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Algunas reflexiones a propósito de las autonomías regionales en Bolivia
Javier Matienzo Castillo
Abogado e Historiador tarijeño
Es curioso leer en la prensa boliviana, sobre todo en los medios de
comunicación de la zona andina, críticas al movimiento autonomista en
Santa Cruz y Tarija. Continuamente se califica a esta aspiración de
"antipatriótica" pues responde sólo a intereses de un pequeño grupo que
ostenta el poder. Quiero recordar no obstante, que el problema del
"regionalismo" cruceño o tarijeño no es tan simple y superficial como se
intenta sugerir.
No se puede olvidar de ningún modo que por algo más de los primeros cien
años de vida independiente del país, la presencia del Estado nacional,
sólo se hizo presente en la zona andina. La economía boliviana durante
todo el siglo XIX y buena parte del XX giró en torno a la explotación
minera de la zona andina, de ahí que las pocas iniciativas de desarrollo
puestas en marcha, sólo se implementaron en el área de influencia de los
ejes Sucre - Potosí y La Paz – Cochabamba - Oruro, sin intentar siquiera
una verdadera política de cohesión e integración del territorio boliviano
en su conjunto.
Zonas periféricas como el Oriente o el Sur del país recibieron poca o
ninguna atención del gobierno central, preocupado sólo en hacer más
rentable la minería. En muchas ocasiones estas regiones que se encontraban
fuera del eje económico del país, quedaron abandonadas a su propia suerte.
Tal vez el caso más dramático lo vivió el núcleo cruceño, que a mediados
del siglo XIX, si ya de por sí estaba desvinculado del territorio
nacional, con la época de lluvias vivía un período de casi medio año en
que no tenía comunicación con el mundo.
Similar perjuicio vivió la Tarija de finales del siglo XIX. La época de
auge de la economía y el comercio que vivió Tarija durante este período,
intentó por vez primera traer un poco de desarrollo a la región. De
aquella época datan construcciones tan representativas en la capital
chapaca como la Casa Dorada. Las transacciones comerciales con Argentina
favorecieron en gran medida este auge, alentado por la cercanía de un
mercado importante para los productos argentinos, cual era el de la
capital de Bolivia, todavía instalada en Sucre.
Si ya Tarija de por sí fue una zona periférica del país, el traslado de la
sede del gobierno de Sucre a La Paz sumió a esa incipiente clase
comerciante tarijeña de fines del siglo XIX en la más profunda ruina. ¿Qué
interés podía tener el comercio con la vecina Argentina, cuando el nuevo
centro de poder en La Paz solo miraba a los puertos del Océano Pacífico?
Dentro este contexto, me parece que difícilmente se puede exigir un
sentimiento de "bolivianeidad" en regiones que dejadas de la mano de Dios
durante casi siglo y medio por parte del Estado central Boliviano,
tuvieron que sobrevivir a costa de su propio esfuerzo. Los lazos
históricos que unen a cruceños y tarijeños con Bolivia son innegables y no
dudo que los habitantes de estas regiones nos sentimos claramente
identificados con ellos, mas si nuestros intereses regionales entran en
conflicto con los intereses nacionales, sin duda antepondremos lo
favorable a la región apartada donde hemos nacido, crecido y de la que
hemos obtenido lo poco que tenemos.
Se califica también al movimiento autonomista de insolidario; y yo me
pregunto ¿qué pasa con la guerra civil que vivió la Bolivia andina a fines
del siglo XIX cuando los incipientes grupos de poder paceños lograron
trasladar la sede del gobierno de nuestra histórica capital de Sucre?
¿Acaso este movimiento federalista de La Paz tuvo solidaridad? ¿Con qué
moral la sociedad paceña puede criticar un movimiento que desconoce por
completo, cuando al ganar una guerra fratricida enfrentando a aymaras y
quechuas a voz de federalismo, no hizo más que acentuar el centralismo en
beneficio de sus propios intereses?
El fracaso del modelo centralista es inminente. Para ejemplo basta señalar
la extrema pobreza de las regiones de Potosí y Oruro, que a pesar de haber
sido el principal pilar donde se asentó la economía boliviana del siglo
XIX y buena parte del XX, constituyen hoy la región más deprimida del
país. En este entendido, me parece que aún menos solidario es que el
centralismo siga pretendiendo enriquecerse a costa de recursos ajenos sin
reportar beneficio alguno a las zonas productoras.
