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AUTONOMÍA Y DESINFORMACIÓN
Ovidio Roca Avila
Autonomía y desintegración nacional.
Procesos de federalismo y autonomía se han dando en la gran mayoría de los
países y podemos ver que todos ellos están fuertemente unidos y son además
los más desarrollados. Afirmar que el proceso autonómico que se propone
para Bolivia implique desintegración territorial y lleva a la
desmembración del país es una afirmación interesada y mal intencionada.
Autonomía para todos
Las autonomías constituyen un proceso en el que están interesados todos
los departamentos, pues reconocen como indica el principio de
subsidiaridad, que la toma de decisiones a nivel local y departamental es
mas eficiente que la centralizada.
La ventaja de las autonomías es que constituye un proceso administrativo
donde cada Departamento va asumiendo competencias administrativas, a
medida que tengan interés y capacidad de ejercerlas.
Esta asunción de competencias va aumentando naturalmente, como crecen las
que toman las personas, que a medida que crecen sus capacidades van tomado
mayores responsabilidades y los padres o los adultos van dejando de
ejercerlas.
En este contexto, lo que realmente es importante, es decidir de inicio y
con claridad cuales son las competencias nacionales y comunes a todos en
el país y cuales son las competencias departamentales.
Este proceso diferenciado de construir las autonomías es lo que lo
diferencia del sistema federal donde de una sola vez, cada uno de los
estados asume todas las competencias en sus niveles, ejecutivo legislativo
o judicial. Por otra parte hay que considerar los costos económicos y
sabemos que los de un sistema federal son impensables para Bolivia.
El Referéndum vinculante.
Las autonomías se definirán en la constituyente, lo que en Santa Cruz se
pide, es realizar un referéndum para que cada ciudadano en su departamento
exprese si quiere entrar desde el inicio en un proceso autonómico o
mantener delegadas sus competencias al gobierno central. Esto tiene como
objetivo que los constituyentes reciban un mandato específico de sus
departamentos, para que en la asamblea esta decisión expresada por el
pueblo, sea respetada para ese Departamento.
Los Departamentos que en el referéndum no acepten ingresar al régimen de
autonomías dejaran todas sus competencias en manos del gobierno central.
En realidad, lo que se quiere evitar es que en la constituyente se deje de
lado este interés por constituir autonomías departamentales y evitar lo
que ocurrió con la revolución federal que impulso La Paz, que finalmente
concluyó reafirmando el centralismo.
Estatuto autonómico
Incorporado el régimen de autonomías en la nueva constitución política del
estado, elaborada por los constituyentes, cada Departamento elaborará su
Estatuto Autonómico sobre la base de las competencias que en la
Constitución se hayan definido como Departamentales.
Al elaborar su Estatuto cada Departamento determinará las competencias que
puede ejercer, dejando en manos del gobierno nacional aquellas que no
puedan asumir por el momento.
Aunque este proceso de cambio constitucional debería ser natural porque
favorece a todos, la falta de claridad y los fuertes intereses de mantener
un régimen centralista en el país, en los partidos políticos, en los
sindicatos, en los gremios, hace que se complique y perjudique así el
interés nacional.
¿ES POSIBLE LA UNIDAD NACIONAL?
Cada vez con más insistencia se habla y escribe sobre la “unidad nacional”
y esta preocupación constata con claridad su precariedad y sobre todo la
ausencia de un mecanismo aglutinador que produzca esa unidad.
Creemos que el mecanismo para lograr la unidad que todos queremos, no es
el del mero discurso ideológico o emocional, sino el lograr que los
intereses de cada región y cada grupo entren en sinergia, logrando una
mejor calidad de vida para todos y construyendo juntos, cada uno desde su
propia región y de su propio interés un proyecto de país exitoso.
Es claro que los pueblos no se unen, se juntan, se ayuntan (Ayuntamiento),
para hablar, para lamentarse, para recordar viejas glorias o derrotas,
para despotricar del vecino. Los pueblos se unen, en verdad y de verdad,
para hacer cosas juntos, para construir juntos y asociados un proyecto de
mejor futuro.
