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ENCUESTAS SOBRE AUTONOMÍA.
Daniel A. Pasquier Rivero
Se habla de autonomía en el país pero, sin duda, es en Santa Cruz y
Tarija donde se convierte en vital. Una larga tradición de lucha por
tener más potestad para elegir autoridades, para administrar libremente
al menos parte de sus recursos y, sobre todo, para mantener una manera
de ser, de sentir, de hacer, y de concebir la vida. El nivel actual de
concientización es fruto del enorme esfuerzo realizado por los
movimientos cívicos de ambos departamentos, que han conseguido
socializar el tema de la autonomía al punto que ya es una aspiración
compartida mayoritariamente por cambas y chapacos de cualquier
condición, no importa ser rico o pobre, hombre o mujer, joven o viejo,
obrero o empresario, ni la filiación política.
Así el Comité Pro Santa Cruz, con los antecedentes de los 300.000
concentrados ante el Cristo Redentor y casi medio millón de firmas
reclamando autonomía, exigió la convocatoria a un referéndum nacional
con carácter vinculante a nivel departamental, finalmente fijado para
julio del 2006.
La autonomía alienta esperanzas en todo Bolivia. Quizás lo más meritorio
ahora es que toda la sociedad boliviana analiza y debate, con mayor o
menor profundidad, el tema de los gobiernos autónomos departamentales.
Pero aún hay urgencia de llegar al último rincón del país con una
explicación clara y sencilla, hasta donde se pueda, de lo que significa
autonomía; no hay que olvidar que hay fuerzas importantes remando en
sentido contrario (los centralistas por convicción, que los hay, y los
centralistas por corrupción, que no quieren soltar la mamadera) y, por
último, hay que convencer a los escépticos, que siempre sacan el ejemplo
de la autonomía municipal y universitaria. Convocar a referéndum, una
consulta pública, el veredicto ciudadano en acto puro, democracia
directa, y la voluntad de aceptar un resultado inapelable (sólo Dios
sabe hasta cuando nuevamente, de salir contrario a la propuesta
autonomista), es sin duda una apuesta fuerte.
Debemos saber qué opinan los que van a votar, no los que la promueven.
Tiene mucho sentido hacer encuestas para orientar información hacia
donde haga falta, repitiendo, recreando e innovando el cómo. Porque las
preguntas del referéndum no deben admitir “interpretaciones”; suficiente
berenjenal ya ha sido el referéndum sobre el gas y los hidrocarburos,
como para crear otro. Y aquí sirve de ejemplo la encuesta realizada por
alumnos del Colegio Domingo Leigue, en el Barrio Los Ángeles de Santa
Cruz capital. ¿Conoce qué es Autonomía? Sí 52% No 48% ¿Está de acuerdo
con el centralismo? Sí 45% No 55% ¿Está de acuerdo con que elijamos
nuestras autoridades? Sí 94.4% No 5.6% ¿Está de acuerdo con que los
cruceños planifiquemos nuestro desarrollo? Sí 94.4% No 5.6% ¿Está de
acuerdo con que los cruceños administremos nuestros recursos? Sí 95% No
5% ¿Está de acuerdo que se respeten todas las culturas del país? Sí
96.6% No 3.4%. Resultados contundentes a favor de la autonomía y al
respeto de todas las culturas del país, pero señalan claramente que
autonomía y centralismo, en abstracto, confunden, aunque la percepción
de sus efectos en la ciudadanía es muy clara: prácticamente nadie quiere
seguir con el estado centralizado.
Esta encuesta también nos sugiere cómo exponer el tema de las
autonomías; el lenguaje, técnico, preciso, más académico, será
absolutamente necesario en ambientes reducidos, pero puede que no sirva
para llegar a la población general. La encuesta colegial fue casa por
casa, entrevistando a toda persona mayor sea esta ama de casa, dueño,
empleada, pariente o visitas, sin distinción ni discriminaciones, como
va a ser el referéndum. Si además, cada barrio, pueblo o provincia tiene
su propia personalidad, podrían tener percepciones distintas sobre la
autonomía. Hablar claro, una buena lección.
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