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COMO SON LOS AUTONOMISTAS DE SANTA CRUZ,
CUYAS DEMANDAS HAN ENTRADO EN UN COMPAS DE ESPERA
“No quiero los líos de los que
no trabajan”
Bolivia, cuya deuda con organismos multilaterales fue condonada ayer por
el G8 junto a la de otros 17 países pobres, tendía a normalizarse en los
principales ejes de conflicto en el oeste, mientras en el este rico y
autonomista se vivían los cambios, tras la asunción presidencial de
Eduardo Rodríguez, con una mezcla de resignación y esperanza a largo
plazo.
Por Eduardo Febbro
Desde Santa Cruz de la Sierra
En los locales del Comité Pro Santa Cruz las sonrisas son amplias, la
recepción calurosa y la convicción intacta, a pesar de que la realidad
se volvió de pronto adversa. El terremoto político que sacudió a Bolivia
durante las últimas tres semanas y su posterior desenlace –la nominación
del presidente de la Corte Suprema, Eduardo Rodríguez, como nuevo jefe
de Estado– frenaron la marcha triunfante de los cruceños hacia la tan
anhelada autonomía. Santa Cruz de la Sierra es, junto con otros tres
departamentos, uno de los más vehementes defensores de la autonomía
regional. Por diferentes razones, Tarija, Santa Cruz, Beni y Pando han
formado el cuarteto de departamentos que propulsaron un fuerte
movimiento autonomista. Orgullosos de su pasado, de la riqueza que
producen y de una “identidad” que nada tiene que ver con el mundo
andino, los cruceños lideraron el movimiento de los cuatro departamentos
bolivianos que aspiraron a la autonomía regional. Aunado en una misma
ambición, el cuarteto presionó al poder central hasta introducir en la
Asamblea Nacional un proyecto de referéndum vinculante previsto para el
próximo mes de agosto.
Sin embargo, la interrupción del mandato de Carlos Mesa interpuso un
compás de espera obligado. Entre los sueños y la realidad, se hizo
necesario bajar el tono a fin de no agregar confusión a la confusión y
no aparecer, ahora, como el “eje” que, en pleno caos, está dispuesto a
protagonizar un golpe capaz de desestructurar al herido Estado
boliviano.
Luego de que el sistema político nacional encontrara la salida
constitucional que desactivó la bomba de la crisis, los autonomistas
tuvieron que aceptar dejar en suspenso la idea del referéndum, tanto más
cuanto que el nuevo presidente tiene seis meses para convocar a
elecciones generales. Entre los deseos autonómicos y su realización hay
una agenda densa: las elecciones y la Asamblea Constituyente. “Esto que
ha ocurrido es lo peor que podía pasarnos, pero la lucha continúa,
siempre con alegría y energía”, admite en el anonimato un miembro del
organismo cruceño que milita por la autonomía, el Comité Pro Santa Cruz.
El comité es el brazo político de una cruzada a favor de un régimen
autonómico que dé lugar a que el departamento maneje libremente sus
recursos. Santa Cruz quiere administrar sus propios bienes sin que el
Estado boliviano se inmiscuya en las cuentas de una región que detenta
el supremo privilegio de producir el 40 por ciento de la riqueza
nacional. Esa idea descentralizadora hizo eco en Tarija, Beni y Pando,
pero también ahondó la brecha entre los dos países que cohabitan en
Bolivia, el mundo andino y los llanos del oriente. Los cuatro
departamentos con ambiciones autonómicas chocan frontalmente con La Paz,
Chuquisaca, Potosí, Cochabamba y Oruro, que militan por un estado
central y proponen la convocatoria de una asamblea constituyente.
