas suficientes para ser un Estado. Y por eso, no lo es.

A ver. Seamos o no una nación -creo que no lo somos, pero eso es para otro artículo-, lo que no somos es un Estado. Más allá de todo sentimiento, aquí no hay fuerza ni condiciones objetivas para sostener lo estatal.

Los sentimientos, los nacionalismos, los amores y los odios mutuos uno se los inventa después. Para eso es la ideología y la política. Para inventarse barbaridades en el nombre de las cuales uno pueda gobernar en paz. Pero lo tangible y lo primero en el Estado es el poder. Y de eso, no existe en Bolivia.

El Estado.

Resulta que, de todos los órdenes políticos conocidos, quizá el que más fuerza requiere para su sostenimiento es aquel, llamado el Estado moderno.

La tribu, el municipio, la iglesia, la familia, el imperio y otros cientos de órdenes sociales y políticos, requieren -como es natural- de fuerza legítima para sostenerse. Pero el Estado moderno -lo que se llama el Estado moderno- es cosa seria. El Estado es la concentración de fuerza política, más intensa y directa que ha conocido la humanidad. La ley del Estado es ley que se obedece sin discusión.

Y articúlese el poder estatal mediante la democracia o lo haga mediante la dictadura, lo que no cambiará jamás es su naturaleza: su naturaleza de poder legal, omnipotente: indiscutible. Y en esto, en fuerza estatal, Bolivia tiene un problema serio.


Bolivia, donde lo estatal es inviable.

Pueden venir -e intentar el rescate de Bolivia y de su Estado- quienes quieran venir. Pueden venir dictadores de izquierdas o de derechas. Pueden venir demócratas o tiranos. Pueden venir gobiernos de unas razas o de otras -¿la aimarocracia? ¿la blanquiarquía? Pueden venir los que quieran. Y el resultado, caballeros, será siempre el mismo. El Estado andino ya no es viable en Bolivia.

¿Por qué? ¿Por qué no es viable? La razón es sencilla. La Bolivia andina, como sociedad, no tiene -ni tuvo- fuerza económica moderna para generar poder político moderno. Es decir, para generar poder estatal y absoluto.

Los estados modernos -cuya razón de ser es sostener la convivencia de las sociedades y de las economías capitalistas- no consisten en eso de los recursos naturales. Si tienen recursos naturales, tanto mejor. Pero si no los tienen, los compran.

Sinceramente, no se puede hacer un Estado gracias a un socavón minero o a un pozo de gas. Para bien y para mal, los estados modernos se basan en la industria, en el comercio y en los servicios que produce, compra y vende el mercado.

Es decir, los estados modernos se basan en economías capitalistas. Se basan en burguesías haciendo economía y pagando impuestos. Se basan en clases sociales y en relaciones que necesitan seguridad y libertad moderna. Lo demás -como los recursos naturales o la repartición de la riqueza que requiere una sociedad moderna- viene por añadidura.

Por eso, es parte de la picaresca boliviana el decirle a la gente que nacionalizando las minas o el gas, seremos más Estado y más nacionales. Picaresca o mentira piadosa. La política andina siempre ha impulsado dos estrategias: la destrucción de la economía privada y el engrandecimiento de la economía extractiva y gubernamental. Es la fórmula perfecta para impedir el Estado moderno. De ahí, la enorme dificultad de los proyectos andinos para construir lo estatal.

Hoy por hoy, en Bolivia, lo estatal se muestra inviable. La ley, las instituciones, la autoridad nacional y hasta el sello seco. Nada funciona. Lo estatal en Bolivia, existe de modo secundario y hasta ridículo frente a las miles de fuerzas no estatales que dan forma a nuestra vida pública.


La democracia rota.

Si lo estatal se hace inviable en Bolivia, ¿la democracia resultará perjudicada? Sí. De no existir Estado, la democracia moderna es inviable. Creer que en Bolivia vamos a construir la democracia mientras se derrumba lo estatal es de las cosas más estúpidas que se han escuchado.

