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La estrategia
de la araña.
Gonzalo Chávez A.
Las prefecturas cuentan con superávit de legitimidad, pero el oxígeno
político debe traducirse en una visión productiva propia.
En la semana que termina se han posesionado nueve prefectos
departamentales elegidos por voto directo. Un hecho político de la mayor
trascendencia que generó una nueva geografía de legitimidad. El poder se
descentralizó y ahora busca un andamiaje institucional y legal para que
política pública fluya en el nivel local. Es un paso firme en la
dirección de aproximar al Estado de la gente, es ampliar las alas de la
democracia y la participación social, es pensar Bolivia desde sus
partes. Se ha iniciado un proceso autonómico que tiene el desafío de
consolidarse en el referéndum autonómico y la futura Asamblea
Constituyente.
En el pasado, el poder político tenía un correlato con la supremacía
económica de alguna región. Por ejemplo, el auge de la minería en el
Occidente del país se tradujo en gobiernos que estaban, directa o
indirectamente, vinculados a este poder económico. El modelo centralista
de desarrollo establecía una arquitectura institucional donde una región
lideraba al resto. Potosí en su momento y después La Paz fueron las
locomotoras del crecimiento económico que jalaron el resto de vagones
regionales.
Con el desarrollo rápido de Santa Cruz y la crisis de la minería se
produjo un desplazamiento del poder económico. El descubrimiento de
enormes reservas de gas natural en Tarija, también genera otro potencial
polo de desarrollo. Con menos fuerza, otros departamentos buscan una
nueva identidad productiva. Dado este nuevo contexto económico y
político, la imagen de la locomotora ya no es pertinente para analizar
la realidad boliviana. Aunque aún hay gente que insiste que Santa Cruz
sea el nuevo carro jefe de la economía, pero la descentralización del
poder político vía elección de prefectos coloca el desafío de pensar
Bolivia como una red de actores regionales con diferente poder económico
y no como un tren. Impulsa a construir una gobernabilidad de bloques
regionales complementarios. En las elecciones del 18 de diciembre, el
pueblo boliviano construyó, con su voto, legitimidades equivalentes,
Presidente y prefectos fueron elegidos por mayorías importantes. Ahora
al contrario del pasado, el equilibrio político depende en Bolivia de
los consensos en el Congreso pero también de las relaciones entre el
Gobierno nacional y las administraciones departamentales. De las redes
políticas y económicas que se construyan.
Comenzar a visualizar Bolivia como una red, cuyos nodos de conexión son
los departamentos, los municipios u otras formas de organización
territorial, no implica desconocer que existen grandes diferencias
económicas y de dotación de capital humano entre éstos. Mas bien
significa, en términos de desarrollo, pensar desde las potencialidades
de lo local. Ver el rompecabezas de Bolivia desde sus piezas.
Las nuevas prefecturas cuentan con un importante superávit de
legitimidad, pero el oxígeno político debe traducirse en una visión
productiva propia, cristalizada en planes de desarrollo regional
complementarios. Sin embargo, al interior de cada departamento, los
nuevos gobiernos también deben ver sus espacios geográficos como redes
de municipios y otras formas de organización territorial. También se
debe abolir la imagen de locomotora para generar desarrollo local.
Pensar la nueva Bolivia como una red de actores territoriales implica
revalorizar el valor de la conexión y la integración. Significa invertir
más en propuestas que en reivindicaciones. Cuanto más integrados están
los nodos (departamentos o municipios) de una red, el valor productivo
de ésta crece exponencialmente.
La matemática enseña que más genera más. Quiere decir que a medida que
la cantidad de regiones (nodos) de una red aumenta aritméticamente, el
valor de la red crece exponencialmente. En un concepto de integración
como red importan las partes independientemente de su tamaño. La
característica distintiva de las redes es que no tienen un centro ni
límites definidos y que siempre hay alguna forma de complementariedad.
El valor de participar en una red aumenta junto a la cantidad de
miembros, y la explosión de valor, que puede ser productivo, atrae
nuevos miembros, haciendo que el resultado sea compuesto. En las
palabras de Peter Drucker, entender la integración regional como red es
cambiar la actitud de resolver problemas por la de buscar oportunidades
en red.
Nuestra idea de desarrollo geográfico siempre estuvo asociada a un tren,
una locomotora que jala a los vagones. El proceso político y económico
que se abre con las autonomías nos desafía a seguir la estrategia de la
araña que construye una red a través de círculos virtuosos, que
disminuye el peso del tamaño y revaloriza la complementariedad y el
valor de las partes.
*Gonzalo Chávez
es economista.
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