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LA ANDINOMANÍA
Jorge Landívar Roca
Gran parte de la ciudadanía no logra entender el motivo por el cual el
gobierno ejercita una sañuda confrontación con los departamentos del
oriente y sur del país. Con preocupación observa el que prevalezca un
peligroso estado de polarización regional, jamás registrado en los
anales de la historia boliviana.
La patética y pública animadversión del presidente Morales hacia
ciudadanos que habitan en departamentos que optaron por el sistema
autonómico, carece de justificativo. Estos reivindican una visión de
país no coincidente con el modelo colectivista que el gobierno tiene
definido aplicar; un ensayo comunista de corte indigenista basado en el
fortalecimiento de formas de autoorganización y de desarrollo mercantil
propiamente andino. Lejos, por supuesto, de los razonamientos formulados
por la renovada ideología socialista.
Con esta posición, el primer mandatario ha venido proclamando que es
inevitable el surgimiento de un nuevo orden social basado en la
identidad indígena, de modo que lo que no pertenece al mundo aymara
carece de legitimidad y si desea convivir con el nuevo estamento deberá
necesariamente subordinarse a él, tal cual ha sucedido con los quechuas.
De lo que se trata es de privilegiar la identidad cultural aymara en
menoscabo de la razón de ser y existir de otras culturas.
En la conformación de esta nueva sociedad, ideada por antropólogos,
etnólogos y sociólogos de varias ONG’s junto a dirigentes de la
izquierda radical y la corriente indigenista del gobierno, no han sido
contemplados los mestizos y blancoides. La tesis que se esgrime es que
ya tuvieron su oportunidad y hoy les corresponde a los indígenas. En
este sentido el gobierno afirma que así como la minería dio origen a la
burguesía minero-feudal, la nueva burguesía se construirá a partir de lo
indígena, utilizando para ello recursos económicos provenientes de los
hidrocarburos.
Dentro de la estrategia de erradicación del contexto social de los
blancoides, mestizos y otras etnias, a más de las recomendaciones del
ministro Patzi en sentido que ‘el gobierno deber usar la procreación
para cambiar los efectos perniciosos de la colonización, para lo cual
las mujeres indígenas deben continuar teniendo entre cinco y ocho hijos
de modo que la minoría blanca del país, con sus ideas europeas, pase a
ser irrelevante’; se tiene programado el traslado de comunidades del
occidente hacia el oriente del país, que con la repartición de tierras y
su colectivización, terminarán por destruir el sistema productivo así
como las costumbres y tradiciones de los lugareños. Ello no sólo
constituye un elemento táctico de dominación, sino que desde el punto de
vista político, bajo el criterio de quitar recursos económicos al sector
empresarial y a la clase media, se pretende disminuir sus posibilidades
de retorno al poder.
El propósito del MAS se inscribe en la ‘andinomanía’. Una actitud de
dominación indigenista, sectaria y excluyente dirigida a imponer la
cultura andina y estimular el centralismo administrativo con una visión
exclusivamente racista. Con este objetivo el gobierno viene utilizando
como pivote de articulación comunitaria, ideológica y política, el apego
a la identidad étnica. En estas circunstancias el ‘mito y la utopía’,
desplazan momentáneamente a la ideología. Esta política de Estado es
resistida por los habitantes de los departamentos que han desarrollado
una sociedad moderna y un sistema económico distinto al propuesto, de
modo que el desconocimiento al derecho a ser diferentes, podría provocar
una guerra civil con la consiguiente fragmentación de la unidad
nacional.
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