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El ámbito precolombino y la cultura autoritaria.
Por: H.C.F. MANSILLA
Durante el último medio siglo los países andinos han experimentado
notables procesos de modernización, que han generado una especialización
de funciones, una diferenciación de los tejidos sociales y una expansión
sin precedentes de los estratos medios. El fenómeno más importante y
curioso es, empero , la pervivencia de mentalidades premodernas en medio
del proceso de modernización acelerada . Actitudes autoritarias,
prerracionales, convencional-conservadoras y tradicionalistas persisten
paralelamente a la adopción de normativas occidentales modernas en la
esfera económica, la administración pública y el ámbito académico.
No hay duda de los notables logros del Imperio Inca (y de las culturas
que lo antecedieron) en muchos terrenos de la actividad humana, logros
que se extienden desde la arquitectura y la infraestructura de
comunicaciones hasta prácticas de solidaridad inmediata y un sentimiento
estable de seguridad, certidumbre e identidad, lo cual no es poco,
ciertamente. La dignidad superior atribuida a lo supra-individual
fomentó valores de orientación y modelos organizativos de índole
colectivista . Los padrones ejemplares de comportamiento social eran la
predisposición a la abnegación y el sacrificio , la confianza en las
autoridades y el sometimiento de los individuos bajo los requerimientos
del Estado . Todo esto condujo a una actitud básica que percibía en la
tuición gubernamental algo natural y que consideraba todo cambio social
como algo negativo e incómodo.
Las civilizaciones precolombinas no conocieron ningún sistema para
diluir el centralismo político , para atenuar gobiernos despóticos o
para representar en forma permanente los intereses de los diversos
grupos sociales y de las minorías étnicas . La homogeneidad era su
principio rector . Esta constelación no ha fomentado el surgimiento de
pautas normativas de comportamiento y de instituciones gubernamentales
que resultasen a la larga favorables al individuo como persona autónoma,
a los derechos humanos como los concebimos hoy, a una pluralidad de
intereses que compitiesen entre sí y, por consiguiente, al florecimiento
de un espíritu crítico-científico.
Las comunidades indígenas se hallan hoy inmersas en un proceso de
modernización, y es verosímil que esto último
haya sido inducido por factores exógenos , como el contacto diario con
el mundo moderno y la influencia de la escuela y de los medios masivos
de comunicación. Paralelamente a esto las culturas indígenas del
presente conservan a menudo rasgos autoritarios en la estructuración
social, en la mentalidad colectiva y también en la vida cotidiana y
familiar. Estos fenómenos no concitan el interés de los partidos
indigenistas y de sus intelectuales, quienes más bien fomentan una
autovisión de los aborígenes basada en un panorama idealizado y falso
del pasado : las culturas precolombinas habrían sido profundamente
democráticas y no habrían conocido relaciones de explotación y
subordinación . En resumen para el ámbito andino: la civilización
incaica debería ser vista como un
socialismo revolucionario y original , pero en estadio embrionario. Es
precisamente esta concepción la que dificulta la difusión de un espíritu
crítico-científico: promueve una visión complaciente y embellecida de la
propia historia , atribuye todas las carencias del pasado y de la
actualidad a los agentes foráneos y evita un cuestionamiento de los
valores de orientación del propio pueblo. En este campo las corrientes
izquierdistas y nacionalistas no han significado una ganancia
cognoscitiva y más bien han contribuido a consolidar los aspectos
autoritarios en el mundo indígena .
También hoy entre cientistas sociales existen tabúes, aun después del
colapso del socialismo.
Así como antes entre marxistas era una blasfemia impronunciable achacar
al proletariado algún rasgo negativo , hoy sigue siendo un hecho difícil
de aceptar que sean precisamente los pueblos indígenas y los estratos
sociales explotados a lo largo de siglos -y por esto presuntos
depositarios de una ética superior y encargados de hacer avanzar la
historia - los que encarnan algunas
cualidades poco propicias con respecto a la cultura cívica moderna , a
la vigencia de los derechos humanos y al despliegue de una actitud
básicamente crítica .
No hay duda de que casi todos los sectores indígenas intentan adoptar
lenta pero seguramente numerosos rasgos básicos del mundo occidental,
sobre todo en los campos de la técnica y la economía.
Como este designio tiene lugar, al mismo tiempo, con el redescubrimiento
de sus valores ancestrales , lo que finalmente emerge
es una compleja y contradictoria amalgama que tiene una relevancia
decisiva para la configuración de la identidad nacional. En los países
andinos se puede constatar una controversia entre la conservación de la
tradicionalidad aborigen y los intentos de alcanzar la modernidad a la
brevedad posible .
Esta pugna es particularmente clara en grupos indígenas de urbanización
reciente y formación universitaria . Además hay que consignar que
numerosas reivindicaciones indígenas encubren conflictos habituales y
prosaicos por la posesión de recursos naturales cada vez más escasos,
como tierras agrícolas y fuentes de agua. Nada de esto es sorprendente,
pues pertenece al acervo de la historia universal.
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