Hace pocos días leía con desolación las declaraciones del Comité Cívico de
Chuquisaca que llamaba a la unidad del país y se pronunciaba abiertamente
contra las autonomías regionales, exigiendo la continuidad del modelo
central de administración. Sobre estas declaraciones sólo puedo decir que
me asombra la facilidad con la que los pueblos pueden perder su memoria
histórica. ¿Es que acaso la culta Charcas ha olvidado que el centralismo
paceño, luego de la translación de la sede del gobierno, ha sumido a su
región en el olvido y atraso? La crítica situación económica en esta
región, hoy se hace más latente si vemos los indicadores de calidad de
vida y constatamos que Chuquisaca, junto a Oruro y Potosí –como ya
señalamos- son las regiones con los niveles de pobreza más acusados en el
contexto nacional.
Respecto al tema del gas y su exportación al mercado mejicano y
estadounidense, se pretende también hacer creer a la opinión pública
nacional que las clases dirigentes de Santa Cruz y Tarija traicionan las
históricas aspiraciones del país a una salida soberana al mar,
pretendiendo la utilización de los puertos chilenos. Acerca de esto quiero
anotar un par de ideas. En primer lugar, Bolivia debe ser consciente que
en temas comerciales, debe primar el criterio de la mayor rentabilidad,
más aún si se trata de un "recurso estratégico" cual es el gas.
Las aspiraciones y reivindicaciones no se ven afectadas en lo más mínimo
por una decisión de índole estrictamente comercial. La eventual
utilización de un puerto peruano para la exportación del gas (por muchas
facilidades arancelarias que se nos otorguen), resta gran parte de las
utilidades que obtendría el Estado; en este sentido, considero que la
elección del un puerto chileno fue y es la opción más acertada. Este mismo
criterio comercial, fue el que siguió la sociedad paceña durante el siglo
XIX en sus relaciones comerciales con los puertos del Pacífico, sobre todo
en el caso de Arica. De hecho la construcción del ferrocarril La Paz -
Arica es el más claro ejemplo de la legitimidad de potenciar la economía
sin afectar nuestra aspiración a una salida soberana al Pacífico. El gran
intercambio comercial con los puertos del Pacífico, llevó a que la
economía paceña hiciera sentir su hegemonía y creciente poder político,
hecho que llevaría no mucho después a la guerra civil y la consecuente
translación de la sede del gobierno como ya mencionamos.
La postura que Tarija asume respecto a la autonomía en general y a la
refundación de YPFB en particular, en este sentido debe ser entendida como
irrenunciable e invariable, y aunque se señala que la región no posee aún
las condiciones necesarias para esta nueva organización administrativa, la
coyuntura económica –en todo favorable a Tarija- hace que sea el mejor
momento para que los propios tarijeños seamos los que trabajemos para la
construcción y afianzamiento de estas condiciones. Seguir a la espera de
que esta labor sea asumida por el gobierno central, sería caer en el
círculo vicioso en el que ya se ha vivido por tanto tiempo y del cual la
región sólo ha obtenido atraso, postergación y desesperanza.
Considero que las aspiraciones autonomistas en Bolivia, buscan sin duda
una mejor administración de los recursos económicos. Creo completamente
legítimo que cruceños y tarijeños quieran que los beneficios de la
explotación de sus recursos naturales redunden en un mayor desarrollo de
su propia región y para ello plantean un nuevo sistema administrativo en
el país. En Tarija la historia a transcurrido bajo la consigna que expresa
una de las estrofas de nuestro himno regional que reza: "de Tarija la
estrella algún día brillará con más vivo fulgor, entretanto a la patria
cantemos dulces himnos de paz y de amor"; es momento pues que tarijeños y
tarijeñas trabajemos juntos para hacer realidad un cambio que será el
inicio de una nueva Tarija para nuestros hijos, los futuros tarijeños. Ha
llegado la hora en que esa estrella de Tarija brille con todo su fulgor.
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