La ruptura de lo estatal también ha aniquilado la posibilidad de la democracia en Bolivia. Por decir algo: la democracia -en cuanto mecanismo electoral que selecciona al gobernante- no funciona en nuestro país. O no siempre lo hace. Nuestra democracia no pone ni saca a los gobernantes. El palo vale tanto como el voto.

Pero además, la democracia -como modo de convivencia- tampoco funciona en Bolivia. El Estado andino es incapaz de sostener la convivencia democrática y pacífica.

La convivencia política viene caracterizada en Bolivia por asaltos sindicales al Congreso, por pateaduras a los collas, por discursos gubernamentales de un racismo que dejaría pálido a cualquier nazi, por constituyentes hechas en los cuarteles, por una cantidad impresionante de personas que mueren como víctimas de la violencia política (de un lado y de otro). Y en fin.

Nuestra democracia no está acosada por una fuerza dictatorial. Nuestra democracia está acosada por la ausencia de Estado. La ausencia de poder. La ausencia de ley obedecida. Acosada por la debilidad estructural del Estado andino, que se está hundiendo. Es decir, a la democracia boliviana no la rompe, ni la impide la dictadura, la rompe y la impide la anarquía.


Los poderes públicos están rotos.

Por supuesto, el ejercicio de los poderes públicos también está roto. Literalmente el Estado boliviano no puede sostener esos poderes.

El poder ejecutivo es campo de constante desobediencia y desacato. Revolución en estado puro. A los prefectos les importa un bledo lo que diga el Presidente y al Presidente otro tanto lo que digan los prefectos. O como en Sucre: los prefectos se echan y se nombran por aclamación. Y como en La Paz: los presidentes también se ponen y sacan por obra y arte de “la movilización”.

El legislativo lo mismo. Está roto. Los sindicatos del MAS asaltan el parlamento y hacen la ley. Acto seguido, el Senado anuncia que no es necesario obedecer esa ley. El judicial ni qué se diga. Desaparecido en acción. Cero justicia constitucional. Piedra libre.

Y la Corte Nacional Electoral, no tiene un pelo de nacional. Es creíble para hacer elecciones en las poblaciones del maravilloso entorno del lago Titicaca. Quizá.

Todo ello, sin contar con el descalabro de la Policía. El motín habitual. O sin contar con la más radical de las desobediencias civiles: el linchamiento como menú del día. En Bolivia hay pena de muerte -como en Texas- y es cosa que aplica la gente de modo frecuente, directo y colectivo.


¿Hay conspiración tras la crisis de Bolivia como Estado?

Por favor. Despejemos las dudas chauvinistas, esas que sospechan que Santa Cruz, que las multinacionales, que el imperio, que el MAS o que cualquier otra gente conspira a conciencia contra la viabilidad del Estado boliviano.

Todo lo contrario. Esos actores, sus fuerzas y sus circunstancias son el efecto de la crisis de Bolivia y su forma estatal. No son la causa.

Que los nacionalistas me perdonen: en este artículo no hay una burguesía, unos cocaleros, unos indios o unos blancos, reunidos en un sótano conspirando contra la patria y su forma estatal. Lo siento. Esta vez no hay brujas que cazar.

Si la crisis de Bolivia fuera producto de una conspiración -como creen Sus excelencias, los señores Presidente y Vicepresidente- la solución fuera fácil: acabar con la conspiración y con los conspiradores. Pero esto es mucho más serio. Y cualquier conspiración -donde la haya- es moco de pavo, comparada con la crisis estructural del Estado andino.

Si mañana meten preso a Branco, a Costas, a Cossío, a los de las cortes electorales, al Mallku, a los indígenas del oriente, a los cooperativistas mineros que no son el MAS y a la virgen María, la crisis de lo estatal no sólo que permanecerá, se profundizará.