Bolivia nace, porque existía la potencia, la fuerza de Potosí, de su
producción minera y del mensaje ideológico y cultural de Charcas. Las
Intendencias, pueblos autárquicos y autónomos, que vivían lejos del rey y
de sus leyes, se unen a ese proyecto; y lo hace de una manera mas
voluntaria Tarija, porque sentía la atracción del poder económico y
cultural de Potosí y Charcas.
Cuando este dinamismo mengua y en el 1900 se impone con el empuje de un
dinámico empresariado nacional, la minería del altiplano y el comercio
hacia el Pacifico; se establece un nuevo centro geográfico, político e
ideológico que asume el poder ejecutivo e impone la unidad del país.
En los años 50 el país crece, se amplia territorialmente cuando el
gobierno integra a su proyecto nacional el oriente, construyendo vías de
transporte y ampliando el mercado nacional.
En este momento, en Bolivia no existe un proyecto económico y político
integrador, el Estado nacional se encuentra burocratizado y debilitado y
al tiempo de declinar el proyecto minero no ha surgido como contraparte un
nuevo liderazgo nacional claro y estructurado. Eso si, existe una fuerte
insurgencia de las regiones que encuentran en el Estado centralizado y sin
proyecto un freno a su desarrollo.
Los distintos Departamentos con la expectativa de una nueva base
productiva, agropecuaria, agroindustrial, gasifera y minera especialmente
en el caso de Potosí; proponen una nueva geografía política, de autonomías
departamentales, que permitan a las regiones definir su proyecto de
desarrollo económico e integración con el mundo, elegir sus autoridades y
usar sus recursos y potencialidades de manera mas eficiente en beneficio
de su prosperidad y desarrollo.
La reacción de la burocracia centralista a estas iniciativas es la de
desconocerlas y para ello adopta poses patrioteras, denuncia actitudes
separatistas, trata de deslegitimar a los movimientos cívicos, ataca
verbalmente a un país vecino y busca unir el sentimiento nacionalista
envolviéndose con la bandera nacional. Estos juegos mediáticos, lo debería
saber el burócrata comunicador, surten efecto como noticia de prensa pero
no dura más de un fin de semana.
En el siglo XXI, fortalecer la unidad nacional pasa necesariamente por
reconocer el surgimiento de las regiones como fuerzas asentadas en la
diversidad geográfica, cultural y étnica del país, que demandan ser
reconocidas y ser protagonistas de su propio destino.
El país en todos sus ámbitos tiene gente con capacidad de generar
producción y empleos, la actual estructura social y burocrática hace que
la gran mayoría se agazape en la informalidad, lo que le impide
desarrollarse y aprovechar el potencial del mercado para su crecimiento.
La apuesta entonces es reconocer la diversidad nacional como un valor
positivo e impulsar desde esa diversidad un proyecto de país que podamos
construir en conjunto. Y este proyecto de país es posible y sostenible y
para ello existen las condiciones materiales y de mercado, lo que hace
falta es apostar hacia algo que no queremos ver, la fuerza de los grandes
proyectos regional - nacionales y la fuerza impulsora de los estadistas
que algún rato aparecerán, y la de los emprendedores y empresarios de
todos y cada uno de los estratos sociales.
Apostar a la producción, apostar a los estadistas que tiene visión larga
que miran hacia donde marcha el mundo y su economía, a los empresarios y
emprendedores, apostar al conocimiento, a la industria, a la tecnología, a
desarrollar la infraestructura, a vincularnos al mundo y al comercio
internacional, es nuestro reto.
Y en desmedro a lo que se habla sobre las autonomías departamentales, la
unidad se fortalece cuando cada grupo social, cada región, se reconoce a
si mismo, fortalece su identidad y autoestima y desde su propia visión y
cultura se asocia al resto para lograr un proceso sinérgico donde el todo
es mayor que las partes.
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