La autonomía presentada por las cuatro regiones está basada en un
esquema doble, político y económico. El político se articula en torno de
la elección directa de los prefectos, una autoridad que pasará a tener
“rango” de gobernador al igual que en un régimen federal, y de la
elección de las asambleas locales. Sin embargo, el eje del proyecto no
es tanto el político sino el económico. Santa Cruz presentó un modelo
destinado a administrar el 56 por ciento de los recursos que genera y
una reforma del sistema de distribución departamental. Este modelo
pretende destinar un 10 por ciento de la producción de las regiones más
ricas a las cajas de los departamentos más empobrecidos y un 33 por
ciento a las cajas de la administración nacional. Pero los legisladores
y las organizaciones sindicales y sociales de las regiones andinas ponen
en tela de juicio un principio que, en los hechos, consiste en obtener
facultades irrenunciables sobre las riquezas del suelo y poder gozar de
ellas sin obligación de consultar al gobierno central.
El conflicto que surgió de este proyecto alcanzó una dimensión inédita.
Mundo andino y autonomistas se acusaron de racistas, de fascistas, de
separatistas, de atrasados, de antipatriotas y de ladrones. La historia
sirve de sustento a los autonomistas de Santa Cruz. Los datos demuestran
sin ambigüedad que, durante décadas, los cruceños fueron olvidados por
el Estado central. Santa Cruz tuvo su primera calle asfaltada recién en
1967. El historiador Javier Matienzo señala que “a lo largo de todo el
siglo XIX y durante buena parte del siglo XX, la economía se basó en la
explotación minera de las zonas andinas sin que nadie se ocupara de
aplicar una política de cohesión e integración territorial en el
conjunto. Ello llevó a que zonas en apariencia periféricas como el
oriente y el sur recibieran escasa atención del gobierno. Este estaba
preocupado en la rentabilidad de la minería y dejó a las regiones que
estaban fuera del eje económico del país abandonadas a su propia
suerte”.
El desarrollo, sin embargo, cambió de rumbo. El mundo andino se
empobreció, la minería dejó de ser un gran negocio y Santa Cruz de la
Sierra se convirtió en el orgulloso pulmón económico del país. En
diálogo con Página/12, el doctor Logio Yoyo Balcazar Arroyo, gerente del
Comité Pro Santa Cruz, considera que el nombramiento de un nuevo
presidente “es a la vez un paso atrás y un paso adelante. Hacia atrás
por el hecho mismo de que los presidentes bolivianos apenas duran uno o
dos años, hacia adelante porque la salida del presidente Carlos Mesa
abre otro panorama político.
El era una parte sustancial de la
confrontación que había entre el Parlamento y el Ejecutivo”. En lo que
se refiere a las ambiciones autonómicas de Santa Cruz, el dirigente
cruceño reconoce que “ahora debemos esperar un poco a ver qué dice el
nuevo mandatario. Mantenemos por principio la convocatoria del
referéndum para el 12 de agosto, pero también debemos esperar y ver
cuáles son los pasos que da el Parlamento en la búsqueda de una salida a
la crisis”. Arroyo se defiende de toda acusación de separatismo y alega
que “lo único que quiere Santa Cruz es trabajar en paz y que las leyes
se cumplan. Queremos mirar al país con esperanza. No vamos a salir de la
pobreza con bloqueos. Sólo el trabajo productivo constituye una salida.
Y eso es lo que el país no está haciendo”. Arroyo protesta contra lo que
él considera una campaña sucia contra su departamento. Según afirma, se
ha “utilizado nuestra idea de un referéndum, lanzada respetando todos
los mecanismos democráticos fijados por la Constitución, para confrontar
a ambas regiones del país, es decir, el oriente contra occidente”.
Las calles de Santa Cruz son, sin embargo, testimonio de una clara
confrontación. La región quiere a todo precio el control de su
“identidad” y no se siente de igual a igual con el resto del país. El
caos boliviano, la incapacidad de la clase política de administrar
equitativamente un territorio nacional, terminó generando un fuerte
movimiento autonómico que, tarde o temprano, dividirá al país. “Yo –dice
un cruceño– no quiero vivir heredando los líos de un Estado incapaz de
respetar las normas y de un montón de gente que no trabaja.”
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