El Estado andino no necesita conspiración. Se ha roto solo y por esfuerzo propio. Porque esta crisis del Estado, Excelencias, es en serio. No es un problema que ustedes y sus amigos tengan a la hora de sostener sus cargos. Ustedes y sus cargos son lo de menos. Esta crisis es mucho más grande que las personales circunstancias que hoy agobian a nuestros gobernantes. Esta crisis es el fin de una época.


LAS DOS FUERZAS EN LA HORA DE LA CRISIS

La crisis del Estado boliviano viene acompañada por el surgimiento de dos fuerzas. Una, es el MAS, esa fuerza destinada a morir con el Estado que se hunde. Y la otra, es Santa Cruz, esa fuerza destinada a sustituir al Estado que desaparece.


EL MAS y el fin de lo estatal en Bolivia.

El MAS es la fuerza que surge en el momento de la agonía del Estado andino, justo para intentar salvarlo. Es la fuerza que emerge para salvar al viejo Estado colla, minero, populista. Salvar la obra portentosa del ‘52.

Y la fórmula de salvación que propone el MAS, como no podía ser menos, es el retorno a los orígenes. El gran retorno del estatismo. El retorno a los recursos naturales, a la raza, al partido único, al caudillo. El MAS huye hacia delante. Ante la caída del Estado propone más estatismo.

Sin embargo, caballeros, lo único que puede salvar a un Estado moderno que está a punto de desarticularse es una economía moderna que funcione. Ejemplo, España. Una economía capitalista que funcione y tribute es la base de la fortaleza estatal.

Mientras la sociedad y la economía boliviana no desarrollen una economía capitalista y moderna, no hay perspectiva alguna para recuperar el Estado boliviano. Y es obvio que impulsar una economía capitalista, abierta y burguesa, no es ni ha sido -jamás-, el plan del MAS.


El MAS hunde al Estado.

A ver: para bien y para mal, el MAS es una enorme fuerza política, cuyo éxito en la lucha perenne por el poder, le conduce a la desarticulación -involuntaria- del Estado boliviano.

No veo viable ningún plan viable, ni del MAS, ni de Goni -dignos representantes del poder andino, ambos- para salvar ese Estado que hoy se hunde. El Estado boliviano, como proyecto económico y como proyecto político, está estructuralmente dañado. Ni los chamanes del MAS, ni los harvard boys de Goni pueden hacer mucho para levantarlo.

Por eso, lo trágico del MAS es que, a pesar de sus intenciones, no tiene ninguna posibilidad de funcionar como camino de salvación para el Estado andino. Al contrario: tiene todas las probabilidades para acabar de hundirlo. El MAS es un proyecto cuya intención es salvar el Estado andino, pero cuyo destino es enterrarlo.

El MAS, en el fondo, es parte de la desarticulación del Estado boliviano. En realidad, creo que necesitamos al MAS para organizar los funerales del Estado andino.


El Estado hunde al MAS.

El Estado que se hunde arrastra al MAS. El MAS es la reacción refleja, maravillosa y folklórica del Estado andino que se muere. Es su último pataleo.

Y por eso, el MAS debe aguantar con serenidad su propio calvario y destino. El MAS vino al mundo con la misión de compartir con el Estado andino, la enfermedad de ser inviables en la modernidad.


Santa Cruz y el fin del Estado boliviano.

¿Es la rebelión autonomista una estocada final contra el Estado andino? No lo es. El Estado andino ya estaba listo antes de la cuestión autonómica. La cuestión cruceña -simplemente- es una señal: la señal de que la crisis de ese Estado es definitiva.

La tal rebelión autonomista de Santa Cruz es un resultado natural. Es lo normal cuando el centro se hunde en la pobreza y la periferia despega en el capitalismo. Los detalles son lo de menos. Por eso, termine como termine la cuestión cruceña, el Estado colla y sus elites -sean indias o sean blancas- está acabado.

El MAS, en vano pierde el sueño pensando que Santa Cruz le quitará el poder del Estado central. Y por eso, es mala la estrategia del MAS buscando “derrotar” a Santa Cruz, con la esperanza de salvar el pellejo propio y el de su Estado en agonía.

Santa Cruz está en otra. No sólo en términos de fuerzas, sino también en términos de tiempos. Santa Cruz ya se llevó el poder que le corresponde según su fuerza. El poder sobre sí mismo. El poder de continuar su camino capitalista, agroindustrial.

Por eso, el proyecto de Santa Cruz no es tomar La Paz, la Comibol, YPFB, la Cancillería, el Palacio y toda la parafernalia del viejo Estado central y andino. El proyecto de Santa Cruz -para el cual tiene fuerza de sobra- es pasar página respecto al viejo Estado central. Pasar página y comenzar un nuevo tiempo.


A futuro.

¿Qué hará el Estado central en su última hora? ¿Se conformará con dar paso a un Estado federal y capitalista? Es decir, ¿caminará Bolivia hacia un modelo con departamentos muy fuertes e insertos en el mercado y la economía mundial?

El MAS, sus generales y El Alto intentan sobrevivir de modo desesperado. Y harán todo lo que sea necesario para lograrlo. Junto a ellos, habrá un coro de voces menores rajándose también por pervivir: los joseluises exenic, los albarracines, las anamarías, los jesuses juarez y toda la superestructura del estatismo pro masista.

A la vez, habrá un montón de políticos andinos que, no estando con el MAS, tampoco sobrevivirán políticamente al hundimiento del Estado andino. Por la derecha acabarán de hundirse los partidos tradicionales, incluyendo a los carlos mesas de turno. Y por la izquierda, se hundirán con el Estado fracasado los quispes, los solares y compañía.

Aviso para políticos andinos. Si quieren sobrevivir, de aquí en adelante, tendrán que trabajar un proyecto paceñista. O uno potosinista. U otro alteñista… y así en cada sitio. El andino que se meta en política para dársela de político “nacional” estará pateando oxígeno. No existe la más mínima posibilidad de que el capitalismo exitoso de la mitad oriental del país se someta a la frágil gobernación andina. Y en esto, da igual quién esté en Palacio.

En el trabajo de construir alternativas políticas collas, pero volcadas a lo local y a lo departamental, veo que están adelantando esfuerzos, tipos como el alcalde de La Paz, el de Potosí y el propio prefecto paceño. Esos tienen buen instinto y gran entrenamiento.

Ahora bien. En medio del naufragio, me pregunto si los actores políticos andinos soportarán una transición pacífica ¿O veremos tropas militares marchando a paso de parada en la calles de Santa Cruz, Sucre, Trinidad, Cobija y Tarija? Es decir, ¿cómo vendrán los coletazos del agónico Estado boliviano y sus coristas?

¿Pueden los militares frenar la revolución burguesa que Santa Cruz impulsa? Quizá. Por lo menos, pueden intentarlo. Hoy, dos datos claros y una incógnita:

Primer dato. Lo estatal está roto. Lo estatal se va a pique. Arrastra a la ley, arrastra al sistema político y arrastra a los políticos collas en general.

Segundo dato. Santa Cruz se niega a tomar parte del naufragio andino y arma un camino autónomo junto a la mitad del país, para buscar perspectivas de futuro.

La incógnita. ¿Cómo encajarán esta crisis tan grave, el MAS y el resto de los políticos andinos? ¿Lo harán desde la violencia? ¿Lo harán huyendo hacia adelante y buscando las soluciones por el desastre? ¿O contribuirán -más bien- a una transición pacífica y controlada entre el viejo Estado que se hunde y el nuevo modelo territorial, político y económico que hoy surge en el oriente? Nadie sabe. Habrá que esperar unos meses.

 




 

POR EL MOVIMIENTO NACIÓN CAMBA DE LIBERACIÓN

(ñane Retâ ... ojuhu porâve hague ojupe)

M.N.C-L 2000-2008